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LA HABANA.- Descontando al personal que atiende a los presos, muy
pocas personas han visto alguna vez las cárceles cubanas por dentro.
El Gobierno mantiene prohibida la entrada a la prensa desde hace 14 años,
igual que a los observadores internacionales.
Sabandijas en los colchones y en la comida, hacinamiento, y humedad
insoportables, falta de higiene y de atención médica adecuada,
promiscuidad y chantajes son algunas de las condiciones carcelarias degradantes
que ha escuchado MURAL de boca de ex presidiarios cubanos, así
como de familiares de los opositores políticos encarcelados hace
un año, y de activistas de derechos humanos en la Isla.
Las autoridades desmienten enérgicamente estas acusaciones afirmando
que son parte de la campaña de desprestigio que desarrolla Estados
Unidos contra la Revolución cubana, y el Canciller Felipe Pérez
Roque aseguró que Cuba jamás aceptará trato discriminatorio
ni inspecciones bajo presión. En la Isla, según el Ministro,
se cumplen cabalmente las 95 reglas mínimas para el tratamiento
a la población penal aprobadas por la ONU en 1955 en Ginebra.
A falta de datos oficiales, sistemáticamente negados por las
autoridades, un informe realizado por los opositores políticos
señala que las prisiones de alta seguridad pasaron de una a 45;
las de mujeres de una a 12; y los reformatorios para menores de uno a
ocho.
En cuatro décadas y media de Revolución en Cuba han aumentado
de forma desproporcionada el número de cárceles y el nivel
de población penal, según datos de la Comisión Cubana
de Derechos Humanos (CCDH), organización proscrita, pero tolerada
por el Gobierno, que lidera el activista Elizardo Sánchez.
"Durante los 45 años de Gobierno revolucionario presidido
por Fidel Castro han sido construidas centenares de escuelas, instalaciones
de salud y deportivas, así como miles de viviendas, pero también
un desproporcionado sistema carcelario", explicó Sánchez
a MURAL, quien protesta por la falta de información que las autoridades
ofrecen al respecto.
Según la CCDH en 1958 había en Cuba unos 5.5 millones
de habitantes y 14 centros penitenciarios que albergaban a una población
de unos 4 mil reclusos. Hoy, con un población total en el país
de 11.2 millones, se estima que la cantidad de presos alcanza las 100
mil personas, ubicadas en cerca de 200 cárceles.
En cuanto a las condiciones carcelarias, según esta organización,
la mayoría de los presos "languidecen bajo circunstancias
infrahumanas", sufriendo deficientes condiciones de higiene,
alimentación y atención médica.
Encontrar ex presos en Cuba dispuestos a contar a la prensa extranjera
su experiencia carcelaria no es una tarea sencilla: unos temen represalias,
otros quieren olvidar lo que han sufrido y la mayoría exige a cambio
dinero -entre 100 y 200 dólares- sólo por hablar.
"El Chivo", graduado universitario sin pelos en la lengua,
se prestó a ser entrevistado gratis por MURAL porque ahora es "un
ciudadano libre". Trabaja legalmente en lo que le gusta, aunque se
niega a ofrecer más datos, y se mueve con soltura entre la farándula
artística habanera, donde tiene buenos amigos. Asegura que no tiene
miedo a nada porque respeta "todas y cada una de las leyes de este
país"
.Alto y flaco, vestido de negro, con la cabeza rapada, gafas rectangulares
de metal, y una mefistofélica barbita puntiaguda, este mulato,
inteligente y desconfiado, pasó cinco de sus 32 años
encerrado en prisión.
Condenado a cinco años de cárcel por traficar con gasolina,
materiales de construcción, alimentos, ropa y algo de marihuana,
El Chivo fue a parar a la cárcel en 1996 y nadie lo volvió
a ver en la
calle hasta el 2002.
Estas son su palabras:
Hacinamiento
"Cuando yo entré había 215 hombres en un espacio
concebido para 120. ¿Puedes imaginarte el hacinamiento?. Pues ahí
caigo yo: sin baño, sin agua potable, sin cama, sin colchón
y sin dinero. Al mes me resuelven una cama mis compañeros, observo
el negocio de la droga y del mercado negro... La cárcel es la universidad
del mercado negro, chica. Y ahí empiezo a entender algo de la compañía
9/18 donde estuve desde el 19 de octubre de 1996 a febrero de 1999. Una
buena
cantidad de tiempo en la que vi pasar por allí a media Habana mientras
me iba introduciendo en la élite del mundo carcelario".
Adaptación
"Los primeros seis meses fueron los más difíciles.
No entendía nada: ni el argot de la cárcel, ni los códigos
de las relaciones humanas.
Tuve que aprender con quién se puede hablar y con quién
no. A cualquiera no se le puede decir por qué tú estás
ni cuánto tiempo tú estás. Para sobrevivir en la
prisión tienes que aprender a escuchar
hasta 10 conversaciones a la vez, sin abrir la boca y con cara de jugador
de pókar; aprender quién se hace el amigo y quién
se te acerca de verdad. Nadie te ayuda en esa fase. A mí sólo
me ayudó mi inteligencia".
"Todo mejoró cuando logré trabajar en la cocina y
entre a formar parte de un buen negocio, autorizado por la Policía,
que también estaba en el 'bisnes'. Un diablo de la prisión,
conocido por 'El
máquina', jefe de cocina de la 15/80, condenado a mil años,
que no saldrá en su vida, me daba una cubeta robada de picadillo
de pollo, para que yo la vendiera a los presos y todos nos ganáramos
la vida con ello. Una jarra de las de presidiario llena de picadillo de
pollo cuesta una caja de cigarros", indicó.
Comida
"El poder en la prisión son los cigarros y la comida. El
hambre es atroz. Escucha los horarios, periodista: Cuatro de la mañana
de pie y recuento de compañía por compañía.
Se meten una hora en eso. A las cinco de la mañana desayuno: medio
vaso de leche mal preparada, el
pan del tamaño de una caja de fósforos. Nueve de la mañana,
almuerzo; tres de la tarde, la cena: son tres cucharadas soperas de arroz,
tres cucharadas de sopa que le dicen caldo loco porque es
agua na'más, dos de un postre hecho sólo de harina y azúcar
y un plato fuerte que puede ser picadillo de soya o algún embutido.
Todo cabe en un vaso mediano y se acabó lo que se daba, no hay
más comida hasta el día siguiente. Eso agiliza el trabajo
y le permite a la Policía un regulador psíquico: el hambre.
Te mantienen con una estabilidad alimentaria que unida al sedentarismo
no te permite bajar de peso. Pero el hambre a las ocho de la noche pone
los estómagos de los presos echando humo, y hay que
traficar para resolver".
Tráfico y drogas
"Hay tráfico de comida, de jabón y desodorante, de
cigarros y de droga. Nunca vi coca ni heroína en las cárceles
cubanas, pero las píldoras vuelan de mano en mano. El mundo del
mercado negro tiene su universidad en la prisión. Se trafica con
todo. ¿Barbitúricos? los que tú quieras: parkisonil,
diazepan, orfidal, anfetaminas por doquier y marihuana para la élite,
porque está cara. Seis cajas de
cigarros para un pito de marihuana. El cigarro es la moneda. Cinco cigarros
cuesta un jabón, una caja de cigarros cuesta un paquete de galletas,
cinco cucharadas de leche en polvo cuestan 10 cigarros".
Promiscuidad
"¿Promiscuidad? ¡Muchacha!... de eso puedo escribir
un libro... El oficial de guardia tenía una mujercita, que era
un preso de mi compañía. Yo sé bien de qué
hablo cuando afirmo que hay guardias que sodomizan a presos, a mí
nadie puede hacerme cuentos, yo se bien
cómo se lo montaban algunos oficiales abusando de su situación
de poder. Hasta se enamoraban y entraban en conflictos amorosos. A veces
llamabas al policía de guardia y estaba en función con su
mujercita, que es como se llama al preso que se ennovia con un guardia.
Ya te podías estar muriendo que ni caso te hacía hasta que
terminaban su fiesta".
Corrupción
"Casi todos roban en la cárcel. La corrupción acaba
con la buena voluntad de cualquiera porque nadie puede vivir del sueldo.
Roba el llavero, el oficial de guardia, el jefe de cocina y los presos
que
pueden hacerlo. La mayoría pierde la buena voluntad por los corredores
de una cárcel".
"Sobornar a la Policía para que me dejara subir la cubeta
de la cocina a las celdas era de lo más fácil. Son muchachos
del servicio militar, que tienen la misma falta de dinero que cualquier
joven
cubano. Muchos son de la zona oriental de la Isla, gente muy pobre que
no conoce La Habana, no tiene familia aquí, y mal viven en barracones
en unas condiciones parecidas a las de los reclusos. A mi juicio el guardia
es un preso más, pero con otro uniforme. El está más
tiempo con nosotros que con su familia. Además, los policías
de prisiones son los más brutos del mundo, pregúntales lo
que son dos más dos para que tú veas".
Violencia
"Las palizas no son algo que pasa todos los días, pero ocurren
como en todas las prisiones del mundo. Yo vi dar una mano de golpes como
no he visto ni en las películas estadounidenses. Fue en la prisión
de Kilo 8, en el año 2001, al hermano del boxeador Félix
Savón. Le desmayaron tres veces a palos y le despertaron a palos
también, sólo por hablar fuerte después del silencio.
También vi matar gente a golpes: Mario Rivas Estévez, alias
Mayito, de San Miguel del Padrón, 28 de mayo del 99, en la celda
de castigo de la 15/80, muerto a golpes por protestar. Era un mulatico,
flaquito, serio y algo agresivo, al que un día le dejaron el grifo
de una pila abierto y se le estaba llenando de agua la celda. Blasfemó,
protestó, armó una buena bulla y le dieron golpes hasta
en el carnet de identidad".
"'Ay, se murió', le escuché decir al más sádico.
Luego nos enteramos que sancionaron a todos los guardias que habían
participado, pero Mayito ya estaba muerto. El preso siempre es el más
vulnerable".
"Las cárceles cubanas son la misma mierda que todas las
cárceles del mundo. Yo he hablado con presos estadounidenses, con
mexicanos, y hasta con suecos. Los presos nos reconocemos enseguida porque
miramos distinto".
Interiores
"Conozco por dentro la 15/80, el Combinado del Este, las celdas
de castigo de Kilo 8, la prisión disciplinaria en la provincia
de Pinar del Río, el Campamento de trabajo de la Soledad, la prisión
provincial de Taco Taco, y el campo de trabajo de La Paloma".
"En Pinar del Río se les acabó el dinero y la simple
vista de la construcción a medias ya te maltrata. No hay quien
aguante el olor pestilente de las celdas, con un agujero sin agua en el
suelo como
retrete, la mugre de los pasillos, las cucarachas y las paredes oscuras
con inefables pegotes por todas partes".
"También la nomenclatura de la prisión es agresiva,
las compañías se llaman 'mundos'. El cuarto mundo son las
celdas de castigo. Los policías son 'combatientes'".
"He estado en celdas de castigo todas las veces que la Policía
quiso. Fueron tantas que ni las recuerdo. Son horribles. Dame tu colchón
para que no puedas dormir. Durante el día, todo afuera.
Desnudo, en el puro suelo y totalmente trancado, sin poder fumar, sin
hablar, aislado de cualquier estímulo exterior. El calor y la humedad
te asfixian. Los ataques de ansiedad son mortales. Hay que
aguantar: cantas bajito, te masturbas, sueñas... Cuando entras
sabes que el mínimo son 21 días, pero hay gente que está
incomunicada tres años. Yo lo puedo afirmar porque los conozco".
"Por lo demás, la atención a los enfermos no es mala,
pero no hay nada para curar. Ahora dicen que lo están arreglando,
y hay un par de hospitales modelo. Al parecer están metiendo recursos
por
tuberías porque se estaban cayendo y los políticos arman
mucha bulla en la prensa. Tal vez en el último año haya
mejorado un poco alguna cárcel en particular, pero en general,
en las cárceles cubanas, que son más de 200, los médicos
tienen poco más que sus conocimientos y su buena disposición".
Los jefes
"He conocido jefes de prisiones muy inteligentes con quienes he
tenido la posibilidad de trabajar dentro de la cárcel y con quienes
he conversado de hombre a hombre. El teniente coronel Juan Manuel Méndez,
jefe de la prisión 15/80; el Capitán Miguel Carvallo, jefe
del campamento de trabajo La Paloma en Pinar del Río, por nombrarte
a dos personas de ley, dos seres humanos de verdad, que probaban la comida
de los presos para que fuera la adecuada, y mandaban a celda
de castigo a quien diera mala atención a los reclusos. Estos llevan
años trabajando con presos, que somos una población difícil,
que estafa, que miente, que trata de subsistir, y sin embargo no se
dejaban corromper por nadie.
Los presos
"Entre los presos hay de todo, verdaderos caciques que explotan
a otros presos, gente que está ahí por un mal momento en
la vida, violentos reincidentes, falsificadores de documentos públicos,
asesinos, traficantes de ganado, de gasolina, de drogas, y muchos universitarios,
ingenieros, informáticos que han dado un mal paso y lo están
pagando. Pero la gente educada no es la que mejor vive en la cárcel.
Los que mejor la pasan son los pillos, los que saben moverse en el mundo
underground. Las discusiones con la Policía son constantes. La
mayoría son negros, el racismo en la prisión es normal y
hay que ser el más guapo (pendenciero) para que nadie te burle
ni te falte al respeto".
Aprendizajes
"Lo único bueno que aprendí en la cárcel es
que no voy a ir más preso en ningún lugar del mundo. Tal
como está concebida la cárcel no es lugar para nadie, ni
para los buenos ni para los malos, de
hecho son muy pocos los que se rehabilitan y pueden hacer vida normal.
Conozco presos que han salido y la familia no les acepta, que dejaron
hijos con seis meses y ahora tienen 15 años y se
avergüenzan de su padre. Lo prefieren preso que en la calle. Y tu
sales de un lugar atroz a vivir en la calle en forma casi más cruel.
Si no eres una persona sumamente equilibrada, que no suele ser el
caso, pues entras de nuevo en el ambiente de la marginalidad que es donde
encuentras la gente que te acepta sin escrúpulos. En ese sentido
yo he sido un privilegiado gracias a mi familia y a mis
amigos, pero el 90 por ciento de la población penitenciaria cubana
es reincidente. Hace falta muchas ganas de vivir y una fuerza de voluntad
extraordinaria para integrarse de nuevo en la sociedad y cuando más
tiempo estés encerrado peor, mayor es el desfase".
Incremento desproporcionado
En 46 años la cantidad de prisiones creció un 2 mil 500
por ciento y
la población penal mil 400 por ciento, según datos de una
ONG
opositora.
En 1958
14 cárceles
4 mil presos
5.5 millones de habitantes
En 2004
200 cárceles
100 mil presos
11.2 millones de habitantes
Fuente: Comisión Cubana de Derechos Humanos (CCDH)
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