Serie periodística acerca de la lucha guerrillera contra
el régimen de Fidel Castro desarrollada en el macizo montañoso
del Escambray, provincia de las Villas. 1960-1965
LA HABANA, mayo (www.cubanet.org) - Luciano Pacheco Ruíz
nació en el poblado de Charco Azul, municipio de Manicaragua,
en la antigua provincia de Las Villas, el 7 de enero de 1937.
De origen campesino, él y sus hermanos comenzaron a conspirar
contra Fidel Castro en 1960, cuando el gobierno confiscó
las propiedades que poseían los dueños de tierra
en la comarca. El padre de Luciano fue uno de los afectados.
"El gobierno cubano -nos dice- intervino las fincas y otros
bienes de nuestras familias, amparándose en leyes arbitrarias
dictadas por el propio gobierno. Al mismo tiempo se nos exigía
que abandonáramos las viviendas que habitábamos,
sin tener en cuenta que no teníamos a donde ir. A mi papá
lo despojaron de dos fincas: "Pico muerto", en Charco
Azul, de 110 hectáreas, y "Los conucos", en Mayarí
(Las Villas) de 27 hectáreas. Mis cinco hermanos y yo nos
rebelamos contra semejante infamia. Tuvimos que irnos para el
monte porque el ejército nos perseguía con el objetivo
de detenernos como ya lo hacía con el resto de los lugareños
varones opuestos al régimen. Miles de hombres nos organizamos
para defender nuestro derecho a la propiedad".
De este modo se establecieron las coordinaciones necesarias con
grupos opositores urbanos de otras provincias y municipios que
poseían recursos, experiencia en la lucha y relaciones
importantes. Comenzaron a llegar armas, municiones, víveres,
vestuario y medicinas a la futura zona de operaciones: El Escambrary.
Estos hechos ocurrieron a principios de 1960. Pacheco Ruiz precisa
que:
"Una vez que se recibían las armas y otros pertrechos
en los lugares previstos, se organizaban pequeños grupos
que integrarían la guerrilla. A los pocos días eran
recogidos por prácticos de la zona encargados de llevarlos
a los campamentos insurgentes. Mis hermanos decidieron quedarse
en la guerrilla. Yo tomé otra decisión. Comencé
apoyando a los grupos de Joaquín Mendive y el Congo Pacheco,
quienes operaban en la zona de Charco Azul, Guanaya, Río
Negro y Cuatro Vientos, en la cordillera de Trinidad. Mendive
era el comandante de la región. Pacheco, su segundo. Ellos
tenían bajo su mando alrededor de 300 combatientes distribuidos
en grupos de diez o doce personas. Cada grupo tenía un
jefe que coordinaba las misiones militares con Mendive.
"Al principio me encargaron transportar armas y municiones,
mover a los grupos en las lomas, servir de enlace entre los diferentes
grupos y la jefatura. También bajaba a los pueblos donde
no era conocido para obtener información del enemigo. En
dos ocasiones poco faltó para que la policía política
y la milicia me apresaran, como resultado de la delación
de personas que conocían mi identidad. En enero de 1961
me incorporé a un núcleo insurgente comandado por
el Congo Pacheco.
¿Quiénes eran Joaquín Mendive y el Congo
Pacheco? La propaganda oficial los atacaba constantemente y los
calificaba como "jefes de bandidos", "asesinos
de campesinos", "violadores de mujeres y niñas".
Nadie mejor para hablarnos de ambos que el propio Luciano, que
los conoció y convivió con ellos durante años.
"El primero -precisa Luciano- ocupó la jefatura del
cuartel de Camajuaní. Pasaron unos meses y decepcionado
por el rumbo que tomaba la revolución verde olivo rompió
con el régimen totalitario. Reunió las armas que
pudo y retornó a las montañas junto a los ocho soldados
rebeldes de la guarnición, a mediados de 1959. Ese fue
uno de los primeros núcleos insurgentes anticastristas
que iniciaron la guerra irregular contra el régimen y el
primero con experiencia militar en la zona del Escambray.
"En cuanto al Congo Pacheco, era campesino, dueño
de una finca de 110 hectáreas, herencia de los padres y
ubicada en las estribaciones de aquel sistema montañoso.
En 1960 le confiscaron la propiedad y otros bienes que poseía.
Pacheco se sintió traicionado por el máximo líder.
Fue entonces que comenzó a conspirar contra Castro. Acumuló
armas y convenció a un grupo de colaboradores para que
lo siguieran en la lucha. Fue descubierto por la Seguridad del
Estado, pero avisado a tiempo logró escapar al Escambray,
donde se puso bajo el mando de Mendive. Ambos formarían
un dúo experimentado en la guerra irregular, con absoluto
dominio de la zona de operaciones. Eran personas de honor, conducta
irreprochable y honradez a toda prueba. Queridos por los campesinos
de la región y sus familiares. Hombres de gran inteligencia
y extraordinario valor. Nunca actuaron con violencia ni cometieron
crímenes contra la población. Tampoco permitieron
que los cometieran sus subordinados.
"El apoyo logístico de la guerrilla surgió
espontáneamente entre los mismos campesinos. Esa fue la
razón por la que el gobierno castrista los expulsó
de sus tierras a otras provincias. De este modo, los convirtieron
forzosamente en residentes de los futuros pueblos cautivos 'Ramón
López Peña', 'Antonio Briones Montoto' y 'Sandino',
en la provincia de Pinar del Río, y 'Miraflores' en Camagüey.
Otros tuvieron peor suerte: cumplieron largas condenas en prisión
o fueron ejecutados sumariamente por los tribunales militares".
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