EL MONTE

El negro cubano, la creencia en la espiritualidad del monte.

 

En los montes y malezas de Cuba habitan, como en las selvas de Africa,
las mismas divinidades ancestrales, los espìritus poderosos que todavìa
hoy, igual que en los dìas de la trata, màs teme y venera, y de cuya
hostillidad o benevolencia siguen dependiendo sus èxitos o sus fracasos.

El negro que se adentra en la manigua, que penetra de lleno en un
"corazòn de monte", no duda del contacto directo que establece con
fuerzas sobrenaturales que allì, en sus propios dominios, le rodean:
cualquier espacio de monte, por la presencia invisible o a veces visible
de dioses y espìritus, se considera sagrado. "El Monte es sagrado" porque
en èl residen, "viven", las divinidades. "Los Santos estàn màs en el
Monte que en el cielo", dicen.

Engendrador de la vida, "somos hijos del Monte y nuestra religiòn
tambièn nace del Monte", dice el viejo yerbero Sandoval, descendiente
de eggwddòs, "Todo se encuentra en el Monte" -los fundamentos del
cosmos "y hay que pedìrselo al Monte, que nos lo dà todo".
En estas explicaciones y otras semejantes, -"la vida saliò del Monte",
"somos hijos del Monte", etc.- para ellos, Monte equivale a Tierra en
el concepto de Madre universal, fuente de vida. "Tierra y Monte es lo mismo".

"Allì estàn los Orishas Elegguà, Oggùn, Ochosi, Oko, Ayè, Changò, Allàgguna.
Y los Eggun -los muertos, Elèko, Ikùs, Ibbayès"… Està lleno
de difuntos! Los muertos van a la manigua".

"En el Monte se encuentran todos los Eshu", entes diabòlicos; los Iwi,
"los addalum y ayès o aradyès; la Cosa-Mala, Iyondò", espìritus oscuros, melèficos,
"que tienen malas intenciones"; "toda la gente extraña del otro mundo",
"como Keneno, Kiama o Kolofo, Aròni, que Dios nos libre!"
El clarividente, solitario en la manigua enmarañada, apercibe las formas
estrambòticas e impresionantes que para el ojo humano asumen a veces
estos demonios silvestres que el negro siente alentar en la vegetaciòn.

Dominio natural de los espìritus, muchos de los cuales han visto "con sus propios ojos
y màs despiertos". Toda cosa aparentemente natural, excede
de los lìmites engañosos de la naturaleza; todo es sobrenatural. La mayorìa
de los espìritus, algunos temibles, que se alojan en ciertos àrboles y
matojos, las grandes divinidades que habitan y señorean el monte, en
ceibas y jagüeyes, son como todos los espìritus y divinidades, ya malèvolas
o benèvolas, en extremo susceptibles. Es indispensable conocer sus mismos espìritus
("el Monte tiene su ley") y por los abuelos africanos que
enseñaron e iniciaron a los viejos criollos.

El monte encierra esencialmente todo lo que el negro necesita para su
magia, para la conservaciòn de su salud y de su bienestar; todo lo que le
hace falta para defenderse de cualquier fuerza adversa, suministràndole
los elementos de protecciòn -o de ataque- màs eficaces. No obstante, para
que consienta en que se tome la planta o el palo o la piedra indispensable
a su objeto, es preciso que solicite respetuosamente su permiso, y sobre
todo que le pague religiosamente con aguardiente, tabaco, dinero, y en ciertas ocasiones,
con la efusiòn de la sangre de un pollo o de un gallo,
el "derecho", el tributo que todos le deben. "Un palo no hace el Monte",
y dentro del monte cada àrbol, cada mata, cada yerba, tiene su dueño,
y con un sentido de propiedad perfectamente definido.

Por las facultades curativas, por el poder màgico que atribuye a àrboles y
a plantas, el negro no puede prescindir, casi a diario, de utilizarlas y de invocar
la protecciòn de los espìritus o fuerzas que en ellas se fijan. De ewe
o de vititi nfinda se valdrà en todos los momentos de su vida. La magia es
la gran preocupaciòn de nuestros negros: y la obtenciòn, el dominio de
fuerzas ocultas y poderosas que le obedezcan ciegamente, no ha dejando de ser su
gran anhelo. Brujos son nuestros negros, muchas veces, en el sentido individual que
reprueba, teme y condena la magia ortodoxa, cuyas pràcticas
y ritos se encaminan a obtener el bien de la comunidad.

Brujo en el el provecho personal y en detrimento del pròjimo, si la ocasiòn
se presenta: brujo forzosamente, en defensa propia...

Ay! Cuba es tan brujera! Y ante cualquier accidente natural, al primer contratiempo que
surgen en sus vidas, aparentemente inexplicable o..facilmente explicable, sigue reaccionando
con la misma mentalidad primitiva de sus antepasados en un medio, como el de Cuba,
impregnado de magia hasta lo inimaginable; a pesar de las escuelas , de la universidad,
o de un catolicismo que acomoda perfectamente a sus creencias y que no
ha alterado en el fondo las ideas religiosas de la mayorìa. En las yerbas impregnadas de
arcanas y esenciales virtudes, actùan influencias de las divinidades, o las mismas
divinidades en persona, "que gobiernan el mundo" y el destino de cada hombre.
 

Karla
Responsable de Redacción