La historia de Porfirio
Ramírez es la historia de su pueblo. Nace en 1933, cuando
una generación de jóvenes cubanos hacía que
la República se vistiera de largo y estrenara pasos propios.
Allá en la finca San José del pueblo Antón
Díaz, provincia de Las Villas, -en cuya casita vivió
toda su vida- se empinó desde el surco el gigante que habría
de continuar la obra de la generación del treinta,
contribuyendo a mantener la integridad de la patria y el histórico
afán de libertad y justicia del pueblo cubano. Creció
en el campo, en él juega por primera vez y en él suda
bajo el rigor de los trabajos agrícolas.
Comienz a
sus estudios en la escuela rural de Antón Díaz.
Los continúa en la vecina ciudad de Santa Clara, hasta
graduarse de la Escuela Profesional de Comercio, donde es nombrado
profesor siendo muy joven.
Siempre trabajando
para costearse sus estudios de alumno brillante, ingresa en la
recién creada Universidad Central de Las Villas. Estaba
involucrado de lleno en la lucha contra la dictadura de Fulgencio
Batista. Su condición de líder natural y su temeridad
lo señalan demasiado entre las fuerzas represivas urbanas.
Se alza en armas en las montañas villareñas con
la Organización Auténtica.
En 1959 la revolución
triunfante es el marco de las grandes esperanzas del pueblo. Porfirio,
ahora con grados de capitán y rodeado de una aureola de
leyenda, saca personalmente de la carcel a cuántos sabe
que han sido detenidos injustamente. Regresa a la vida civil y
a la universidad, donde despliega una intensísima actividad
por hacer del joven centro docente uno de máxima calificación
académica, a la vez que comprometido estrechamente con
su comunidad. Trabaja como Contador del Gobierno Provincial. Es
elegido abrumadoramente a los más altos cargos de la Asociación
de Alumnos de la Facultad de Ciencias Comerciales, donde está
a punto de graduarse, y de la Federación Estudiantil Universitaria,
de la que fué presidente hasta sus últimos momentos.
Dirigente honesto y
parco en palabras, enemigo de la demagogia, es un convencido de
las ideas civilistas y democráticas. Lo caracterizan su
sencillez, y su sonrisa franca para todos.
Su popularidad trasciende
el recinto universitario provincial y se proyecta nacionalmente.
Está entregado de lleno a la restauración de la
democracia en una Cuba que quiere sea cada vez mas justa. Pronto
va creciendo su inconformidad ante la traición que se vislumbra
y el creciente avance del totalitarismo.
El 23 de agosto de
1960, de la mano de su hermano, El Niño Ramírez,
regresa a las montañas del Escambray, que durante años
serían escenario de una de las más heroicas gestas
liberadoras de nuestro pueblo, increíble epopeya librada
por los más humildes hijos de la patria, que hicieron derroche
de valor y sacrificio frente a la más brutal y masiva represión
que recuerda nuestra historia, financiada y dirigida por la Unión
Soviética.
Porfirio es hecho prisionero.
Deshidratado e inconsciete es encontrado en un pedregal ardiente,
casi muerto.
El 12 de Octubre, mientras
en las calles de Santa Clara se reprimen manifestaciones juveniles,
en el campamento militar Leoncio Vidal de la ciudad
es sometido a una atropellada farsa de juicio que terminó
sin dictarse sentencia; cruel engaño, porque habían
decidido fusilarlo, como lo hicieron esa noche, pero temían
a la reacción popular.
Porfirio Ramírez
entregó su vida y su sonrisa y entró en la historia
de Cuba engendrando el futuro.
Para sus verdugos fue
una trampa, porque su soberbia y su fanatismo los cegaron, y al
ametrallarlo -tan cobarde y apresuradamente -le temían
en su inconfesable admiración por él- se hicieron
reos de su propia torpeza.
Aquella noche del crimen
sin nombre, en el campamento militar de La Campana, cerca de Santa
Clara, se inmortalizó la figura del joven presidente de
la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.
Aquel 12 de Octubre
marcó un hito en la lucha del pueblo cubano frente a la
barbarie comunista, entonces incipiente.
Junto a Porfirio cayeron
también Plinio Prieto, Sinesio Walsh, Angel Rodríguez
del Sol y José Palomino Colón, todos también
patriotas íntegros de legendario valor.
Se han cumplido 43
años. Los responsables del crimen deben saber que no pudieron
matar a sus víctimas.
Se suicidaron los verdugos
y sus cómplices. Su causa ha muerto.
¡ Aquellos cinco
héroes viven en la incansable lucha de su pueblo !
Roberto Jiménez
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