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Profeta en su tierra
por Evelio Taillacq
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Si bien los musicólogos consideran
las décadas de 1930 y 1940 como las de mejor producción
musical en Cuba, los años 50 fueron los de mayor
esplendor para los artistas cubanos.
La llegada de la televisión a la isla (segundo
país del hemisferio, después de Estados
Unidos, en transmitir), lejos de limitar el desarrollo
radial o atenuar la vida nocturna, fue otra fuente de
trabajo, que permitió mayor arraigo a muchas estrellas
cubanas y extranjeras, que vieron en La Habana la plaza
por excelencia para su internacionalización.
En ese ambiente, Celia Cruz puso de manifiesto su brillo
artístico. ``Había mucho trabajo y yo
tenía ganas de trabajar. Realmente no era muy
conocida, pero en junio de 1950, Sotolongo, que trabajaba
con Crusellas y Compañía, me fue a buscar
a Radio Cadena Suaritos porque ya Mirtha Silva se regresaba
a Puerto Rico y querían a alguien para que la
sustituyera con La Sonora Matancera''.
La tónica de las interpretaciones de Silva era
picarezca y Celia siempre fue más seria. ``Ella
gustaba mucho en Cuba, había ganado mucho dinero
y quería irse a su tierra por un tiempo. Los
representantes del programa de la Sonora en Radio Progreso
me dijeron que querían una voz femenina. Me pidieron
que fuera a ver a Rogelio y eso hice, pero no a la emisora,
sino al Teatro Blanquita, donde ellos tenían
una presentación. Allí me encontré
con Roderico Neira, coreógrafo de Tropicana,
que era amigo mío de las giras con Las Mulatas
de Fuego, y le pedí que me presentara a Rogelio
Martínez, el director de la Sonora''.
Pero había una dificultad que vencer. ``Le hablé.
`Yo soy Celia Cruz y fulano me dijo que lo viniera a
ver'. Me dijo: `Pues vaya por Radio Progreso el lunes'.
Allí, ese lunes me encontré a Pedro, que
era el primero en llegar siempre. El me dijo, cuando
vio los arreglos que llevé: `Mire, eso no va
a sonar bien'. ¡Cómo iban a sonar, si yo
llevaba unas partituras para una orquesta grande como
la de Suaritos, y la Sonora era un conjunto!'' Mira
a Pedro que, sonriente, asintió.
``Rogelio me dijo que dejara esos papeles para mandar
a hacer la adaptación a su formato. Cuando Suaritos
se enteró, formó un escándalo y
me botó'', ahora se ríe. ``Yo no tenía
contrato. Nada, que el 3 de agosto del 50 debuté
con la Sonora con En el tiempo de la colonia y No queremos
chaperona, una guarachita que, chico, tú sabes
que no me he podido acordar jamás de la letra''.
Sin embargo, tenía que enfrentar un reto mayor.
``Sí, el público llamaba para decir que
no me quería. ¿Tú sabes lo que
es eso? No me quería. Que si quería que
volviera Mirtha Silva, que si yo era muy chillona. Acuérdate
que la voz de Mirtha era más grave y era otro
repertorio más jocoso. A la gente siempre le
ha gustado el relajo''.
Con esa legendaria agrupación hizo también
su debut en televisión: ``Fue en Cascabeles Candado''.
Luego de vencer el rechazo inicial de algunos oyentes,
comenzó un ascenso ininterrumpido. ``Llegué
a ganar un buen sueldo con la Sonora, otro en Tropicana,
más lo que me pagaban en Cascabeles Candado'',
uno de los programas estelares de la radiodifusión
nacional.
``Tambien estaban los contratos comerciales para anunciar
algunos productos''. Muchos recuerdan sus sensacionales
anuncios de colonia, cerveza y cigarros donde --sin
apartarse del sentir popular-- mantenía la distinción
que marcó su estilo guarachero y la elegancia
en ademanes y atuendos. ``Siempre he tenido muy en cuenta
la imagen y el respeto al público''.
Las giras al extranjero le dieron oportunidad de cimentar
el prestigio que ya tenía con los discos. ``Yo
había ido a México en el 48 con Las Mulatas
de Fuego. Las primeras mulatas, porque cambiaron muchas
veces. Nos acompañaba una orquesta terrible'',
se tapa la cara y ríe con ganas al recordar.
``Por suerte, Juan Bruno Tarraza [pianista y compositor
de Alma libre, Por eso estoy así, entre otros
éxitos] estaba formando un grupo con veracruzanos
para acompañar a Toña la Negra, donde
estaban dos sobrinos de Toña y aprovechó
para ponerme a cantar con ellos. Si con los asesinos
del ritmo me aplaudían, qué no sería
con estos que sí tocaban bien''.
Pero la dicha en casa del pobre dura poco. ``Cuando
llegó Toña, me cerró. Me dijo:
`Cruz... los muchachos quieren que les pagues $150 a
cada uno por noche'. ¡Imagínate tú!
¿Con qué? Tuve que volver con los asesinos
del ritmo. Y fíjate, luego esa señora
fue conmigo maravillosa'', se queda pensativa y confiesa:
``Eran tiempos difíciles. Me pagaban 300 pesitos
al mes y yo tenía que mandar la mitad para mi
familia en Cuba y dejar para comer en México.
``De ahí seguimos a Venezuela, donde conocí
a Aldemaro Romero y Alfredo Sadel. Pero la situación
política era dura y había leyes que limitaban
el trabajo a los extranjeros. Nada, que regresé
para La Habana a pasar hambre''.
Sin dudas, fue con La Sonora con la que más
éxito alcanzaría en aquellos años.
``Eso sí. En las primeras giras nacionales, como
tenía nada más que dos números
montados, hacía uno, me quedaba sentadita atrás
del escenario y a la hora u hora y media, hacía
el segundo. Pero me llevaban para que me ganara mis
kilitos. Ya a finales del 52 y en el 53, cuando Bienvenido
Granda [el cantante que más tiempo permaneció
con el conjunto] se fue de la Sonora, hicimos una gira
por Venezuela, Costa Rica, Panamá y Colombia,
donde el recibimiento fue apoteósico. Hubo que
aguantar a la multitud con mangueras de agua. Tenían
adoración con La Sonora y ya conmigo. En esa
gira ya cantaba Burundanga y El yerbero moderno''.
En 1957 regresó a México consagrada.
``Ya Mi voz estaba pegada y otras canciones. Sigo cantando
El yerbero, que ha sido el tema que más he cantado''.
En ese mismo año, vino a Estados Unidos a recibir
su primer Disco de Oro. ``Fue en Nueva York, en una
arena deportiva donde tocaba Tito Puente y cantaba Vicentico
Valdés. Fue un recibimiento bien bonito, hasta
hubo desórdenes que salieron en la prensa norteamericana.
`Trifulca por cantante cubana', decían los titulares.
Me convino, no creas''.
De aquellos años hay memorias imborrables: ``Lo
que más recuerdo son los programas de televisión.
Cuando compartí con Beny Moré, pobrecito,
tan grande que fue. Eramos muy amigos''.
Su primera incursión en las artes dramáticas
fue en Cuba por aquellos años. Al mencionar el
hecho, se le ilumina el rostro: ``Se llamaba Biney,
una novela de Radio Progreso. La escritora María
Teresa Coalla me insistió y me insistió.
Yo me moría de miedo. Le pregunté a varios
actores de aquel momento, a Alejandro Lugo, a Ernesto
Galindo, que era el protagonista, a Raúl Selis,
¡ay, yo tenía tan buenos compañeros
en Cuba, caray! Todos me dijeron que lo hiciera como
lo sentía, que no tratara de imitar ni a Nenita
Viera, ni a Marina Rodríguez que eran las estrellas
de la emisora. El director era Bernardo Pascual, el
esposo de Delia Fiallo. Te digo que le tumbamos el rating
a Divorciada, que eso no lo lograba nadie. Y me dieron
el premio ese año como mejor actriz''.
En 1960 salió definitivamente de Cuba con un
contrato en México. ``Ya la situación
estaba poniéndose muy difícil y conseguí
un contrato para mí. Pero yo quería salir
con la Sonora. Por suerte, llegó otro contrato
para la orquesta y nos fuimos. Rogelio, ya en el avión,
dijo: `Este viaje no tiene regreso'. Y mira qué
verdad, nadie ha regresado, ni la Sonora ni yo''.
En 1961 tuvo su primer contrato para cantar en el Palladium
de Los Angeles y fijó su residencia en Estados
Unidos hasta la fecha.
Al hablar de su patria, la estrella mundial no puede
evitar conmoverse. ``Yo fui muy feliz en Cuba. Nunca
fui discriminada y logré todo lo que quise alcanzar,
con mi esfuerzo, con mi trabajo. ¿Volver? ¡Ojalá,
ojalá Dios me dé vida para poder volver
a mi tierra! ¡Ay, Dios mío!''
EVELIO TAILLACQ
Publicado en el Nuevo Herald de Miami.
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Azúcar para
toda una época
por Leila Cobo
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El 3 de agosto de 1950, la orquesta más
famosa de Cuba, La Sonora Matancera, incorporó
a sus filas a una nueva cantante. Era joven, relativamente
desconocida, de familia humilde, y había trabajado
en programas de radio por toda la isla. Estaba dotada
de una de las voces más prodigiosas así
como de una provocativa personalidad jamás vistas
en el ámbito de la música cubana.
Cincuenta años después, y habiendo grabado
igual número de álbumes, Celia Cruz es sin
discusión la figura femenina más conocida
e influyente en la historia de la música afrocubana.
Y lo que es más notable aún, su carrera,
igual que su matrimonio de 38 años con el trompetista
de La Sonora, Pedro Knight, ha ido en constante ascenso
durante cinco décadas, sobreviviendo cambios de
sello disquero, de público y, lo más significativo,
cambios en la forma de producir, interpretar y percibir
la música latina.
Durante su larga asociación con La Sonora, y
con Tito Puente, Fania Records y Johnny Pacheco y RMM
Records, y con el que fue durante mucho tiempo su manager
Ralph Mercado, Celia ha creado un extraordinario catálogo
de discos, que efectivamente documenta la historia de
la música conocida ahora como salsa.
Celia, que emigró de Cuba a Estados Unidos en
1960, jamás volvió a vivir allí,
pero mantiene un permanente vínculo musical con
su patria, que da colorido a cada aspecto de su trabajo.
Ahora, con un recién ganado Grammy Latino como
la Mejor Intérprete de Música Tropical,
Celia, con Knight al lado, habló de su historia
musical y de su nuevo álbum, Siempre viviré,
el primero que hace con Sony Discos, al igual que sobre
el inicio de una nueva etapa en su carrera.
¿Quién la alentó a hacerse cantante?
Tal vez si mi madre no hubiera existido yo no sería
artista, porque mi padre nunca quiso que lo fuera. Mi
mamá era quien me decía: ``Nada, nada,
tú sigue ahí''.
¿Qué la llevó a cantar profesionalmente?
Yo fui a un programa de aficionados que se llamaba
La hora del té. Canté un tango, Nostalgia,
y gané. Después que gané, entonces
quise ir a todos los programas de aficionados que había
en Cuba. Ahí fue cuando mi padre dijo que no.
Al principio, yo iba sola, y luego iba con una prima
mía que se llama Nenita, que todavía vive
en Cuba.
Yo era delgadita y chiquita. Y como cada viaje en tranvía
costaba cinco centavos y nosotras no teníamos
dinero suficiente, yo me sentaba en las piernas de Nenita,
porque ella era más grande que yo. Los conductores
nos conocían y, a veces, me dejaban sentar en
el asiento al lado de ella, cuando el tranvía
iba vacío. Una vez, no teníamos dinero
para regresar y volvimos a pie. Llegamos a las 2 de
la mañana.
Ha tenido varias etapas clave en su carrera, con La
Sonora, con Tito Puente, con Fania. ¿Cuál
ha sido la más significativa para usted?
En primer lugar, con La Sonora, porque ahí fue
donde me hice de un nombre. Y en segundo lugar, con
Fania. Antes de Fania, yo estaba con Tito Puente en
Tico Records, pero no me estaban promoviendo bien. Pero
con Fania, Jerry Masuchi me promovió muy bien,
y grabé el segundo álbum con [Johnny]
Pacheco. Su grupo me recordaba a La Sonora.
En cuanto a Tito Puente, ustedes siguieron siendo amigos.
Me imagino que su muerte la debe haber afectado terriblemente.
Yo estaba en Argentina cuando él murió.
El día que ocurrió, suspendí el
show. El público comprendió. Ni siquiera
pidieron la devolución del dinero. Cuando hice
el show, pedí un aplauso y un toque de timbales
en honor a Tito. La noche antes, yo estaba en el hotel
y el teléfono sonó. Eran las 11:20 p.m.
y cuando cogí el teléfono, no había
nadie. Creo que fue él. Cuando regresé
a casa, escuché los mensajes en la máquina
y había uno de Tito, que casi nunca llamaba.
Y me decía: ``Celia, es Tito. Sé que me
llamaste y te lo agradezco. Adiós''. Y para nosotros
los cubanos, cuando alguien dice ``adiós'', es
que se va. No he borrado ese mensaje. Quiero conservarlo.
Cuénteme de su nuevo álbum.
Es mi primer álbum con Sony. Lo que tiene de
diferente es que no es un álbum de salsa. Bueno,
es y no es. Tiene un bolero, por ejemplo, La llave.
Y un tango, Tango uno, en tiempo de salsa. Está
también Oye como va, y una canción que
se llama Echale agua a la sopa. Vaya, hay canciones
para todos los gustos.
El tango, sin embargo, alguien de la Argentina tal
vez lo escuche, pero hay que bailarlo como salsa. Yo
no iba a cometer el error de grabar tangos.
Hace tiempo que usted quiere grabar boleros. De hecho,
usted dice que quiere hacer un álbum de boleros.
Eso sí quiero hacerlo. Pero no iba a pedirles
[a Sony] grabar un álbum de boleros enseguida.
No quiero caer pesada y, después de todo, no
creo que ellos me contrataron para grabar boleros.
¿Qué cambios importantes ve en la salsa,
entre la época en que usted comenzó y
ahora?
Eso es algo en lo que no pienso mucho. Ha habido cambios,
por supuesto. Antes, nadie usaba instrumentos electrónicos,
y los arreglos son totalmente diferentes. Por eso algunas
personas no se dan cuenta de que el origen de esa música
es cubano.
¿Por qué cree usted que no hay más
mujeres intérpretes de salsa que tengan gran
éxito actualmente?
Chica, yo no sé. En Cali [Colombia] hay un montón
de orquestas con mujeres. Y hay muchas mujeres [muy
conocidas], pero la mayoría de ellas canta merengue.
En Cuba, siempre hubo mujeres que cantaban ese género.
No muchas, pero las había.
¿El hecho de ser mujer fue una desventaja para
usted?
En lo absoluto. Me fue muy bien. Los hombres siempre
me admiraron.
Se menciona a menudo a la India como su sucesora.
No. Ella no está siguiendo mi camino, sino su
propio camino, y lo está haciendo muy bien. Recuerda
que ella tiene una voz diferente. Y antes cantaba en
inglés.
¿Cree usted que quizás hay cierta resistencia
hacia las mujres que cantan ese tipo de música?
No sé. Algunas se casan, quizás tienen
hijos y no continúan. La verdad es que hay muy
pocas y yo quisiera ver que hubiera más. Yo siempre
les doy consejos. Cuando empiezan a cantar un número
de Celia Cruz, siempre les digo: ``Mira, te agradezco
que cantes mis canciones, porque así le recuerdas
al público que yo existo. Pero trata de tener
tu propio repertorio. Porque tal vez seas mejor que
yo''.
¿De donde salió la famosa exclamación
``¡Azúcar!''?
Yo estaba cenando en un restaurante de Miami, y cuando
el camarero me ofreció café, me preguntó
si lo tomaba con o sin azúcar. Yo le dije, ``Chico,
tú eres cubano. ¿Cómo vas a preguntarme
eso? ¡Con azúcar!''. Y esa noche, durante
mi show (yo siempre hablo durante el show, para que
los trompetistas descansen la boca) le hice el cuento
al público, y se rieron. Un día, en vez
de hacer el cuento, simplemente bajé los escalones
y grité ¡Azúcar! Eso fue en los
años 70.
Una de sus mayores ventajas es que usted puede salir
al escenario y hacer que las cosas parezcan tan nuevas
como la primera vez que las cantó. ¿Cómo
se las arregla?
Primero que todo, me cuido mucho. Descanso. Hoy estoy
hablando con usted, pero mañana, que tengo que
cantar, no concedo entrevistas. Mañana me cuido
la voz. Si tengo la más mínima molestia
en la garganta, hago gárgaras de agua con sal.
En segundo lugar, planifico bien mis shows. Si voy a
actuar en Los Angeles, pienso: ``Aquí tenemos
mexicanos y centroamericanos, ¿qué canciones
son las que les gustan?'' Siempre trato de adaptar mi
repertorio a un público en particular. Y por
último, siempre estoy cambiando mi vestuario
y mi apariencia en el escenario.
Ahora que habla de la apariencia, las pelucas son algo
característico en usted. ¿Cuándo
empezó a usarlas?
Cuando llegué a este país. Estaban de
moda entonces. Ahora las uso porque realmente las necesito.
¡Yo no tengo mucho pelo!
Usted lleva mucho tiempo en esto, ¿el reciente
boom internacional en la música latina ha sido
algo significativo para usted?
Bueno, los Grammy, por ejemplo. Siempre pensamos que
debíamos tener algo así, porque los norteamericanos
no conocen a todos los artistas latinos. Ahora está
Ricky Martin, que nació en Puerto Rico y habla
inglés. Así que a él lo conocen
más.
Lo que está pasando es algo muy positivo, especialmente
para los que están surgiendo ahora. Y me gusta
que nuestra música, que ha sido siempre nuestra
cultura, se aprecie más. Nosotros tenemos ritmos
que ni siquiera nuestra propia gente los conoce. De
manera que, ¿cómo vamos a esperar que
otros sepan diferenciar? Pero por lo menos ahora empezamos
a darnos cuenta, y me encanta que podamos cantar en
muchos idiomas y así y todos conservemos nuestras
raíces.
Por último, en este momento y época,
doblar, en vez de cantar en vivo, se ha vuelto la norma
en muchos shows y programas de televisión. Usted
es famosa por negarse a hacerlo, incluso cuando por
cuestiones de acústica es necesario.
Siempre, mi vida, me ha gustado cantar. Yo no puedo
salir ahí y fingir. Cuando hicimos Celia and
Friends canté todo el tiempo. En Cuba, trabajé
mucho con un hombre que se llamaba Rodrigo Neira, que
era coreógrafo de Tropicana. El quería
que la cantante cantara, y que la bailarina bailara.
LEILA COBO
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"No me retiro,
quiero morir delante de ustedes"
Entrevista con Jesus M Corral (Venezuela marzo
2001)
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| ¿Extraña a Tito Puente?
Muchísimo, muchísimo. Cada vez que lo
veo en fotos me pongo triste pero alegre a la vez. Cuatro
días antes de su muerte me fui a Argentina, cuando
él salió del hospital supo que lo había
llamado, me devolvió la llamada y me dejó
un mensaje en el contestador. Y ahí tengo ese
mensaje, con su voz clásica, lo grabé
para no perderlo y lo escucho todos los días.
¿Ya estaba grabado "Oye cómo vá?
Sí. Creo que fue una idea pensada porque Santana
se ganó como ocho Grammy, pues era como para
revivirlo, bueno, "Oye cómo vá"
no morirá nunca. Y me gustó la idea de
hacerlo con él, ya que nadie lo había
hecho, pero lamentablemente...
¿Se dice que está molesta con Andy Montañez
Yo no me peleo con nadie. Imagínate que me encanta
la aritmética y menos que restar: sumo. No contesto
al que diga algo de mí, no soy pendenciera, tampoco
chanchullera, así que no estoy peleada con nadie.
¿Va a seguir cantando con grupos de rap y rock
latino?
En estos momentos nadie más me ha invitado,
pero no quiero hacer más dúos ni nada
de eso porque uno no puede desarrollar la canción.
Sinceramente no quiero, una vez hice con Angela Carrasco
"La candela", entonces yo estaba en Nueva
York y ella en Benidorm. Soy feliz cuando un compañero
quiere grabar conmigo, pero le veo ese inconveniente.
¿Qué opina sobre la existencia de dos
premios Grammy?
Las controversias las veo muy mal. Nos pasamos la vida
diciendo "que los americanos no nos sacan",
para ellos eran nada más Tito Puente, Eddie Palmieri
y Rubén Blades, porque eran los que conocían.
Y nosotros con aquello de que "nos nos ponen".
Entonces Emilio Estefan, con las conexiones que tiene,
y ahora se creó Laras, la de nosotros; todo el
mundo lo detracta pero yo lo defiendo, empezamos con
las controversias, que si las compañías
presionaron a los muchachos para que no fueran a buscar
sus Grammy. Eso es grave. Pero si eso no sale por un
canal americano, no sería como salió para
el mundo entero. Pongámonos de acuerdo para hacerlo
el año que viene mejor. Emilio no tiene necesidad
de meterse en esos líos, es multimillonario.
¿De quién fue la idea de versionar "I
will survive" en salsa?
Lo canté porque me gustó ese tema hecho
por Gloria Gaynor, y me encantó hacerlo en esta
versión, no me lo impuso nadie.
¿Cómo ve la situación de nuestros
países?
Espero que la cosa termine de mejorar. Yo, le estoy
pidiendo a Dios porque a los hombres ya no se les puede
pedir más ná. Que Dios ponga su mano para
que haya patria, tranquilidad... mira cómo estamos
de mal que nos vienen lluvias y los temblores.
¿No ha pensado en retirase?
¿Quién dijo eso? Quiero morirme en un
escenario, delante de ustedes, como Miguelito Valdés,
Víctor Piñero. Ya dije que no quiero morirme
en Colombia, pobres colombianos. Que sufran y lloren
otros pero ¡no me voy a retirar!
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