| La
historia de Cuba lamentablemente no podrá ser escrita sin hacer referencia
al mandato de Fidel Castro. Ha sido el personaje mas destacado de nuestra historia
en los últimos 60 años. Su figura trascendió las fronteras
de la isla y su gestión política situó al mundo al borde
de un holocausto nuclear.
Se
ignora cuantos restos de cubanos yacen en las praderas africanas y cuántos
más están esparcidos en los bosques y montañas de América
Latina. Tal vez
Castro deje a sus deudos riquezas y bienes. No lo sé, pero tengo la creencia
de que si no los legó, ellos fueron capaces de apropiárselos.
La naturaleza mesiánica
de Fidel Castro le impedía pensar en el final y es posible que se creyese
el cuento del curandero adulador, que afirmaba que iba a durar por lo menos 120
años. Pero
sin dudas la herencia de Fidel Castro tiene mas de prontuario policial que de
acta de dejación de bienes. Castro
irrumpió en la política cubana a través del pandillerismo
universitario. No tuvo éxito en su propósito de convertirse en líder
de la FEU, pero sí tuvo la capacidad de asociarse con los dos grupos más
violentos que operaban en la década del 40 en la Universidad de La Habana.
Su capacidad para
sobrevivir se desarrolló entre aquellas familias mafiosas. Allí
aprendió a mezclar la violencia con la adulación. Su agudo sentido
de la oportunidad le sirvió de mucho. Audaz, inteligente y manipulador,
fue capaz de rodearse de un grupo de incondicionales que le han sido fieles por
décadas. El
cuartelazo militar fue el caldo de cultivo perfecto para el mejor desarrollo de
sus talentos. La crisis que generó en la sociedad cubana el
golpe del 10 de marzo, le vino como anillo al dedo. El pandillero se transformó
en revolucionario, una especie de deidad de la sociedad cubana de la época
que sintetizaba todas las virtudes del Príncipe Azul de las novelas románticas
del siglo XIX. La
dictadura militar generó mucho descontento. Se gestaron numerosas conspiraciones
pero sin duda la más notable fue la que ocasionó el fracasado ataque
al Cuartel Moncada que causó decenas de muertos y numerosos heridos. No
obstante, Fidel Castro y su hermano, salieron ilesos. Perseverante, voluntarioso,
confiado en su destino y con mucha suerte, sólo estuvo en prisión
unos pocos meses. El
culto a la violencia indiscriminada de muchos de sus contemporáneos que
afirmaban que todos los problemas se resolvían con insurrecciones, le convirtieron
en una especie de adalid. En el exilio, su liderazgo fue notable. Su capacidad
de convocatoria y tenacidad le permitieron organizar una expedición militar,
que no por fracasada, le negó la victoria. Mas
tarde, su competitividad y un enemigo sin convicciones y lastrado por la corrupción,
le permitieron convertir unas escaramuzas rurales en una epopeya digna de Homero.
La clase dirigente cubana y la prensa nacional, salvo honrosas excepciones, hicieron
dejación de su soberanía. El populacho fue consumido por un nuevo
César que desde el principio les dio circo y poco a poco les quitó
el pan. El sentir
revolucionario se transformó en una especie de religión particularmente
cruel. Hijos se enfrentaban a los padres. Las familias se dividieron. Los amigos
desaparecieron. La desconfianza y la duda se propagaron por toda la sociedad.
En cada cuadra había una jauría de perros rabiosos listos a morder
por cualquier hueso. Delatar era un deber, el callar, traición a un estado
celoso de sus prerrogativas. El
Totalitarismo se dio nuevas leyes. Las parodias de procesos legales permitían
asesinatos públicos .Se fusilaba en parques, cementerios y detrás
de las escuelas. Se militarizó la sociedad. Se implantó el terror.
Se impuso un paradigma que promovía el odio y el tableteo de las ametralladoras
para resolver las diferencias. Las bases culturales y morales de la nación,
como parte de un Plan Nacional que pretendía recrear la conciencia ciudadana,
fueron quebradas para introducir nuevos valores y dogmas El
régimen hizo pública su intención de crear un Hombre Nuevo,
para ello transformó la educación, no sólo vedándole
a los padres el derecho de participar en la formación de sus hijos, también
alejó a los niños de la familia, del hogar, con todas las influencias
que de éste se derivan. La escuela también fue cuartel y centro
de adoctrinamiento, las generaciones emergentes crecieron en un ambiente de triunfalismo
en el que la frontera la definía la frase con la Revolución
todo, contra la Revolución nada. Decenas
de miles de personas fueron a prisión. Miles más partieron al exilio.
La censura se impuso en todo el país. La libertad intelectual desapareció.
Se estableció un estricto control de los medios informativos. Las religiones
fueron enclaustradas en sus templos y sus practicantes reprimidos. Una especie
de nueva devoción impuso sus propias tradiciones, cultos, lutos y fiestas
Paradójicamente el chauvinismo
que impulsó el oficialismo de que Cuba y lo cubano era mejor y superior,
fue transformándose en un profundo sentimiento de frustración, según
el individuo fue viviendo los fracasos y padeciendo las contradicciones del régimen.
El hombre de la calle se quedó de pronto sin los sostenes teóricos
que por décadas le habían sido insuflados. Se percató de
que había crecido y se había formado en un ambiente en el que las
consignas sustituían los pensamientos y la mentira se convertía
en verdad y en poco tiempo volvía a ser mentira, que el fraude procedía
desde las más altas esferas y que la igualdad sólo era otra promesa
dentro de la gran estafa. El
miedo y la conveniencia sustituyeron al concepto del derecho personal. Un amplio
sector del país se conduce con feroz individualismo, practica el cinismo
más ramplón y conforma una masa coloidal que se adapta a la situación
que menos esfuerzo demande. En
la isla se ha establecido una nomenclatura que ha disfrutado sin interrupción
del poder absoluto y de las prerrogativas que de él se derivan. Se instituyó
una aristocracia artística, deportiva e intelectual, en la que cualidades
notables estaban siempre supeditadas al compromiso político. Las Fuerzas
Armadas rindieron tributo a un ejército y nación extranjera. El
movimiento obrero se transformó en otra empresa del estado.
La estafa, la venta fraudulenta,
la vulgarización del lenguaje y las costumbres, la masificación
del ciudadano hicieron desaparecer al individuo y por consiguiente la privacidad.
El pudor se escabulló en la promiscuidad y la prostitución, presentes
en toda sociedad pero siempre cuestionadas, se reconciliaron con la comunidad
para ser aceptadas como prácticas comunes, porque lo importante era sobrevivir
sin interesar lo que hubiera que dar ó hacer a cambio, La
corrupción, un mal también presente en la Cuba republicana, el abuso
de poder y el cisma provocado por la sectarización moral e ideológica
de la nación, han alcanzado niveles nunca imaginados. Décadas de
castrismo han esparcido una dolorosa sombra en el presente, y prometen un angustioso
alumbramiento de futuro. El
castrismo es el principal responsable de la corrosión moral que amenaza
extenderse a toda la nación. Acabó con la fortuna de los ricos para
distribuir mejor la miseria. En la isla, el extranjero se transformó en
primer ciudadano. En los inicios, el privilegio se sustentaba en la política,
hoy en dólares o en ambos atributos. Los
promovidos progresos cubanos, deporte, educación y salud no se apoyaban
en la capacidad del sistema para generar crecimiento económico de manera
sostenible sino en los cuantiosos subsidios que recibía el país.
Se acabaron las contribuciones y el milagro social se desplomó. En la actualidad
la economía es parásita, mendiga, dependiente de la generosidad
de otros países como Venezuela y China. Se habla de reformas económicas,
pero no se puede obviar que el régimen ha reprimido por décadas
el desarrollo de una economía en la que el ciudadano sea el protagonista.
Fidel Castro deja
una herencia lamentable. Los números son rojos, no sólo porque las
cuentas están en negativo, sino porque rojos son los sufrimientos de millones
de personas y rojos por la sangre derramada. Pedro
Corzo Abril 2008
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