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El porqué de la longevidad del régimen comunista
cubano es un enigma. Mayor resulta, para aquellos que hemos visitado
la isla y nos hemos dado cuenta de primera mano de la miseria,
el caos y la destrucción que impera en la que un día
fue el paraíso del Caribe.
"En Cuba se paró el tiempo". Muchas veces se
oye esa frase, pero su significado es difícil de comprender.
Cuando se dice que paró el tiempo se habla solo de los
automóviles que circulan o de los edificios que son los
mismos. Pero en Cuba no se paró el tiempo, ojalá
se hubiese parado. Hay que estar allí para darse cuenta
que el tiempo pasó como un huracán por toda
Cuba. Aunque los carros y los edificios no cambien, el tiempo
y la falta de cariño los han dejado en escombros. Pero,
el tiempo pasó también por las mentes de la gente
y esto es lo mas grave. Más de 35 años de un régimen
de mediocridad, han dejado su huella profunda. Hoy la gente es
mediocre, porque sus líderes son su ejemplo. Hoy los edificios
se caen al suelo, porque no tienen dueño, porque nada importa.
Cuba es el reino de la desesperanza porque el mediocre reina y
a quien sobresale le cortan las alas inmediatamente.
Llegar a Cuba impacta, porque, aunque no la cuiden, sigue siendo
bella por fuera. Pero hay solo que asomarse un poco en su interior,
para darse cuenta que las cosas no caminan nada bien. ¿Cuándo
fue la última vez que usted visitó un país
donde el único tema de conversación era la desgracia
de su situación? Si se habla con la gente, y si la gente
le habla a usted, solo escuchará de necesidades, de la
mala situación, del sistema. No existe otro tema y esto
resulta triste.
¿Cuándo fue la última vez que visitó
un país en el cual deben construir muros y barricadas y
patrulleras y leyes para que sus ciudadanos no se escapen?
Mientras los países libres deben luchar para que inmigrantes
ilegales no penetren sus fronteras, en Cuba deben luchar para
que la gente no se vaya. No basta que mas de un millón
de cubanos no puedan vivir en su propia tierra, gran parte de
quienes están allí quisieran irse.
En Cuba no hay libertad, no se puede opinar contra el gobierno,
no se puede formar partidos políticos, no se puede viajar
libremente, no existen las elecciones libres, ni la libertad de
prensa, no se pueden formar asociaciones laborales, no se puede..,
no se puede..Nada se puede. En Cuba no hay fraternidad, se incentiva
a los ciudadanos a delatar a sus vecinos por las pequeñeces
más insignificantes y se fomenta el odio hacia los disidentes
y hacia cualquiera que tenga un punto de vista "antirrevolucionario".
Por último, en Cuba no hay igualdad. Los cubanos son gente
inferior en su propia patria. Los turistas y extranjeros pueden
circular libremente y tener acceso a bienes y servicios que los
cubanos no pueden ni oler. Inclusive, entre los mismos cubanos,
existen clases marcadamente diferentes. Los "macetas"
en el turismo y aquellos que trabajan para el gobierno viven mejor
que el resto.
Resulta ofensivo verles por las calles con sus relojes Rolex y
sus teléfonos celulares, no porque estas comodidades sean
malas, sino porque están disfrutando de todas las creaciones
del capitalismo que le niegan al pueblo y en contra de las cuales
tanto han predicado durante tantos años. Contrario a esto,
el resto del pueblo recibe salarios de hambre. No importando la
actividad que desempeñen, un trabajador cubano gana alrededor
de $12 por mes, una miseria en cualquier país del mundo.
Al pueblo cubano, el sudor se lo pagan con hambre y con necesidades.
¿Qué justificación existe para mantener a
un pueblo en este estado de falta de libertad? Si se viera progreso
y prosperidad, talvez se podría argumentar que el sacrificio
de la pérdida de libertad tiene sus frutos. Pero no es
el caso, en Cuba se pasa hambre. Un país que por su posición
geográfica debería estar dentro del primer mundo,
es una nación de necesidades y atrasos. No hay justificación
para esta situación. Así como no hay justificación
para mantener o cooperar para que se perpetúe este régimen
tan injusto y nefasto.
Y en esto, al que le caiga el guante que se lo plante.
Para entender la situación de Cuba, hay que analizar de
cerca el punto de partida. En 1959, Cuba era una nación
cercana al desarrollo en muchos aspectos. Ocupaba los primeros
lugares de América Latina en todos los índices económicos
y, aunque esto no se comenta a menudo, también en los índices
sociales. Cuba estaba solo por abajo de Uruguay, Argentina y Costa
Rica en el bienestar social de su pueblo y muy por encima de ellas
en sus índices económicos. El verdadero problema
cubano no era social, como lo han tratado de hacer ver, el problema
era el gobierno de turno. La dictadura de Batista era progresista,
pero cruel y corrupta. Removerlo del poder era importante para
Cuba, pero hacerlo por medio de una revolución comunista
era innecesario y ha resultado un total fracaso. Cuba hubiese
sido una nación poderosa, si tan solo se hubiera tomado
un camino racional y moderado. Existía la posibilidad de
tomar algunas medidas sociales correctivas y de sanear la corrupción
pública, pero todo dentro de un marco democrático
y pacífico. El potencial de Cuba era ilimitado, su gente
trabajadora y progresista, su posición geográfica
inmejorable, su belleza natural, su avanzada infraestructura.
Todo estaba servido para un glorioso futuro. Solo tienen que analizarse
las tendencias de negocios de los últimos 35 años
para realizar el potencial que tenía Cuba.
Su belleza natural a solo 90 millas de Estados Unidos la hubiese
convertido en el centro turístico más importante
de América y quizás uno de los más importantes
del mundo. La fertilidad de sus suelos y su cercanía al
mercado americano la hubiesen convertido en la capital de la fruta
fresca de América, los contenedores de fruta hubiesen llegado
a sus destinos sin necesidad de refrigeración. Empresas
tan importantes como la Bacardí y muchas otras, de capital
cubano, hubiesen tenido su base en la isla generando millones
de dólares en exportaciones. No menos importante hubiera
sido la actividad financiera. Cuba hubiese podido ser la capital
de la banca latinoamericana, suplantando a lo que ahora existe
en Panamá, Bahamas y Gran Caimán. Por último,
La Habana hubiese sido la puerta de entrada de Latinoamérica
a Estados Unidos, cumpliendo la función que le tocó
desempeñar a Miami, una ciudad que en 1960 no era más
que un pueblito comparado con La Habana. Se podría seguir
imaginando lo que pudo ser, pero veamos un poco lo que! es.
Hoy Cuba, a pesar de haber contado con millonarios subsidios rusos,
no es ni la sombra de lo que era en 1959. Esa es la primera prueba
de que el régimen no funciona. Sin contar lo que pudo haber
sido la Cuba de hoy, el país está peor que en el
inicio del régimen. Culpan al embargo norteamericano, pero
se olvidan de dos factores, uno es el subsidio y la impagable
deuda rusa. El segundo es la razón detrás del embargo.
Primero, el régimen cubano se benefició durante
muchos años de los regalos que le hacia la URSS para mantener
a un satélite estratégicamente importante para sus
pretensiones comunistas en América Latina.
El segundo factor es la justificación absoluta que tiene
el gobierno americano para embargar a Cuba. Si a usted un amigo
le robara todo lo que posee, ¿volvería usted a hacer
negocios con él? En los años 60 el gobierno cubano
nacionalizó, mejor dicho robó, billones de dólares
en activos propiedad de ciudadanos estadounidenses sin ninguna
justificación. ¿No cree usted que Estados Unidos
tiene derecho a proteger las inversiones de sus ciudadanos? Si
algo parecido le sucediera a usted, ¿no esperaría
que su gobierno le apoyara?
Bueno, ¿Adónde están los millones de dólares
que la URSS le regaló a Cuba en subsidios y en préstamos
que nunca se pagarán? Ese es otro de los errores del régimen
cubano. Gran parte de ese dinero se gastó en financiar
el ejército más grande y poderoso de América
Latina. Un ejército que ha cumplido misiones tan absurdas
como pelear en Angola y Etiopía. El resto se dedicó
a armar y a entrenar a las guerrillas comunistas de Latinoamérica,
las mismas que han sembrado terror, muerte y desolación
en todos nuestros países.
Pero, dejando de lado lo antes discutido, lo peor de Cuba no es
su situación material por mala que se encuentre. Lo peor
de Cuba es su situación mental. Los cubanos son un pueblo
domesticado, un pueblo sin esperanza y sin sentido de lucha. Los
cubanos perdieron su libertad hace muchos años y nunca
han tratado de recuperarla. El culpable de esta atrofia mental
es un régimen que apalea, que estereotipa y que miente.
Un régimen de adoctrinamientos y prohibiciones que, lejos
de buscar el bien colectivo, busca perpetuarse en el poder. Un
régimen que hizo olvidar, con su propaganda, la diferencia
entre el bien y el mal.
Una pregunta obligada salta a la mente luego de ver tanta injusticia
¿porqué nadie hace nada para luchar contra estas
atrocidades? Luchar desde adentro es difícil pero, si uno
está dispuesto a tirarse al mar en una balsa, ¿porqué
no arriesgarlo todo luchando por cambiar su país? Probablemente,
porque sienten que la muerte sería más segura y
lenta. Al menos en una balsa hay alguna probabilidad de sobrevivir.
Esa es la desesperanza que han parido los cubanos en sus mentes.
Lo más difícil de comprender es la posición
que toma la comunidad internacional frente a Cuba y a sus líderes.
Los cortejan, los invitan, negocian con el hambre y la libertad
ajena. Se sabe que Cuba presenta muchas oportunidades de negocios,
pero dejar de lado los principios para ir en busca de dinero no
es una posición respetable. Luego de ver lo que es Cuba,
se entiende que cualquier persona que negocie con un régimen
como el cubano va en contra de los más altos principios
del ser humano. En contra de la libertad, de la igualdad y de
la fraternidad. En contra de la razón y de la justicia.
¿Será que a nadie le conviene una Cuba productiva
y competitiva? ¿Será que la misma existencia de
Fidel Castro le representa al resto de los países una segura
entrada de dólares? En todo caso, la misma comunidad internacional
que hoy persigue a Pinochet, debería ser igual de acuciosa
en su condena al injusto régimen cubano.
Fidel Castro dijo hace muchos años, en su propia defensa,
que sería la historia quien le juzgaría. Hoy llegó
el momento de que la historia le juzgue y el resultado no es positivo.
La historia tendrá que juzgarlo como el último de
los tiranos militares de la América Latina del siglo XX,
como el exportador de tristeza que ha sido. La historia tendrá
que pedirle cuentas por el hambre y la falta de libertad de millones
de cubanos. La historia deberá cobrarle la muerte que sembró
y pasarle la factura de miles de exiliados que perdieron su patria
a manos de la injusticia. La historia será implacable con
el hombre que le negó a Cuba su gloria, que la sumió
en el atraso y en la derrota de su propia alma.
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