Entre los múltiples crímenes que el dictador vitalicio
de Cuba ha cometido impunemente a lo largo de casi medio siglo de
totalitarismo, está incluído el saqueo, contrabando
y exportación ilegal de obras de arte, pinturas, antigüedades,
adornos decorativos, libros raros y documentos históricos
que formaban parte de nuestro patrimonio cultural nacional. El decrépito
Comandante y su corrupta pandilla llevan décadas despilfarrando
de forma masiva nuestro acervo cultural, enriqueciéndose
ilícitamente a costa de la destrucción de este rico
legado, forjado a través de cinco siglos con la creatividad,
el talento y el alto sentido de la estética de nuestros artistas,
orfebres, diseñadores, literatos y coleccionistas.
Este usufructo torticero
de nuestro patrimonio comenzó poco después del triunfo
de la revolución en 1959, cuando Castro creó el
eufemísticamente llamado Ministerio de Recuperación
de Bienes Malversados, que expropió, primero, riquezas
de funcionarios del gobierno de Batista y, después, los
bienes de los exiliados que se veían forzados a dejar sus
pertenencias en Cuba.
Nuestros tesoros nacionales
se han vendido impunemente a los turistas que visitan la isla
o han sido exportados ilegalmente a los mercados artísticos
de Europa y Latinoamérica, donde se han vendido en casas
de subastas internacionales como Christie's y Sotheby's, que se
han convertido así en cómplices de este criminal
expolio. El saqueo se intensificó durante el llamado "período
especial" de los años 90, cuando la maltrecha economía
del régimen sufrió los efectos del fin del subsidio
soviético e hizo esfuerzos desesperados por conseguir divisas.
Un estudio hecho entonces
por la Fundación Nacional Cubano-Americana calculó
que Christie's y Sotheby's vendieron en esa época aproximadamente
900 obras de arte, pinturas, antigüedades y manuscritos históricos
de incalculable valor provenientes del Museo Nacional de Arte
y del Archivo Nacional de Cuba, despojando así a generaciones
venideras de cubanos de gran parte de su herencia cultural. No
en balde la revista "Forbes" le atribuyó al dictador
en el 2006 una fortuna personal calculada conservadoramente en
900 millones de dólares, situándolo entre los hombres
más ricos del mundo.
Los enérgicos
pronunciamientos de funcionarios del régimen que defienden
la conservación del legado cultural nacional esconden hipócritamente
al expolio al que es sometido nuestro acervo. Así, tenemos
a un Eusebio Leal, historiador castrista de la ciudad de La Habana,
celebrando el nombramiento de la capital como Patrimonio Cultural
de la Humanidad por la UNESCO, al mismo tiempo que ordenaba la
venta y exportación de tesoros de nuestro Capitolio Nacional
y Palacio Presidencial a Europa. Después de inaugurar el
nuevo edificio que alberga al Museo Nacional de Arte en el 2004,
la recientemente fallecida presidenta del Consejo Nacional del
Patrimonio Cultural, Marta Arjona, aprobó la venta ilegal
y exportación de valiosos objetos decorativos, pinturas,
muebles antiguos, y documentos históricos del legado napoleónico
de Julio Lobo a un museo francés, por mediación
de un corrupto funcionario de la embajada de Francia en Cuba.
Observadores radicados
en La Habana reportaron que en 1993, en pleno período especial,
un enorme barco mercantil procedente de la Unión Soviética
permaneció anclado por un mes en el puerto de La Habana,
siendo cargado con una valiosa colección de objetos de
arte provenientes de nuestras mansiones, palacios y museos. Es
en Rusia, España, México y Venezuela donde se encuentra
la mayor parte del botín robado por Castro a la nación
cubana.
En el año 2005,
la prensa internacional se hizo eco de la demanda judicial entablada
por miembros de la familia azucarera cubana Fanjul contra los
Departamentos de Estado y del Tesoro norteamericanos, acusándolos
de violar el capítulo 4 de la Ley Helms-Burton, después
de descubrir que el valioso cuadro del pintor impresionista español
Joaquín Sorolla titulado "Puerto de Málaga",
desde 1936 propiedad de la familia, acababa de ser subastado por
la filial de Sotheby's en Nueva York.
El tirano gusta de
obsequiar a sus célebres huéspedes con tesoros del
patrimonio nacional. Así, Danielle Mitterand, esposa del
entonces presidente francés y admiradora de las antigüedades
y de Castro, recibió una valiosa e histórica vajilla
de porcelana de Sévres que había sido usada para
cenas de gala en el Palacio Presidencial. El Nóbel Gabriel
García Márquez y David Rockefeller han enriquecido
sus colecciones de arte privadas con valiosos cuadros de Wifredo
Lam, Amelia Peláez, Víctor Manuel y otros vanguardistas.
El ex-presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari añadió
a su importante colección de arte precolombino raros artefactos
taínos y siboneyes escogidos por él en el Centro
Nacional de Arqueología, y Diego Armando Maradona, astro
del fútbol argentino y drogadicto amigo de Castro, fué
obsequiado con una valiosa colección de relojes de pulsera
de platino incautada a la familia Gómez-Mena.
Así, cada día,
Cuba va perdiendo un nuevo elemento de su herencia cultural. Se
nos está yendo una parte integral de la nación,
de la historia y de cada cubano que ha vivido en ella. Nuestro
patrimonio cultural pertenece por derecho propio a cada uno de
los cubanos, y no podemos ni debemos renunciar a él. Recuperar
este legado sería un proceso increíblemente largo,
costoso y difícil. Pero si, como dijo André Malraux,
la herencia cultural de un pueblo es la prueba más fehaciente
de su identidad nacional, de su existencia y de su paso por este
mundo, entonces rescatar nuestro patrimonio histórico es
rescatarnos a nosotros mismos.
MaritBea@aol.com
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