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<publicado por Diario Las Américas en su edición
del martes 12 de abril, 2005>
Ya dejados atrás
todos los rituales de consideración litúrgica establecidos
y con una marea humana de millones de fieles nunca antes vista
en la historia, que manifestaron su pesar por el fallecimiento
de su Santidad Juan Pablo II en todos los rincones del mundo,
comenzará dentro de pocos días el Cónclave
de Cardenales en la Capilla Sixtina del Vaticano para elegir al
nuevo Pontífice de la Iglesia Católica.
La impronta que deja la vida de Juan Pablo II con su espontáneo
peregrinar por la historia, su trascendente e inolvidable decisión
de pedir perdón a los judíos, a los golpeados moralmente
por las cruzadas y a todos los que de una u otra forma hayan sido
dolidos por los errores humanos del cristianismo, unido a su incansable
clamor para que el ser humano no tenga miedo y su voz convincente
e incansable en proclamar que la libertad y la vida son intrínsecas
a la dignidad del ser humana y a la voluntad del Creador, permiten
predecir que el próximo pontífice de la Iglesia
Católica debe tener características muy parecidas
a las de un peregrino, con carisma propio y cualidades de comunicador.
También el próximo pontífice católico
no puede evadir los avances gigantescos logrados por Juan Pablo
II en el acercamiento a los protestantes, a los judíos,
a los musulmanes y a otras denominaciones religiosas o espirituales
en el mundo.
Algunos vaticanistas predicen que la elección del sucesor
de su Santidad Juan Pablo II podría ser más rápida
de lo esperado, pues la larga enfermedad de pontífice ya
ha generado una especie de pre-cónclave o preparación
previa lógica entre todos los cardenales de la Iglesia
Católica.
Entonces cuando veamos salir el humo blanco de la chimenea del
Vaticano y se escuche radiante el tañir de las campanas
en Roma y en todas las catedrales del mundo, la cristiandad católica
y la humanidad en pleno podrán gritar con emoción,
"Habemus Papa".
Pero revisemos con cuidado las distintas vertientes dentro del
colegio cardenalicio y las posibilidades de algunos cardenales
que ya se vislumbran como pertenecientes al privilegiado grupo
de las eminencias papables.
Hay dos grandes corrientes que se perfilan como las favoritas
para que sea entre sus filas de donde se escoja al nuevo Pontífice
de la Iglesia Católica:
Una y posiblemente la más poderosa es la del grupo de cardenales
italianos, que suman 20 en total entre los 54 cardenales que tiene
el continente europeo. La Iglesia italiana se muestra como muy
deseosa por volver a retomar las riendas del poder Vaticano. Y
eso es entendible, en virtud de la rareza histórica de
un Papa no italiano.
Entre los cardenales italianos, el más señalado
es el Cardenal Diogini Tettamanzi, con 70 años de edad,
arzobispo de la diócesis de Milán, la más
grande de toda Italia. Se le considera un excelente comunicador
y es también un prelado inclinado al peregrinaje.
Para algunos obervadores, su gran parecido al estilo de Juan XXIII,
podría ser un atractivo para algunos cardenales a la hora
de depositar su voto.
Los otros dos candidatos fuertes entre los cardenales italianos
son: Camillo Ruini, actualmente vicario de Roma, aunque su salud
deteriorada pudiera ser un argumento eliminatorio. Y el otro parece
ser el cardenal Giovanni Battista Re, aunque el hecho de no tener
experiencia diocesana podría ser un ángulo negativo.
La otra corriente poderosa dentro de la iglesia es la del grupo
de cardenales latinoamericanos, en virtud de pertenecer al continente
con más fieles católicos en todo el mundo.
En primer plano se destaca el cardenal brasileño Claudio
Hummes, arzobispo de Sao Paolo, que habla con fluidez cinco idiomas,
representa al país con el mayor número de fieles
católicos en el mundo y es muy respetado tanto en problemas
morales como sociales.
El siguiente es el cardenal Oscar Andrés Rodriguez Madariaga,
arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, sicólogo, fundador
de la Universidad Católica de Honduras, habla también
múltiples idiomas y es una voz respetada en la defensa
de los derechos humanos.
Pero como no es fácil interpretar los designios del espíritu
santo que es un elemento de influencia espiritual que reina en
las mentes de los prelados que participan en el Cónclave
de Cardenales, podría surgir lo que algunos consideran
como la sorpresa africana.
Entonces veríamos al cardenal Francis Arinze, nacido en
Nigeria y convertido al catolicismo desde niño, surgir
como el primer papa negro de la historia. Se le considera un hombre
santo con una sólida formación moral. Arinze dirige
por designios de Juan Pablo II la poderosa Congregación
Vaticana del Culto y los Sacramentos.
Otros candidatos fuertes son los cardenales alemanes Joseph Ratzinger
y Walter Kasper, pero a ambos les podría perjudicar ser
considerados como de pensamiento muy ultra conservador, el primero,
y muy liberal, el segundo.
Todos los analistas se inclinan a pensar que el próximo
Papa de la Iglesia Católica debe tener algo del carisma,
del poder de comunicación y de la santidad de Juan Pablo
II.
Definitivamente que la impronta de su Santidad Juan Pablo II requiere
de un cardenal con enorme solidez moral, mirada larga y salvífica
con la historia porvenir y ser capaz de entusiasmar a las multitudes
en sus peregrinajes por el mundo.
Nada fácil la tarea de sustituir a un Papa Santo y Peregrino.
Y ese el enigma de los próximos días hasta que el
humo blanco de la chimenea del Vaticano anuncie la noticia de
que "HABEMUS PAPA".
Si nos preguntaran, diríamos que el próximo pontífice
parece que será un italiano, aunque preferiríamos
al brasileiro o al nigeriano.
Pero por supuesto la decisión definitiva está en
la mente de los cardenales y que estos sepan interpretar la misteriosa
voluntad del Espíritu Santo a la hora de nombrar al Papa
para el Siglo XXI.
albmul@bellsouth.net
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