Polita Grau fue, desde
los quince años, la revolucionaria por antonomasia. Fueron
muchos los momentos de incontables peligros y duros reveses que
encaró con estoica firmeza en cinco exilios durante los gobiernos
de Machado, Batista y Fidel Castro, hasta caer bajo la brutal represión
de este último y sufrir 14 años de inhumana prisión.
Pero, escuchémosla:
Cuando comenzó
en Cuba la lucha política entre grupos
todo fue tan
distinto a lo que yo vi cuando llegó Fidel Castro. Por
ejemplo, a Batista yo le hice mucho daño; yo conspiré
en Cuba muchísimo cuando dio el golpe del 10 de marzo.
Tío estaba por la parte política y yo estaba con
Carlos Prío por la insurreccional
Yo daba viajes
a Miami trayéndoles dinero de Prío a los muchachos
de la FEU y andaba en todos esos momentos mientras Esteban Ventura
Novo le decía a Batista: "Presidente, hay que coger
presa a Polita Grau, porque cada vez que agarro a un bandolero
de ésos, o Polita le trasladó las armas, o Polita
le consiguió una casa, o Polita le consiguió el
exilio, pero ella está en todos lados"
Batista agarró
el teléfono y llamó a mi madre: "Paulina, me
da mucha pena decirte esto, pero aquí tengo a Ventura Novo
diciéndome que ya le es imposible restringir a Polita y
que cada día se vuelve más arriesgada. Como usted
comprenderá, yo no puedo coger presa a Polita -por ella,
por usted, y por el Doctor. Así es que yo le sugiero que,
a más tardar a las seis de la tarde, usted la ponga en
un avión para Miami". Mi madre le contestó,
"Así lo haré. Le agradezco su aviso"
Fíjate
qué manera más distinta de actuar, ¿no? En
igualdad de condiciones, Fidel Castro me metió en una cárcel
14 años y me hicieron horrores
Cuando llega
la noticia de la huída de Batista, todo estaba listo para
el regreso, pero Carlos Prío no las tenía toda consigo.
Se preparaba un golpe para el 4 de enero y ya Tony Varona estaba
allí. Caramés y Aureliano (Sánchez Arango)
estaban en camino, con armas, con barcos. Pero Fidel se nos adelantó.
¡Bandolero! Para llegar a él solo; siempre quiso
llegar solo y, desgraciadamente, el pueblo de Cuba estaba con
él. Aureliano tuvo que esconderse y logramos sacar a Caramés
Yo no quise regresar
enseguida a Cuba. Como yo estaba en el "incide" del
golpe de Carlos, me parecía terrible lo que estaba surgiendo
con Fidel. Comenzaron a llegar a Miami mis amigos batistianos.
José Manuel Alemán me había dicho, "Ahí
te dejo la casa para todos los que lleguen y se quieran quedar,
porque se la van a coger los acreedores", y efectivamente,
se iban unos y llegaban otros.
Cuando finalizó
el curso escolar de su hija en mayo de 1959, Polita regresó
a Cuba con su familia. Tan pronto tocó suelo cubano, se
dio a la tarea de buscar un grupo afín a sus ideales y
trayectoria para incorporarse a trabajar: el Directorio, el MRP,
o cualquier otro. Fue así que reencuentra a Tony Varona
quien encabezaba un nuevo grupo llamado Rescate, bajo la coordinación
de Albertico Cruz. Coincidentemente, su coordinadora femenina
dejó el cargo y éste fue ocupado por Polita, con
Albertina O'Farril como asiladora, y con otros menesteres a cargo
de Carlos Guerrero, valiente colaborador que posteriormente fuera
encausado con Polita.
Crearon una red de
espionaje que centralizaba información de toda la isla
y que además escondía perseguidos, asilaba, recogía
dinero, buscaba santuarios y transportaba alzados. Cada provincia
tenía una mujer al frente, como las valientes Queta Meoqui
y María Orta. Una distinguida dama de Matanzas, María
Dolores Núñez y Núñez de Beato, encabezó
su provincia. Rodeada de una amorosa familia y una vida muelle,
nadie sospecharía que en la señora Beato palpitaba
la sangre mambisa de su padre, Indalecio Núñez,
que murió en los inicios de la Guerra de Independencia,
y de su tío, el General Emilio Núñez. Como
jefa de unidades, lo mismo escondía a perseguidos que se
adentraba en el campo para llevarles comida y dinero a los alzados
en El Escambray.
Muy pronto, el coronel
Alvarez Margolles, Polita y otros viejos conspiradores comenzaron
a preparar la eliminación física de Fidel Castro.
Les falló el primer intento en un entierro al que Fidel
asistiría. Decidieron que mejor sería por envenenamiento.
-Nunca estuvo Fidel
más cerca de la muerte. Ya teníamos las pastillas
de cianuro en nuestro poder, pero al muchacho que las serviría
se le quedaron en su casa el día que Fidel se apareció
en el Habana Hilton y pidió un batido de chocolate. Cuando
Fidel le dijo: "El batido está exquisito", el
joven le contestó, "Pues si viene mañana, le
hago uno mejor porque me llega un chocolate muy superior a éste".
Y Fidel fue. Y el muchacho trajo las cápsulas y las puso
en el hielo. Y cuando fue a sacarlas estaban tan adheridas al
hielo que se partieron, quedando inutilizables. Nuestra frustración
fue terrible, devastadora; teníamos listos la casa para
el escondite y el asilo en una embajada
Pero surge el
ofrecimiento a mi hermano "Mongo" (Ramón Grau)
de dirigir la Operación Pedro Pan para la cual, aparte
de la Iglesia Católica y sus parroquias en toda la Isla,
necesitaríamos la ayuda de todas las mujeres de Rescate
para facilitar la salida de los niños del interior al igual
que de la capital. Beatriz Pérez López y Alicia
Thomas, la secretaria de Mongo, fueron puntales de aquella operación
y eventualmente cayeron presas. Empezamos a sacar niños
de toda Cuba; fue una cosa muy hermosa. Con la cooperación
de la KLM y la Pan American sacamos a 14,000
Con el G-2 frente
por frente, había cola para entrar a nuestra casa por el
fondo. El rumor de que el gobierno asumiría la patria potestad
de todos los niños hizo que cundiera la desesperación.
Para los niños teníamos una autorización
llamada "visa waiver" que abolía el requisito
de visa para entrar a los Estados Unidos. Pero esta autorización
no era extensiva a los padres. Fue entonces que Israel Padilla,
el inmenso "Borico", se las agenció con Albertico
Cruz para conseguir unos cuños de visa americana para los
padres que tuvieran pasaporte. Un día a la semana, nos
reuníamos Borico, Toribio y yo y tirábamos de doscientos
a trescientos pasaportes con su visa tricolor que salía
de lo más bonita
Durante mucho
tiempo, Tío recibía paqueticos con pasaportes que
los padres nos dejaban cuando Mongo y yo estábamos fuera
de casa, pero Tío no entendía lo que estaba pasando
y me decía, "Que bien que estén ayudando a
los niños pero, chica, cuídense, me parece que están
trabajando demasiado"
Mientras tanto,
Rescate seguía haciendo sus maldades con la información
que recogía de toda la Isla. Si Cuba le compraba unas guaguas
a Italia, pasábamos eso a los Estados Unidos y ellos le
quitaban las piezas de repuesto a esa compañía y
la estrangulaban. Con cada cosa que averiguábamos le empeorábamos
al gobierno cubano la situación
un buen día,
se terminó aquello de "Fidel Castro no se mete con
los Grau". Cogieron preso a Carlos Guerrero, que era de los
viejos del 30, de mi época, porque yo soy vieja y estoy
infiltrada en esta generación. Carlos era un tipo serio,
decente, guapo a todo, y nunca sabremos qué barbaridades
le hicieron pero lo convirtieron en un verdadero robot que delató
a Albertico Cruz y a otros. Fue de tal magnitud, que cuando llegó
el juicio y decían, "falta uno, no están todos,
falta uno", era porque Carlos Guerrero había muerto
de un infarto en prisión. No pudo resistir más
Cuando Machado
y cuando Batista, si uno conspiraba lo agarraban enseguida y ya.
Los comunistas no. Lo rodean a uno de infiltrados en el trabajo,
en la calle, en la casa. En casa teníamos a una mujer que
mi madre recogió por piedad. Era del G-2. Ella tenía
acceso a nuestros dormitorios, y cuando yo salía, revisaba
cuanto papel yo dejaba sobre mi cama
Carlos Guerrero
trató de citarme en mis dos casas-contactos, las de Lolita
Formoso y de Herminia Suárez, la apoderada de Tío,
para entregarme. Pero yo me fingí enferma, ya sabiendo
que Carlos había entregado a Albertico. Y la mentira se
hizo verdad. Con mis 49 años yo estaba teniendo graves
trastornos de menopausia y la Dra. Díaz Villar me puso
a guardar cama en reposo absoluto
José Luis Pelleyá ya estaba preso y esa madrugada
cayeron Manolo Companini y Alberto Veitía. De pronto, nuestra
casa estaba rodeada por carros del G-2, esperando que Mongo y
yo saliéramos. Pero nosotros no salimos; si querían
agarrarnos, que entraran por la fuerza. Y así lo hicieron.
Mongo había acompañado a Tío a ponerle flores
a su madre en el cementerio, cosa que hacía casi a diario.
Un carro del G-2 los siguió y regresó sin arrestar
a Mongo, porque tenían a Tío de testigo. Pero ya
no pudieron esperar más
Entraron y se
llevaron a Mongo a golpes, arrastrado por el piso y sangrando
por una oreja, porque él se resistía y le dijeron
que me llevaban a mí también. Tío gritaba
de desesperación por nosotros y les decía, "¡Ya
yo estoy viejo!...si se los llevan, ¿quién se va
a quedar conmigo, quién me va a cuidar?"
Y un
sinvergüenza de ellos le dijo: "Esto es para que usted
no vuelva a darle palmacristi a la gente". Y toda Cuba lo
sabe: jamás Tío le dio palmacristi a nadie. Tío
se abalanzó sobre él con la muleta y por poco se
cae
Cuando vinieron
a buscarme me le escapé a Tío por la cocina. Allí
me despedí de mi sobrina Mary Grau, mi hermana de crianza
María Dolores, Elsa Díaz y mi querida negra Panchita,
ya vieja como yo. Nenita Caramés estaba afuera con Tío.
Ya en prisión, me contó Nenita que cuando él
supo que me habían arrestado levantó los brazos
al cielo, clamando, "¡Auxilio!"
Me llevaron en
bata de casa para el G-2 en Villa Marista; ya en el G-2 no estaba
frente a la casa. Le encargaron a una señora hacerme una
requisa y cuando me quitó la ropa exclamó, "¡Oigan,
esta señora tiene que ir para el hospital!" y le contestaron,
"No, ella va para la celda de castigo". De mala gana
me dieron un poco de algodón y me mandaron para la celda
de castigo. Allí encontré a Caridad Navarrete, la
primera presa política que vería en el G-2. La celda
estaba casi a oscuras pero pude comprender su gesto de que guardara
silencio y pude leer en la pared un pensamiento de Aleja Sánchez
Piloto. Eso me confortó; me hizo sentir bien el saber que
estaba cerca de personas que habían luchado conmigo
Primero estuve
con Caridad y una chinita en una celda helada. Luego me llevaron
a otra donde estaba una muchachita tuberculosa que sacaron a los
pocos días. En ese vaivén ya empecé a entender
el juego de estos sinvergüenzas: su idea era que en mi casa
había millones, y si sacaban a Grau y a sus sobrinos de
Cuba se quedaban con los millones. Pasamos meses discutiendo;
yo, que en casa no había tales millones y ellos, tratando
de desprestigiar mi familia con cuentos horrendos sobre francachelas
y sinvergüencerías. Sí era cierto que los sábados
y domingos el grupo conspirador se reunía e la piscina
de casa para conspirar. Y las viejas primas de mamá iban
también. Pero de ahí a las historias que inventaban
no había paralelo
Igual que me
acosaban a mí en el G-2, a Tío le hacían
la vida imposible con esto de los millones; a él le pedían
tres o cuatro millones. Estaban tan obsesos con nuestro rescate
que ilusionaron a mi pobre hermano Pancho para que, pagándose
su pasaje con mucho sacrificio, fuera desde México a Cuba.
Allí le propusieron que consiguiera los millones entre
sus amigos, a cuya desvergüenza él se opuso rotundamente
Cuando la redada
de Playa Girón, arrestaron a los hombres de la casa para
llevarlos al G-2. Tío agarró sus muletas y se puso
en la fila. Al decirles ellos, "usted no, doctor, usted no",
se indignó y les contestó, "Entonces, ¿qué
está usted sugiriendo, que yo no soy hombre?". Y solo
pudieron obligarlo unos que salieron del G-2 t lo agarraron en
el parquecillo de la Quinta Avenida. Yo me desesperaba pensando
en las necesidades que estaría pasando porque él
no tenía dinero; era verdad. Un buen amigo nos daba la
ayuda que podía porque Tío sólo recibió
un dinero que le dieron por sus propiedades y mucho tiempo después,
ya estando yo presa en América Libre, le daban 500 pesos
al mes PR haber sido presidente
Me tuvieron siete
meses en el G-2 bajo las peores torturas sicológicas y
físicas. No hay nada peor que querer dar de cuerpo, llamar
y que no la lleven a una; entonces vienen cuando ya una no tiene
deseos. Después de repetirse esta tortura varias veces,
no pude aguantar más y moví el vientre, agachada
en una esquinita de la celda. Cuando vino la guardia protestando,
yo le dije, "Si me trae un cubo con agua yo lo limpio".
Así seguí moviendo el vientre y orinando en mi esquinita
y la guardiana se llevaba el cubo. Jamás me sacaron al
baño; ésa era parte de la tortura. Las comidas las
dan a deshora; o muy seguidas o muy distantes para que una pierda
noción de horas y días. Me enseñaban fotos
para identificar a cada preso que agarraban, a cada sospechoso.
Años más tarde, la Niña del Escambray me
describía una celda bajo tierra en el G-2, muy oscura,
con las paredes pintadas de negro, pero yo no la creía
porque estaba un poquito loca. Pero ya en libertad, mi hermano
Mongo me describió esa celda, la misma en la que él
había estado
El maltrato psicológico
era tal que un día que me regresaron a la celda tras un
cruel interrogatorio cargado de calumnias sobre mi familia y amenazas
contra mi persona, yo estaba como loca y de pronto oí un
piano que tocaba el vals Sobre las Olas, que era el favorito de
mamá y que tocó por última vez horas antes
de morir. Eso se repitió algunas veces y yo sentía
como que ella me estaba acompañando
Otra experiencia
que tuve una de las veces que me llevaron de Guanajay al G-2 fue
que en mi soledad de varios meses en esa celda, oí a un
hombre llorando. Yo había compuesto una rumbita a "La
Chavala, la mulata más linda de Guanajay", y la empecé
a cantar para que el hombre se diera cuenta que era una mujer,
una presa, la que estaba cantando y el hombre se controló,
no lloró más. Entonces, comenzamos una clave. Después
de la última comida -no había manera de distinguir
si era de día o de noche- él tocaba la pared y yo
empezaba a cantar; a veces él tocaba, pero yo estaba muy
cansada del interrogatorio y no cantaba. Un día, no tocó
más la pared. Se lo habían llevado. Como éstas
eran celdas de castigo, probablemente lo fusilaron. Yo soñaba
con encontrarlo en la calle un día y decirle, "Usted
estaba llorando y yo lo consolé con mi canto
".
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