Del libro"Todo lo dieron por Cuba"
de Mignon Medrano
MERCEDES CHIRINO



Muy pronto comenzaron en el llano los desmanes de "los barbudos" bajados de la Sierra Maestra. Lentamente, y desde Oriente hasta Occidente, avanzaba la columna del triunfo con Fidel Castro como desafiante mascarón de proa sobre un tanque de guerra, a cada hora más endiosado por los arribistas que se incorporaban a la imponente caravana. A su paso, sin asesoramiento legal de clase alguna, los tribunales revolucionarios impartían sentencias de muerte a diestra y siniestra, a todo lo ancho y largo de la Isla. Sólo bastaba que se alzara un índice acusador para llevar a un pobre diablo ante el pelotón de fusilamiento o para imponerle a un inocente injustas y desmesuradas condenas carcelarias.

Una de las primeras víctimas de esta infamia fue Mercedes Chirino, destacada líder obrera del sector tabacalero. Huérfana desde los seis años, ella y sus hermanos sufrieron miseria, y desde muy joven comenzó a trabajar en las vegas de tabaco para sobrevivir. Los votos de sus compañeros la convirtieron en dirigente laboral. Mucho luchó Mercedes para lograr que las jóvenes obreras recibieran un aumento por la picadura, que se pagaba a sólo cinco centavos. Cuando se desploma el gobierno de Batista, ya ella tenía preparada una asamblea entre las provincias tabacaleras de Pinar del Río y Las Villas habiendo logrado un aumento hasta de 20 centavos en el interior de la Isla ya que en La Habana no se cortaba la picadura, allí sólo se despalillaba.

En reconocimiento a su liderazgo, Mercedes fue invitada a formar parte del Consejo Consultivo del Presidente Batista. Este nombramiento le costó el arresto por las huestes fidelistas en enero del 59 y el encarcelamiento en Mantilla hasta marzo del 61. Pocos días después de ser puesta en libertad, se esconde en casa de su antigua secretaria, Gloria Mejía. Para no comprometer a la familia, Mercedes se entrega a los barbudos, la arrestan de nuevo y la llevan al tenebroso G-2, falsamente acusada por unos presuntos compañeros de Caimito del Guayabal, una zona no tabacalera y jamás visitada por Mercedes.

Esposada y custodiada por seis barbudos armados con fusiles, Mercedes fue paseada en humillante desfile por la Calzada de Rancho Boyeros y otras calles hasta llegar al cuartel sin permitírseles a su hermana y otros familiares el tener acceso a ella. De allí la llevaron en un carro patrullero hasta el G-2, donde permaneció incomunicada por varios días, comprobando las escenas de horror que caracterizan a ese antro infernal. Sufriendo la impotencia de no poder brindarle ayuda, allí presenció cómo abortaba una joven maestra, también acusada en falso, casi desangrándose en medio de la indiferencia de sus carceleros.

-Yo fui encarcelada en Guanabacoa, pero al producirse el desembarco en la Bahía de Cochinos, me regresaron al G-2, donde tuvo lugar un encuentro muy interesante. Mientras yo estuve presa en Mantilla se llevó a cabo el cierre del Barrio de Colón (zona de tolerancia en La Habana). Durante la redada, les dijeron a estas mujeres los peores horrores de Raquel Valladares, de mí y de las demás presas políticas para provocar choques, pero no lo lograron. Inclusive, una a quien llamaban Julita "Macho" le pidió un favor a mi hermana. Esta se lo resolvió y le llevó el encargo a Mantilla sin aceptarle un centavo…

…Me llevaron nuevamente para Guanabacoa y me pusieron con las presas comunes. El Dr. Labrit, que me había operado de un seno en el Instituto del Cáncer, trató de verme, pero nosotros éramos los malos, de lo peor. Cuando me entraron a la galera, me aferré a la reja y así pasé toda la noche hasta que amaneció, temblando y haciendo mis necesidades…

…Aún prendida de la reja, veo aparecer a una mujer a quien reconocí y le grité, "Ay, es Julita Macho". Esta se paró y cuando me identificó amenazó a las comunes, "¡Oiganme todas, quien toque a esta mujer es muerta!" Por eso la recuerdo, era una mujer de la calle, una cualquiera, que quiso protegerme en medio de aquella temible galera…

…Mentiría si dijera que ellas me trataron mal o se metieron conmigo, pero el salón de las comunes era horrible…con aquellas mujeres de la peor ralea, de todos los tipos, de todos los colores. Cuando las presas políticas supieron que yo estaba engalerada con las comunes, les gritaban, "¡Ella no puede estar ahí, sáquenla de ahí!"… Tras mucho batallar, mi abogado, el Dr. Tamayo, logró cambiarme para la galera de las políticas…

…Un mes más tarde, volví a mi casa. La habían saqueado. Allí guardaba las compras que yo iba haciendo a fines de cada año para repartirles juguetes a los niños y darles ropas y zapatos a mis compañeras en el campo. Yo protegía a los míos, en lo oficial y en lo particular…

Hoy, a los 84 años bien cumplidos, Mercedes Chirino entreteje sus recuerdos y el reconocimiento que le han brindado instituciones e individuos, haciéndole menos dolorosos los achaques de una salud muy quebrantada y una vida que se le escapa entre las manos sin haber podido regresar a sus amadas vegas de tabaco.