| Conocer
la historia del país en que uno vive es condición necesaria para
vivir de forma positiva conociendo la cultura nacional, las tendencias y los errores
cometidos por las generaciones que nos han precedido. Estos conocimientos son
indispensables para el desarrollo de una identidad y un orgullo nacional sano,
que se no degenere en un nacionalismo hipertrofiado que tanto daño ha hecho
a otras naciones del mundo.
La
historia de Cuba es desconocida por parte de los cubanos más jóvenes.
Esta ignorancia histórica es una de las causas del desarraigo cultural
que padece esa parte mayoritaria de los cubanos que han nacido después
de enero de 1959. La juventud cubana conoce al dedillo todas las leyes migratorias
de los países a los que desean partir. Saben muchas veces más sobre
los países hacia donde escaparan que de este alargado, verde y estrecho
caimán que tal vez no lleguen a conocer nunca. Con una copia de la nueva
ley que entrará en vigor para que los nietos de españoles puedan
optar por la ciudadanía de la madre patria, encontré a un amigo
ilusionado con la idea de hacerse ciudadano español. Extasiado en la lectura
de la ley y sacando mentalmente la cuenta de lo que costarían los trámites
reencontraba cuando llegó al banco donde nos hallábamos otros nietos
de españoles para leer también aquel documento esperanzador. Inscripciones
de nacimiento, pasaportes de los abuelos, algunas fotocopias, son parte de lo
que hay que llevar al consulado para iniciar los trámites. Dicen que España
hace esto porque se están quedando sin gente para trabajar y hay regiones
y pueblos rurales prácticamente despoblados. Lo único que saben
los jóvenes cubanos sobre su país es que la vida aquí se
hace insoportable, que no tienen esperanzas, y que marcharse es la única
alternativa para vivir como las personas. No
creo que el mero conocimiento de la historia, pueda disuadirlos de irse de Cuba.
Lo más penoso no es el propósito de marcharse, que es legítimo
derecho y una opción muchas veces beneficiosa y es la salvación
económica para muchas familias. Lo verdaderamente triste es que el rechazo
que debería ser a un sistema que llevó a Cuba a esta catástrofe
se convierta en desprecio a todo lo nacional, tanto que muchas veces se escucha
decir que este país no sirve para nada. Esto casi siempre se dice de una
forma más grosera, impulsados por tantos sentimientos de frustración
e impotencia. Esta actitud hacia la patria común es lo que tiene solución
enseñando lo que fue Cuba a como llegó a ser un verdadero infierno.
Paradójicamente
la parte de la historia que menos conocen los jóvenes cubanos es la historia
de la destrucción de Cuba por parte de este gobierno con la colaboración
de todos. Porque todos tenemos responsabilidad en este desastre, unos más
que otros, pero todos debemos remediarlo. ¿Por qué los jóvenes
cubanos ignoran esta última parte de la historia que podría haber
sido contada por sus padres y abuelos? Son muchas las causas, pero vamos a ver
una de las más importantes. Desde
los primeros años de la revolución hubo una pérdida de la
importancia que tiene la verdad en la vida práctica. Apareció otra
verdad, la verdad oficial que debía ser creída y predicada como
dogma de fe, cualquier otra versión de la realidad nacional, aunque coincidiera
con la realidad cubana, era obra de enemigos aliados del imperialismo. A causa
de difundir la verdad de forma oral o escrita, se podían padecer muchos
años de cárcel por propaganda enemiga, una aberración jurídica
que anula absolutamente la libertad de expresión. Eso explica que muchos
padres y abuelos de los que somos ahora jóvenes no les decían a
sus hijos y nietos lo que pensaban de la realidad. Le dejaron a la escuela dogmática
el camino limpio para que los enseñaran a odiar, a gritar consignas y una
adoración religiosa al líder de esta catástrofe nacional.
Ahora es una generación incrédula que no cree en la verdad oficial,
pero que aprendió muy bien el miedo y sabe que todavía existe la
ley de propaganda enemiga y si ya no son tan rigurosos como antes, todavía
por decir la verdad, un cubano puede ser expulsado de la universidad y convertirse
en un judío a la cubana, es decir, basura social, un ciudadano de segunda
con un pie en su casa y otro en la cárcel. Otra
de las causas de la ignorancia de nuestros jóvenes sobre los años
de la conversión de Cuba en un estado totalitario es el monopolio informativo
y el bloqueo de las emisoras radiales y televisivas extranjeras. Esto, junto al
monopolio de la educación para indoctrinar a todo el pueblo, fue destruyendo
poco a poco la capacidad de desarrollar pensamiento crítico, entumiendo
la capacidad de pensar. Los cubanos comenzaron a cumplir órdenes y ya nadie
pudo enseñar a los jóvenes a pensar en su realidad con independencia
y con cabeza propia. Los
religiosos y sacerdotes que se dedicaban a la docencia, fueron expulsados del
país y muchos de ellos padecieron cárcel. La iglesia tuvo que abstenerse
de emitir criterios incómodos a los gobernantes cubanos para que su actividad
semi-evangelizadora pudiera seguir llevándose a cabo. Todo ser humano necesita
elaborarse un mapa mental de su realidad y de su historia que le ayude a ubicarse
en el mundo para saber cuales deben ser sus acciones y actitudes, en otras palabras,
hacia donde moverse. No
hace bien el que lamenta la apatía de nuestros jóvenes y no se esfuerza
en comprender sus causas. Sin un mapa y una brújula, no se puede saber
donde se está y hacia donde debemos ir. La responsabilidad de esa parte
de los cubanos que han vivido más y estudiado más es ubicar a nuestros
jóvenes, darle ese mapa y esa brújula para que sepan quienes son
y quienes están llamados a ser. Es
hora de que los jóvenes cubanos se preparen para ser ciudadanos para el
siglo XXI. Ese gran salto lo debe dar toda la sociedad cubana. Dejar de ser parte
de un periodo oscuro de la historia donde todos vigilaban a todos y donde no se
podía confiar ni en la familia. Ese periodo pasó hace años.
Es hora de vivir en el mundo que respeta los derechos humanos, donde la prosperidad
es accesible mediante el trabajo, donde todos desean vivir y no de donde todos
desean marcharse. La
llegada de este mundo es posible. Por eso es hora de contar a nuestros jóvenes
¿Qué fue la UMAP? ¿Qué es el presidio político?
¿Cuántos de nuestros padres no estudiaron en la universidad por
ser católicos? ¿Por qué el tío que se fue y manda
dólares fue a prisión injustamente? ¿Por qué delante
del abuelo no se puede hablar nada? Es informante de la Seguridad del Estado y
ya todos lo saben. ¿Por qué se hizo informante? Por qué después
de varios interrogatorios no tuvo la fuerza necesaria y delató a sus compañeros
de conspiración. Desde entonces tiene el alma destrozada y ha hecho mucho
daño. ¿Por qué no le hablan al vecino de la esquina? Por
qué fue de los que gritó paredón cuando llevaron al tío
preso. ¿Por qué no le cuentan que el tío estuvo en Isla de
Pinos metido hasta el cuello en una zanja de porquería y los guardias lo
obligaban a sumergirse y sacar piedras del fondo? Si salían sin nada recibían
un fuerte culatazo en la cabeza. Y cuando Playa Girón, dinamitaron la cárcel
para volarlos en pedazos en caso de que la invasión prosperara.
Cuba necesita un gran diálogo,
pero debe empezar en cada familia. Para que los más jóvenes conozcan
su historia familiar. Para que comprendan que no pueden repetir los errores de
sus padres y abuelos. Que deben imitarlos en sus aciertos para que la Cuba de
mañana sea mejor y no peor que la de hoy.
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