|
Con otros hermanos y algunos buenos lectores, comparto la preocupación
por la actitud que algunos creyentes exhiben con respecto a la
política. Hay entre nosotros quienes parecen haber inaugurado
un cristianismo totalmente neutral, porque al final, y éste
es su criterio fundamental ³Los cristianos no nos metemos
en política².
Sinceramente me pregunto: ¿Desde cuándo es eso?.
Y esto sin ironías, porque hasta donde conozco, en cualquier
país del mundo, -incluyéndonos- los cristianos hemos
sido demócratas, republicanos, auténticos, liberales,
conservadores, revolucionarios, socialistas, ortodoxos, ¡qué
sé yo!, cualquier cosa, siempre que no sean miembros de
un partido o movimiento, que promueva el ateísmo, viole
los más elementales derechos humanos o anule cualquiera
de nuestros valores.
Con una simple miradita a la Historia de Cuba, advertiremos que
infinidad de creyentes, han pertenecido a los más disímiles
partidos y movimientos políticos. Desde la Guerra de Independencia,
pasando por el movimiento revolucionario, hasta el día
de hoy. Muchos han sido los católicos, y hermanos evangélicos,
que han ofrecido en el bregar político hasta su misma sangre
por una patria mejor.
Me preocupa semejante apoliticidad porque corremos el riesgo de
convertirla en un mal hábito ciudadano, lo que todavía
no pasa de ser un infeliz estado de opinión. No conozco
ni en la Biblia, ni en el actual magisterio social de la Iglesia,
ninguna cita o documento que nos inutilice tan cruelmente. ¡Todo
lo contrario!. Por tanto, esta posición carece de cualquier
fundamento teológico. ¿Cómo podríamos
dejar en manos ajenas aquello por lo que tendremos que dar cuenta
personalmente ante Dios al final de nuestra vida?
Además, estaríamos ayudando a poner las bases de
un modelo de sociedad que no nos tendría en cuenta para
nada; que estaría feliz de ver al cristianismo convertirse
en otra de las muchas religiones marginales, expertas en el desánimo
social y carentes de espíritu profético. Nosotros
mismos estaríamos autoexcluyéndonos del necesario
cambio hacia una sociedad más participativa y dialogante.
Los únicos que tienen ³recomendada² su no participación
en actividades políticas, para evitar que de alguna manera
se obstaculice su ministerio, son los clérigos; entiéndase,
por supuesto, de política escrita con ³p² minúscula;
es decir, como ³miembros activos² de algún partido
o movimiento político. Pero de la Política, escrita
esta vez con ³P² mayúscula; la que concierne
al bien común de la nación y a la defensa de los
derechos humanos, de esa no está excluido ni el Papa. Absolutamente
todos los cristianos, sean clérigos, religiosos (as) o
laicos tenemos, no sólo el derecho ciudadano, sino la obligación
moral de participar en esta labor.
(Tomado del Mural de
la Parroquia de San Hilarión de Guanajay, Cuba)
|