Incapaces de poder derrotar
a las guerrillas utilizando solamente unidades militares, los comunistas
intentaron infiltrarse en las guerrillas. El más connotado
y conocido de estos infiltrados fue Alberto Delgado Delgado, al
cual se le caracterizó como un héroe en una película
propagandista producida en 1973 en Cuba, llamada FI Hombre de Maisinicú.
Alberto Delgado fue
soldado del Ejército Rebelde y sargento de milicias en
la zona de Morón. Licenciado por aparentes problemas nerviosos,
fue reclutado por el Ministerio del Interior con la específica
misión de infiltrarse en las filas de los alzados. Delgado,
un individuo de bigote fino, baja estatura y personalidad cínica,
se mudó para Las Villas, para administrar la finca Maisinicú.
Desde el momento en que comenzó su trabajo, ofreció
empleo en la finca a varios colaboradores de los alzados, ganandose
así su simpatía. Poco tiempo después. Delgado
se covertiría en un aparente colaborador de las guerrillas
proporcionándoles medicinas, botas y comida Así
fue ganándose la amistad y confianza de algunos de los
hombres claves en la línea de suministros, llegando a proponerles
la fuga de Cuba de algunos alzados, asegurándoles que él
tenía a su disposición los contactos para llevar
a cabo la salida clandestina de estos hombres.
Para principios de
1964, la situación de los grupos guerrilleros era desoladora.
Centenares de alzados habían muerto en combate y o habían
sido encarcelados y condenados a penas de hasta treinta años,
las lineas de suministros estaban casi destruídas. Debido
al racionamiento impuesto por el régimen, los bienes de
consumo para avituallar a las guerrillas se hacían imposibles
de obtener. Sin balas y sin comida, los pocos guerrilleros que
lograron sobrevivir, se encontraban en una situación desesperada.
Una oportunidad para
escapar al exilio, por riesgosa que fuera, era una baraja que
bien merecía la pena jugarse, y fue también la oportunidad
de Alberto Delgado y Delgado para entrar de lleno en su misión
por encargo del Ministerio de Interior. El primer grupo que intentó
salir de Cuba por la vía establecida por Delgado fue la
guerrilla de Maro Borges. Maro, con su pecho marcado por la horrenda
cicatriz, llevaba cuatro años alzado en los montes de Las
Villas. Delgado le había dicho que si podían llegar
hasta Morón, un contacto los llevaría hasta un cayo
cerca de Camagüey, desde donde los alzados serían
recogidos por una lancha norteamericana. Maro, el propio Delgado
y quince guerrilleros mas, comenzaron la larga caminata, moviéndose
de noche para no ser detectados.
Amador Acosta, uno
de los sobrevivientes de la guerra campesina, era capitán
en la guerrilla de Maro en aquel momento. Su versión de
lo sucedido es muy diferente a la de la trama en la película
castrista.
Acosta nos dijo: «Cerca
de Jatibonico nos encontramos con un muchacho, y lo tomamos prisionero.
Delgado quería matarlo, para así implicarnos a todos
en un asesinato. Nosotros estábamos opuestos pues el muchacho
aparentaba estar de nuestra parte. Delgado le empezó a
dar cranque a Raúl Morel, el segundo de Maro, para que
matara al muchacho. Raúl y su familia habían sufrido
mucho, y no había que darle mucha cuerda. Delgado se dió
cuenta de este detalle y le insistió a Raúl para
que hiciéramos algo con el muchacho. Yo, dirigiéndome
a Delgado, le dije: -'Mire, si aquí tenemos que matar a
uno o a cien hombres, lo hacemos y se acabó. Pero esto,
no es un asunto de usted. No se meta'. Pero Delgado me ignoró,
y siguió jodiendo con el asunto. Yo rastrillé el
Garand y le apuntándole al pecho, le dije: -'Si lo que
tú quieres es ver a un muerto, entonces ponte espejuelos,
que el muerto vas a ser tú.- Entonces se calmó y
al muchacho lo dejamos que se fuera.»
Al llegar a las cercanías de Morón, Alberto Delgado
fue al pueblo a coordinar contactos. Aunque en la película
mencionan al Teniente Candelario Rubiel como el alzado que lo
acompañó al pueblo, el guerrillero fue realmente
Amador Acosta, vestido de civil y armado de una pistola. En la
ciudad de Morón, ambos hombres se entrevistaron con Sánchez,
el misterioso contacto clandestino de Delgado, quien era en realidad
un agente de Seguridad del Estado. Sánchez les prometió
un camión para trasladar a los alzados de Morón
a Punta Alegre, desde donde serian transportados en el bote de
un pescador, a un islote .
El cuatro de febrero
de 1964, la guerrilla de Maro Borges fue recogida en un cayo por
un barco pintado de blanco, con tripulantes rubios_ que hablaban
inglés. Confiados en que estaban a salvo, los guerrilleros
comieron emparedados y tomaron las cervezas que estos aparentes
tripulantes norteamericanos les ofrecían. Inocentemente,
entregaron las armas y se les dijo que bajaran al pañol
del barco para recibir un exámen médico. Uno a uno,
estos hombres fueron atacados por los agentes de Seguridad del
Estado, que se encontraban allí escondidos. El viaje que
esperaban concluyera en Miami, sólo los llevó a
una celda en Villa Marista donde se encuentran las oficinas de
Seguridad del Estado en la Habana.
Mientras esto sucedía,
Delgado, de regreso al Escambray, comenzó a preparar otra
trampa, esta vez para el Comandante Julio Emilio Carretero. En
los preparativos para su fuga, y como ignoraba la suerte corrida
por Maro Borges y su grupo, Carretero acordó que llegando
a Miami, le enviaría un mensaje a su Lugarteniente José
Cheito León. Carretero se proponía utilizar la onda
de Radio Swam, en el programa del periodista Luis Conte Agüero.
La clave sería transmitida por tres días consecutivos,
garantizándole a Cheito León que la ruta vía-Delgado
era segura. Al oir esto, Delgado no se inmutó. El infiltrado
sabía que la Seguridad del Estado podía interferir
las transmisiónes de Conte Agüero y sobreponer otras
transmisiónes con la clave adecuada. Lo que Delgado no
sabía, era que uno de los guerrilleros de Carretero había
establecido una segunda clave privada entre él y un familiar
en Trinidad. La segunda clave, una llamada de teléfono
desde Miami, indicaría que la ruta era segura. Ese mensaje
teléfonico que nunca llegó seria el principio del
fin para Alberto Delgado.
El 9 de marzo de 1964,
Carretero cayó en la trampa castrista con catorce de sus
hombres y Zoila Aguila, La Niña de Placetas, la única
mujer que dirigió una guerrilla en combate.
El balance siniestro
de la misión del infiltrado castrista Alberto Delgado y
Delgado, conocido como El Hambre de Maisinicú fue el siguiente:
más de treinta guerrilleros fueron llevados a juicio en
La Habana, dieciocho hombres -entre ellos Amador Acosta, y una
mujer, Zoila Aguila Almeida (La Niña de Placetas)-, fueron
sentenciados a largas condenas carcelarias, doce hombres incluyendo
a los Comandantes Maro Borges y Julio Emilio Carretero, fueron
condenados a morir fusilados. En el breve juicio, Maro declaró
sus sentimientos hacia el sistema en una forma burda, pero muy
clara: «¡Yo me cago en la Revolución y me limpio
el culo con Fidel Castro!» dijo el jefe guerrillero.
El 22 de junio de 1964,
en los fosos de la Fortaleza de La Cabaña, doce hombres
se encararon al paredón de fusilamiento: Maro Borges, Irenio
Borges, Raúl Morel, Macho Jiménez, Andrés
Oramas, Toniás García Valle, Julio Emilio Carretero,
Cuco Cedeño, Blas Ortega, Valentín Hernández,
Manolo Munsó La Guardia y Benito Rodríguez Pedraja.
Parados juntos, en la oscuridad de la noche, iluminados por la
luz blanca de reflectores, los doce hombres cantaron el Himno
Nacional mientras los rifles FAL disparaban, y los plomos destrozaban
sus cuerpos.
Mientras tanto, en
el Escambray, Cheíto León esperaba el mensaje radial.
La primera clave fue dada, pero la segunda clave, la llamada telefónica,
la que El Hombre de Maisinicú desconocía, nunca
llegó. Che [lo, desconfiado como todo buen alzado, comenzó
a tener dudas de Alberto Delgado.
El Comandante José
Cheíto León Jiménez, que había asumido
el mando de los pocos grupos que aún quedaban en el Escambray,
se había ganado sus galones --al igual que todos los otros
jefes guerrilleros- por sus méritos. Era un hombre joven,
de 26 años, fuerte y afable, Cheíto había
sido educado en Trinidad. Estaba trabajando como camionero, cuando
decidió alzarse para combatir al comunismo. Él y
su hermano Berardo habían reclutado diecinueve hombres
de la zona, que se irían con ellos dos. Conscientes de
que carecían de armamento y de experiencia militar, los
veinte y un hombres se enlistaron en un batallón de milicia.
Después de varias semanas de entrenamiento básico,
los nuevos reclutas desertaron en abril de 1961 y se alzaron,
llevándose con ellos los rifles checos M52. Con tres años
de experiencia en el combate, Cheíto León era, a
pesar de su juventud, un veterano curtido en docenas de encuentros
contra fuerzas siempre superiores.
Con la sospecha escondida
en lo más profundo de su pensamiento, Cheíto León
se reunió con Alberto Delgado a la orilla de un río
próximo a la finca Maisinicu. Delgado, cínicamente
había mandado a matar a una res de la finca para festejar
el viaje de la gruerrilla a Miami. Cheíto fingiéndole
amistad, celebró junto a él, hasta que no pudo contenerse
más, confrontó al traidor. En la panfletaria película
castrista, Delgado murió valientemente y desafiante. Pero
en la realidad -contado por los sobrevivientes- no fue así.
Al ser emplazado por Cheito León, Delgado le negó
repetidamente ser agente castrista. Después, llorando,
declaró que había sido obligado a ayudar a la Seguridad
del Estado cuando él había sido descubierto conspirando.
En sus últimos momentos le pidió clemencia, aludiendo
que él era un padre de familia. Cheíto León
ignoró los gritos del traidor, también Carretero
era un padre de familia y Delgado los había entregado miserablemente.
Alberto Delgado fue ajusticiado. Al día siguiente su cuerpo
colgado de una guásima, fue descubierto por campesinos
de la zona.
Una vez desenmascarada
la infiltración de Delgado, la Seguridad del Estado lanzó
una redada, arrestando a toda persona que había tenido
contacto con El Hombre de Maisinicú. Dos empleados de la
finca -- Varela y Pepe Yoyo----, fueron fusilados, Siripio Hernández,
otro empleado fue condenado al presidio político. Dos cuñados
de Alberto Delgado, José y Alberto Nodal, recibieron condenas
carcelarias por haber estado involucrados en la línea de
suministros a los alzados.
El LCB continuó
arremetiendo contra los alzados, tratando de ubicar a las bandas
guerrilleras, para eliminarlas una a una. La guerrilla de Rubén
Cordobés fue atrapada en un potrero, donde murieron cuatro
alzados, combatiendo contra los cazadores. Pedro González,
el jefe guerrillero al cual se le atribuían las muertes
de dos docenas de milicianos, cayó en combate en el Cerco
La Barca. A Cheíto León lo cercaron al norte de
Trinidad, en un fuerte combate, en el que murieron hombres de
ambos bandos, Cheíto León fue alcanzado por dos
balas. Herido, Cheíto se arrastró hasta un matorral.
Allí, cuando lo iban a capturar mató a dos milicianos
con su última granada, inmolándose con ellos. Así
murió el cuarto y último de los jefes guerrilleros
del Escambray.
Aún quedaban
dispersos algunos grupos en el Escambray. El más numeroso
de estos grupos era dirigido por Blas Tardío, quien se
había alzado en 1960. Tardío, un hombre de inmenso
valor, era una leyenda viviente en el Escambray. Con su fama de
bravo guerrero, logró en un día romper nueve cercos.
En otra ocasión, que fue herido en una pierna, él
mismo se sacó la bala y se cosió su herida, cauterizándola
con un machete al rojo vivo. Blas Tardío Hernández
fue capturado en 1965, en combate. Posteriormente fue fusilado.
El era el quinto de los hermanos Tardío en morir peleando
por la libertad de Cuba. El primero fue Lupe que murió
en combate en 1961. Benlarnín que fue fusilado en 1963.
Blas fue también fusilado en 1965. Poco después
Camilo fue fusilado y Toto que se suicidó en el presidio.
Sólo Genaro sobrevivió, pero cumplió años
en el presidio político. La muerte de Blas Tardío
selló el final de la lucha en el Escambray.
Durante los últimos
meses del año de 1965 y durante todo el año de 1966,
el LCB utilizando todos los recursos de la dictadura, fue ubicando
y cazando a los últimos rezagados de las guerrillas. Luis
Vargas, que se había alzado en 1960 y que fue el guerrillero
que más tiempo se mantuvo en las lomas, fue capturado el
día primero de diciembre de 1965 y fusilado posteriormente.
El último guerrillero. José Rebozo Febles, fue atrapado
en una cueva y capturado el primero de octubre de 1966. A Rebozo
lo condenaron a treinta años de presidio político.
Después de ochenta
meses de combate, la gesta heróica del Escambray había
concluido. Fue una derrota física para los combatientes
de la libertad, pero una victoria moral para un pueblo, que a
través de tres décadas aún combate por sus
derechos.
La guerra campesina
tuvo sus detalles históricos que no concluyeron en 1966
con la captura del ultimo guerrillero. En 1968 y 1970 hubo infiltracic
es de hombres del exilio en tres desembarcos, enfrentandose estos
nuevos guerrilleros en combates con las fuerza del régimen,
en los cuales murieron hombres de ambos lados. Figuras como Amancio
Mosqueda, Vicente Méndez y José Rodríguez
Pérez entraron verticalmente en la historia contemporanea
de Cuba.
En 1970, hubo incendios
en sembradíos en el Escambray, y rumores de que un grupo
de alzados se encontraba en los montes. Las tropas del ejército
castrista nuevamente mudaron a unos tres mil quinientos campesinos
de la zona, trasladándolos para dos pueblos de Pinar del
Río y otro de Camagüey.
Años más
tarde, en 1975, Raúl Castro en una entrevista declaró:
«Esa lucha es poco conocida ... fue una lucha esencialmente
de clases.» y tenía toda la razón el comunista,
la lucha --hasta hoy-- ha sido poco conocida, ignorada por ambos
lados. También fue una lucha esencialmente de clases. Una
era la nueva clase, los aristócratas del régimen
comunista, los explotadores totalitarios del pueblo cubano. La
otra clase eran los humildes guajiros, los pobres campesinos,
la clase obrera cubana, luchando sin armas, y sólo con
la vergüenza por la libertad de Cuba contra el comunismo.
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