La mujer cubana en la lucha por la libertad
Por Mary De Graux

Siempre aclaro que no soy escritora, no domino esa disciplina, simplemente hablo, de mis sentimientos y de mis experiencias. Hace unos días recibí un e-mail hablando de las heroínas anónimas de la lucha por la libertad de Cuba y he querido aportar mis recuerdos y un poquito de lo que vi. Y viví.

La primera mujer cubana de la que tengo conocimiento se mezclara en la lucha por defender su libertad y dignidad, aun a costa de su vida fue Caucubu, princesa taína del poblado de Mancanilla, hoy Trinidad de Cuba.(su vida, su conducta, su valor y arrojo fueron para mi ejemplo a seguir)

Vemos en la historia numerosas Marianas Grajales que dieron el empujón a sus hijos menores para que no se quedaran rezagados y su dolor se convertía en orgullo, al formar hombres valientes y llenos de coraje por defender Su Patria, en las distintas gestas independentistas libradas en Cuba. Ella, la mujer cubana ha sido figura resaltante y siempre se reconoció el valor de su colaboración.

Pero la historia nos trae de la mano al presente, por eso en nuestras mentes está latente esa actitud de la mujer cubana de sufrir con entereza y calladamente, pero sin silenciar u olvidar el motivo que trajo el dolor a su familia. No puedo hablar del machadato, pues aunque mi madre nos ha contado las historias, además de leerlo y estudiarlo, no era mi tiempo. Si puedo hablar de los tiempos de Batista, cuando en Trinidad (mi pequeño pedacito de tierra) se reprodujo el acto del fusilamiento de los estudiantes de medicina por los españoles, en este caso no fueron fusilados, pero sí vilmente torturados y asesinados un 27 de noviembre y amanecieron ahorcados con alambre de púas Paquito Pettersen, Pelayito,Mario Guerra, y otros jóvenes que ahora mi mente no trae sus nombres. Recuerdo claramente ese día, amaneció con la noticia, cuando el panadero trajo el pan a nuestra casa y nos contó como habían aparecido en la Mano del Negro, en aquel entonces puedo decir que yo era una niña, pero no se borra la impresión de un día oscuro y nublado donde el miedo se hacía palpable en todo el pueblo. Un poco de tiempo después sucede el asalto a Trinidad por los militantes del Segundo Frente del Escambray, el 2 de diciembre, noche de horror y terror para nosotros, pero también de esperanza y fe en un futuro próximo, en medio de los tiros la visita a mi casa de William Morgan, Ramiro Lorenzo, Muñiz y los gritos de : ¡mataron a Piro!, (Piro Guinart) y luego : ¡cayó Paquito !, (Paquito Cadahia) así en medio del silencio de la noche escuchamos también : ¡acaban de matar a Carlitos Echanagusia!! Al otro día el helicóptero sobrevolaba Trinidad, el silencio en la ciudad era semejante a un cementerio y el dolor de aquellas madres rompiendo en sus corazones, porque todas las familias sufrían , todos sus componentes estaban destrozados, pero la mujer ha llevado al hijo nueve meses en su vientre, lo ha traído al mundo con dolor y lo ha amamantado, por eso su dolor es como la rompiente de las olas contra las rocas de la costa, ruge, destroza y la hace mil pedazos, pero ella, la madre cubana seguirá apoyando a los demás miembros de la familia que luchan por la libertad de su pueblo.

No hubo cambio al triunfar la revolución, el alivio al dolor de la mujer cubana fue un sueno utópico, que se llevo el viento, todo lo contrario se exacerba y recrudece tan pronto sube al poder el nuevo régimen. El corazón de la mujer cubana tendrá nuevos sufrimientos y sangrará más que antes, no podemos por ningún concepto olvidar que hubo también mujeres que dejaron atrás su condición de madres para convertirse en hienas que perseguirían hasta a sus propios familiares, no podré olvidarlas nunca gritando ¡ Paredón, Paredón, ! por las calles, pero esta es una excepción dentro de la condición heroica de la mujer cubana.

Surge el moviendo en busca de la libertad y se destacan nuevamente las féminas, son las que más sufren en las prisiones, pues aunque el dolor se siente igual en todos los cuerpos y las emociones son las mismas, en muy fuerte para una mujer verse violentada y vilipendiada por hombres que podrían ser sus hijos, quizás sus esposos, sus padres o hermanos. Isabel Gallo, comadrona, es de las primeras en ser llevada prisionera en Trinidad la llevan a Topes de Collantes, Marina Cordobés, tía de los hermanos Cordobés, Julieta Vila riño, Lila Turiño, víctimas estas tres últimas de la infiltración de Roberto Hernández. Lila y Marina, viudas y madres de familia, Julieta, muchacha joven de familia adinerada que dejó a un lado las comodidades a que estaba acostumbrada para luchar por un ideal, pero éstos son sólo unos pocos nombres en la interminable lista de mujeres que vivieron y sintieron la represión del gobierno de Castro en sus vidas y las de su familia. Nno conocemos los nombres de aquellas sufrientes que llevaban a sus hijitos en brazos cuando el desalojo del Escambray, una de las páginas más denigrantes del desgobierno cubano, de aquellas mujeres anónimas que veían a sus viejos desarraigados de la tierra donde nacieron y vivieron toda su vida, para ser arrastrados hacia el dolor, tantas que no pudieron enterrar a sus hijos y otras tantas que no conocen sus destinos.

La mujer cubana ha sido siempre el principal soporte emocional de la familia, en ocasiones es posesiva sobre todo con el hijo varón, la nuera debe aceptar a una suegra que generalmente manda y gobierna, y este gen se trasmite de generación en generación, lo hace por el amor y el dolor que se ha trasmitido de madres a hijas como se pasa el color del pelo y los ojos, o el tono de la piel, y es que Cuba lleva luchando por su libertad quizás los mismos años de su historia. La mujer cubana se eleva sobre sí misma como las montañas de esta isla se elevan sobre el nivel del mar, ella se crece ante el dolor y las dificultades y trata de absorber en sí todo riesgo y peligro que pueda afectar a los suyos.

Voy a contar esta anécdota de una mujer a quien he conocido muy de cerca, corría el año 1957, invadían (no encuentro otra definición) a Trinidad las tropas de los Tigres de Masferrer, el pueblo vivía aterrorizado --no soy racista, y no quiero que se tome a mal mi forma de expresión--, casi todos estos soldados eran negros, altos, fuertes y muy bien armados. Esta mujer viuda, que había criado sola a sus tres hijos, uno de los cuales era varón, vivía como se dice con el corazón en la boca, el muchacho, pues eso era un muchacho, estaba envuelto en las luchas revolucionarias contra el gobierno de Batista. La madre no le ponía cerrojo a la puerta de la calle, la dejaba pegada, para que aparentara estar cerrada, para que el hijo no tuviera que demorarse en sacar la llave y abrir la puerta. Ella, la madre, no se acostaba hasta que el llegaba, esa noche siente unos pasos apresurados que se dietenen en la puerta y siente una discusión, abre la puerta y ¿ cual es el impacto emocional que recibe? Uno de aquellos soldados tenía su arma larga con el cañón pegado a la garganta del muchacho, el joven le decía:”Yo no corría” y el soldado lo seguía acusando de correr, la madre, aterrada, esconde su miedo y encara al soldado y le dice:”si el expone que no corría, es que no corría, y quién es usted para encañonar a mi hijo, no ve que es un niño? Además usted no sabe con quien se esta metiendo, el padre de este muchacho lucho por la independencia de Cuba, mire yo soy su tutora legal, pues mi esposo murió hace muchos años, pero no le voy a permitir ni a usted ni a nadie que maltrate a mi hijo, márchese de aquí inmediatamente que es tarde y vamos a dormir, entra hijo y acuéstate”.

Todavía sonrió al recordar que el Tigre se fue, aquella familia corrió un serio riesgo de ser ametrallada en su totalidad, pero la dignidad y la firmeza de esta mujer impresionó al soldado de tal forma que aunque a algunos le resulte difícil de creer al otro día volvió y presentó sus excusas y felicitó a la mujer por ser UNA MADRE. La protagonista de este hecho no durmió esa noche, pues después que el soldado se marchó cobró conciencia del peligro que habían vivido y en el que se encontraban, cerró bien la puerta con todos los pestillos, como si de esta forma pudiera protegerse, (débil ilusión) abrazó a su hijo fuertemente y se acostó a su lado, como si ella sola pudiera defenderlo de los peligros que corría. El soldado era un Tigre de Masferrer, pero aquella mujer era una Leona Cubana defendiendo a su hijo, en innumerables ocasiones lo defendió con su amor, trató de protegerlo y salvarlo de los riesgos que corría por sus pensamientos y anhelo de defender el ideal de la libertad de su Patria, pero terminó perdiéndolo en manos de los asesinos del régimen de Castro, de éstos no pudo salvarlo, el misterio, el silencio y el olvido de un nombre le llevaron a su hijo. Esta mujer, como tantas mujeres cubanas, vio salir un día de su hogar a su muchacho para no volver a verlo.

Hechos como éste podemos contarlos y repetirlos y no acabaríamos nunca, pues son innumerables. No puedo evitar que las lágrimas inunden mis ojos al pensar en esta mujer que lleva 44 años esperando ver volver a su hijo, aún hoy postrada en una cama, con 93 años esa esperanza la sostiene viva.

Mary De Graux