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Enemigo público
Por Shelyn Rojas



La Habana – www.PayoLibre.com –
Corrían los primeros meses del año 2005, cuando Orlando Matos vino de las zonas orientales a ejercer como policía en la capital.

Uniformado, con bastón en mano y pistola en funda, por las avenidas de la ciudad, vigilaba y multaba a diestra y siniestra. Preferentemente a todos los ancianos pensionados que se encontraba a su paso sentados en los portales de las cafeterías ofertando maní, caramelos y cigarros, en busca de un sustento.

Al poco tiempo, por su “gran desempeño”, fue ascendido a jefe de sector de una zona del municipio 10 de Octubre. Orlando también se ganó que la delegada de la zona le asignara un local para vivir.

El local es una casa grande de construcción colonial; ubicada en Calzada 10 de Octubre No. 1461 entre Gertrudis y Lagueruela. En un tiempo fue utilizado para resolver los problemas de vivienda de la población.

Al lado del local, hay un pasillo ancho. Al fondo, en un humilde apartamento, vive José Lorenzo Díaz, activista del Movimiento Liberal Cubano y de la Comisión de Atención a Presos Políticos y Familiares.

Cuenta Lorenzo, atemorizado, que su vida dio un cambio radical desde el día de la permuta. Enseguida supo que Orlando sería un enemigo en potencia.

Orlando, desde su llegada, comenzó a vigilar su cuadra y ahora, en especial, a su vecino.

Después de terminar el recorrido por la zona, Orlando no descansa en su afán. Impide la entrada de los que deseen visitar a José Lorenzo. Pide la documentación e interroga a todos.

Corría el mes de abril del 2007. Lorenzo deseaba contraer matrimonio con Judith. La fecha se había fijado para el día 24.

Con varios días de antelación, se dirigió a la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). Debía pedir permiso para festejar en su casa con sus familiares y amigos. Al llegar al recinto, vió a Orlando. La petición le fue negada.

Según Lorenzo, Orlando le comunicó que para personas como él, defensoras de los Derechos Humanos, no había permiso para nada.

Después de las nupcias, se dirigieron a su apartamento. La noche fluía al compás de las risas y las copas.

Apenas eran las nueve cuando Orlando se apareció con dos carros patrulleros.

Los otros policías, al ver que su colega deseaba dar fin a una fiesta sin motivos, se marcharon. Orlando, furioso, les gritaba a sus colegas que él podía hacerlo solo.

Parado en la puerta, frente a todos, amenazaba con matar a alguien para que lo respetaran, mientras clavaba su mirada en Lorenzo.

Una abogada que compartía con los conyugues, le recordó las leyes. Aún no eran las doce de la noche. Las leyes estaban a favor de Lorenzo. Orlando viró su espalda y se retiró a su casa.

La alegría duró hasta la media noche. Hora en que debe terminar o bajar la música si no tienes permiso para una fiesta.

José sabe que Orlando no descansará. Para él, un disidente es un enemigo público. El policía sólo tiene que esperar. Cualquier cosa puede servirle de pretexto contra su vecino, y entonces… la ley no estará de su lado.