El colapso mundial del
socialismo ha convertido al gobierno de Fidel Castro en un anacronismo
histórico.
El régimen aprisiona a nuestro pueblo, política y
económicamente, como una vieja y raída camisa de fuerza.
Ante el inevitable crecimiento de la resistencia popular y la certidumbre
de futuras olas represivas, parecería conveniente desmitificar
un tanto ese centro operativo conocido por los disidentes cubanos
como "Villa Marista", "Villa" o simplemente
"El Colegio". El régimen se mantiene por el terror.
Lo que más hay que temer es al miedo mismo.
Villa Marista es parte
del Departamento de Operaciones de
la Dirección de Contrainteligencia del Ministerio del Interior.
Fue creada en 1963 y es el equivalente cubano de la Lubianka de
Moscú. Instructores de la KGB, veteranos estalinistas,
trasmitieron a los cubanos su vasta experiencia represiva. Esos
instructores vinieron a Cuba en la época de Khruschev y
de Breznev, después del XX Congreso del PCUS, cuando los
crímenes de Stalin habian sido denunciados por los mismos
comunistas y las tenazas estaban guardadas en la gaveta. La metodología
represiva de la KGB tenia puesto el énfasis en la tortura
psicológica, no la física, se trataba de destrozar
el espíritu, no el cuerpo. Por otra parte, las torturas
contra los revolucionarios durante la dictadura de Batista habian
provocado una profunda repugnancia en nuestro pueblo y no hubiera
sido fácil recurrir sistemáticamente a los mismos
métodos. De aquí que en Villa Marista la tortura
física no haya sido un procedimiento habitual.
En Villa Marista, el
objetivo fundamental de la Seguridad es conseguir la rendición
moral del detenido, derrotarlo moralmente. No se pretende convencerlo
ideológicamente, el objetivo es más modesto. Se
trata de convencerlo de la omnipotencia del aparato represivo
y de que los detenidos están absolutamente inermes. Si
lo consigue, éste termina arrepentido de haber emprendido
una lucha obviamente imposible y resentido contra quienes lo instigaron
a la misma. Resentimiento que, a su vez, puede conducir a la delación
de otros opositores. No solo eso. Convencido del poderío
abrumador del aparato represivo, eventualmente el opositor moralmente
derrotado llega a la conclusión de que la Seguridad es
inclusive generosa al no aplastarlo como a un insecto. Como anticipara
Orwell en "1984", el supremo triunfo de la Seguridad
es cuando el disidente termina amándola.
Y, sin embargo, las
apariencias engañan. Villa es mucho menos poderosa de lo
que quiere aparentar y sus opositores están mucho menos
desvalidos de lo que parecen. En primer lugar, la revolución
cubana se encuentra en una crisis terminal e irreversible. El
colapso de la URSS y del campo socialista ha significado el fracaso
del modelo político, económico, social e ideológico
escogido por Fidel Castro. Su consiguiente perdida de autoridad
moral es irreparable. Castro y su sistema represivo representan
el pasado y su desaparición, más tarde o más
temprano, es inevitable. Por otra parte, la disidencia cubana
es una de las más tenaces y valientes del mundo. El gobierno
no solo ha sido incapaz de aniquilarla sino que se ha multiplicado
y extendido a todo lo largo y ancho del país. El movimiento
de derechos humanos, surgido como una reacción de autodefensa
popular, ha puesto a Fidel Castro en el banquillo de los acusados
y, aunque sin proponérselo directamente, ha mermado sustancialmente
su poder. Los disidentes cubanos no son vistos como un grupúsculo
insignificante sino como un interlocutor esencial a la hora de
discutir la problemática cubana. Cada vez es más
claro para todo el mundo que la oposición representa el
futuro.
LA EXPERIENCIA DE
VILLA: LA DETENCION
Aunque la Seguridad
del Estado no esté sometida al imperio de la ley, siempre
trata de guardar ciertos formalismos legales para protegerse contra
críticas internacionales que puedan afectar el prestigio
y por tanto la autoridad del gobierno revolucionario. Eso es algo
que ningún opositor debe olvidar nunca: todas las fechorías
y arbitrariedades de la Seguridad deben ser recordadas, anotadas
y difundidas. Los disidentes no solo son víctimas, sino
también testigos y notarios.
Salvo pocas excepciones,
el método de detención de la Seguridad consiste
en asaltar las casas entre las dos y las cuatro de la mañana.
Aprovechar cuando el objetivo y su familia son mas vulnerables
a un ataque. En general, se procede al registro de la casa en
presencia de un representante de los CDR que, supuestamente, da
testimonio de que los agentes no han sustraído nada que
no sea pertinente al caso. (Los robos, por supuesto, son frecuentes).
Luego, el detenido es llevado a una máquina y conducido
a toda velocidad hacia Villa Marista.
En Villa, el tratamiento
no es uniforme sino individual y diferenciado. En general, el
detenido es fotografiado, pesado, medido y se le toman las huellas
digitales. Cada vez que ingrese le harán lo mismo. Pero
uno puede permanecer detenido en una habitación relativamente
confortable, esto depende fundamentalmente del rango que el detenido
haya tenido dentro del régimen. Esas "consideraciones"
tienen el objetivo de trasmitir un mensaje silencioso: todavía
es considerado básicamente como uno de los suyos. Se ha
descarriado pero no se olvida lo mucho que los une todavía.
(El general Ochoa ni siquiera estuvo nunca en Villa.) En este
sentido, es bueno recordar que ningún "tronado"
ha recuperado nunca el favor oficial. Lo mejor para un "tronado"
es tomar consciencia de que ha sido colocado en la oposición,
y actuar en consecuencia. Hacerse ilusiones en este sentido lo
debilita como opositor sin mejorar su posición ante el
gobierno. Es difícil concebir peor situación política
que la de ser despreciado tanto por el gobierno como por la oposición.
Más tarde o
más temprano, el detenido pierde su ropa habitual y tiene
que vestir un uniforme amarillo, generalmente mayor de su talla,
para que se sienta incomodo y ridículo. Es el momento de
ser trasladado a una celda corriente, momento en que también
pierde su nombre. En lo adelante será llamado por un número.
El uniforme y el numero pretenden humillarlo, despersonalizarlo
y hacerlo tomar consciencia de su absoluta impotencia.
EL HOSPEDAJE
La celda habitual en
Villa mide 3 x 2 metros. Ciertamente no es aconsejable para los
que padezcan de claustrofobia. Las literas son planchas de hierro
o madera encadenadas a la pared. Hay una o dos literas en cada
pared. Las celdas tienen unas especies de persianas de concreto
que no permiten ver hacia afuera, aunque dejan entrar el aire
y alguna claridad. Es posible darse cuenta del amanecer y del
crepúsculo. La letrina es un simple agujero en el piso.
Un pequeño chorro de agua cae sobre el hueco. Generalmente,
los detenidos toman el agua de beber de ese chorro. Un pedazo
de tubo que sobresale de la pared, sobre la letrina, sirve de
ducha. A los detenidos no se les permite afeitarse ni peinarse
ni cortarse las uñas. Las horas del baño están
reguladas, aunque esa regulación, como otras, son casi
imposibles de imponer en la práctica.
Sobre la puerta de
hierro hay un bombillo perpetuamente encendido cubierto por una
malla metálica. Pero, con un poco de práctica, gracias
a los cambios de luz y los sonidos de la calle, es posible calcular
la hora del día con relativa facilidad. La puerta tiene
una ventanilla que los guardias pueden abrir para vigilar (siempre
preocupados por los suicidios) y trasmitir órdenes. Para
llamar al guardia (al que hay que tratar de "combatiente"),
el detenido tiene que golpear la puerta de hierro. En general,
la puerta solo se abre para el desayuno (6.30 a.m.), el almuerzo
(11 a.m.) y la comida (4 p.m.). Los mismos guardias le darán
el cepillo de dientes cuando pasan a recoger las bandejas vacías.
También hay que abrir la celda para una limpieza semanal.
Un guardia le da a los detenidos una frazada para limpiar el piso
y un jarro con creolina para echar en la letrina.
Dado lo escaso de la
ventilación, las celdas son extremadamente calurosas en
verano. Por física elemental, cuando hay calor asfixiante
el lugar más fresco no es la litera superior sino el suelo.
Algunas celdas tienen un fuerte aire acondicionado con el objetivo
de torturar a los detenidos. Son las llamadas celdas "frías".
Con un poco de práctica,
también es relativamente fácil ubicar donde están
los guardias. A ellos, por su parte, les resulta muy difícil
ubicar exactamente de que celda ha salido algún grito.
Esto permite comunicarse y averiguar, por ejemplo, si hay algún
amigo detenido en el mismo piso. Por otra parte, como las ventanas
dan al exterior, no es difícil hablar con algún
detenido del piso de arriba o de abajo. Este, a su vez, puede
gritar preguntando por cualquier preso. El resultado es la posibilidad
de una sorprendente comunicación entre los distintos pisos
en una prisión de máximo aislamiento. Villa es demasiado
grande como para que pueda haber vigilancia sobre cada celda.
LOS INTERROGATORIOS
Lo habitual es que
los detenidos lleguen a Villa y tengan que esperar varios días
antes de ser llamados para su primer interrogatorio. Esa tensión
ha bastado para quebrar psicológicamente a más de
un detenido impreparado. Tampoco es extraño que en ese
primer interrogatorio, ansiosamente esperado, el oficial se limite
a pedirle al detenido su nombre y otros datos generales. El objetivo
siempre es el mismo: convencerlo de su insignificancia (¡ni
siquiera saben su nombre!) y dejar que el aislamiento lo deteriore
psicológicamente. Es común que los interrogatorios
se hagan de madrugada. El objetivo es el mismo de la hora de la
detención: aprovechar el ritmo biológico para sorprender
al objetivo "con la guardia baja", cuando esta psicológicamente
menos preparado y es más vulnerable.
Para el interrogatorio,
un guardia abre la ventanilla, llama el número e inmediatamente
comienza a abrir la puerta. El detenido sale de la celda y se
tiene que poner de frente a la pared, hasta que el guardia cierre
nuevamente. Allí podrá ver una cajuela donde se
guardan su cepillo de dientes y algunas medicinas que pueda estar
tomando. Luego el guardia le ordena que camine en cierta dirección
mientras marcha detrás chiflando para advertir a cualquier
otro guardia que pudiera venir en sentido contrario con otro detenido.
En caso de ir a cruzarse, le gritan que se detenga y se quede
mirando a la pared. Se trata de que nadie pueda ver a los demás
detenidos ni comunicarse con ellos.
Las oficinas de los
interrogadores están ubicadas a lo largo de los pasillos
de cierta área, y son mas bien pequeñas. El guardia
manda a detener al detenido, siempre de frente a la pared, junto
a la puerta y le grita al oficial interrogador: "¡Permiso
para presentar al detenido!". Cuando el oficial asiente,
el guardia se hace a un lado y le hace un gesto al detenido para
que entre en la oficina. El interrogador, que esta sentado detrás
de una mesa, le invita a sentarse, y el interrogatorio comienza.
Se supone que el detenido este sentado en posición de firme.
Si se inclina, recuesta, cruza las piernas o hace cualquier otro
gesto le llamarán secamente la atención. Si el detenido
es fumador, probablemente le ofrezcan cigarros. A los oficiales
les gustan los fumadores porque eso les da un pequeño poder
suplementario sobre ellos. En general, hablan poco, prefieren
que sea el detenido el que lleve el peso de la conversación.
Los detenidos nunca
deben perder de vista que ahora se encuentran en universo particular
que se rige por sus propias leyes. Los usos y costumbres de la
vida normal han perdido su validez. Carece de sentido, por ejemplo,
que un detenido trate de convencer de su inocencia a un oficial
interrogador. Eso es olvidar que los éxitos profesionales
de ese oficial son directamente proporcionales a la cantidad y
gravedad de los "delitos" que logre descubrir. Para
la Seguridad, todo el mundo es culpable, y no poder demostrar
satisfactoriamente esa culpabilidad no es mas que un fracaso profesional.
Al olvidarlo y tratar de convencer de algo a un oficial, el detenido
solo consigue trasmitir una información que inevitablemente
va a ser usada en su contra. Por consiguiente, es aconsejable
limitar al mínimo lo que se intercambia con los oficiales.
El interrogador siempre
trata de dar la impresión de que lo sabe todo y de que
el único objetivo del interrogatorio es darle la oportunidad
al detenido de manifestar su arrepentimiento "por su propio
bien". Si hay varias personas en un caso, se le dice al detenido
que los demás han confesado y, para corroborar esa impresión,
se utilizan los retazos de información que se van obteniendo
de los demás. La realidad es que es en los mismos interrogatorios
donde los oficiales obtienen la mayor parte de su información.
En este sentido, a veces, se alternan interrogadores "amistosos"
y "hostiles" para suscitar un deseo de ayudar al oficial
"amistoso" dándole información. El detenido
siempre debe recordar que no está solo y que tiene amigos
que están luchando por él. Pero ninguno de ellos
trabaja en Villa.
La Seguridad no vacila
en recordarle a los detenidos sus anteriores vínculos con
el régimen, el romanticismo de su juventud, la nostalgia
de lo que pudo haber sido y no fue. Pero el único objetivo
es que abandone la lucha y se rinda para aplastarlo mas fácilmente.
Frecuentemente, se trata de endilgarle a los opositores la confesión
de algún delito común, al que los mismos interrogadores
suelen restarle importancia. Pero los detenidos deben recordar
que una confesión de ese tipo puede representar años
de cárcel. Hay que evitar caer en esa trampa. La estancia
en Villa puede ser muy difícil pero no es sensato cambiar
días por años.
Las amenazas de los
interrogadores no deben ser tomadas a la ligera pero tampoco exageradas.
Havel y Walesa también fueron amenazados cuando estuvieron
presos pero llegaron a la presidencia de la República Checa
y de Polonia respectivamente. Y, sin embargo, el último
ministro del Interior de la Unión Soviética, Boris
Pugo, terminó suicidándose mientras que otro ministro
del Interior, éste cubano, el general José Abrantes,
"murió" en la cárcel.
LAS VISITAS
Los detenidos tienen
una visita de cinco minutos a la semana en presencia de un oficial.
Antes de la visita son llevados a una barbería donde son
afeitados por un silencioso barbero. Allí también
reciben un pequeño espejo manual para que puedan peinarse.
El objetivo, por supuesto, es que tengan el aspecto más
normal posible ante sus familiares para tranquilizar a éstos
y desmovilizarlos psicológicamente. El salón de
visitas esta alfombrado y tiene aire acondicionado. A los familiares
les resulta difícil comprender que una simple puerta separa
la normalidad del infierno. Los intercambios están limitados
a asuntos familiares pero, con un mínimo de habilidad,
no es difícil trasmitir información importante,
sobre todo si previamente se han acordado ciertas claves. Los
familiares también pueden aprovechar para llevar tijeritas
que le permitan a los detenidos cortarse las uñas.
La solidaridad familiar
es muy importante. Lo que más hace sufrir a los detenidos
no es tanto su propia suerte como la forma en que esta se refleja
sobre sus seres queridos. La Seguridad lo sabe y no tienen escrúpulos
en presionar a los familiares para que, a su vez, estos lo presionen
para "colaborar" con las autoridades. Mientras más
firmes y combativos sean los miembros de su núcleo familiar,
mas ayuda moral le darán al detenido. Esta es, sin duda,
la prueba suprema del amor. En realidad, la única medida
disciplinaria posible para un detenido en Villa Marista es la
suspensión de la visita. Pero, cuando esto suceda, los
familiares deben luchar por todos los medios para que estas se
restablezcan a la mayor brevedad posible. Un detenido sin visitas
debe ser considerado automáticamente como un desaparecido
y esto requiere una inmediata denuncia ante la opinión
publica internacional.
Es importante recordar
que la Seguridad quiere la rendición moral de los opositores
y que se le deje manipular todas las situaciones a su antojo porque
aspira al máximo de represión con el mínimo
de costo político. Los opositores, a su vez, no pueden
evitar la represión pero si puede hacerla lo más
políticamente costosa posible. Es su única arma
en esa lucha desigual, renunciar a ella es fortalecer al mismo
enemigo que esta empeñando en destruirlos.
CONCLUSIONES
Todo opositor al régimen
tiene que prepararse psicológicamente para Villa. En lo
fundamental, esto significa prepararse para un confinamiento solitario
indefinido. Una vez en Villa, es recomendable hacer mucho ejercicio
físico (caminar haciendo ochos, para no marearse), garantizar
el máximo de orden e higiene en la celda, y dividir el
día para todas las actividades intelectuales posibles como,
por ejemplo, ejercicios de memoria, meditación, y oración
para los creyentes. Frente a un individuo amante de la soledad
y del silencio, Villa sería prácticamente impotente.
Por otra parte, en Villa nadie esta abandonado. La solidaridad
con los detenidos en Villa y con los demás presos es la
principal tarea de los activistas en el exterior. Hay que hacerle
pagar el mayor precio político posible al régimen
por sus violaciones de los derechos humanos. En ultima instancia,
los que están realmente aislados son los carceleros. El
futuro pertenece por entero a la democracia.
Tomado de el sitio El Veraz
de Puerto Rico
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