|
Cuanto más débil se presenta el tambaleante régimen
dictatorial cubano, más arrecia su estrategia para aferrarse
al poder absoluto que disfruta hace 45 años, estimulando
y promoviendo las contradicciones existentes entre sus opositores
políticos. Capítulos importantes de estas diferencias
lo constituyen: la polémica entre los luchadores dentro
de la isla y los exiliados, el diferendo entre EUA y Europa por
su influencia en Cuba y la anticipada lucha política entre
las tendencias de derecha e izquierda de los distintos grupos
opositores.
Es innecesario decir que estas contradicciones benefician al
dictador, que por haberse dedicado a la retórica de la
difamación, ha perdido ya su capacidad de argumentar. Por
ello - y como una contribución en este campo - se estima
necesario hacer algunas consideraciones al respecto, con espíritu
constructivo más que como un factor adicional de confrontación.
En las condiciones actuales, cuando Europa y EUA luchan sordamente
por el control de la transición democrática en Cuba,
un grupo de cubanos de dentro y fuera de la isla se empeñan
en llevar al ruedo nacional la diferencia existente
entre los de fuera y los de dentro, mezclándolo
con componentes ideológicos polarizados de la izquierda
y la derecha.
La preocupación geopolítica con los intereses norteamericanos
y europeos no debe enfocarse - por un lado - partiendo de los
remanentes del espíritu antinorteamericano que la dictadura
ha tratado de sembrar en nuestras mentes, o de los rencores contra
Europa (España) derivados del uso que ha hecho de la debilidad
económica por la que atravesamos, pactando con el dictador
cubano el aparheit económico que actualmente padecemos.
Este enfoque geopolítico debe ser un análisis maduro
y objetivo, centrado en las consecuencias desfavorables que para
la isla tendría una dependencia exterior que lesione y
comprometa su futuro económico, político y comercial,
o que tienda a frenar el establecimiento de una Cuba democrática,
ya.
Toda esta situación se ha visto potenciada recientemente,
cuando un alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano
exteriorizó el criterio - no se sabe si oficialmente -
de que el exilio debería jugar un papel instrumental
durante el proceso de transición. Casi en paralelo con
lo anterior, una funcionaria de la Chancillería española
expresaba en Madrid sus opiniones de cómo debería
sucederse la transición cubana, pidiendo cordura
al exilio.
Son las potencias en pugna por la isla, intentando controlar
la fuerza cubana existente en el exterior, teniendo como equivocada
hipótesis subyacente, que los cubanos del interior serían
más fácilmente controlables por su historia de 45
años de sumisión. Irak demuestra lo contrario.
Nada en contra con que altos funcionarios de ambos gobiernos,
representando las potencias en lucha por el control de la sucesión
cubana, tengan criterios sobre el fin de la dictadura. Eso sin
embargo no quiere decir que concordemos con lo expresado por ambos
observadores (no muy imparciales) del acontecer político
nacional y que actuemos con independencia de ambos.
En paralelo con este ruido externo al sistema libertario
cubano actual, se recrudece la lucha de las posiciones políticas
del futuro democrático cubano, materializándose
ya - antes de tiempo - un diferendo perjudicial entre la derecha
y la izquierda existentes hoy dentro de la oposición
cubana, que tienden a nuclearse (no del todo) alrededor de las
potencias en pugna.
Si sumamos el frente de lucha dentro-fuera, con los
intereses geopolíticos de las potencias que aspiran a decidir
el futuro de Cuba, mezclado con la divergencia de los intereses
políticos derecha izquierda, tendremos el complejo
panorama en el que se mueven los tres ejes principales sobre los
que trabajan las líneas políticas opositoras cubanas
actuantes hoy día.
El control de las manifestaciones argumentales y efectivas que
Europa y EUA decidan ejecutar para garantizar sus objetivos en
el futuro de la isla, está totalmente fuera de las posibilidades
de la oposición cubana, a no ser el hecho elemental de
tratar de evitar dar oxígeno a ese fuego. Armas en esta
lucha lo constituyen el embargo, las inversiones europeas en Cuba,
la autorización de viajes de norteamericanos a la isla
y la normalización de relaciones con Europa.
Sin embargo, el ahondamiento de las diferencias dentro-fuera
y la temprana y extemporánea lucha política derecha
izquierda en el panorama político opositor, sí
deberíamos minimizarla.
La confrontación dentro-fuera - en Cuba -
carece de una base histórica. Nuestras guerras de independencia
estuvieron libres de este corrosivo sentimiento. Martí,
Maceo y Gómez, entre otros patriotas destacados, prepararon
en el exilio la guerra necesaria. La lucha contra Machado provocó
exilios forzados de personalidades - incluso mandadas a asesinar
en el exterior por el dictador - que al fin de la dictadura fueron
mártires de la causa, o no tuvieron limitaciones políticas
en el panorama nacional. La lucha contra la dictadura de Batista
por su parte se incubó en el exterior, desde donde llegaron
a Cuba - en sucesivas expediciones marítimas y aéreas
- luchadores por la implantación de una democracia, hoy
traicionada.
Los méritos que acumulan los luchadores internos actualmente,
sometidos muchos de ellos a crueles confinamientos en las cárceles
de la dictadura, fueron previamente experimentados por una pléyade
de luchadores exiliados - muchos de ellos involuntariamente -
que no merecen ser descalificados por el simple hecho de tener
que vivir, obligadamente en tierra ajena.
Vivir en Cuba actualmente no es - intrínsicamente - un
mérito que pueda llevar a nadie a establecer una ventaja
política cualitativa, a no ser un simpatizante enfermizo
de la dictadura cubana. Vivir fuera del país tampoco constituye
por si mismo un mérito fuera de la historia personal de
cada cual. En ambos casos hay un gran universo, básicamente
similar.
Se hacen conjeturas y propuestas meritorias sobre el mecanismo
que finalmente destruirá la dictadura cubana, y de su day
after. Se hacen planes opositores que profundizan la conciencia
del pueblo cubano oprimido por años de desidia y miedo,
marcando un camino hacia la libertad. Todos los esfuerzos tienen
el mérito de formar parte del camino libertario. Sin embargo,
la cruda realidad es que todavía no sabemos los nombres
de los cubanos que iluminarán el futuro democrático
de la isla, entregando su cuota de sacrificio y valentía
en la verdadera hora cero.
Aquel militar cubano - o grupo de militares - callados, incógnitos,
recogidos en su ostracismo producto de sus convicciones libertarias,
que dará el grito final de libertad arrastrando consigo
a toda la pléyade de fuerzas cubanas que darán fin
al régimen de oprobio, nadie sabe quienes son, cuales serán
sus nombres y que influencia decisiva tendrán en el futuro
de la patria.
Los intentos de los de fuera por opacar nombres destacados
de dentro, son respondidos desde dentro con similares
muestras de inmadurez, colocando por escrito la necesidad del
ostracismo del exilio en el momento decisivo. Nadie sabe como
será ese momento y nadie podrá evitar que todos
los cubanos seamos nuevamente iguales, resultando innecesario
abundar sobre un derecho que tienen los exiliados desde que nacieron,
como es innecesario que alguien dentro de la isla espere a recibir
la bendición, o incluso órdenes desde el exterior.
El control de la transición, si bien es pretendido desde
las dos potencias hegemónicas actuantes - ambas con mayores
posibilidades económicas y militares que los cubanos -
no es posible de ser prevista en toda su magnitud e impacto, por
eso estimamos pueril continuar con la letanía innecesaria,
gastando esfuerzos precisos en descalificarnos unos a otros.
La lucha contra las tendencias de izquierda y derecha serían
más fácil de administrar antes del futuro democrático
por venir, si los extremos de ambas alas estuvieran exentos -
en el caso de la izquierda - de los remanentes de la influencia
de la dictadura actual - la conocida posición fidelismo
sin Fidel - y en su extremo derecho, de su pretendido plan
de anexión. Sin embargo, con todas estas fuerzas hay que
contar también para continuar la lucha. Todos somos cubanos.
Nadie es dueño de la verdad y lo único que no debemos
es descalificarnos por pensar con cabeza propia, aunque tengamos
un sentimiento menos compartido políticamente que otros
coterráneos, compañeros de luchas, que tienen su
derecho a opinar como bien entiendan.
Basta de argumentos para descalificarnos, los de dentro
o los de fuera, los de izquierda o de
derecha. Lo que necesitamos son argumentos para darles
a los hombres y mujeres que aguardan por nuestros razonamientos
en el anonimato - dentro de las filas aparentemente monolíticas
de la dictadura - para colocarlos a nuestro lado, escribiendo
juntos el capítulo final que todos anhelamos. Sólo
entonces estaremos en condiciones de enfrentar el reto de las
potencias interesadas en la isla, sin el peligro de ir al debate
con criterios divididos.
|