El estado cubano proclama
en su continua promoción pública tanto al interior
del país, como en la propaganda Internacional, que el cuidado
de la Salud ha sido asumido por el Gobierno como cuestión
prioritaria.
Amigos y enemigos hablan,
escriben y ponderan las virtudes del Sistema de Salud del Estado
Cubano.
Se afirma, por propios
y extraños, que la atención al niño, a la
madre trabajadora y a los trabajadores todos, desempleados y retirados
sin excepción, es de primera en comparación con
los otros países en desarrollo, latinos o de otros continentes.
La distribución
de medicamentos es gratuita y el estado responde por eso.
Informaciones de procedentes
de Cuba, sin embrago aclaran que las cosas no son tales como se
pontifican.
Últimamente
las autoridades cubanas han prohibido que algunas iglesias lleven
a cabo actividades de trabajo social.
En la iglesia La Pastora
de Santa Clara, el cura español Fedencio, se vio obligado
a colocar un aviso en estos términos.
"A partir del 1 de junio concluyen las reparticiones de medicinas,
porque la parroquia no puede realizar estos servicios".
El mismo sacerdote
declara que fue informado oficialmente que Cuba es una potencia
médica y que por eso no hay necesidad de repartir medicinas.
Sin embargo los ancianos jubilados que no cuentan con familiares
que los cuiden y que no pueden contar con la ayuda de familiares
del exterior, después de trabajar toda una vida, se encuentran
con que el estado sobre protector no los puede cuidar y ahora
tampoco pueden contar con la Iglesia Católica , porque
el régimen, potencia médica, lo prohíbe.
En este estado se encuentran
los Centros para el Cuidado de los Trabajadores ancianos que no
tienen familia que los atienda. Como despojos descansan los que
un día fueron autores de la Zafras y de esfuerzos sobre
humanos para evitar que el país, en su desorden, muriera
de hambre. En
el Paraíso de los Trabajadores, las manos callosas de quienes
dieron los mejores años de su vida al trabajo creador y
dignificante, mal descansan en lugares miserables.
En la Tercera Edad , cuando la recompensa del trabajo honrado
debería ser el retiro digno, vemos a los hombres que sostuvieron
el país con su esfuerzo, penar -en el final de su vida-
la vergüenza de la Revolución que solo los utilizó.
Los derechos de los
trabajadores van mucho mas allá de su vida útil.
No solo los hombres y mujeres tiene derecho a la vida, al trabajo,
a la salud, a una educación, a un hogar digno, a una alimentación
balanceada; también tiene el derecho indeclinable a tener
una vejez segura, con alimentación y cuidados mínimos,
con atención especializada y apropiada de acuerdo a su
edad.
Quizás se piense
que estas fotos fueron tomadas en Serbia, en un campo de concentración
o en un miserable país, sin los servicios mínimos.
Pero son de Cuba,
de esa Isla Caribeña
que manda -con gran despliegue propagandístico- médicos
y medicamentos, a todo los rincones de la América Nuestra.
Allí donde los turistas dicen comprobar una excelente atención
en Hospitales limpios y de grandes adelantos.
Los despojos de la
única Sociedad de trabajadores que hay en América,
donde no hay Capitalistas opresores, donde los obreros y empleados
son los dueños del país, son los ancianos retirados.
Muriendo de abandono,
rodeados de suciedad sin la atención debida, sin que nadie
los recuerde. 8,000,000
millones de trabajadores y 2,500,000 de militares y burócratas
funcionarios de la clase opresora. Ese es el resumen sociológico
de la nueva sociedad.
El paraíso del
trabajador, la república Socialista donde nunca se oprimiría
a un obrero, esa que sacralizó en un plebiscito la irrevocabilidad
del Socialismo, tiene a sus héroes del trabajo, los únicos
verdaderos héroes cubanos, mal viviendo en el final de
su vida.
Ni siguiera podemos
agradecer a la persona que tomó las fotos, ni decir donde
fueron tomadas, porque el otro mal que corroe a esa sociedad es
el miedo.
El miedo terrible a
la delación. O a la prisión -tan sucia e insana
como los cuadros de esas fotos- donde los otros héroes,
los 75 presos de la primavera cubana, pagan el ejercicio de su
derecho a contar la verdad, la simple y elemental verdad de una
revolución de mentiras.
Raúl Fernández
Rivero.
Bibliografía:
1.- tanto las fotos como el material provienen del periódico
sueco www.dn.se (Dagens Nyheter)
2.-Investigación privada sobre Centro de cuidado de ancianos.
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