Su vida es la parábola inequívoca del drama cubano
contemporáneo. Prisión, exilio, separación
familiar, muertes y olvidos. Mario Chanes de Armas, el prisionero
político que cumplió el más prolongado encierro
de la era moderna, arriba a los 80 años en un momento crucial
para los destinos de Cuba, aunque imposibilitado de percibirlo.
Desde hace un año está recluido en un centro de
asistencia médica en Hialeah, aquejado del mal de Alzheimer.
La enfermedad le ha afectado la principal arma que Chanes pretendía
esgrimir en beneficio del futuro democrático de su país:
la memoria.
Un hombre humilde, de esencia popular y fuerte vocación
de justicia, que por sus ideales estuvo dispuesto a cumplir 33
años de prisión y, ya con 15 en el exilio, es un
poderoso instrumento de movilización en cualquier escenario
de cambio social en la isla.
Nacido en La Habana el 25 de octubre de 1926, Chanes estudió
en una escuela del barrio de Marianao hasta nivel secundario y
muy joven comenzó a trabajar en el comercio. Pronto se
convirtió en líder sindical en las zonas habaneras
de Puentes Grandes y Ceiba, prolongando luego su experiencia organizativa
a otras provincias. Hasta que se produjo el golpe militar del
10 de marzo de 1952, encabezado por el general Fulgencio Batista.
Entonces Chanes dejó las labores sindicales para conspirar
contra Batista en la clandestinidad y convertir su
vida en testimonio de la historia cubana del siglo XX: asaltante
del Cuartel Moncada
en 1953, expedicionario del yate Granma, organizador de grupos
de acción y sabotaje, prisionero político de Batista
y Castro, y promotor de la reconciliación pacífica
en el exilio.
''Un querido amigo nuestro, el fotógrafo Fernando Chenard
Piña, conocía a un señor que se llamaba Fidel
Castro Ruz -- que todavía está vivo, por desgracia
-- y comenzamos a reunirnos en una casa de Prado 109 [en La Habana]'',
recordó Chanes durante una larga entrevista a finales del
2003. ``Chenard fue el jefe principal de las células secretas
en la zona de Marianao y yo el segundo jefe. Así empezamos
a entrenar compañeros en el manejo de armas y en el tiro''.
La entrevista con El Nuevo Herald, que hoy publicamos casi íntegramente,
se extendió durante tres sesiones en la sede de la organización
Plantados en Miami. Chanes empezaba ya a tener dificultades para
recordar nombres y fechas, pero con paciencia fue tejiendo las
remembranzas heroicas y dolorosas del pasado, reflexionando sobre
el presente y preconizando los acontecimientos del porvenir cubano.
Evocó a viejos ''compañeros de viaje'', repasó
los días interminables de la cárcel que le obligó
a cumplir el régimen castrista ''hasta la última
hora'' de una condena de 30 años, y sólo una vez
le brotaron las lágrimas: cuando mencionó a su único
hijo, Mario, cuyo nacimiento y muerte ocurrieron durante su cautiverio.
''Mi hijo murió a los 22 años'', contó Chanes
y no pudo contener el llanto. ``Nunca pude disfrutar de su presencia
fuera de la prisión''.
Rumbo al Moncada
¿Cómo recuerda las jornadas de conspiración
que desembocaron en el asalto al Moncada? ¿Qué hablaban
en esas reuniones de Prado 109?
Se criticaba mucho al sistema comunista, a la Unión Soviética,
especialmente el individuo [Fidel Castro], quien hablaba de la
Cortina de Hierro que tenía esclavizada a media Europa.
Y se defendía restaurar la Constitución del 40.
Los que nos decidimos a combatir a Batista, lo hicimos porque
violó la Constitución, y por el derecho de todos
los ciudadanos a que nos respeten las leyes.
Muchos han calificado ese ataque como un acto romántico,
sin posibilidades reales de ocupar aquel bastión militar
y provocar una sublevación popular en Santiago de Cuba.
¿Cómo lo ve ahora, 50 años después?
Fue una mezcla de locura de juventud y rebeldía contra
Batista. A la hora cero algunos compañeros no quisieron
participar, en desacuerdo con las armas que teníamos para
atacar. Y de cierta forma tenían razón. Hay que
pensar que el Moncada era una fortaleza militar y con las pistolitas
y los riflecitos de tiro al blanco que nosotros teníamos
no íbamos a ninguna parte.
Haga un poco de memoria sobre el instante en que la posta del
Moncada se percata de la emboscada y abre fuego contra los asaltantes.
¿Dónde estaba usted?
Yo iba en el tercer carro, detrás del de Fidel Castro.
Cuando empiezan a sonar las ametralladoras, nos tiramos al piso.
Una balacera tremenda. Estoy recostado al guardafangos derecho
del carro, con la mano sangrando de un balazo, y de pronto siento
detrás de mí una silueta que grita: ''¡Retirada!''
Era el señor Castro.
¿Tiene alguna imagen persistente de aquellos momentos?
Sí, la imagen de [José Luis] Tassende sobre un
charco de sangre. Esa foto es algo que siempre me conmueve.
La ruptura
Capturado días después del Moncada en las afueras
de Santiago de Cuba, fue juzgado y condenado a 10 años
de cárcel. Como el resto de los asaltantes arrestados,
Chanes se benefició de la amnistía general del 15
de mayo de 1955 y marchó al exilio en Miami, donde se ganó
la vida lavando platos.
Poco después, Castro lo llamó desde México
para que se incorporara a los preparativos de la expedición
del yate Granma, cuyo desembarco se produjo el 2 de diciembre
de 1956 por playa Las Coloradas, en el oriente de la isla.
Sobre la mesa descansa un recorte reciente de la prensa oficial
cubana sobre la amnistía de 1955. En la histórica
foto de la salida del Presidio Modelo de Isla de Pinos no aparece
la figura de Chanes, maleta en mano, a pocos pasos de Castro.
Chanes sonríe irónicamente: ``Ya la foto son tres
nada más, Fidel Castro, Raúl y Almeida. Si siguen
cortándola''.
¿Cuál fue el trato recibido por los prisioneros
del Moncada?
Batista era un dictador, pero nos daban dos visitas mensuales,
más una familiar fuera del presidio en un área apartada
donde había unas casitas. Allí te llevaban el almuerzo
y te servían café. Y eso que habíamos asaltado
una instalación militar. ¿Qué te parece?
Con el señor Castro teníamos dos visitas al año,
sin llamadas telefónicas.
Cuando nadie escuchaba
El 17 de julio de 1961, Chanes fue arrestado por participar en
una supuesta conspiración para asesinar a Castro. Siempre
lo ha negado. Al triunfo de la revolución había
llegado a ostentar el cargo de comandante de la policía
motorizada, pero lo abandonó todo y se fue a trabajar en
una fábrica, descontento con el rumbo comunista del proceso.
Lo condenaron a 30 años. No aceptó el régimen
de rehabilitación penal y se identificó como un
plantado, firme en sus convicciones hasta el final. No faltaron
las campañas internacionales por su liberación.
Ni siquiera el sudafricano Nelson Mandela --figura simbólica
del presidio político-- cumplió tanto tiempo en
cautiverio por sus ideales.
El 16 de julio de 1991 Chanes salió de la cárcel.
''Aquí está la carta de libertad'', señala
mientras muestra el documento donde aparece escrito: Cumplida
la condena. ``No me amnistiaron, no me soltaron, cumplí
hasta la última hora''.
Confesiones y compromisos
¿Por qué cree que hubo un especial ensañamiento
con su caso?
Yo fui un organizador de células secretas del [movimiento]
26 de julio. Lo sabía todo desde el principio, tiraba bien
y no había flaqueado nunca en ninguna misión. Creo
que pensó que yo era un enemigo peligroso. Castro no perdona
a quienes no le sigan incondicionalmente.
¿Qué es lo más terrible del encierro?
La separación familiar. Lo perdí todo en la cárcel.
Mi hijo nació cuando yo llevaba ocho meses preso y la noticia
de su muerte, a los 22 años, me la llevaron a la celda.
Y a última hora [se echa a llorar]. Estando en la cárcel
murieron también mi padre y mi madre. La familia siempre
sufre más que el preso.
¿Dejó amigos en la cárcel?
Hermanos.
¿Y miedos?
No, después de pasar por una cárcel cubana no quedan
miedos.
¿Tiene algún recuerdo especial de compañeros
del Moncada?
Sí, de Faustino Pérez. Yo me llevaba bien con todos
ellos. La vida nos separó.
¿Y de Castro?
Me pareció al principio una gente buena y valiente. Mira
después en lo que se convirtió.
¿Alberga odios?
No, ni deseos de venganza tampoco. Me declaro enemigo del odio,
del rencor y la venganza. A nada bueno conducen.
¿Qué considera fundamental para el futuro de Cuba?
La reconciliación de la familia cubana. Eso hay que conseguirlo
a toda costa.
¿De dónde saca fuerzas para vivir con optimismo?
De mi deber con Cuba. Me gustaría ir a Cuba tan pronto
hubiera allí un régimen democrático y hablarle
a la juventud, que es el futuro. Hay que explicar cómo
fue Cuba y cuál fue la verdadera historia de esta tragedia
que hemos vivido.
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