Villa Abu Marista
Normando Hernández González

5 de noviembre de 2006

Prisión Kilo 5 ½, Pinar del Río – www.PayoLibre.com – Ver a un hombre encolerizado impresiona. Más si es un hombre que está preso y además taciturno, amable, sencillo. El instinto humano te lleva a solidarizarte con él y a brindarle ayuda. Es lo que hice cuando vi al joven de esta historia con el rostro transformado y echando flores por la boca.

Al verlo tan airado pensé que algo muy grave le había ocurrido. Pero no. Simplemente acababa de ver por la televisión las fotografías que muestran como fueron torturados los presos en Irak.

“¿Tu sabes por que estoy así?”, me dijo. “Estoy así porque muero de impotencia. Muero de rabia al ver la hipocresía del gobierno cubano mostrando las fotografías de los torturados en Abu Ghraib, como si aquí no pasara lo mismo. Estoy así porque fui torturado de la misma forma en que torturaron a los presos en Irak”.

Así con voz en cuello y lágrimas en los ojos comenzó a contar su historia el licenciado en cultura física y recreación Amauri Fernández Tamayo, campeón de los Juegos Centro Americanos y del Caribe en salto con pértiga, celebrados en El Salvador en 1996 y Campeón Nacional, en la misma disciplina deportiva, desde 1999 hasta el 2002.

Cuenta que frustrado y desesperanzado por haber sido expulsado del equipo nacional de atletismo, siendo aún campeón Nacional (2002), y de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) por ser considerado no confiable, y ante la agudización de sus problemas, sólo encontraba una solución: saltar. “Sí, lo que me interesaba y me interesa es saltar”, dice Amauri en su argot deportivo, “saltar para donde quiera, lo importante es dar un buen salto, no con pértiga sino largo, de 90 millas como mínimo y con la respiración más tranquila y el lomo más pausado”.

Continúa contando en voz baja.

“El 16 de diciembre del 2003 fui apresado en la provincia de Pinar del Río, por haber saltado hasta el Km. 21 de la carretera de Mantua, buscando a una persona que me dijeron podía sacarme del país.

“El 19 me trasladaron para la jefatura del Departamento de la Seguridad del Estado, conocido como Villa Marista, en ciudad de La Habana. Allí comenzaron a instruirme por un supuesto delito de tráfico de persona. No tenían pruebas en contra de mi persona y empezaron a inventar cosas y a amenazarme. El instructor, conocido por Yaser, me decía constantemente: ‘por mis cojones te voy a meter preso’.

“Al ver tanta prepotencia e injusticia decido plantarme. Me quito la ropa y al quedarme en calzoncillos me acuesto en el piso del calabozo y es cuando me torturan.

“Hicieron conmigo lo mismo que les hicieron a los presos en Abu Ghraib. Me esposaron las manos a la espalda y me maniataron los pies junto a ellas. Luego me cargaron por las esposas y me trasladaron para el hueco. Allí acostado de lado en el piso, entumecido, en calzoncillo, con las manos y los pies maniatados a la espalda, igual a las imágenes que muestran como fueron torturados los presos iraquíes, permanecí más de una hora.”

Amauri con sus 29 años, no articula palabras, el recuerdo lo indigna. Con leve movimiento se amasa las manos y los pies, cierra los ojos y salen lágrimas de ellos. Hace un esfuerzo. Se enjuga las lágrimas y con voz entrecortada dice:

“La tortura más grande no es la que he contado, ni la tortura más grande es haber sido sancionado a 10 años de privación de libertad por un supuesto delito de tráfico de persona, la más grande de las torturas es estar preso por los cojones de Yaser.”