|
SANTA CLARA, febrero 28 (www.cubanet.org) - Algunas teorías
sociológicas plantean que los individuos residentes en
las montañas poseen rasgos que los distinguen de otros
seres humanos. En la provincia cubana Villa Clara, los únicos
montañeses son los que habitan la cordillera del Escambray.
El refranero popular
identifica a los buenos hijos del municipio montañoso Manicaragua
con una frase que lo abarca todo: "Ese guajiro tiene alma
y corazón de arriero". Con la frase referida se identifica
al campesino de esa zona como una persona trabajadora, sociable,
valiente, independiente, perseverante, temeraria y bondadosa.
Un día significativo
del tumultuoso año 1980 se produjo una ruptura espiritual
y simbólica con el régimen castrista. El director
de la empresa provincial de viveros y floricultura, Arturo Pérez
de Alejo, se negó a participar en los actos de repudio
fascistoides organizados por la policía política
contra quienes intentaban emigrar del paraíso socialista
criollo.
Alejo, militante del
Partido Comunista de Cuba, no se hizo ilusiones con la nota que
la semana posterior a los hechos se publicó en el periódico
Granma, criticando los progroms fidelistas. Él se había
atrevido a desafiar abiertamente la línea del iluminado
máximo líder.
Sabía que para
nada serviría su misión internacionalista en Angola,
como artillero-computador de una batería BM-21 de lanza
cohetes múltiples de fabricación soviética.
Sus medallas, ganadas en los campos de batalla, se les estaban
derritiendo poco a poco.
Sabía que su
título de topógrafo sería automáticamente
invalidado, y sus esfuerzos estudiantiles por graduarse en la
escuela "La Carlota" serían vanos para continuar
ejerciendo la profesión con que tanto soñó
desde pequeño.
Pérez de Alejo
tuvo esperanzas en el período de la perestroika y la glasnost,
pero erró nuevamente. La implantación en Cuba del
período de rectificación de errores y tendencias
negativas, en la práctica, fue contra la perestroika.
Lo que sí acabó
por poner una nube de luto en la ya lacerada espiritualidad de
Arturo Pérez Alejo fue la farsa devenida en tragedia que
significó la causa No. 1 y el posterior fusilamiento del
General de Division y héroe de la República de Cuba,
Arnaldo Ochoa Sánchez.
Alejo comenzó
a escuchar con pasión la programación de las radioemisoras
del sur de Florida. A través de ellas se ilustró
sobre los grupos pro democracia en la capital del país.
En 1994 decidió integrarse a las organizaciones disidentes
radicadas en Ciudad de La Habana, y en 1996 pasó a integrar
las filas de un movimiento contestatario en la región central
de Cuba.
El paso más
temerario que dio Arturo fue la fundación de la organización
independiente de derechos humanos "Escambray", que se
extiende por la cadena de montañas del centro del país,
incluyendo los municipios de las aledañas provincias de
Cienfuegos y Sancti Spíritus.
En la Primavera Negra
de Cuba, en 2003, la policía política no podía
olvidar que un hijo del Escambray, con alma, corazón y
pantalones de arriero, llamado Arturo Pérez de Alejo Rodríguez,
conocido por "Pecho de mulo", creó una agrupación
opositora de "arrieros democráticos" como él,
en una zona neurálgica.
Hoy, Arturo está
tras las rejas en la prisión cienfueguera de Ariza, condenado
a 20 años de cárcel por un delito de opinión:
"actos contra la soberanía y la integridad territorial
del Estado".
Pero me ha dicho por
teléfono: "Soy libre, porque la libertad se lleva
en la mente".
|