Al año 1963, los
oficiales del LCB lo denominaron El año del cuero duro. Y
así fue. Todas las semanas hubieron combates y todas las
noches, fusilamientos. Centenares de hombres de ambos lados cayeron
en los montes y llanos de Las Villas, en innumerables refriegas.
El cuatro de enero,
una unidad del LCB rodeó a la guerrilla de Porfirio Guillén
en un sembradío cercano al cementerio de Manicaragua. Entre
los once guerrilleros se encontraba un hombre llamado Alfredo
Luque, un ex militar que era hijo de un comunista- Pese a la influencia
paternal, Luque deseaba alzarse contra el régimen. Con
la ayuda de Roberto Rivero Gómez y Enrique Ruano, (dos
dirigentes de la linea de suministros) Luque obtuvo una carabina
San Cristóbal con varios peines de balas. Rivero y Ruano
llevaron al nuevo alzado a unirse a los hombres de Guillén
el primer día de ese año. Tres días después
era cercado con su grupo en las cercanías de Manicarragua.
Esa mañana murió en combate.
Otro de los mártires
de este combate fue Juan Devora Blanco, conocido por El Niño
Devora. Este era un ex preso político, que al momento de
su fuga, dejó escrito en las paredes de la cárcel
el juramento de que jamás sería tomado prisionero
nuevamente. En Manicaragua murió peleando.
Uno por uno, cayeron
los alzados. Porfirio Guillén fue abatido mientras disparaba
su San Cristóbal. Bernabé, El Mulato, trató
de abrir fuego con una calibre .30, pero el arma se encasquilló.
Otro manir de ese fatídico día fue Gilberto Rodríguez,
quien había escapado de la cárcel la primera vez
que lo habían capturado. Sólo un alzado, Israel
Pacheco, logró evadir el mortífero cerco.
En ese mes de enero
también hubieron encuentros entre alzados y El cinco de
febrero las guerrillas de Pedro (González incendiaron dos
ómnibus en la carretera de Trinidad a Sancti Spíritus,
después de desalojarlos. Cuando los omnibus ardían,
un jeep de una patrulla del ejército se acercó a
investigar, los alzados les tendieron una emboscada, matando a
cuatro soldados. En ese mismo mes los alzados atacaron un cuartel
cercano a Santa Clara y varios guerrilleros y milicianos murieron
en combates en la zona de Veguitas. Dos oficiales del ejército
fueron muertos en la carretera de Seibabo cuando fueron emboscados
por alzados.
Miles de hombres del
LCB habían sido desplegados a la zona de operaciones donde
se movía la guerrilla de Tomás San Gil. Capturar
o eliminar a San Gil era la principal prioridad de los castristas
en Las Villas. En enero lo rodearon, pero el jefe guerrillero
escapó cruzando el río Caracusey. A finales de febrero
fue cercado de nuevo en Las Llanadas de Gómez. Rompió
el cerco y se dirigió al Hoyo del Naranjal, donde fue cercado
nuevamente, pero logró evadir el anillo. La persecusión
continuó hasta el último día de febrero,
en que San Gil fue atrapado en el Monte de las Cuarenta Caballerías.
Al anochecer y con menos de treinta hombres, Tomás San
Gil se enfrentó a varios batallones enemigos, tratando
de romper el cerco, mientras las tropas castristas apretaban el
nudo. El tableteo de las VZ se confundía con los disparos
de M3, de Garands y M52, las granadas iluminaban la noche y luces
brillantes cortaban la oscuridad. Por uno y otro lado, los alzados
trataban de cruzar hacia el campo abierto, mientras las maldiciones
y los gritos se escuchaban entre los disparos.
Tomás San Gil
con varios de sus hombres rompió el cerco cuando aún
a sus espaldas se escuchaba el tableteo de las armas. Su lugarteniente
Nilo Armando Saavedra Gil, conocido por Mandy Florencia, quedaba
atrapado en el anillo. San Gil penetró de nuevo el mortífero
cerco, tratando de rescatarlo.
Al amanecer el primero
de marzo de 1963, concluyó el combate. Tomasito San Gil,
Mandy Florencia y otros once alzados quedaban inertes en el campo
de batalla. El LCB y la milicia contaban veinte y siete bajas
y muchos heridos.
Después de la
muerte de Tomasito, el mando del ELN pasó a Julio Emilio
Carretero Escajadillo, quien desde 1960 había sido jefe
guerrillero. El Comandante Carretero, un hombre de unos treinta
años, tenía una barba larga y tupida, era un veterano
rompe cercos, con cicatrices de balas en su duro cuerpo. En el
año que dirigió operaciones en el Escambray, el
régimen le atribuyó veinte y siete bajas al ejército
castrista, así como ciento dieciseis actos criminales contra
los poderes del Estado, los que incluían incendios de almacenes,
vehículos del gobierno y destrucción de fincas propiedades
de simpatizantes del régimen.
Los combates en 1963
continuaron con intensidad. La guerrilla de Raúl Realito
Hernández fue eliminada en una intensa refriega, cuando
fue cercada. Realito, herido, se enfrentó a un cazador
del LCB. Ambos hombres se dispararon a quemaropa, vaciando los
peines de sus ametralladoras.
En otro combate que
duró horas, tropas del LCB dirigidas por Gustavo Castellón,
El caballo de Mayaguara dieron muerte a Leonardo Peñate
y tres de sus hombres. En otro encuentro murieron ---atrapados
en una emboscada del LCB- Chiqui Jaime y varios hombres de su
guerrilla.
En junio de 1963 fue
fusilado en La Esperanza, el ex capitán rebelde Adolfo
Sargén, conocido por el apodo de Terranova. Por más
de un año, Terranova y sus hombres vivieron en cuevas excavadas
cerca de Santa Clara desde donde logró llevar a cabo varios
ataques contra las fuerzas castristas, uno de ellos contra el
cuartel El Hormiguero. Al ser capturado se encontraba con una
pierna podrida, a consecuencia de una vieja herida que nunca se
curó. Unas semanas después del fusilamiento de Sargén,
los castristas también ejecutaron a Macario Quintana, otro
jefe guerrillerores del LCB.
El día trece
de agosto, en Manacas-Iznaga, veintiún guerrilleros fueron
fusilados en un acto alevoso, sin razón lógica aún
en la crueldad de la guerra. Los hombres que fueron asesinados
esa trágica noche eran prisioneros de guerra, habían
sido transportados a Las Villas desde la cárcel de Isla
de Pinos, donde algunos llevaban hasta más de dos años
encarcelados. Entre los que murieron ante el paredón esa
noche se encontraban Nando Lima y Monguito Pérez, dos jefes
guerrilleros que habían sido apresados en la primera limpia
en 1961.
El 23 de ese mes, el
jefe guerrillero Rigoberto Tartabull fue muerto en combate por
su propio hermano. La muerte de Tartabull a manos de su propio
hermano, un oficial de milicia es uno de los eventos más
mórbidos y trágicos de la guerra campesina. Como
una deferencia, el cadáver del alzado fue entregado a los
familiares, permitiéndose que fuera velado propiamente.
En septiembre, la guerrilla
de Demetrio Nano Pérez fue aplastada en un gran cerco.
Al mes siguiente, nueve de los sobrevivientes fueron fusilados
en Santa Clara. Durante el año de 1963, en Condado, varios
centenares de alzados y colaboradores fueron pasados por las armas
y docenas más se enfretaron a los paredones de fusilamientos
en las zonas de Santa Clara, Corralillo, Sagua La Grande, Báez,
Rodas, Ranchuelo, Cienfuegos y La Campana.
A pesar de la represión
brutal del régimen, los alzados no se dieron por vencidos,
Campos de caña ardieron en Tuinicu y Soledad y vehículos
del régimen fueron ametrallados en carreteras. El 22 de
diciembre los guerrilleros ejecutaron al miliciano Martín
Valdivia en la finca El Barral.
El año del cuero
duro desangró de tal manera a los combatientes alzados
en Las Villas, que Enrique Ruano, sobreviviente de las líneas
de suministros del FU RE, nos dijo al respecto «llegó
el momento en que los alzados no querían que más
hombres se unieran a las guerrillas, ni aunque fueran armados.
Todos ellos comprendían muy bien que no podían ganar,
que no habían balas ni rifles, ni botas suficientes para
suministrarlos adecuadamente. La mentalidad de los guerrilleros
llegó a ser suicida, la actitud era de pelear hasta el
último hombre y la última bala. Ellos no querían
más reclutas porque sabían que era imposible ganar
sin ayuda del exterior y combatiendo contra un ejército
bien armado y un régimen represivo. Comprendieron que estaban
condenados a morir y no querían un sacrificio estéril
por parte de nuevos alzados».
A finales de 1963,
en El Guasimal se libró uno de los combates más
feroces de toda la guerra. Maro Borges y veinte de sus guerrilleros
fueron cercados en un anillo por centenares de enemigos. A los
veinte y tres años, Maro Borges era un veterano de la lucha
contra Batista, y de dos años como jefe guerrillero en
el Escambray peleando contra el comunismo. Rodeado en El Guasimal,
Maro se preparó para romper el cerco por arriba. Debido
a las pocas balas con las que contaban, las guerrillas siempre
esperaban hasta el último momento para disparar, y en acciones
practicamente suicidas, hacían fuego a quemaropa. La milicia
tenía balas para malgastar, pero los alzados no podían
darse ese lujo.
En el combate de El
Guasimal la primera ráfaga derribó a una linea completa
de milicianos. Los alzados comenzaron a romper el cerco, cara
a cara, frente a frente, en ambos lados intercambiaron disparos.
Ismael Borges, -un hermano de Maro- se desplomó muerto.
Otro de los hermanos Borges, Elías, cayó derribado
con diecisiete plomos en su cuerpo, fueron balas de un peine de
metralleta checa disparadas a quemaropa. Maro recibió un
balazo en el pecho, pero continuó disparando su Springfield,
tratando de cruzar el cerco. El guerrilero Ibrahim Palmero resultó
muerto, y su hermano Emerio herido, quería quedarse al
lado del cadáver de Ibrahim, pero Maro Borges , con la
sangre en el pecho mojándole la camisa, agarró a
Emerio por un brazo, y le dijo «tú perdiste uno,
pero yo dejo dos. Vámonos.».
Los alzados rompieron
el cerco, brincando sobre los cadáveres de los milicianos
y los hombres del LCB. Perseguida por los cazadores del LCB, la
guerrilla se internó en la maleza. En el campo de batalla
quedaban once alzados y más de tres docenas de milicianos
con los cuerpos acribillados y sangrantes, entre ellos, se encontraba
-con tres heridas de bala- el alzado Raúl García,
que fue capturado y llevado por la milicia al gigantesco helicóptero
de transporte, donde los cadáveres se encontraban amontonados.
Cuando el helicóptero despegó, el cuerpo de un guerrillero
menor de edad comenzó a moverse, era Elías, el más
joven de los hermanos Borges, que aún vivía, a pesar
de los diecisiete plomos que llevaba en su carne . Abrió
los ojos, levantó la cabeza sangrante y mirando hacia el
montón de milicianos muertos, dijo: «¡Mira
como matamos hijos de puta hoy!». Elías Borges sobrevivió
milagrosamente a las numerosas heridas. Después de largos
años en presidio político, llegó a tierras
del exilio.
Mientras el helicóptero
conducía a Elías Borges al presidio político,
Maro, herido, continuaba huyendo de los soldados que lo perseguían.
Con el pecho sangrando y sintiéndose débil, Maro
le dió su rifle a uno de los nueve hombres que con él
habían evadido el cerco, ordenándoles que continuaran
la huída. Armado de su inseparable pistola, el jefe guerrillero
se escondió solo en un aromal, mientras sus hombres se
alejaban. Minutos después llegaban las tropas del régimen
a peinar la zona, caminando tan cerca del escondite de Maro, que
casi lo descubren.
Durante tres días
Maro Borges, casi moribundo, permaneció en aquel aroma¡.
Los gusanos cubrieron su herida infestada, comiéndose la
carne de su pecho. En acción desesperada que nos demuestra
la valentía y la entereza de este jefe guerrillero, Maro
Borges se arrastró hasta la puerta de un bohío cercano,
con la pistola golpeó en el marco de madera y un guajiro
de cara arrugada se asomó a ella. Maro apuntó con
la pistola y le dijo: «Soy Maro Borges, si me quieres ayudar
empieza ya, si me vas a entregar, lo tendrás que hacer
rápido antes de que te meta un tiro.»
El guajiro,- como la
mayoría de la población campesina era simpatizante
de la guerrilla- lo ayudó. Maro necesitó tres meses
para recuperarse. Cuando su herida cicatrizó, la piel le
creció fina como un papel de cebolla. Con la fea huella
en su pecho, el guerrillero regresó a la loma para seguir
combatiendo contra el sistema opresor.
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