LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - El aumento de las operaciones
guerrilleras en el macizo central trajo como respuesta gubernamental
su saturación en hombres y medios de guerra. El gobierno
se propuso aislar la región del resto del país, cortar
la ayuda que recibían los insurgentes y aniquilarlos.
A finales de 1962 Castro movilizó hacia el
Escambray a más de 250 mil efectivos de todas las armas.
La cordillera de Trinidad quedó envuelta en un gran cerco
de acero y fuego permanente.
Al mismo tiempo, los pocos campesinos que aún conservaban
sus propiedades fueron expulsados de éstas por las tropas
de Castro. De ese modo la guerrilla quedó totalmente aislada
y sin recursos para continuar la lucha.
La situación se tornó insostenible para los grupos
irregulares. El desenlace sería cuestión de tiempo.
"En esa época -recuerda Pacheco Ruiz- no teníamos
municiones para defendernos. Los helicópteros peinaban
la zona y le daban nuestra posición a la artillería
e infantería enemigas. Los primeros comenzaban el bombardeo
y te obligaban a moverte en dirección a los anillos formados
por la milicia y el ejército, los cuales, al tenerte ubicado,
avanzaban a tu encuentro. En realidad sólo en casos extremos
intentábamos romper los cercos. Cuando lo hacíamos
era amparados por la noche, lanzando las pocas granadas que teníamos
y corriendo en dirección a los guardias. Lo peor para nosotros
ocurría cuando caíamos entre dos cercos. En estos
casos nuestras bajas se multiplicaban y la probabilidad de escapar
se hacía remota. Solamente se lograba si en las proximidades
se encontraba una cueva con varias salidas conocidas por nosotros,
siempre que uno de sus accesos quedara fuera de la zona de operaciones
de las tropas enemigas. Otra posibilidad de salvar la vida se
producía si podíamos enterrarnos y cubrir nuestros
cuerpos con maleza hasta que pasaran los militares. Conjurado
el peligro nos trasladábamos de zona. No es menos cierto
que en muchas ocasiones nuestras postas detectaron el movimiento
del ejército y salíamos del área antes que
cerraran el anillo con nosotros dentro".
Algunos de los temas difíciles para Luciano, por su carga
emocional, son los referidos a la captura y fusilamiento de su
hermano Israel, el último combate, la muerte de Congo Pacheco
y el aniquilamiento del grupo que capitaneaba un joven apodado
"El Tigre", llamado así por su habilidad para
atacar con efectividad y desaparecer rápidamente.
"Fuerzas combinadas de la milicia y el ejército cercaron
en Manicaragua al grupo que dirigía mi hermano (1963).
Cuando intentó romper el cerco perdió varios hombres
y él mismo resultó herido. Algunos sobrevivientes
de su tropa lograron evadirse y los evacuaron hacia La Habana.
En aquellos momentos desconocíamos que el responsable de
su traslado trabajaba para la policía política cubana
(DSE). Este personaje los mantuvo escondidos hasta que conoció
a los miembros de la red clandestina de luchadores anticastristas
que los ayudaba. Fuerzas del DSE los detuvo a todos en operaciones
simultáneas. Mi hermano no pudo defenderse. El agente enemigo
y los niños que se encontraban en el interior de la vivienda
que le sirvió de refugio se lo impidieron. Al año
siguiente -tenía 26 años- le celebraron el juicio
y fue fusilado en Villaclara. El gobierno no ha dicho aún
dónde se encuentran sus restos".
La captura de Congo Pacheco se produjo en la casa que tenía
en Río Negro. "Lo emboscaron -apunta Luciano- efectivos
de la milicia y unos vecinos suyos incondicionales al régimen,
de apellido Villalobos. Combatió hasta el último
cartucho. Cayó herido. Gracias a un oficial de honor no
lo ajusticiaron allí mismo como generalmente hacían
las tropas gubernamentales. Lo llevaron al hospital de Santa Clara,
donde lo operaron. Tenía guardias vigilándolo las
24 horas. Cuando despertó de la anestesia y se dio cuenta
de lo que ocurría, se abrió las heridas y provocó
una hemorragia abdominal que le causó la muerte. Nada pudieron
hacer los médicos para impedirlo".
"El Tigre" y su grupo cayeron en un cerco de la milicia
en Manicaragua. "Si mal no recuerdo -asegura Luciano- el
combate duró alrededor de una hora, algo que violaba las
más elementales reglas de supervivencia de la guerrilla.
Rompían un cerco y caían en otro. Muy pocos lograron
escapar. A "El Tigre" lo apresaron con un brazo fracturado.
Varios milicianos quisieron ejecutarlo allí mismo. Alguien
lo impidió. Le hicieron juicio sumarísimo y lo condenaron
a muerte. Por ser menor de edad le conmutaron la condena a 30
años de prisión".
Pocos partisanos pudieron escapar con vida del Escambray. Al
principio la evacuación era una vía bastante segura.
Más tarde el DSE penetró sus mecanismos y todo se
hizo más difícil. "No obstante -concluye Pacheco-,
varios combatientes pudieron utilizarla satisfactoriamente. Yo
recuero el caso del comandante Joaquín Mendive, ex oficial
de Castro. Se alzó en 1959. Sostuvo decenas de combates,
rompió cercos y por último salió de las montañas
por decisión del estado mayor guerrillero en diciembre
de 1962. Pasó a la clandestinidad varias semanas, apoyado
por grupos de lucha urbana pertenecientes a movimientos antifidelistas.
Abandonó Cuba ilegalmente y se trasladó hacia un
país centroamericano".
Mendive fue uno de los pocos jefes guerrilleros importantes que
hicieron historia en el macizo montañoso de Trinidad y
que tuvo el privilegio de sobrevivir la experiencia.
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