Publicado el jueves, 8
de marzo de 2001 en El Nuevo Herald
En 1910, Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de
Obreras de la Confección, propuso el Día Internacional
de la Mujer en el curso del Congreso Internacional de Mujeres Socialistas
en Copenhague, Dinamarca, y en memoria de un grupo de obreras textileras
masacradas en la ciudad de New York por exigir igualdad de salarios
y jornada de diez horas de trabajo, en 1857. La lucha de la mujer,
superior a los ochenta años, en todos los frentes, incluido
el militar --revolución francesa, 1789-- y, esporádicamente,
desde época inmemorial, se desdobla en un nuevo terreno,
aledaño al de la igualdad, en todos los frentes: el terreno
del coraje. Novedosa manifestación de civismo, moral, ética,
profundamente enraizada en el amor a la patria, que traslada todas
las fuerzas físicas y espirituales inimaginables a mujeres
dispuestas a dar su vida por la libertad y por todos los derechos
intrínsecos del ser humano.
El presidio político
femenino cubano es un ejemplo supremo. A partir de 1959, obreras,
profesionales empresarias, intelectuales, campesinas, artistas,
educadoras, amas de casa toman conciencia de que su patria está
en peligro. Que sus familias, sus tradiciones, sus patrimonios,
afincados en la gesta heroica de sus antepasados, desparecen,
Y deciden, valientes, sin pensar en los riesgos, luchar contra
la revolución que destruye su entorno de joven república
amasada con esfuerzo, dignidad, trabajo, amor. Ningún terror
las paraliza. Ninguna encomienda es más peligrosa que su
decisión. Se colocan en el lugar preciso, las horas precisas,
echando a un lado cualquier canto de sirena enemigo, cualquier
utopía, cualquier fraude histórico. Unas mueren.
Otras sucumben en la cárceles. Todas se envuelven en la
misma bandera del deber cumplido, a espaldas del peligro, del
alto precio pagado, en los mejores años de su existencia.
El presidio femenino
cubano histórico --base e inspiración del que le
seguiría después-- tiene nombres de gloria: las
que murieron por él y las que viven aún. Conscientes
de la validez de sus ideas y sus acciones. De su razón.
Mujeres con la humildad, sencillez, discreción, sabiduría
e inteligencia del tiempo de su gesta. Que ocupan un espacio real,
sin algarabías ni primeros planos. Sin más liderazgo
que el de todas unidas en la experiencia y el sufrimiento. Donde
cada historia es un ejemplo increíble de valentía,
honestidad y entrega a la causa de la libertad y los derechos
humanos escrito en la inmundas celdas de las prisiones castristas
en la isla.
Celdas cuajadas de
piojos y cucarachas. Llenas de ratas, tan rechazantes como los
hombres y mujeres que, al servicio de la peor causa, olvidaron
ser cubanos. Año tras año y, con énfasis
en el Mes Internacional de la Mujer, envío mi abrazo más
fuerte para mis hermanas de cautiverio, que esperan el regreso.
Para las que se fueron, mi compromiso de colocar ``en blanco y
negro'' sus nombres, destinados a las nuevas generaciones. A los
que deseen conocer algun día la realidad de las bien llamadas
mambisas cubanas del siglo XX.
Es por esto que, con
emoción y orgullo, paso lista a los nombres de mis compañeras
presas ya fallecidas: Norma Abreu, Julia Aguilar, Bebita Alonso,
Hortensia Baquero, Raimunda Barrios, Cándida Berget, Catalina
Bianchi, Carmen Blanco, Violeta Blanco, Flora Bosch, Maribel Bugo,
Dra. Caminero, Margot Calvo, Olga Canosa, Carmelina Casanova,
Pura Castellanos, Alicia Concha, Dolores Correoso, Hilda Corujo,
Esther Cruz, Dora Delgado (Japón), Sarah del Toro, Nené
Echenique, Victoria Elías, Hilda Feo, Magdalena Fernández,
Caridad Fernández López, Irma Francois, Juana García,
Juana Luz García, Yolanda García Bonet, Carmen Gil,
Julita Gil, María del Carmen Gómez, Georgina González,
Julia González, Mercy González, Pola Grau, Hilda
Herrera, Elisa Jaimerena, Cuba León, Oristela López,
Carmen Rosa Lora, Berta Machado, Etelvina Maidique, Gladys Marichal,
Aida Marrero, Gladys Martínez, María Julia Martínez,
Rosa Martínez, Queta Mecke, Edelmira Milián, Carola
Montalván, Margarita Montalván, Pilar Mora Morales,
Eligia Osorio, Hilda Pelegrín, Silvia Perdomo, Aida Pérez
(religiosa), Consuelo Pérez, Hilda Pérez-Dopico,
Migdalia Pérez-Poza, Anelita Prieto, Lilliam Ramírez,
María Amelia Ramírez, Mercedes Ramírez, Dora
Victoria Reyes, Aida Rodríguez, Blanca Rodríguez,
Leopoldina Rodríguez, Mercedes Rodríguez, Lilia
Romnez, Celeste Roque, Amalia Salgueiro, Dolores Sardiñas,
Edmunda Serrat, Geraldine Sherman, Aida Sosa, Irma Suárez,
Rebeca Suárez Fernández, Amparo Torres, Ismelia
Travieso, Eulalia Turiño, María Vázquez,
María Vidal, Teresita Vidal, Berta Yeste, Josefa Velozo.
Para ellas y para todas las presas políticas cubanas ya
fallecidas que por falta de información no aparecen en
esta lista, gloria eterna.
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