En los meses que siguieron a la reunión del Cicatero, los
grupos de alzados crecieron y se multiplicaron. La provincia entera
estaba en guerra. Se creó el Frente Sur del Llano, capitaneado
por Carlos González Garnica, un ex-soldado del Ejército
Rebelde, que se había alzado con un grupo de insurgentes.
En el norte de Las Villas, Margarito Lanza Flores, conocido por
Tondike, dirigía uno de los focos guerrilleros más
activos en toda la Isla. En el norte de Las Villas habían
varios focos guerrilleros muy activos. De Sagua La Grande a Corralillo,
además de Tondike, habían grupos de alzados dirigidos
por Benito Campos Campitos, su hijo, José Martí Campos,
y un guajiro corpulento, llamado Agapito Guapo Rivera. En la zona
de Sagua La Grande a Camagüey, se movían las guerrillas
de Amoldo Martínez Andrade y Adalberto Méndez Esquijarrosa,
conocido por El Quia.
En el Escambray, el
Comandante Osvaldo Ramírez estaba tratando de vertebrar
una extensa red de suministros, reclutando a simpatizantes de
la zona. En Fomento, Trinidad, Sancti Spíritus, Manicaragua,
Cienfuegos, Santa Clara y una docena más de pueblos villareños,
se vertebró una poderosa organización clandestina,
con la misión de apertrechar a los combatientes de los
montes. Con los nexos rotos con la CIA, sin tener confianza en
las promesas de los yanquis, Ramírez se preparó
para librar una guerra de liberación, sin ayuda exterior.
La labor titánica
de mantener a un ejército guerrillero, comenzó de
nuevo. Los suministros eran pasados de mano en mano. Un par de
botas por aquí, una hamaca por allá, una caja de
balas o una metralleta robada, un revólver regalado por
un colaborador, medicinas donadas por un farmacéutico,
latas de comida regaladas por un bodeguero, suministros recogidos
en pueblos y ciudades, eran transportados a las fincas en El Escambray,
donde eran recogidas por los combatientes. De esta manera, con
el apoyo de centenares de campesinos y obreros en la provincia,
los alzados comenzaron a abastecerse.
Ramírez dedicó
parte de su tiempo a establecer una línea de prácticos,
para poder mover sus guerrillas de zona en zona, burlándose
de las patrullas del ejército. Los prácticos, eran
hombres, mujeres y niños de la región, algunos trabajaban
de día como monteros, en las fincas y por la noche servían
de guías para los grupos de alzados. Los prácticos_
se conocían trillos, atajos y caminos que no aparecían
en los mapas. Una guerrilla perseguida por el ejército
castrista se podía mover de región en región
a toda velocidad, cambiando constantemente de prácticos,
mientras las milicias cerraban cercos sobre campos vacíos.
El ejército
castrista, contaba con sus propios prácticos, a los cuales
se les llamaba guajimapas. Entre los guajimapas del ejército
castrista habían varios que, en realidad trabajaban para
las guerrillas, guiando a las milicias en búsquedas inútiles,
que duraban semanas. Uno de los más conocidos fue el Capitán
Bombino, un recio guajiro. que en muchas ocasiones se apareció
en el campamento de Osvaldo Ramírez, para avisarle a los
alzados, de peines que se avecinaban en la zona. Bombino, a riesgo
de ser baleado por un francotirador guerrillero, o descubierto
como doble agente por los castristas, arriesgó su pellejo
por muchos meses guiando al ejército en cacerías
inútiles.
Otro gran colaborador
de los alzados fue Juan Francisco Rodríguez, un experto
tirador y jinete, capitán de milicias, el cual, al ser
descubierto, escapó en su caballo, en una fuga espectacular.
Perseguido por jeeps llenos de milicianos armados, Rodríguez
mató a uno de un certero balazo en la frente, evadiendo
su captura al lanzarse al trote por una peligrosa cañada.
Con el fortalecimiento
de las guerrillas, los alzados comenzaron nuevamente a golpear
las tropas castristas. A forales de octubre de 1961, una guerrilla
dirigida por Vale Montenegro y Miner de la Torre, atacó
El Pajarito, un cuartel de milicias y centro de acopio regional
del gobierno. Los guerrilleros del Frente Sur del Llano, capturaron
varias armas largas y prendieron candela a cinco naves, donde
se almacenaban productos de abastecimiento. En la zona de Cienfuegos,
hubo incendios de sembradíos en las cooperativas estatales.
En la carretera a Zulueta (al norte de la Provincia), un autobús
fue desalojado de pasajeros e incendiado por las guerrillas. En
las cercanías de Cumanayagua, los hombres de Rigoberto
Tarta bull, emboscaron a un jeep. Siete milicianos fueron muertos
en este combate. El cuartel de milicias de Diana fue asultado
por los alzados. En diferentes lugares de la Provincia, varias
fincas de simpatizantes e informantes del régimen fueron
quemadas. En las carreteras de Fomento a Baez, y en las cercanías
de Manicaragua, camiones del ejército fueron ametrallados.
En el Escambray, un grupo de alzados dieron muerte al brigadista-alfabetizador
Pedro Ascunce Domenech y a un colaborador castrista llamado Pedro
Lantigua.
Los asesinatos de Domenech
y Lantigua no tenían justificación política,
pues aunque ambos eran castristas, estaban desarmados, y Domenech
era menor de edad. Entre los jefes guerrilleros hubo un repudio
hacia este acto irresponsable. El régimen castrista utilizaba
estos accidentes, muy poco frecuentes en la guerrilla, para representar
a los alzados como criminales y ladrones. Osvaldo Ramírez,
consciente de que la muerte de Conrado Benítez había
sido contraproducente para la causa anti-castrista (aunque Benítez
había sido informante del régimen), dió la
orden, de que las guerrillas no podían ajusticiar a colaboradores
comunistas, sólo estaban permitidos estas muertes, si se
podían documentar crímenes, perpetuados por estos
individuos contra los alzados. Aunque el asesinato de Domenech
recibió mucha publicidad por parte del régimen,
también es cierto que el gobierno de Castro, en la búsqueda
de mártires, irresponsablemente, envió a centenares
de brigadistas-alfabetizadores a zonas de combate, instándolos
a que sirvieran de delatores. Al régimen castrisca le convenía
los mártires, y trató de crearlos, enviando a imberbes
jóvenes alfabetizadores a zonas de combate. Los pocos crímenes
aislados cometidos por grupos guerrilleros, no se comparan, es
más, son pálidos, ante los centenares de crímenes,
torturas, y fusilamientos, perpetrados por los milicianos en la
Sierra y por oficiales de Seguridad del Estado en los diferentes
centros de interrogación de la Provincia.
La Ley 988, fue decretada
por el régimen castrista con el propósito de justificar
los crímenes cometidos contra los alzados y colaboradores
en Las Villas. Esta ley permitía la confiscación
de propiedades privadas de insurgentes, y los fusilamientos de
jefes guerrilleros y alzados que fueran encontrados culpables
de cometer crímenes con tra los poderes del Estado.
En reacción
a la creciente ola de sabotajes y emboscadas perpetradas por las
guerrillas, el régimen decidió llevar a cabo la
Segunda Limpia del Escambray.
Comenzaron a llegar nuevamente. Camiones y autobuses cargados
de tropas. Jeeps equipados con ametralladoras de grueso calibre.
Carros blindados para patrullas de carreteras. Más de setenta
mil milicianos de las otras cinco provincias llegaron a Las Villas
para participar en las operaciones militares. De acuerdo al propio
Carlos Franqui, en su libro Retrato de Familia, un general del
ejército soviético sirvió de consejero militar
en las operaciones que se llevaron a cabo contra las guerrillas.
Y comenzaron los combates.
Violentos encuentros en Veguitas, Matas de Café, El Potrero
de Guinia, Guanayara, El Dátil, La Botella, Yaraguza y
otros muchos lugares. En las cercanías de Zulueta, murió
el jefe guerrillero Domingo Melena. En otro cerco, falleció
Rafael García Catalá, otro lider de los alzados.
Pero los hombres del
Escambray eran hombres muy duros. Cuando Julio Emilio Carretero
fue herido de un balazo en el pecho, Tomasito San Gil lo ayudó
a escapar del cerco. Perseguidos por centenares de milicianos,
ambos hombres se escondieron en un espinoso aromal. Pasaron días
escondidos, y los gusanos infestaron la herida de Carretero. Arriesgándose
a ser emboscado, San Gil le pidió ayuda a un guajiro. El
campesino les proporcionó agua y comida, pero la única
medicina con que contaba era creolina, que se utilizaba en el
campo para curar caballos. San Gil, con la rama de una aroma,
le quitó los gusanos de la herida a Carretero, pinchándolos
con las espinas de la rama. Después, con sus manos, Tomasito
derramó la creolina, en la pestilente herida de Carretero.
La cura campesina fue muy efectiva y unas semanas después
ambos guerrilleros estaban activos nuevamente, emboscando patrullas
de la milicia y peleando duro por la libertad de Cuba.
Un jefe guerrillero
que murió en combate en esta etapa, fue Manolito Rodríguez,
un temerario combatiente de 25 años de edad, conocido por
El Habanero. Era hijo de una familia acomodada, El Habanero, dejó
un buen trabajo en la Compañía de la Electricidad
y a una esposa a punto de darle una hija, para alzarse en los
montes de Las Villas. En breve tiempo, llegó a ser capitán-
de una guerrilla, estableciendo la reputación de ser un
hombre sin miedo, dispuesto a todo. al encontrarse rodeado por
el ejército, se batió fieramente, cuando una bala
de grueso calibre le destrozó el hombro izquierdo, pero,
El Habanero cubrió la retirada de sus hombres, disparando
la Thompson con una mano, y la culata apretada contra sus axilas.
Cuando las balas se le acabaron, logró matar a un soldado
a culatazos, antes de ser rematado, por las tropas enemigas. Manolito
Rodriguez, El Habanero murió sin conocer a su hija recién
nacida.
En febrero de 1962,
la guerrilla de Juan Felipe Castro, conocido como Sancti Spirítus,
tendió una emboscada a tropas del gobierno, en la región
del Hanabanilla. En un violento combate, los hombres del Frente
Sur del Llano, dispararon a quemarropa sobre las fuerzas castristas,
causándole a la milicia dos docenas de bajas, entre muertos
y heridos.
La Segunda Limpia continuó.
Camiones de milicianos heridos. llegaban a los hospitales de Santa
Clara y Cienfuegos. El Condado, en el término municipal
de Trinidad, era el centro de detención de Seguridad del
Estado (G2) y se encontraba abarrotado de campesinos detenidos
por las tropas castristas. Casi todas las noches había
fusilamientos de guerrilleros capturados o colaboradores en las
líneas de suministros. Es imposible saber con exactitud,
cuántos patriotas cubanos fueron fusilados en El Condado
de 1960 a 1966, pero indiscutiblemente, fueron varios centenares.
Los cadáveres ametrallados, eran enterrados en fosas comunes,
rara vez eran entregados a sus familiares inmediatos.
Al igual que en la
limpia anterior, las tropas castristas continuaron la relocalización
de centenares de familias campesinas, todas aquellas que tuvieran
familiares guerrilleros, o que consideraban que pudieran estar
vinculadas a las líneas de colaboración. Pero a
pesar de las relocalizaciones, de los centenares de arrestos,
de que se sellaron las carreteras, y se peinaran los montes, los
fusilamientos de los alzados y de contar con la extraordinaria
ventaja de una superiodad númerica cien veces mayor a la
del número de alzados; la Segunda Limpia tampoco pudo erradicar
el movimiento guerrillero del Escambray. Docenas de grupos sobrevivieron
a la limpia.
Frustrados ante la
impotencia de no poder eliminar a las guerrillas con movimientos
masivos de tropas, el régimen castrista decidió
crear unidades especiales de contra-guerrillas, a las que denominó
Lucha Contra Bandidos (LCB).
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