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¿Corderos hacia el matadero?
A las puertas de un
holocausto: En 1962, la URSS desplegó en Cuba material nuclear
equivalente a 5.198 bombas como la de Hiroshima
por MARIO A. MARTí BRENES, Zaragoza
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La Crisis de los Cohetes, del
Caribe o de Octubre -como se le quiera llamar-, fue sin lugar a dudas el
evento más grave de la Guerra Fría, a tal extremo que constituyó
un punto de inflexión en el enfrentamiento entre las dos grandes
potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante dos
semanas, del 16 al 28 de octubre de 1962, el mundo experimentó un
período de peligro inédito.
A la mayoría de los cubanos que vivieron aquellos días en
la Isla, les quedó siempre en la memoria el temor padecido entonces,
cuando se pensaba que era irreversible la posibilidad de un holocausto
nuclear. También se experimentó una especie de dignidad nacional
herida, cuando existía el convencimiento de que la dirección
soviética había traicionado un acuerdo con el país,
el cual -se ignoraba entonces- nunca existió. La gente respondía
a la manipulación de la información, el ocultamiento y la
reinterpretación que la dirigencia cubana hiciera sobre buena parte
de los hechos, en provecho de sus intereses políticos.En 1962, la
población de Cuba ya no tenía acceso a medios de prensa alternativos
a los oficiales; las estructuras de la sociedad civil habían sido
demolidas; no se disponía de un parlamento, ni de mecanismos reales
de participación. Se mantuvo "informada" -y engañada-
por lo que exclusivamente decían sus gobernantes, confiando en una
dirigencia a la cual se le brindó un apoyo mayoritario en aquel
momento.Investigaciones posteriores han sacado a la luz libros, testimonios
y documentos de la parte norteamericana, la soviética y algo de
la cubana. Las conversaciones tripartitas iniciadas a fines de los años
ochenta entre Washington, La Habana y Moscú, con testigos presenciales
de los días de la Crisis, han revelado buena parte de la historia
ocultada por el gobierno cubano sobre aquellos hechos.No se trata ahora
de emprender el relato pormenorizado de la Crisis, ni de analizarla desde
sus múltiples posibilidades, sino de destacar, a grandes rasgos
y a partir de investigaciones realizadas en la Isla y fuera de ella, desde
1989 hasta hoy, algunos datos acerca del despliegue militar soviético
en Cuba. A sabiendas de que muchos de estos elementos son ignorados todavía
por buena parte de la población.¿Acuerdo militar con la URSS?Aunque
en la literatura cubana sobre la Crisis se habla insistentemente de un
acuerdo suscrito por los mandatarios de Cuba y la URSS para el despliegue
de armas estratégicas en territorio cubano, el original o copia
fiel de ese acuerdo no ha aparecido en los archivos cubanos -ni tampoco
en los de Rusia-. De testimonios posteriores se desprende que todo quedó
en negociaciones y que un documento final nunca fue firmado. Es decir,
el despliegue militar de la URSS en territorio nacional cubano no tuvo
un basamento de acuerdo escrito y firmado por los dos países.Entre
los hechos, se habla de la llegada secreta a la Isla, el 29 de mayo, de
una delegación La Crisis de los Cohetes, del Caribe o de Octubre
-como se le quiera llamar-, fue sin lugar a dudas el evento más
grave de la Guerra Fría, a tal extremo que constituyó un
punto de inflexión en el enfrentamiento entre las dos grandes potencias,
Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante dos semanas,
del 16 al 28 de octubre de 1962, el mundo experimentó un período
de peligro inédito.
A la mayoría de los cubanos que vivieron aquellos días en
la Isla, les quedó siempre en la memoria el temor padecido entonces,
cuando se pensaba que era irreversible la posibilidad de un holocausto
nuclear. También se experimentó una especie de dignidad nacional
herida, cuando existía el convencimiento de que la dirección
soviética había traicionado un acuerdo con el país,
el cual -se ignoraba entonces- nunca existió. La gente respondía
a la manipulación de la información, el ocultamiento y la
reinterpretación que la dirigencia cubana hiciera sobre buena parte
de los hechos, en provecho de sus intereses políticos.En 1962, la
población de Cuba ya no tenía acceso a medios de prensa alternativos
a los oficiales; las estructuras de la sociedad civil habían sido
demolidas; no se disponía de un parlamento, ni de mecanismos reales
de participación. Se mantuvo "informada" -y engañada-
por lo que exclusivamente decían sus gobernantes, confiando en una
dirigencia a la cual se le brindó un apoyo mayoritario en aquel
momento.Investigaciones posteriores han sacado a la luz libros, testimonios
y documentos de la parte norteamericana, la soviética y algo de
la cubana. Las conversaciones tripartitas iniciadas a fines de los años
ochenta entre Washington, La Habana y Moscú, con testigos presenciales
de los días de la Crisis, han revelado buena parte de la historia
ocultada por el gobierno cubano sobre aquellos hechos.No se trata ahora
de emprender el relato pormenorizado de la Crisis, ni de analizarla desde
sus múltiples posibilidades, sino de destacar, a grandes rasgos
y a partir de investigaciones realizadas en la Isla y fuera de ella, desde
1989 hasta hoy, algunos datos acerca del despliegue militar soviético
en Cuba. A sabiendas de que muchos de estos elementos son ignorados todavía
por buena parte de la población.
¿Acuerdo militar con la URSS?
Aunque en la literatura cubana sobre la Crisis se habla insistentemente
de un acuerdo suscrito por los mandatarios de Cuba y la URSS para el despliegue
de armas estratégicas en territorio cubano, el original o copia
fiel de ese acuerdo no ha aparecido en los archivos cubanos -ni tampoco
en los de Rusia-. De testimonios posteriores se desprende que todo quedó
en negociaciones y que un documento final nunca fue firmado. Es decir,
el despliegue militar de la URSS en territorio nacional cubano no tuvo
un basamento de acuerdo escrito y firmado por los dos países.Entre
los hechos, se habla de la llegada secreta a la Isla, el 29 de mayo, de
una delegación soviética encabezada por Sharaf Rashidovich
Rashidov, portadora de la propuesta de colocar cohetes nucleares en Cuba
-después de haber sido aprobada por el Presidium del Comité
Central (CC) del Partido Comunista de la Unión Soviética
(PCUS)-, y quien, desplegando no poca astucia, lo presentó al gobierno
de la Isla como un simple ofrecimiento, aunque la futura operación
militar ya estaba meticulosamente organizada.Incluso se intentó,
sin éxito, estimular a los cubanos para transformar la propuesta
soviética en solicitud cubana. Fidel Castro trató de convertir
el ofrecimiento en un documento escrito, y con ese propósito viajó
Raúl Castro a la URSS, entre el 3 y el 16 de julio, con el encargo
de negociar condiciones jurídicas favorables para Cuba.
Sin haber llegado a conclusiones, el 7 de julio, Nikita Jruschov y el mariscal
Rodion Malinovsky impartieron órdenes pertinentes a un grupo de
altos jefes militares soviéticos para el inicio y ejecución
de la operación de instalación de misiles nucleares en la
Isla. Raúl regresaría a Cuba sin nada concreto. El 11 de
agosto llegó a La Habana Alexandr I. Aliexiéyev, en calidad
de nuevo embajador, quien traía consigo el proyecto de convenio
militar. De acuerdo con una intervención de Fidel Castro ante el
CC del Partido Comunista de Cuba (PCC) en enero de 1868 -publicada fuera
de la Isla, en el libro de James Blight y Phillip Brenner, Sad and Luminous
Days (2002)-, cuando el Comandante examinó la propuesta soviética
de convenio detectó muchas "chapucerías" y no la
aceptó:
"En este período teníamos tremenda fe en la Unión
Soviética. Pienso que quizás demasiada. Muchas cosas se negociaban,
nosotros no exigíamos papeles ni nada [
] Enviaron, [los soviéticos]
entonces, un proyecto de acuerdo que sería publicado en el momento
oportuno [en noviembre o diciembre de 1962, cuando Jruschov decía
visitaría Cuba] en el que se anunciaría la instalación
de los misiles. Y si hay algo que lamento es no haber conservado este documento
[el texto traído por los soviéticos], porque era la nulidad
más increíble que alguna vez se hubiera escrito [
]
Su documento, que no tenía nada de político, era la obra
de burócratas estúpidos. Fuimos nosotros los que redactamos,
de puño y letra mío, el acuerdo que luego se presentó
a la Unión Soviética. Lo firmamos [Fidel y Raúl Castro;
porque Jruschov y Malinovsky, no se sabe], pero ellos nunca nos lo devolvieron.
Y nuestra confianza ilimitada resultó ingenuamente víctima
de todas estas sutilezas que éramos incapaces de concebir".
Castro envió el 27 de julio a Ernesto Che Guevara con el proyecto
de Aliexiéyev corregido de su puño y letra. Al parecer, Guevara
regresó con las manos vacías también. Todo parece
indicar que la parte soviética eludía la cuestión
política y jurídica fundamental que justamente preocupaba
a la dirección cubana, y las tropas de la URSS con misiles nucleares
estratégicos comenzaron a desembarcar en la Isla, sin que existiera
un basamento jurídico que reglamentara su presencia.
Despliegue de las tropas
Existen varios documentos en los que salta a la vista la relativa autonomía
que tuvo la Operación Anadyr -nombre que se dio al despliegue de
las tropas-, ya en manos de los militares soviéticos. Tanto Jruschov
como Castro parecen no haber estado al tanto de todas las decisiones en
la Isla del Ministerio de Defensa de la URSS.
Varios participantes y especialistas en la Crisis se han referido al papel
principal desempeñado por los militares soviéticos, así
como al desconocimiento de muchos aspectos militares de ese proceso, incluso
por parte de la dirección política de la URSS, encabezada
por Jruschov. De acuerdo con un testimonio -que linda con la soberbia-
de Jorge Risquet Valdés-Saldaña, representante del gobierno
cubano en las reuniones tripartitas de análisis de la Crisis de
los Misiles, se corrobora lo dicho anteriormente:
"
las rampas móviles de lanzamiento de misiles de ojivas
nucleares tácticas, sin emplazamientos fijos, y por lo tanto, prácticamente
indetectables por el reconocimiento aéreo enemigo, siempre estuvieron
listas. La orden para su utilización era potestad de los jefes soviéticos
en Cuba y no dependía de Moscú".
Desde antes que la dirección cubana supiera del propósito
soviético de instalar cohetes en la Isla, o respondiera afirmativamente
a su ofrecimiento, ya en el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas
de la URSS se había comenzado a trabajar en mapas del territorio
cubano para elegir los posibles lugares o áreas donde desplegar
los grupos coheteriles, así como las tropas necesarias para su seguridad
y defensa.
El 10 de julio arribó a La Habana el grupo operativo de la Agrupación
de Tropas Soviéticas (ATS), encabezado por el general de ejército
I. Plíyev, quien venía investido con muy amplios poderes.
Al siguiente día, Fidel Castro se reunió con ellos para darles
la bienvenida y ofrecerles toda la cooperación que fuera necesaria
en el éxito de su misión. Inmediatamente, los militares soviéticos
iniciaron sus trabajos de reconocimiento para ubicar y desplegar las unidades,
con la cooperación de oficiales cubanos en calidad de guías
para ayudar a resolver cualquier problema que se pudiera presentar.
No obstante, las tropas soviéticas habían viajado con todo
el personal de apoyo necesario, incluso con albañiles, lo cual refleja
la muy limitada cooperación operativa a la que aspiraban con las
fuerzas cubanas. El caso de las unidades coheteriles ilustra esto, en tanto
el perímetro del área de cada grupo estuvo rodeado de una
cerca de alambre de púas con postes, cuya seguridad estuvo a cargo
de los soviéticos, quienes, a cierta distancia, construían
garitas de vigilancia y puntos de control en las entradas. Los cubanos
no podían pasar la cerca.
Composición de la ATS
La ATS en Cuba estuvo compuesta por una división coheteril con cinco
regimientos, más cuatro regimientos de infantería motomecanizada,
tres de los cuales tuvieron agregado un grupo de cohetes. La Fuerza Aérea
contaba con un regimiento de caza, uno de 6 bombarderos ligeros -con una
bomba atómica por avión de 6 kilotones cada una- y dos regimientos
de cohetes frontales alados, tipo crucero tierra-tierra, de corto alcance
y con ojivas nucleares.
Integraron la Defensa Antiaérea: dos divisiones coheteriles con
cohetes tierra-aire; y las Fuerzas Navales: una brigada de lanchas coheteras,
un regimiento de cohetes alados tierra-mar, de hasta 80 kilómetros
de alcance y compuesto por cuatro grupos con dos rampas cada uno, más
un regimiento de bombarderos tácticos IL-28 y siete submarinos diesel
dotados cada uno con tres cohetes y cuatro torpedos también nucleares,
con ojivas de entre 8 y 10 kilotones.
Se ha sabido de la presencia de por lo menos un submarino nuclear, pero
lo retiraron con el reactor dañado. Cuatro naves de este tipo fueron
destinadas a la ATS. La Agrupación contaba además con varias
unidades independientes de aseguramiento combativo. Entre estas últimas,
un regimiento de comunicaciones y seis batallones independientes de tanques,
zapadores, reconocimiento, radio y microondas.
Además, se estableció un órgano de mando, capaz de
dirigir con eficacia a semejante grupo independiente de tropas soviéticas,
perfectamente pertrechadas, para cumplir con sus tareas combativas a 9.550
kilómetros de la URSS. Como idea, se tomó la estructura de
mando de un ejército, con su jefe supremo de la ATS, el general
de Ejército Issa Aliexándrovich Plíyev. Todos los
demás oficiales eran soviéticos.
El territorio nacional ocupado se extendió desde Pinar del Río
hasta Guantánamo, incluyendo el actual municipio especial Isla de
la Juventud.
Los dos regimientos de cohetes balísticos de alcance intermedio
se situaron en las Alturas del Esperón, ubicadas entre los municipios
de Caimito y Guanajay, en la provincia de La Habana, y en Bartolomé
y Remedios, este último de Villa Clara. Los tres regimientos de
cohetes balísticos de alcance medio estuvieron en las alturas de
San Cristóbal, Santa Cruz de los Pinos y Candelaria, en Pinar del
Río, y en Cifuentes y Encrucijada (Las Villas). El puerto principal
de desembarco fue el de Mariel.
En sólo 76 días se realizó el traslado marítimo
y aéreo -de forma secreta- de las tropas y medios bélicos
que integraron la ATS y su dislocación en el territorio nacional.
Para octubre de 1962, en la Isla se encontraban alrededor de 43.000 soldados
soviéticos dotados con modernísimos armamentos y medios de
combate, capaces de lanzar sobre el territorio de Estados Unidos una carga
total de 67,5 mgt, equivalentes a 5.198 bombas como la de Hiroshima.
Esta enorme agrupación que se dislocó en todo el territorio
cubano pudo ser imaginada, pero nunca realmente captada en su totalidad
por los medios de inteligencia estadounidenses antes de producirse la Crisis
(ni siquiera después). En declaraciones de Robert MacNamara posteriores
a la Crisis y en las realizadas por la subcomisión del Comité
de las Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos -encargada de investigar
el refuerzo militar a Cuba-, de fecha 11 de septiembre de 1963, se confirma:
"El número de tropas soviéticas en Cuba fue sustancialmente
subestimado en el transcurso de la Crisis. El 22 de octubre, nuestros funcionarios
calculaban entre 8 ó 10 mil los soviéticos presentes
".
No fue hasta la primera Reunión Tripartita de Moscú en 1989
que los estadounidenses supieron la verdad. A pesar de la exploración
de todo tipo a que fue sometido el territorio cubano, los norteamericanos
nunca obtuvieron evidencias exactas del despliegue de los cohetes de alcance
medio hasta mediados del mes de octubre, cuando un por ciento grande de
ellos eran ya operacionales.
Un acto de irresponsabilidad
Por inexplicable que parezca, las investigaciones han demostrado que la
dirección política en Cuba permitió, en 1962, el establecimiento
en el país de una fuerza militar extranjera, sin haber firmado un
acuerdo, ni saber los detalles de su composición o su alcance operacional.
Hay documentos que evidencian que se carecía, además, de
acuerdos sobre las medidas anti-radioactivas a emplear: en qué condiciones
debía combatir la infantería al dispararse artefactos atómicos
que explotarían a 45 kilómetros de la tropa. Ni siquiera
se les informó a los jefes de las distintas armas del ejército
cubano la presencia de armas nucleares tácticas en el teatro de
operaciones militares. Tampoco se tomaron medidas de protección
para la población civil, que asistía a este evento como cordero
llevado al matadero.
El gobierno revolucionario dirigido por Fidel Castro Ruz tomó decisiones
políticas, sobre la base de la defensa del proyecto revolucionario
y del territorio, que pusieron la Isla en manos de militares extranjeros,
en este caso, soviéticos, cuando era más alta la campaña
nacionalista contra la injerencia extranjera, a partir del conflicto con
EE UU posterior a Bahía de Cochinos.
El hecho de poner en potestad de los soviéticos la defensa del país,
en plena Guerra Fría, no fue sólo un acto de irresponsabilidad
para con las vidas de los millones de cubanos (y no cubanos) que hubieran
perecido en un conflicto nuclear, sino que significó la renuncia
al principio de no injerencia que se blandía entonces. En lugar
de una sola base extranjera, localizada en Guantánamo, la isla toda
se convirtió en una base soviética, sobre la que no había
control, ni poder de decisión, como demostró el desarrollo
y posterior conjuro de la crisis.
La irresponsabilidad del gobierno cubano de permitir la instalación
de armas estratégicas nucleares en el territorio nacional, bajo
las condiciones decididas por los militares de la URSS y aceptadas por
la dirección política de Cuba, condujo al desarrollo de una
crisis, en la cual la dirección política cubana no tuvo potestad
para su solución, ni siquiera en la etapa negociadora, porque desde
el inicio constituyó una situación fuera de su dominio.
Pero la irresponsabilidad política implicó también
que se optara por el holocausto, sin alternativas para toda Cuba y buena
parte de la humanidad, por no aceptar una negociación.
Fidel Castro, en carta a Jruschov, le pidió que diera el primer
golpe nuclear: "la Unión Soviética no debería
nunca permitir que (
) los imperialistas pudieran lanzar contra ella
un primer golpe nuclear [
] será el momento de eliminar permanentemente
esa amenaza en un acto de legítima defensa, aunque sea una solución
dura y terrible, no hay otra
".
Castro no aceptó negociaciones -como no ha estado dispuesto a emprenderlas
posteriormente-, porque no está en disposición para conceder
un ápice en su posición: "
honestamente asumimos
la idea de que íbamos a desaparecer. Está bien, nos tocaba
a nosotros hacerles pagar ese precio, pero por lo menos el mundo se libraba
del imperialismo sin semejante acto tan grave e insalvable como una invasión
tuviera que ocurrir, que sólo hubiera conducido a una guerra total
(
) si el enemigo iba a lanzar ese tipo de ataque bajo circunstancias
como esas, entonces no habría otra alternativa".
Los riesgos de un choque 'menor'
Existe además otro aspecto, no siempre valorado por los analistas
en toda su dimensión, y es el riesgo al que estuvo sometida la población
cubana desde el inicio de la dislocación de armas de destrucción
masiva en la Isla.
Se ha señalado que en caso de estallar la conflagración,
Cuba hubiera sido barrida del mapa. Pero se trataba además de los
riesgos por accidente, de la posibilidad de que una bomba pudiera haber
estallado por manipulación incorrecta. O de los riesgos por manipulación
de las llamadas "fuerzas nucleares menores", de las cuales había
misiles Sopka, FKR, Luna, lanchas coheteras
Incluso, alguna literatura
señala -aunque no se ha podido comprobar- la presencia de obuses
de 25 kilómetros, todos equipados con ojivas atómicas.
Cualquier choque "menor" entre los contendientes, aunque no hubiera
desatado una guerra global, habría dejado a Cuba terriblemente contaminada
con un costo poblacional y económico difícil de precisar
hoy día. El potencial de este arsenal nuclear menor, al que la URSS
no puso restricciones en cuanto a su uso, equivalía a 3.313 kilotones,
lo que es igual a 16 bombas como la de Hiroshima, que hubieran explotado
sobre la Isla, incluso, sin que la guerra rebasara un nivel "local".
Desde 1959 hasta la actualidad, Castro, dada su condición de líder
unipersonal del proceso revolucionario en Cuba, ha tenido en sus manos
la decisión sobre los asuntos militares y políticos clave
del país, bajo condiciones privilegiadas de poder. En tiempos de
la Crisis de Octubre -y aún hoy- la ausencia de estructuras políticas
de participación en el país hacía que este poder fuera
aún mayor, lo cual, unido a su vocación por los asuntos militares,
lo llevó a tener un protagonismo indiscutible en todas y cada una
de las decisiones adoptadas alrededor de la Crisis. A diferencia de Kennedy
o del mismo Jruschov, dentro de Cuba su autoridad y decisiones no fueron
confrontadas, discutidas, ni juzgadas por la dirección nacional
del país, ni por su consejo de ministros, sino apoyadas o acatadas.
Sirva la revelación de investigaciones históricas sobre la
realidad cubana y la desclasificación de documentos para tomar lecciones
del pasado, susceptibles de ser aplicadas en el presente. El conflicto
con Estados Unidos se mantiene; la dirección del país alimenta
la imagen de una agresión militar potencial. Mientras subsiste la
ausencia de una estructura política de participación en Cuba,
la represión se ejercita sobre la incipiente sociedad civil, continúa
el total control sobre la información de los ciudadanos, y la defensa
de la "dignidad nacional" equivale para Fidel Castro a la preeminencia
de sus ideas y la permanencia de un proyecto político sin oposición
legal. Factores todos que pudieran revivir circunstancias de gravedad,
como la que rodeó a la Crisis de los Misiles, pero en la Cuba actual.
Articulo publicado en Encuentro
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