A pesar de que los montes de Las Villas se estaban llenando de insurgentes,
en La Habana, Fidel Castro no se apresuraba en perseguirlos. Carlos
Franqui, en aquel entonces director del periódico Revolución
y uno de los hombres más íntimos del nuevo dictador,
escribió años después en sus memorias que Castro
se refería a la naciente guerrilla como un fenómeno
de la imitación. Franqui es de la opinión de que Castro
en 1960, no hubiera arremetido con fuerza contra
los alzados, esperando quizás a que los núcleos guerrilleros
fueran más grandes, para así atrapar a los alzados
en una gigantesca redada. En 1960, Castro también se encaraba
a otras serias preocupaciones que tenían sus prioridades,
como eran los movimientos clandestinos urbanos, que habían
crecido y estaban muy activos, además de las deserciones
diarias dentro de las filas de su propio régimen.
Al morir Plinio Prieto,
fue Evelio Duque Mijares el hombre designado por los americanos
para unificar al Escambray. Su contacto con los Estados Unidos
era Augusto, nombre de guerra que utilizaba Ramón Ruiz
Sánchez, un dirigente de Rescate Revolucionario, el grupo
dirigido por el Dr. Manuel Antonio de Varona. Augusto que era
cuñado de Varona residía en el Reparto Siboney,
en La Habana, donde tenía una planta de radio transmisora
para comunicarse directamente con la CIA en los Estados Unidos.
Rescate Revolucionario, el MRR y el DRE eran parte del Frente
Revolucionario Democrático, el grupo sombrilla bajo el
que se aglutinaban una docena de movimientos amparados por la
CIA.
El trabajo organizativo
de Duque logró vertebrar a 7 columnas guerrilleras, contando
de treinta a sesenta hombres cada una. La primera columna era
la Comandancia y el Estado Mayor del frente guerrillero, dirigidos
por Evelio Duque y Edel Montiel, con Joaquín Membibre en
el cargo de Inspector General. El jefe de la Columna Dos, era
Diosdado Mesa, con Vicente Méndez de lugarteniente. La
tercera unidad estaba a cargo de Zacarías López,
con Juan Felipe Castro de segundo jefe. La Columna Cuatro estaba
bajo el mando de Ismael Látigo Negro Heredia, con Víctor
Chiche Gámez de lugarteniente. La quinta, era dirigida
por Ismael Rojas y su asistente, el teniente Nazco. La sexta unidad
estaba capitaneada por Edgar Cajigas y Emiliano Cárdenas,
y la séptima por Carlos Duque y el Teniente Yeras. Además
de estas siete columnas habían varias guerrillas individuales,
como la de Nando Lima, que funcionaban bajo órdenes del
Estado Mayor, pero con cierta autonomía.
En una reunión
en el Manacal, entre Evelio Duque y Osvaldo Ramírez, se
creó la Columna Ocho, la que sería dirigida por
Osvaldo Ramírez. Esta columna tenía una autonomía
considerable, ya que controlaba a varias unidades de combate con
más de un centenar de operativos en total. A Osvaldo Ramírez
se le otorgó más libertad estratégica, que
a los jefes de las otras siete columnas. Aunque existía
fricción entre Duque y Osvaldo Ramírez, la única
manera de lograr unidad era permitiéndole a Ramírez
operar militarmente, con la mayor independencia posible. Aunque
la guerra apenas comenzaba a despuntar, ya Osvaldo Ramírez
era considerado el guerrillero más audaz del Escambray.
Mientras otros jefes
guerrilleros habían estado a la expectativa bajo órdenes
de no presentar combate, Osvaldo Ramírez había organizado
a sus escuadras guerrilleras en unidades de combate, atacando
y hostigando al enemigo en toda oportunidad. Sin esperar armamentos,
con recursos inexistentes, en breves semanas Ramírez se
convirtió en el guerrillero más conocido de los
montes de Las Villas. Duque no tenía grandes simpatías
por Osvaldo Ramírez, pero ambos hicieron la paz en nombre
de la unidad.
Osvaldo Ramírez
era un guajiro fibroso, tostado por el sol de la Sierra. Nació
el día 6 de julio de 1921 en Guayos, cerca de Sancti Spíritus,
provincia de Las Villas. Trabajó como chofer de camiones
para los centrales azucareros y más tarde fue chofer de
alquiler. En 1958 se alzó en el Escambray contra Batista.
Después del triunfo de la Revolución, Ramírez
fue ascendido a capitán de la Policía Nacional Revolucionaria,
asignado a un cargo de supervisión, en la provincia de
Matanzas. En el verano de 1960, se alzó nuevamente en el
Escambray después del combate en el Sitio de Juana.
Al poco tiempo de alzarse,
Ramírez fue capturado por una unidad militar. Cuando era
trasladado para someterlo a un interrogatorio, este arriesgado
jefe guerrillero se lanzó por un barranco, ante los sorprendidos
ojos de sus captores. El salto al vacío hacia un precipicio
alto, era una acción suicida, una búsqueda a una
muerte certera. Pero el guerrillero de Guayos tuvo suerte. La
tupida maleza y las ramas de los árboles frenaron su caída
vertiginosa. Magullado, con el cuerpo cubierto de heridas, Osvaldo
Ramírez huyó por la maleza, mientras una escuadra
de soldados, atónitos ante su valor suicida, lo contemplaban
huir desde lo alto del barranco. Esa audacia era el sello de Osvaldo
Ramírez. Desde el principio de la lucha guerrillera. Evelio
Duque era el dirigente organizador, pero Ramírez fue siempre
el guerrero del monte, nacido para el combate.
En octubre de 1960,
Evelio Duque obtuvo un cargamento de armas, llevadas por lanchas
a la costa su- de Cuba. El cargamento consistía de 30 ametralladoras
M3, 5 rifles automáticos Browning con bípodes, granadas,
municiones y equipos. Dividiendo el modesto suministro entre sus
hombres, Duque le asignó a cada unidad una zona de operaciones
en el Escambray.
En noviembre de 1960,
un mes después de los fusilamientos en La Campana, un suceso
tuvo lugar que recibió amplia publicidad en la prensa nacional
cubana. El comandante del FAR Piti Fajardo, jefe de operaciones
en la zona del Escambray, fue ultimado en una refriega en la carretera
de Topes de Collantes a Trinidad.
Fajardo fue enterrado con todos los honores que el régimen
podía otorgar. Fidel Castro despidió el duelo, jurando
venganza. Según artículos publicados años
después en Moncada, el órgano del FAR, el régimen
castrista le adjudicó la muerte de Fajardo a la unidad
guerrillera de Edel Montiel.
La realidad histórica
no fue así, sucedió que, a mediados de noviembre
varios jóvenes de Trinidad, prepararon un alzamiento. En
la búsqueda de armamentos, los nuevos guerrilleros atacaron
la casa del Comandante Alfredo Peña, de donde obtuvieron
varios rifles y armas cortas. Alertada la milicia, fueron perseguidos
por unidades militares. En la huída, los jóvenes
alzados rompieron un cerco en las inmediaciones de la carretera
Topes de Collantes-Trinidad. Cuando cruzaban la carretera, perseguidos
de cerca por tropas del régimen, se toparon con los jeeps
de Piti Fajardo y su escolta. Los guerrilleros abrieron fuego
hiriendo gravemente a Fajardo y continuaron en su huida. La unidad
militar que los seguía también disparó hacia
la carretera, desconociendo que Fajardo y su escolta estaban intercam
biando fuego con los alzados. Así pues, el Comandante Piti
Fajardo se vió atrapado en un cruce de fuego, entre alzados
y sus propias tropas. Una bala de fusil destrozó el cráneo
de Fajardo. Un segundo proyectil, calibre 7.62 (el calibre de
la pistola checa utilizada por Seguridad del Estado en aquel entonces)
se incrustó en la rodilla del comandante castrista. Así
murió Piti Fajardo, ametrallado en un cruce de fuego.
Para Castro, que hasta
el momento se había limitado a asignar tropas locales de
Las Villas para perseguir a las guerrillas, la muerte de uno de
sus más importantes comandantes, era una bofetada política.
Castro había jurado venganza en el duelo y ahora, definitivamente,
la primera prioridad nacional, tenía que ser la eliminación
física de los insurgentes del Escambray. Para reemplazar
a Fajardo, Fidel Castro designó al Comandante Derminio
Escalona, al cual se le asignó lo que los castristas han
llamado La Primera Limpia del Escambray y la que los guerrilleros
denominaron La Gran Ofensiva.
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