Cientos de mujeres jóvenes
son condenadas en Ciudad de la Habana, de modo injusto y arbitrario,
con penas hasta de cuatro años de privación de libertad,
por el delito de peligrosidad social.
Oficiales del departamento
Lacra Social, del ministerio del interior, se dedican
a la pesca de chicas en la calle, por lo general, negras, humildes
y sin influencias que las amparen; las arrestan y conducen para
Villa Delicia (prisión depósito donde
las ubican en espera de sanción ), en cuestión de
pocos días las procesan en juicios sumarios y luego las
confinan en los Centros de Detención y Rehabilitación
de Prostitutas.
El arresto en la vía
pública de muchachas se debe, entre otras razones, por
vestir ropas cortas y ajustadas al cuerpo, visitar centros de
consumo en moneda convertible, andar solas o sin la compañía
de hombres y merodear las cercanías de lugares turísticos.
En ocasiones, los del Lacra utilizan de señuelo
supuestos extranjeros que abordan a las víctimas, entablan
cualquier conversación con ellas y, acto seguido, agentes
de civil las detienen por asedio a turistas.
Es frecuente que los
oficiales negocien con las detenidas posibles soluciones para
dejarlas en libertad. Las opciones consisten en propuestas sexuales
o el pago de sumas de dinero, entre 100 y 150 dólares.
A quienes se niegan a tener sexo bajo coacción o a pagar
el soborno exigido, las instruyen de cargos o las obligan a firmar
cartas de advertencias que representan pruebas incriminatorias
a la hora de procesarlas.
Las recluidas en Villa
Delicia son presentadas en los tribunales pocos días después
del arresto y sometidas a procesos judiciales carentes de las
debidas garantías. La Fiscalía basa sus condenas
en informes relacionados con conducta social inadecuada de las
encauzadas, elaborados por las comisiones de prevención
(integradas por el jefe de sector de la policía y los factores
de la comunidad).
Resulta difícil
encontrar abogados con disposición de asumir el rol de
la defensa en esas situaciones, pues como es conocido la acusación
en los casos de peligrosidad social responde a una
política represiva del gobierno dirigida a encarcelar en
masas y no hay posibilidad de modificar la sentencia concebida
con anterioridad a la celebración de la vista oral.
En la Habana existen
dos Centros de Detención y Rehabilitación de Prostitutas,
Flor de Cubay La Flora, ubicados en la
periferia de Guira de Melena y Alquizar respectivamente. Ambos
albergan una población penal por encima de sus capacidades.
Las precarias condiciones y el rigor disciplinario en esas cárceles
adopta formas de trato cruel, inhumano y degradante.
Las reclusas son confinadas
en barracas construidas con paredes de bloques y techos de fibras
de asbesto cemento, que desprenden un frío intenso en el
invierno y un calor excesivo durante el verano, provistas de turcos
tipo letrinas como instalaciones sanitarias, y alambradas de púas
en los perímetros. La alimentación que les brindan
no satisface los requisitos mínimos para garantizar la
conservación de la salud; la comida es escasa, mal elaborada
y sin valor nutritivo, solo les aportan proteínas en dos
ocasiones al mes.
Las obligan a realizar
trabajos forzados, nocivos para la salud, en actividades agrícolas
durante ocho horas diarias y sin remuneración económica.
No disponen de programas recreativos para pasar el tiempo de ocio.
El contacto con el
mundo exterior consiste en una visita familiar de tres horas quincenales,
y la asignación de un pase de dos días al mes, condicionado
al cumplimiento del férreo régimen establecido,
así como a la acumulación de horas extras de trabajo
voluntario. Además, no tienen autorizadas visitas conyugales
y, por tanto, carecen de la posibilidad de algún tiempo
de intimidad con sus parejas.
Los carceleros de ambos
sexos acostumbran a provocarlas y ofenderlas constantemente y
cuando protestan adoptan medidas de castigo que incluyen la suspensión
del pase o la visita y hasta la perdida de beneficios como la
libertad condicional.
En la actualidad el
número de presas es alrededor de tres cientos en cada una
de esas prisiones y conviven hacinadas por lo reducido del espacio.
El agua disponible tiene muy mala calidad y genera frecuentes
brotes de enfermedades como: cuadros diarreicos, infecciones vaginales,
parasitismos, y dermatitis. También corren el riesgo de
contraer otras enfermedades transmisibles por la pésima
higiene y la proliferación de vectores en esos lugares.
El cuidado de la salud
de las que enferman no está garantizado, en ese sentido,
los puestos médicos de los penales carecen de equipos elementales
y de medicamentos básicos para ofrecerles una asistencia
médica adecuada.
Elia Vidal Pérez,
de 34 años, es una de las jóvenes que cumplen prisión
por el "delito" de peligrosidad social, separada de
modo abrupto de su esposo y dos hijos menores de edad.
El día 22 de
Enero de 2006, sobre las 8:00 de la noche, estaba en la parada
de ómnibus de 23 y L, en el Vedado, cuando cuatro hombres
con aspecto de extranjeros se le acercaron e hicieron algunas
preguntas en inglés. Se marcharon y entonces aparecieron
varios oficiales del Lacra, y la arrestaron por estar vestida
con saya corta y conversar con "turistas".
En la unidad policial
de Zapata y C la presionaron para que confesara que se dedicaba
a la prostitución. Le prometieron que si colaboraba le
darían la oportunidad de llamar a su casa y de ver a los
niños. Como se negó la metieron en el calabozo y
posteriormente la trasladaron a Villa Delicia.
La sancionaron a tres
años de privación de libertad el 1 de Febrero, en
el tribunal municipal de Playa. En el informe de la comisión
de prevención presentado en su contra, se expuso que Vidal
Pérez vive con lujos y riquezas, sus amistades son elementos
antisociales, ha incurrido en escándalos y desórdenes
públicos, y llega a su casa a altas horas de la noche.
Sin embargo, en verificación
realizada con el presidente del comité de defensa de la
revolución (CDR) y otros factores de su localidad, aseguran
que la Sra. Pérez es una persona honrada y respetuosa con
los vecinos, la familia vive de modo humilde por los escasos recursos
conque cuentan, la casa está inhabitable por el marcado
deterioro, y los únicos bienes que posee son un bombillo,
tres sillas de hierro y una cama inventada, no tienen siquiera
refrigerador o televisor.
Otras veinte y seis
mujeres fueron procesadas ese día en el tribunal de Playa,
diez y ocho resultaron sancionadas a privación de libertad
y a varias de las restantes las condenaron a prisión domiciliaria.
Yosdalia Ramírez
fue una de las pocas absueltas. Los del Lacra la arrestaron a
la salida del Castillo de Farnet, en la Habana Vieja, donde había
estado tomándose un refresco. La recluyeron en Villa Delicia
por dos semanas sin tomar en consideración su niña
pequeña de meses y que está casada desde hace un
año con Jonathan, ciudadano inglés que, como es
lógico, le da los dólares para que pueda acceder
a los lugares de consumo en moneda convertible.
El miedo domina la
vida de gran cantidad de mujeres en la Capital Habanera y otras
provincias del país, incluso algunas se cohíben
de salir de sus hogares para no ser arrestadas sin motivos. Mientras,
se rumora que obreros de la construcción tienen la tarea
de trabajar arduamente para entregar, a lo máximo en tres
meses, una nueva prisión en el poblado de Calderón,
carretera de Alquizar, con capacidad para miles de encauzadas
por peligrosidad.
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