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Con el transcurrir de los años y el desarrollo tecnológico,
los molinos de viento son hoy más pequeños y los
llaman antenas parabólicas. Don Quijote y Sancho Panza,
Fidel y Raúl, siguen peleando contra lo imposible, confundiendo,
en su locura, lo que son cosas sin vida con enemigos acérrimos.
Solo que mientras que Cervantes pintaba a un idealista, los Castro
más bien pretenden eliminar las ideas en función
de mantener su ridícula monarquía.
En Cuba, las antenas parabólicas son ilegales si no se
dispone de un permiso del gobierno, prácticamente imposible
de conseguir. Así, la gente construye sus propias antenas
y les vende la señal a los vecinos por medio de redes caseras.
Se estima que en Cuba hay entre 10.000 y 30.000 de estos equipos
caseros, fabricados con palanganas y camuflados en lugares insólitos,
gracias a los cuales en estos días algunos isleños
han podido ver las imágenes de los cubanos que bailaban
en las calles de la Pequeña Habana, en Miami, festejando
la desaparición de Fidel.
En la isla pagan entre
5 y 10 dólares mensuales por la conexión ilegal
de cable, mucho en un país donde el salario mensual ronda
los 40 dólares, pero accesible para los que reciben remesas
de familiares en el exterior.
Granma, el diario del
Partido Comunista, afirmó que "en las condiciones
actuales" las antenas ilegales de satélite deben ser
"combatidas enérgicamente" ya que "buena
parte de la programación que se recibe por esa vía
es de contenido desestabilizador, injerencista, subversivo y convoca
cada vez más a la realización de actividades terroristas".
Las autoridades cubanas intensificaron los operativos contra las
antenas, con confiscación de los equipos receptores, severas
multas y penas de hasta tres años de prisión. ¡Y
todo esto sólo por mirar un canal de televisión!
Granma indicó
que las antenas ilegales "transgreden regulaciones jurídicas".
En otras palabras, el Estado tiene que dirigir los asuntos (en
función de Castro, claro) contrariando el orden espontáneo
que es siempre superior al decretado por el racionalismo constructivista
porque se basa en la natural libertad de las personas para crear
y emprender.
Cuenta Karin Ebensperger
en su columna "Swaminathan, dos legados contrapuestos",
publicada en el diario El Mercurio de Chile, que "el agrónomo
indio M.S. Swaminathan es el padre de la revolución
verde, el hombre que contribuyó a salvar más
vidas humanas que cualquier otra persona del planeta. Desarrolló
el arroz I.R.36, cuya resistencia y alto rendimiento terminó
con las hambrunas en el Asia de los monzones y luego en muchas
partes del mundo". Es decir, la creatividad de una persona
ayuda más que cualquier imposición coactiva estatal.
Libertad y propiedad
personal (salvo las de Castro) han sido férreamente combatidas
por la revolución castrista y por eso la empobrecida Cuba
siempre dependió de las limosnas: antes de la Unión
Soviética y ahora de los petrodólares de Chávez,
además de los dólares que envían los cubanos
desde el exilio.
En fin, mientras que
don Quijote y Sancho pretendían luchar por ideales nobles,
Castro, demostrando su cobardía desde su escritorio y cumpliendo
órdenes de la Unión Soviética, envió
a miles de cubanos a combatir y morir en guerras desconocidas.
Miles murieron en Angola y Etiopía, haciendo el trabajo
sucio para los soviéticos. Fidel pronto morirá y,
con él, sus inútiles ideas y aficiones materialistas.
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