El que fuera el número
tres de la Revolución cubana fue invitado en Madrid por la
Asociación de Periodistas Europeos (APE), para presentar
su libro: "Cómo llegó la noche"*, en el
que relata su participación y liderazgo en la Revolución
cubana y su encarcelamiento durante 20 años por no estar
de acuerdo con el rumbo que siguió Fidel Castro una vez en
el poder. Esta es la primera parte de las dos en que está
dividida la entrevista con este hombre, de 83 años, que derrocha
dignidad, elegancia, inteligencia y a la vez sencillez, sensibilidad
y humanidad. Incomprensiblemente, no demuestra odio hacia Castro
(quien le acusó injustamente de traición y sedición
además de condenarlo a prisión) pero sí se
emociona, y se le llenan los ojos de lágrimas, cuando habla
de la tragedia que vive su amado país: Cuba.
Por Miguel Humanes
- ¿Cuál es su objetivo con este libro?
- Que se conozca bien
la verdad histórica sobre el proceso cubano y la verdad
sobre mi prisión y mi proceso. Pero más que una
motivación de tipo personal, por las calumnias que Castro
echó sobre mi persona, me mueve (y me duele) mucho más
el drama de mi país, la desgracia que Cuba ha asumido,
y está asumiendo todavía, y la gran traición
que Castro hizo en todo esto que llamamos la Revolución
cubana. Porque la Revolución se hizo fundamentalmente para
restablecer el sistema democrático, para acabar con una
dictadura y darle al pueblo posibilidades de que se realizara,
con instituciones libres, dentro de lo que es el Estado de Derecho.
Y resulta que Castro ha impuesto una dictadura que es mucho más
degradante y de consecuencias más perjudiciales, en toda
la extensión de la palabra, que la de Batista. Entregó
el país a la Unión Soviética (URSS), impuso
un sistema totalitario, enseñó a los cubanos a mentir,
a prostituirse y a muchísimas cosas humillantes, acabó
con la economía del país y después traicionó
a toda la gente buena que asumió el proceso revolucionario.
Yo, como jefe guerrillero, primero como capitán de guerrilla,
luego como jefe de columna (y como comandante), llevé conmigo
al combate a infelices muchachos que eran idealistas y murieron
creyendo que iban a propiciar la liberación cubana. Y resulta
que lo que propiciamos fue el establecimiento de un sistema totalitario,
que conocíamos a distancia, por los libros, por las cosas
que hablaban de la URSS, de los países socialistas, pero
nunca pensamos que también lo padeceríamos en carne
propia los cubanos.
- Profesor, ¿cómo
fue exactamente su desencuentro con Castro? Parece exagerada un
pena de 20 años por... desavenencias ideológicas.
¿Cómo reaccionó él cuando usted le
dijo que renunciaba porque no le gustaban los derroteros por los
que se encaminaba la Revolución?
- Voy a empezar por
lo último. Para Castro, los que le acompañan son
instrumentos para sus planes. Y su primer plan es la satisfacción
del ego. Cuando alguien ya no le es útil, cuando ya le
sacó el jugo, ese es su peor enemigo. Se ensaña
con él y lo denuncia como el ser humano más despreciable,
como hizo conmigo. Con Camilo Cienfuegos (1) no tuvo oportunidad
de denunciarle porque no fue necesario, porque además fue
una traición de Castro directamente a Camilo, de él
y de su hermano Raúl Castro, que lo que hicieron fue desaparecerlo,
no se sabe en qué condiciones, pero lo desaparecieron.
Así que para Castro, la gente que le acompaña es
muy útil y valiosa en la medida en que encaja en la realización
de sus planes, pero son elementos despreciables y de la peor calidad
humana cuando ya no le sirven. Ese fue el caso mío.
Vamos con el desencuentro
con Castro. Pero antes quiero decir una cosa: Yo nunca imaginé
que a mí me iban a torturar. Está bien que (Castro)
me acusara de cuantas cosas quisiera, lo hacía para calumniarme
para poder justificar la condena. Pero después que estoy
preso, que soy una pobre víctima en sus manos, que me rompan
huesos, que me arranquen tendones y esos horrores... ¿sabe?,
yo no entendí eso, ni entiendo hoy todavía por qué
hace eso.
El desencuentro. Castro,
sin lugar a dudas, pensaba desde allá, desde la sierra
(con anterioridad al triunfo de la Revolución en enero
de 1959), quedarse en el poder, pero lo escondía. Lo escondía
presentándose como un demócrata. Ví algunas
actitudes despóticas de él tratando a su gente que
me alarmaron...
- ¿Es cierto
que Castro humillaba a sus oficiales?
- Sí, sí,
sí. (Y el libertador de Santiago de Cuba prosigue con lo
que vio en Sierra Maestra y no le gustó): Ví las
cosas de la marihuana (2), su sociedad con los que llevaban y
traían la marihuana y también me alarmó,
pero en realidad cuando ya llegamos al poder, lo ví en
un coqueteo con los comunistas utilizando a Guevara (el Ché)
y a Raúl (Castro, hermano de Fidel). Guevara sabíamos
que más o menos tenía algo de marxista, pero él
siempre decía: Yo nos soy comunista, los comunistas
son un lastre en este proceso. No nos hacen falta, no nos han
hecho falta, ni nos harán falta. Castro fue encubriendo
todo esa complicidad con los comunistas atribuyéndosela
a Guevara y a su hermano Raúl y decía: Tampoco
podemos eliminar a los comunistas que no participen ahora en la
Revolución porque son elementos útiles, pero lo
que no se puede es darles una participación en el control
del poder. Que se integren en el proceso, pero que no determinen
el proceso. Todo eso lo hizo para entretener, para hipnotizar
al pueblo de Cuba, para seguir utilizando la cooperación,
que venía de mucha gente. La mayoría del Ejército
Rebelde no era comunista, ni hubiera aceptado el comunismo si
hubiera sabido a tiempo lo que venía.
Y hubo un momento en
que yo quise que definiéramos los postulados de la Revolución,
hacia dónde vamos, porque yo tenía mis dudas. Entonces,
en una ocasión, en julio de 1959 cuando llevábamos
cinco meses en el poder, le pregunté algo que ya habíamos
discutido varias veces y de lo que hablábamos desde los
primeros tiempos de la Revolución: Bueno, ¿y
cuándo vamos a crear un consejo revolucionario? Para que
haya una dirección colectiva bajo el mando tuyo, con la
orientación tuya y donde se tracen las pautas con claridad
y donde se discuta la ley antes de llevarla al Consejo de Ministros
(porque un proceso revolucionario es una cosa de una trascendencia
enorme para los destinos de la nación). Por fin quedamos
en que antes de que finalizara el mes de julio nos ibamos a reunir
en mi casa, en Camagüey, adonde irían él, Guevara
y Raúl para discutir los cuatro sobre todos estos asuntos.
Yo le pregunté si no iría también Camilo
(Cienfuegos) y me dijo que no, Camilo no cuenta en esto,
dijo Castro. Despreciaba a Camilo, aunque en público lo
elogiaba y Camilo lo sabía. Llegó el día
de la reunión y no estaba Guevara. Raúl vino por
un lado y Fidel vino por otro, yo me di cuenta de que no habían
avisado al Che, pero no dije nada. Fidel le preguntó a
Raúl si no había avisado al Che y Raúl dijo
que pensó que lo avisaría Fidel. Yo me di cuenta
de que aquello tenía mucho de comedia, una comedia burda.
Y fui consciente de que definitivamente había un plan para
desviar la Revolución del compromiso democrático
y establecer un régimen dictatorial...
- Cuando sólo
habían pasado siete meses del triunfo revolucionario, ¿usted
percibía que eso podía ser así, que la Revolución
caminaba hacia una dictadura?
- Claro. A raíz
de lo que te contaba, unos días después se sucede
la renuncia del presidente Urrutia (3), que no fue una renuncia,
fue un golpe de estado porque Fidel sorprendió a la nación
cuando en televisión se difunde la noticia de que Fidel
Castro ha renunciado como primer ministro. El país se conmocionó.
¿Cómo que Fidel renunció? El gran líder
al que apoya el noventa y tantos por ciento de los cubanos...,
todo el mundo especulaba con la noticia. Y por fin, por la noche
se aparece en la televisión para explicar su renuncia:
Yo he renunciado porque el presiente Urrutia está
bordeando la traición. También estaba con
el cuento de que había un fermento comunista en las filas
del Gobierno... y bueno las voces populares clamaron diciendo:
Fidel, tú no tienes que renunciar, que renuncie el
presidente. Y en esos momentos si el pueblo coge al presidente,
lo arrastra. Y días antes (lo cuento en el libro), Urrutia
me había confesado que se consideraba un prisionero, un
rehén: Yo quiero renunciar. No estoy de acuerdo con
la dirección del proceso y no me dejan renunciar, ni siquiera
me dejan una salida para ir escalonadamente separándome
de todo esto. Y después Fidel lo acusó de
estar incubando la traición. Unos días después
(julio de 1959) yo envío una carta con mi renuncia a Fidel.
El me llama, me dice que no me puedo ir, que hago falta, que tengo
capacidad organizativa, que soy uno de los pocos oficiales con
estudios universitarios, que tengo nivel político, etc.,
etc.
- Sr. Matos, usted,
¿qué posición ocupaba en el ránking
de la Revolución? Estaba Fidel, Raúl, el Ché,
Camilo Cienfuegos...
- No, mira. En enero
del 59, Castro vuela en el avión presidencial (que a pesar
de ser presidencial y Fidel no ser aún ni primer
ministro, él usaba a su antojo) y me avisa Celia Sánchez
(4) que el avión va a hacer una escala en Camagüey
procedente de Santiago de Cuba y que Fidel tiene algo importante
que decirme. Llegué al aeropuerto a la hora convenida y
Fidel ordenó bajarse a todo el mundo, hasta a Celia (y
eso que Celia era de toda confianza, de Fidel y mía. Ella
y yo ya eramos como hermanos antes de que apareciese Fidel) y
nos quedamos los dos solos. Yo pensé: Qué
misterio, y Fidel me dijo: Lo que te voy a decir quizás
te sorprenda, pero tenemos muchos comandantes en la Revolución,
por ejemplo, Camilo, un tipo carismático, pero es un bohemio,
desorganizado... Este no es el caso del Che, que es un tipo inteligente,
con ideas..., pero mírale ahí, en la cabaña
está rodeado de comunistas, tiene un poliburó allí.
En resumen, lo que te quiero decir es que tú eres el tercer
hombre de la Revolución. Primero estoy yo, luego Raúl
(Castro) y después estás tú.
- Cómo le gustaban,
y cómo le gustan, a Castro las intrigas, ¿no?
- Lo que quería
era comprarme, comprarme de por vida. Siempre que me hacía
regalos o me halagaba, yo estaba a la defensiva porque le conozco.
En una ocasión, en la lucha, (porque yo no me callaba ante
las cosas que no me parecían bien), vino un oficial a decirme
que o me retractaba o iba preso. Y ni me retracté, ni fui
preso, ni nada.
- Y usted le presenta
su renuncia pocos meses después.
- Sí, le presenté
una primera renuncia y él quedó para hablar conmigo.
Yo le dije a Castro que desde el primer día que él
me hizo comandante, mi interés era volver a la escuela
(Matos es profesor). Olvídate de la escuelita,
me espetó. No, tu no te puedes ir, Hubert. Quítate
esas ideas (la idea de que la Revolución caminaba hacia
el comunismo). Tu dices que eso (el comunismo) va a ocurrir y
yo te digo que no. Imaginemos que sí va a ocurrir, entonces
nos sentamos, conversamos, analizamos la situación, nos
despedimos como amigos, como hermanos y no pasa nada. Yo
por supuesto no se lo creí. Y la verdad es que me daba
tristeza separarme de un proceso en el que había visto
tanta gente buena sacrificarse, e incluso morir. Compañeros
y hermanos de los que yo más quería, verlos morir
en combate..., en mi memoria tengo aún 20 casos. Pero volviendo
a mi conversación con Castro, él me dijo unas cuantas
cosas más y yo, pensando que aún podía ser
útil a mi país y a pesar de que a mí no me
interesaba la política, decidí seguir en la Revolución.
- Y poco después
usted presentó su renuncia definitiva en una carta (que
aparece textual en su libro). ¿Qué pasó entonces?
Aquello fue un show.
Fidel organizó una campaña en mi contra que, aún
conociendo a Fidel como le conozco, todavía no acabo de
entender y fue algo que me hizo un daño tremendo, hasta
el punto que en una ocasión me dije a mí mismo:
Vale más la pena morirse (la muerte física)
que pasar por esto. Fidel dijo que yo estaba sublevado en
Camagüey, que era un traidor, una alimaña que había
que sacar de allí..., me dedicó los peores calificativos.
Poco después, Fidel envió a Camilo Cienfuegos a
detenerme (una semana después desaparecieron
a Camilo en un vuelo, del que nunca más se supo nada),
fui juzgado en un juicio que fue un consejo de guerra y me condenaron
a 20 años por traición y sedición.
(En la segunda y última
entrega de la entrevista, Matos entra en detalle sobre su detención,
juicio y sus 20 años de prisión)
- ¿Qué
cree usted que sucedió entre 1959 y 1961? ¿Por qué
Castro abrazó el comunismo?
- Pues porque era lo
que estaba de moda. El fascismo ya había quedado atrás,
cayó derrotado en la Segunda Guerra Mundial, pero hay que
tener en cuenta que el marxismo-leninismo en aquel momento representaba
una vía para el desarrollo social del pueblo... y a Fidel
lo que le interesaba era una estructura y una cobertura filosófica
que le permitiera mantenerse en el poder de por vida. Pero nunca
ha sido marxista, ni su método, ni su mentalidad, no. Castro
es él. Y el poder es para él y todo para él.
Si Castro hubiera gobernado pensando de alguna manera: Yo
satisfago mi ego, pero mejoro las condiciones de vida del pueblo,
pero no. Recuerdo que en marzo o abril del año 59, yo iba
con Fidel cruzando la bahía de La Habana, hacia el pueblo
de Regla, para inaugurar un molino de trigo y al volver, fuimos
a unas obras que estaban haciendo en el Puerto, obras que correspondían
al período capitalista, anterior al triunfo de la Revolución,
y Fidel dio un discurso a los trabajadores en el que, entre otras
cosas, tocó el tema social y la problemática de
las relaciones con los trabajadores. Y cuando regresábamos
por el Malecón, le dije: Fidel, ¿tú
has renunciado a poner en práctica lo que planteas en tu
discurso La historia me absolverá (5), de darles
a los obreros una participación de las utilidades (beneficios)
de las empresas?. Y me dijo: No Hubert, eso no lo
podemos hacer, porque si propiciamos que los trabajadores tengan
independencia económica, de ahí a la independencia
política no hay más que un paso. ¡No podemos!.
Me quedé sin respuesta, me abismó. ¿Adónde
nos quiere llevar este hombre?, me pregunté, y mientras
tanto yo observaba y observaba... Yo sabía que ni el movimiento
26 de Julio (6), que era fuerte, ni el aparato político,
ni nadie, hubiera transigido con el comunismo.
- Profesor, dénos
algunas pinceladas sobre el perfil humano de Castro. ¿Cómo
es en lo personal?
- Es un sujeto único
en la historia de la humanidad. Es muy inteligente, pero con una
vocación incontenible para la maldad. Entonces, con esa
inteligencia excepcional, genial, pues se convierte en un genio
para la maldad. Si se hubiera dedicado al cine o a la comedia
hubiese sido igualmente excepcional, sería el más
grande, o uno de los más grandes actores de Hollywood.
Pero le dio por la política, y si se hubiera dedicado al
gangsterismo tendría más fama que Al Capone. Pero
le dio por esta política sucia, y la situación coyuntural
de la nación cubana, con el golpe de estado de 1952, creó
el cuadro ideal para que él pudiese hacer una carrera tremenda.
Estoy convencido de que si no hay un 10 de marzo del año
1952 (cuando Batista se hizo con el poder), no hubiera habido
un proceso insurreccional. Entonces Castro era un líder
en la universidad que aspiró a ser presidente de la escuela
de Derecho y no lo eligieron porque no convenció a la gente.
Con votos no hubiera llegado a ningún lugar. Pero en una
situación de excepción, con un pueblo apabullado
con el golpe de estado y buscando a alguien que encabezara la
respuesta, pues Castro tuvo la inteligencia y la audacia de promover
la conspiración que llevó al asalto del Cuartel
Moncada (1953), planear ese asalto, quedarse afuera (del cuartel
durante el asalto), dejar que mataran a sus compañeros
y liderar después el proceso de Sierra Maestra, en la que
usó con habilidad sus dotes como estratega (porque diseñó
una estrategia apropiada), contó con el fervor del pueblo,
con la ayuda y la participación directa de miles de jóvenes
que fueron poco a poco incorporándose a la lucha. En fin,
que las condiciones ambientales e históricas le ayudaron
a Fidel Castro a poner en función su tremenda aventura.
- En la Asociación
de Periodistas Europeos (APE) comentó usted el otro día
que Castro es audaz pero no valiente...
- Sí, y lo digo
con el conocimiento de la verdad. En el libro narro unas escenas
que cada vez que me decían en la prisión: Tú
no sales con vida de la cárcel, me acordaba de ellas:
fue cuando ví a Fidel acobardado, sin razón. En
una ocasión, en los tiempos de la lucha, estábamos
cuatro ó cinco personas con Fidel en un alto (en el libro
lo cuento más detalladamente) y había unos aviones
ametrallando en la lejanía y aquel hombre tan grandón
(Castro) temía que se acercaran. Fidel le dije
yo-, esos aviones están ametrallando allá, en las
vegas, para acá no van a venir. Los aeroplanos describían
un óvalo largo, nosotros estábamos en una cima y
Fidel insistía en que los aviones venían. No,
mira Fidel, hay como tres kilómetros de aquí al
punto donde dan la vuelta para ametrallar la zona de las vegas.
En una de esas, los aviones dieron un óvalo un poco mayor,
se acercaron algo más a nosotros, y aquel hombre se desprende
colina abajo y corre como 25 o 30 metros hasta donde estaba la
cueva, pero con una ligereza y una habilidad increíbles
y se tira y se mete en el agujero. Y Celia (Sánchez), que
tenía que obedecer, y dos personas más le siguen
y empiezan a gritarme: ¡¡Hubert, entra, entra!!
Y Fidel, tronando con su voz: ¡¡Entra!!.
Yo le dije: Fidel, yo estoy acostumbrado a que todos los
días me tiren los aviones (yo a todo esto estaba
con ganas de reírme). Él insistió, porque
es persistente: Oye, ¡te he dicho que entres!.
Fidel le dije yo-, conviene que alguien se quede
afuera para avisar cuando los aviones se retiren. Por fin,
media hora después, le dije que los aviones habían
dejado de tirar allí y Fidel salió con una cara...
- ¿En qué
año fue eso?
- En el 58, en el verano
de 1958.
- Y eran aviones de
Batista, ¿no?
- Sí, claro.
Bueno, el caso es que Fidel ya me había dicho que los aviones
lo asustaban mucho. Y en otra oportunidad, mes y medio después,
cuando yo regresaba de unos combates difíciles, pasó
lo mismo: lo busco y lo busco y ¡me lo encuentro metido
en una cueva! El combate había terminado el día
antes, pero pasó un avión, o un helicóptero,
por allí y se metió en la cueva, que tenía
árboles y todo, tenía vegetación arriba,
no la podía ver ni fotografiar nadie. Y aquel hombre estaba
metido allí y el auxiliar de él, el mochilero, estaba
escarbando para darle mayor profundidad para que estuviera más
escondido.
- ¿Qué
nos puede contar del Che?
- Guevara murió
en Bolivia embarcado (abandonado) por Fidel. Es decir, Fidel ayudó
al Che, que era un soñador y un aventurero; seguramente
quería ir a Bolivia y quería llegar hasta Argentina,
pero Fidel le ayudó a que se metiera en una aventura donde
no tenía ninguna posibilidad. Porque una cosa es la Sierra
Maestra y la lucha de guerrilleros en un pueblo donde todo el
mundo hubiera querido tener armas para luchar (no hubo más
guerrilleros porque no había más armas), y otra
cosa es ir a retar a un ejército convencional, en Bolivia,
y probablemente con la esperanza de pasar a Argentina y tomar
el poder en todos los países. El Che era un individuo con
algunos ideales, pero era aventurero y ya le había sido
útil a Fidel. El Che era antisoviético; eso me lo
dijo él a mí y después, ya en el poder, nosotros
sabíamos que el Che era antisoviético. Y Fidel iba
teniendo lazos más y más estrechos con la Unión
Soviética. Y además Fidel ya le había sacado
el jugo al Che, en la lucha guerrillera, en la imagen internacional...
y debió pensar: Facilito la manera para que este
Che se vaya para Bolivia, me lo matan por allá (porque
en ese sentido a Fidel hay que reconocerle la inteligencia, es
un estratega de un alcance largo) y lo utilizo como pasquín
internacional de la Revolución.
- ¿Cómo
era personalmente el Che?
- El Che, mira, era
una persona de por sí, austera, callada. Cuando establecía
una comunicación de simpatía o de identificación
con alguien, entonces no quería callarse, hablaba de esto,
de lo otro, se entusiasmaba, dejaba de ser el tipo ese sobrio,
callado. Yo tuve la suerte de que le caí bien y le gustaba
hablar mucho de literatura y de todo conmigo, pero preferentemente
de literatura. Y le gustaba también hablar de la problemática
social y yo, para saber ubicarme, pues también aprovechaba
para preguntarle y a veces para arrinconarlo, hasta que un día
le dije: Oye, en tu pensamiento hay poco, o mucho, de marxismo.
Y él me respondía: Es posible que yo sea un
marxista, pero no a la manera soviética, yo no transijo
con el estalinismo, etc.. El Che era un hombre cultivado.
- El Che se aburriría
en sus puestos de gobierno cuando triunfó la Revolución,
¿no?
- No, yo lo que creo
es que ya le estorbaba a Fidel. Lo exprimió y luego lo
soltó para que lo trituraran por allá los cuerpos
expedicionarios del ejército americano, la CIA, el ejército
de Bolivia... Hay 20 amistades que sabemos que el Che envió
mensajes de ayuda a Cuba, pero no tuvieron respuesta. ¿Por
qué? Porque a Fidel ya no le interesaba. Que no regrese,
debió pensar. Esa es la historia de Fidel Castro: utiliza
a la gente, la usa y después se deshace de ella, de una
manera o de otra. En este caso no tuvo que matar al Che, ni como
a Camilo (Cienfuegos), ni como a Ochoa (7), ni como a Tony de
la Guardia (7)..., los mataron otros, el imperialismo...
en fin (dice Matos con ironía), fueron víctimas
del imperialismo...
- Camilo Cienfuegos
fue a detenerle a usted a Camagüey, por orden de Fidel Castro,
y una semana después Camilo desaparece en un viaje de avión.
¿Qué recuerda de todo aquello?
- Exactamente. Camilo
y yo nos habíamos comunicado varias veces en privado sobre
la desviación del proceso revolucionario. Camilo fue al
primer oficial de las fuerzas armadas al que yo le llevo una propaganda
que salía en Verde olivo (una publicación interna
del ejército), era un escrito pro marxista que se incluía
material informativo de orientación política para
las fuerzas armadas. Con ello se pretendía adoctrinar en
la filosofía marxista a unos soldados y oficiales que,
en muchos casos, eran analfabetos y procedían del campo.
¿Tú has visto esto?, le pregunté
a Camilo. Tras echarle un vistazo, me dijo: No. Esto puede
ser asunto del Che, de Raúl o de mi hermano Osmany (que
por aquel entonces era capitán)... Yo me voy a ocupar de
ello. Déjame esto aquí. No le
dije yo-, tú tienes más periódicos de estos
en el Estado Mayor. Este me lo quedo yo. Porque enseguida
me fui a ver a Fidel y cuando se lo enseñé, me comentó:
Hay que hablar esto con Camilo. Le dije que venía
de hablar con él y añadí: Oye, pero
tu eres el jefe de la Revolución, esto no puede estar pasando.
Bueno, ya me ocuparé yo de esto, dijo él.
Por un tiempito no salieron más artículos de esos.
Pero después, y de vez en cuando, tiraban alguno. Aparte
de eso, Camilo y yo habíamos hablado sobre la dirección
que estaba tomando el proceso revolucionario varias veces en privado,
en el Estado Mayor y en un hotel que se llamaba el Gran Hotel
de Camagüey, en una ocasión él fue allá,
a hacerme una visita...
- Camilo y usted eran
amigos, ¿no?
- Sí. Camilo
era un tipo abierto, valiente, sus soldados lo querían
y desde que nos conocimos hicimos buena amistad, buena relación,
buena química. Mi llegada a la sierra (Sierra Maestra)
despertó celos en algunos, bueno no, al principio no, porque
la llegada a la sierra de Hubert Matos causó muchas simpatías
porque llevó las armas (1). Pero apenas me empecé
a destacar, los compañeros que desembarcaron con Fidel
en el Granma (2) y que no habían llegado muy lejos (eran
tenientes, capitanes...) se resistían a aceptarme. Pero
Camilo fue de los que desde el principio me trató con cariño,
y eso que yo era capitán y él ya era de los preferidos
de Fidel. Camilo era un tipo querido por la tropa, querido por
el pueblo y además con un don especial, de esa gente que
yo digo que tiene estampa: la barba medio canela, sus ojos...,
de esas personas que te gana la simpatía por su presencia.
- Eso le pasaba también
al Che, ¿verdad?
- Sí, eran de
estos sujetos singulares, claro que eran personalidades distintas.
Camilo era comunicativo y el Che no.
- Y Camilo va detenerle...
- Sí, después
de los meses en que yo estuve con mis dudas y preocupaciones (sobre
el rumbo que tomaba la Revolución), Camilo y yo habíamos
conversado sobre ello varias veces. Y en una ocasión, Camilo
me dice: Oye, tenemos que discutir con Fidel esto,
y yo le respondí: Bueno, vamos, vamos a hablarlo
con él. Y Camilo replicó: Pero tu eres
el que hablas porque si yo hablo, Fidel no me hace caso,
¡No jodas, chico!, exclamé yo. Ya
te lo he dicho, Fidel en público me elogia, pero en privado
me desconoce y hasta me tira a mierda, me respondió
Camilo.
- Castro no respetaba
a Camilo
- No, no le respetaba.
Pero la gente creía que Camilo era el ídolo de Fidel.
Así que Camilo me dijo: Habla tú, yo no. A
ti Fidel te respeta. Bueno, el caso es que el día
de mi arresto, Camilo va turbado, va nervioso, parecía
como si se hubiera tomado unos cuantos tragos y hubiera perdido
el don de sí mismo. Pero no, no era de tragos. Me dí
cuenta de que los Castro lo mandan a arrestarme y él tiene
que hacer el papel de perro de presa, a sabiendas de que yo tenía
razón, de que el proceso iba desviándose y que él
había recibido dos días antes un telegrama mío
en el que, de una manera formal, le solicitaba mi licenciamiento
de las Fuerzas Armadas para reintegrarme a mis actividades privadas
(Camilo era el jefe de las Fuerzas Armadas). Y la noche antes
del arresto, Camilo me llama por teléfono, seguro que con
Fidel al lado, y me dice: ¿Puedes venir para acá?
(a La Habana. Matos estaba en Camagüey, era el jefe militar
de esa provincia y estaba en su emplazamiento militar). ¿A
esta hora? Oye Camilo, mi avioneta no tiene instrumentos para
volar de noche. A la mañana siguiente, Camilo me
avisa que está llegando al aeropuerto. Yo intuía
que lo mandaban a detenerme y ya llevaban tres horas por la radio
diciendo que, Hubert Matos es un traidor, un canalla, una
alimaña que hay que sacarlo del campamento, de la cueva....
Y yo le dije a Camilo: No te muevas del aeropuerto hasta
que yo te mande a alguien. Y mando al jefe de mi escolta
con el jeep para recogerle. Camilo iba con 20 hombres armados,
fusiles automáticos, el bazuca... a meterse en un campamento
donde hay casi 1.000 hombres, que están con su jefe, yo,
su jefe querido y además están con la sangre caliente
porque llevan tres horas oyendo por la radio local: el hijo
de perra, traidor, esto y lo otro..., insultos a mí
y a la tropa, y me doy cuenta del peligro que corre Camilo. Además
alerto a los jefes de las compañías de toda la guarnición
de que no haya ni un solo tiro (porque ya se oía en mi
tropa que fuera quien fuera el que quisera entrar en el cuartel,
hasta el mismísimo Fidel, iban a entrarle a balazos). Y
dí orden de que no podía dispararse una sola arma.
Y yo tenía la suficiente autoridad para que eso se respetara.
Y ya con Camilo, le dije: Tú sabes a lo que te han
mandado aquí, ¿verdad? Y me respondió: Sí,
pero bueno, vamos a cubrir el trámite. Y ese día
Camilo cayó en desgracia porque estando allí, él
discute con Fidel por teléfono. Fidel lo llama desde la
Reforma Agraria (La Habana) y Camilo coge el teléfono y
le dice que estoy arrestado. Fidel le pregunta qué cómo
va todo por ahí y Camilo le responde que todo en orden,
pero que los oficiales están indignados por lo que han
estado oyendo por la radio, es un insulto para toda esta
gente. Es una metedura de pata, le dice Camilo. Y a partir
de ese momento, cambia su semblante y yo imagino que Fidel le
está metiendo tremenda descarga (le regaña). El
caso es que viene Fidel a Camagüey y desde el mismo edificio
en el que yo estoy, ya detenido, a siete pasos de mí, arenga
a la muchedumbre desde un balcón y dice de mí todo
lo que quiere y además añade: Y aquí
está el Sr. Matos, cerquita de mí, cómo no
tiene valor para venir a defenderse. Fidel sabe cuál
va a ser la reacción mía, pero lo está diciendo
para impresionar al pueblo y consciente de que no me van a dejar
hablar. Entonces yo le digo a Camilo: Oye, yo sí
tengo muchas cosas que decir, yo voy ahora ahí al micrófono
y hablo. Díselo, díselo. Ramiro Valdés,
el jefe del Estado Mayor, estaba custodiándome y en ese
momento saca la pistola: Párate (levántate)
ahí y te mato, me dijo. Y Camilo va hasta donde está
Fidel y le toca en el hombro, pero Fidel sigue hablando a la gente.
Por segunda vez, Camilo le interrumpe y ahora sí le dice
en el oído que yo estoy dispuesto a ir allí a hablar
al pueblo, a defenderme. Y Fidel hace una pausa y le dice una
cosa en secreto. ¿Qué es lo que le dice? Que le
diga a Ramiro Valdés que me lleve preso al Estado Mayor.
Camilo no se lo dice a Ramiro delante de mí, sino que le
lleva tres pasos más allá para darle la orden de
Fidel. Y Ramiro viene y me dice: Vámonos. Bajamos
la planta y los oficiales que hay allí dicen que si se
llevan a Hubert, que les lleven a ellos también presos.
- Profesor, ¿cómo
fueron los 20 años en prisión, qué le daba
fuerzas para levantase todas las mañanas?
- Ahora te cuento eso.
Antes quiero decir que considero que el instigador de la muerte
de Camilo fue Raúl (Castro), pero Raúl no se atreve
a matar a Camilo, no, no, Raúl no se toma esas atribuciones.
- Raúl tenía
muchos celos de Camilo, ¿no?
- Tenía una
envidia patológica. Unos celos que no sabía ocultar,
él creía que lo ocultaba, pero qué va, todos
nos dábamos cuenta de aquello. El propio Raúl debía
ser consciente de las limitaciones de su personalidad, era un
hombre de recovecos que no caía bien al pueblo. La gente
obedece a Raúl porque tiene que obedecer, pero no es un
hombre querido por su tropa. El hecho de saberse que es un hombre
sin valor personal..., el caso es que le tuvo que haber repetido
a Fidel: Tu sabes que yo soy el sucesor y no tengo chance
con Camilo, el pueblo se irá detrás de él,
la tropa también y a mí me arrinconará o
me matan... Este es el momento, Hubert está preso, lo vamos
a fusilar mañana o pasado mañana y Camilo..., esta
es la oportunidad de salir de Camilo. En esta cobertura
yo no estoy fantaseando, me estoy refiriendo a un cuadro muy lógico
y de acuerdo con la personalidad del uno (Raúl) y del otro
(Fidel) y consciente de que a Fidel le molestaban los aplausos
a Camilo. Fidel es celoso, es un hombre mezquino.
- ¿Por qué
cree que a usted no le fusilaron?
- Porque en el juicio
le fallaron (a Castro) todos los cabos. Ocurrieron varias circunstancias
que condujeron a que me condenaran a 20 años. Esto es Fidel,
Raúl no cuenta ahí nada, él instigaría
a Fidel, pero no toma decisión en eso. El tribunal que
me juzga por supuesto lo que hace es el artistaje porque es curioso
que Fidel era el jefe del Gobierno, es el jefe de las Fuerzas
Armadas, él instrumenta todo el juicio y después
va a declarar. El tribunal lo integran oficiales bajo el mando
de Fidel y hasta el jefe de su escolta es parte del mismo. Y no
me fusilan porque se da una serie de circunstancias favorables
a mí, como por ejemplo, que para intimidar al ejército
en el sentido de que nadie se atreva a cuestionar si el proceso
revolucionario se desvía hacia el comunismo o hacia donde
se desvíe, si a Hubert Matos lo fusilamos y lo acosamos
y lo destruimos en un juicio, pues entonces nadie va a tener la
osadía de decir, no, la Revolución se la están
entregando a los comunistas. Lo que se les ocurre es citar
a lo más importante de la oficialidad (en aquel anfiteatro
del campamento militar había más de 1.000 oficiales),
cuyos principales mandos yo conocía y reconocí al
entrar el primer día del juicio, al fin y al cabo yo era
uno de los líderes de aquel aparato militar. Y pensé:
Aquí está la flor y nata de la oficialidad.
¿Y para que los han traído? Los han traído
porque me van a fusilar y porque quieren intimidar, para dar ejemplo.
Y que toda esta gente que presencie aquí el consejo de
guerra va a salir apendejada (acobardada) y nadie se va a atrever
a cuestionar la marcha de la Revolución. Y cuando
presento mi defensa, sé que es mi oportunidad de decir
mi verdad, aunque yo estoy convencidísimo de que me van
a fusilar, te lo digo con toda sinceridad, yo hasta el momento
en que se dicta la sentencia, estoy al 99% convencido de que me
van a fusilar. Queda una remota posibilidad de que no se atrevan
a fusilarme, aún con todo lo que el juicio se les viró.
Pero fue muy propicia la situación de hablar, en rebeldía,
en defensa de toda aquella gente. Cuando me llaman para prestar
declaración, yo me despacho y estoy tres horas y pico hablando.
Me mandan a callar no sé cuántas veces y yo sigo
hablando. Cuando termino, la gente me aplaude. Para mí
es una sorpresa que tuvieran la valentía de aplaudir; fue
un aplauso contundente. Han traído a la oficialidad a presenciar
a Hubert Matos, para que salgan acobardados y lo que hacen es
aplaudir su defensa.
- Si le hubieran fusilado
hubiera sido...
- Un reto para toda
aquella gente. Además, el mismo día de mi arresto
se suicidan dos compañeros de la tropa nuestra, el capitán
José Manuel Hernández, en un acto supremo e inconcebible,
se mata por la acusación que me hacen. Él habla
con Camilo para protestar por mi detención y Camilo le
dice que no se meta en esto, que no tiene nada que hacer. Entonces
Hernández se va a su ciudad, va a la estación de
radio, redacta una carta diciendo que Hubert Matos no es traidor,
que se va a suicidar, que Hubert Matos despida su duelo, etc.
Regresa al campamento, coge la pistola y se mata. Eso tuvo que
haberles alertado a Raúl y a Fidel. Si hay hombres que
defendiendo el honor de Hubert Matos, se matan... eso les tuvo
que hacer pensar. El otro fue un sargento que también hace
lo mismo. Yo le había visitado en el Cuartel de Pensamiento
de José Martí, era un idealista, un hombre joven,
le decíamos El habanero. Y el mismo día, sin saber
lo de José Manuel Hernández, les dice a sus hombres:
No vale la pena seguir defendiendo una revolución,
después de esto que le han hecho Hubert, yo no acepto esto.
Y agarra el arma, pero se la tiran los compañeros, se la
quitan y le dejan allí. Y poco después, agarró
un cuchillo y se dio no sé cuántas puñaladas
y se mató, se desangró. Esos dos hechos tuvieron
que ser una alerta para los Castro terrible. Pero lo que valió
fue lo del juicio, no me aplaudieron por gusto, argumenté
con mucho sentido común mi defensa. Acabo diciendo algo
así como: Mi lealtad a la Revolución es tal,
que siempre he defendido su programa y lo estoy defendiendo ahora,
y lo que yo quiero es que la Revolución cumpla su programa.
Fue un discurso inspirado, en el que uno se vuelca, en el que
las palabras salen certeras. Y concluí con un: Bendita
sea mi muerte si eso prueba mi lealtad a la Revolución,
o algo parecido. Y esos hechos, que yo nos los programé
porque esas cosas salen, reflejan la convicción del hombre
que tiene principios y que pone por encima de su vida la defensa
de sus valores, la integridad de su condición como ser
humano. Eso fue lo que contribuyó a salvarme. Entonces
hicieron una pausa, alargaron el juicio...viene Fidel un día,
viene Raúl otro... y yo, en rebeldía cada vez que
tenía que decir algo. Y en fin, no me fusilaron, el juicio
les salió al revés. Los Castro tenían esperanzas
de que con 20 años de prisión yo quedaría
destruido, aplastado, acobardado... Dios no lo quiso.
- Vamos con la prisión,
¿cómo soportó aquellos 20 años?
- Desde el primer momento,
incluso antes del juicio, me convencí en aquel calabozo,
que era poco más que una ventana de la fortaleza del Morro,
que tenía que ser fuerte. Lo que yo no puedo es contribuir,
con debilidad, con un arrepentimiento, a mi muerte moral, no.
Yo tengo que vivir para defenderme. Cómo puedo hacer yo
para demostrar al pueblo de Cuba que yo soy un hombre honesto,
pensé. Y en todos esos años yo tenía la certeza
de que la razón estaba de mi parte. Y a la larga
se hará luz sobre este proceso, me decía a
mí mismo. Y todos aquellos años tenebrosos, con
huelgas de hambre, de ensañarse conmigo... había
días que pensaba que no podía más. En una
de esas huelgas de hambre, lo cuento en el libro*, escribí:
La muerte es historia cuando los yertos despojos son una
afirmación del ideal y del honor. Eso era en una
huelga de hambre en la que llevaba el noventa y tantos por ciento
de morirme. Yo tenía la convicción de que mi vida
tenía un sentido, tenía familia y mi familia tenía
fe en mí (mi madre murió cuando yo llevaba 13 años
preso). Había un compromiso con mi familia, había
un compromiso con el país porque había gente buena
que yo sabía que se podía identificar conmigo. Había
que pensar en eso, en resumen yo decía: No me queda
otra opción que hacer el papel de valiente, seguir aferrado
a mis ideales.
- Vamos con la actualidad,
Profesor. ¿Por qué cree que Castro tiene esa capacidad
de supervivencia en el poder?
- Bueno, la suerte
le ha ayudado. Es un hombre de suerte. En los intentos que ha
habido de acabar con él el factor suerte ha jugado un papel
determinante. Por ejemplo, en lo de Bahía Cochinos (3),
ahí, la suerte la tuvo en que salió elegido Kennedy,
cuando tenía que haber sido Nixon. Y Kennedy dejó
lo de Bahía Cochinos en un simulacro. Después, cuando
la crisis de octubre (4), los soviéticos decidieron retirar
los misiles y no hubo guerra. Posteriormente, prepararon un atentado
contra Fidel en Chile y el que iba a disparar no se atrevió.
Y lo otro es la astucia de Fidel. Cuando se desintegra la Unión
Soviética y se acaba la ayuda (militar, económica,
tecnológica...), Fidel ya antes había establecido
lazos con Franco (que admiraba a Castro, al fin y al cabo los
dos eran gallegos) y ya con la democracia, en tiempos de Felipe
(González), España le da soporte financiero, inversiones,
que son salvadoras para Fidel Castro. Con España fueron
Francia, Inglaterra y otros países a hacer inversiones
en Cuba y entonces Fidel respiró. Las naciones que integran
la Unión Europea, Canadá, Argentina... ayudaron
a Fidel. Así que no han sido sólo los malabarismos
y la suerte de Castro sino la responsabilidad, en el orden ético,
de los gobiernos de naciones democráticas, con España
a la cabeza, lo que le ayudó a sobrevivir. Pero yo diría
que el uso del sistema del terror por parte de Castro ha sido
fundamental. La sutileza, las astucias para manipular al pueblo
cubano, porque la mayoría del pueblo sabe que es víctima
de una explotación y degradación, que es el totalitarismo
castrista que va más allá de lo de Stalin. En el
totalitarismo de Castro hay todo lo que ha acumulado la humanidad
desde los personajes aquellos de la antigua Siria, de la Roma
tenebrosa, con la gran enseñanza adquirida sobre la administración
del terror de los países de la órbita soviética
y con la maldad del tirano caribeño e hispanoamericano.
- ¿Cómo
ve al exilio cubano? Parece que hay división...
- Tiene que haber división.
Donde no hay división es en el totalitarismo castrista.
- Me refiero a que
desde que falleció Jorge Mas Canosa, parece que las fuerzas
del exilio se han dividido y hasta cierto punto se han debilitado
- Yo no puedo defender
a Jorge Mas Canosa porque nunca fui una persona afín a
él. Mas Canosa se habría alegrado mucho de la muerte
de Hubert Matos antes que de la muerte de Fidel. Lo digo así,
porque incluso él (Mas Canosa) difundió en una ocasión
la tontería de que yo le estaba preparando un atentado.
Y la gente del FBI me llamó para decirme que me estaban
investigando por ese asunto, pero lo hicieron de una forma discreta,
incluso me reconocieron que creían que todo era una farsa,
como poco después confirmaron. Yo nunca traté de
convencer a Jorge Mas Canosa de nada, él era un opositor
de Fidel Castro e hizo un buen trabajo en el cabildeo de Washington,
pero sí creo que cometió errores, como mirarnos
a nosotros (5) como un elemento que hay que quitar del camino.
Por supuesto que las relaciones con Jorge Mas Canosa y su grupo
nunca fueron muy buenas, pero ahora la gente que estaba con él,
me trata con respeto, yo los trato con respeto, aunque estoy convencido
de que ellos tienen unas ideas de la Cuba post castrista distintas
a las que tengo yo.
- A eso iba yo. ¿Cómo
ve usted la posible transición cubana?
- Yo quisiera que ya
la transición hubiera empezado hace muchos años,
pero está claro que es inimaginable que Castro vaya a propiciarla.
La transición debe ser a pesar de Castro. Y yo no veo la
posibilidad de que se produzca una transición pacífica,
escalonada... el Proyecto Varela (6) fue rechazado por Castro
y obligó a una reforma constitucional cuyo mensaje era:
Este régimen es inmodificable. Y si Fidel muere,
Raúl no tiene posibilidades. Ojalá que hubiera una
explosión popular, pero no creo. Pienso que Fidel va a
provocar un conflicto armado con EEUU. De hecho, el ya está
amedrentando a la población diciendo que los yanquis vienen,
que van a invadir Cuba, y todo eso es inventado por Fidel y en
su día puede decir: No, yo no puedo contener a miles
de balseros porque los yanquis nos tienen axfisiados, no hay comida,
no hay combustible... y creará una histeria de preinvasión
americana. Y cuando el pueblo crea que se va a producir la invasión,
Fidel propiciará el conflicto. ¿Para qué?
Para esconder su fracaso como gobernante y dejarle al pueblo una
calamidad mayor, que es el país ocupado, para satisfacer
su ego con un reto al imperialismo yanqui. Porque ya en el verano
de 1958, cuando estábamos en la lucha, dijo: Después
de esto viene una guerra más larga que yo tengo que echarle
a los yanquis, es decir, que él ya estaba pensando
entonces que se iba a fajar (pelear) con los americanos y ahora
denuncia a los yanquis porque lo quieren axfisiar. Pienso que
su ego enfermo lo está llevando a provocar a los yanquis
para esconder su fracaso desastroso como gobernante (porque el
país está arruinado, está hecho un desastre
en todos los aspectos) y para darse el gustazo de pasar a la historia
como un hombre excepcional que desafió al imperio. Para
después de todo esto, dejar a los otros peleando con los
yanquis y él refugiarse en alguna cueva que tenga en el
Pico Turquino (7) y después perderse en el Amazonas o dios
sabe en qué lugar. Pero ese es su plan. Por mucho que intente
lograr un momento de valentía, tomándose tal vez
media botella de whisky para enfrentarse a la muerte, no, no.
Le va a huir a la muerte como pueda. En eso también es
un personaje excepcional: tremendamente audaz y tremendamente
cobarde. Por respeto al público no uso las palabra que
los cubanos usamos (8).
- ¿Qué
es lo que no le perdona a Castro? Supongo que serán muchas
cosas, pero díganos sólo una.
- Pues el daño
que le ha hecho a la nación cubana. Ha convertido a nuestro
pueblo en un país con fama mundial de prostíbulo,
ha pisoteado el sacrificio de jóvenes, mucha gente joven
que se murió por puro idealismo (en este momento el Comandante
Matos apenas puede contener las lágrimas) creyendo que
hacíamos una revolución para bien de la nación
cubana. Esa traición terrible, eso no se lo perdono a Castro.
En el orden personal, yo puedo superar todas las crueldades, todas
las mezquindades, y aquí estoy vivo con la esperanza de
ver el amanecer de la nación cubana.
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* "Cómo llegó la noche. Hubert Matos.
Barcelona: Tusquets, 2002. Colección Tiempo de Memoria.
(Hay otras ediciones en distintos países latinoamericanos).
(1) Como paso previo a su incorporación a la lucha en la
sierra, Hubert Matos viajó a Costa Rica donde consiguió
una importante partida de armas que llevó consigo a Sierra
Maestra.
(2) El 25 de noviembre
de 1956, Fidel Castro y 81 miembros del Movimiento 26 de Julio,
entre ellos Che Guevara, zarpan de Tuxpan (México) a bordo
del yate Granma para iniciar la guerra revolucionaria. El desembarco
en Cuba se produce el 2 de diciembre de ese año en la playa
de Las Coloradas, en la costa sur de la actual provincia de Granma.
(3) El 17 de abril
de 1961, un millar de exiliados cubanos anticastristas apoyados
militarmente por EEUU, desembarcó en Playa Girón
(Bahía de Cochinos). Su situación geográfica
no era la más favorable estratégicamente para iniciar
una invasión, pero sí la que menos perceptible hacía
la presencia estadounidense: Kennedy prometió públicamente
que no intervendría en Cuba. Su intención de no
quedar en evidencia fue trastocando todos los planes hasta carecer
de una mínima perspectiva de éxito.
(4) La presencia de
misiles en Cuba había sido negada públicamente por
el presidente soviético Khrushchev hasta que el 14 de octubre
de 1962, aviones espías de EEUU fotografiaron las bases
de lanzamiento balístico construidas en Cuba bajo el asesoramiento
soviético. El presidente de EEUU, John F. Kennedy, consultó
con sus asistentes diversas opciones: bloqueo militar, una invasión,
un ataque aéreo, la diplomacia etc. Al final optó
por la primera alternativa. El 22 de octubre Kennedy anunció
el bloqueo naval para evitar la llegada de nuevos cohetes atómicos
a la isla. Al mismo tiempo demandó a la URSS la inmediata
retirada de las armas atómicas de Cuba. El país
fue declarado en "cuarentena", aunque en realidad aquel
cerco duró pocos días. Cuando el gobierno soviético
inició conversaciones con el estadounidense, mantuvo al
margen al régimen de La Habana, precisamente, al que se
encontraba en la primera línea de combate. Al final Krushchev
aceptó las demandas de Kennedy enviando un mensaje el 26
de octubre en el que anunciaba que los cohetes serían desplazados
de Cuba. Como consecuencia se estableció un pacto según
el cual EEUU se comprometía a no invadir a la isla, a no
permitir que lo hiciera algún aliado, a levantar el bloqueo
naval y a retirar los cohetes atómicos norteamericanos
que apuntaban hacia la URSS desde bases estadounidenses en Turquía.
Por su parte la URSS, además de retirar los misiles de
Cuba debió comprometerse a no agredir a Turquía.
(5) Hubert Matos lidera
actualmente la organización "Cuba Independiente y
Democrática", con sede en Miami (EEUU).
(6) El Proyecto Varela,
llamado así en recuerdo de un clérigo y prócer
de la independencia cubana, propone la celebración de un
referendo sobre una nueva ley electoral, de asociación
y de apertura empresarial y una amnistía para los presos
políticos.
(7) El Pico Turquino,
de 1.974 metros sobre el nivel del mar, es la mayor elevación
de Cuba, se encuentra en Sierra Maestra, en la zona oriental de
la isla.
(8) La palabra es pendejo.
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