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LA HABANA, Cuba -
Lo más normal en cualquier parte del mundo es que a alguien
se le rompa un zapato, lo más normal también es
desecharlo y comprarse un par nuevo. Pero mi país es la
regla de la excepción.
Tengo dos pares de tenis y un par de zapatos. Los tenis fueron
traídos del extranjero, los zapatos fueron comprados aquí.
Uno de los pares de tenis es de la marca Adidas, llevan conmigo
por alrededor de cuatro años y fueron traídos de
España; el otro es de una marca común, traído
de Estados unidos por mi esposa un julio del 2004. Ambos, a pesar
de ser más resistentes que los de producción nacional,
están despegados por varios lugares. La falta de transporte
obliga a caminar grandes distancias por calles en mal estado y
llenas de salideros, así que no es extraño que sucedan
estas roturas con bastante frecuencia.
Los dos pares están en casa de un zapatero remendón
desde hace algo mas de 15 días (imposible comprar nuevos
por falta de recursos), por lo que me vi impelido a usar los únicos
zapatos de salir de que dispongo o de lo contrario quedarme tranquilito
en casa. Esos los compre hace unos 6 meses y los he usado solamente
en tres ocasiones.
Pero al ponérmelos para una salida de emergencia me quedé
con la hebilla en la mano.
Tomé un alambre y amarré la hebilla como mejor pude,
y salí corriendo para casa del zapatero. La idea era ponerme
uno de los pares de tenis arreglados y dejarle los zapatos para
su reparación. Fracaso total, nuevamente los logros de
la revolución salen a relucir en el asunto: no hay pegamento
para zapatos.
¿Qué hago? ¿Cómo salgo? Descalzo no
puedo, sería perder los pies en el empeño. ¿Será
un nuevo tipo de táctica del gobierno para mantener al
pueblo dentro de sus casas? Por lo pronto, y para no perder el
tiempo mientras espero me reparen alguno de los pares de calzado,
escribo para matar el tiempo, si es que aun vive aquí dentro.
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