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LIBERTAD, DIGNIDAD Y DESARROLLO HUMANO
Por Luz Modrono.
Miembro de la Direccòn de Cubaeuropa


La situación de los derechos humanos en Cuba se deteriora alarmantemente. Si bien esto no es tema en absoluto novedoso, los actos de repudio, intimidaciones, encarcelamientos arbitrarios, amenazas, acosos y vejaciones a todo opositor pacífico se han agudizado en los últimos meses.

Estos hechos son contrarios a todo Estado de Derecho. Las Brigadas de Respuesta Rápida, grupos paramilitares que actúan en Cuba con total impunidad y respaldados por el poder gubernamental en la isla ha acrecentado sus impúdicos ataques contra sindicalistas y periodistas independientes, defensores de derechos humanos y miembros de la sociedad civil. Todos ellos no son sino pacíficos opositores que ejercen su derecho a expresarse, reunirse y opinar, aún cuando dicho derecho está prohibido en Cuba, lo que ya es un hecho reconocido internacionalmente y que viene acaparando la atención de los países libres y democráticos.

Los actos de repudio, práctica habitual en Cuba, suponen el ataque de vecinos, entre los que se incluyen niños en edad escolar acompañados por sus maestros, a disidentes y opositores. Dichos ataques, que van acompañados de insultos, abucheos, ruidos ensordecedores con cualquier elemento apto para ello, palos, piedras, golpes... y que pueden llegar a alcanzar elevadísimos niveles de violencia, son perpetrados con el amparo de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y agentes de la Seguridad del Estado. El gobierno los considera "actos y manifestaciones espontáneas de la población revolucionaria"

Presos de conciencia en huelga de hambre (como es el caso de Juan Carlos Herrera Acosta, condenado a 20 años de reclusión en la Primavera Negra, reconocido por Amnistía Internacional como preso de conciencia y en huelga de hambre desde el 8 de junio para denunciar las condiciones carcelarias de la prisión en la que se encuentra recluido, la de máxima seguridad Kilo 8 de Camagüey), maltratos carcelarios tanto físicos como psicológicos e inhumanos (como el de Omar Barbier Neira, que padece una fuerte infección en las piernas sin recibir tratamiento adecuado o el de Abel López Pérez detenido mientras visitaba Cuba y que a pesar de que padece una insuficiencia renal crónica y cardiopatía hipertensiva se le deniega la licencia extrapenal). Condiciones vejatorias que atentan directamente contra los Acuerdos Internacionales en materia de trato a presos. Acuerdos que, por otra parte, no han sido ratificados por el poder cubano.

Sindicalistas que son detenidos por horas y amenazados con treinta años de presidio si no cesan en su labor sindical, informativa y defensora de los derechos laborales de la población trabajadora, la cual carece del derecho a sindicación fuera del único sindicato reconocido, brazo del poder gubernamental, como el caso de Aurelio Bachiller Álvarez, Secretario General del sindicato independiente CONIC.

Defensores de derechos humanos acosados y víctimas de actos de repudio por denunciar las sistemáticas violaciones en esta materia que se cometen contra los ciudadanos cubanos como los efectuados contra el presidente de la Fundación de Derechos Humanos Cubana (FDC), Juan Carlos González Leiva, invidente, en un intento de impedir la asistencia de activistas de dicha organización al juicio contra Yoandry Quintana Servia -discapacitado auditivo- quien hace un año fundó una asociación independiente de discapacitados. O los de Miguel Valdés Tamayo, presidente del Grupo Hermanos Fraternales por la Dignidad y miembro de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Estos dos últimos casos denunciados por Amnistía Internacional el pasado ocho de noviembre. La lista sería interminable.

Todo suponen vías legitimadas en Cuba para acallar y anular al disidente y preservar la falta de libertad de asociación, reunión y expresión característicos del régimen cubano mientras se utilizan como elementos disuasorios para el resto de la población. Hechos que suponen una forma de terrorismo de Estado contra los ciudadanos cubanos indefensos en un país donde no existe la independencia entre los poderes judicial, legislativo y ejecutivo, pilares básicos de todo Estado de Derecho. En Cuba los tres poderes son uno sólo, controlado por un gobernante que es, a la vez, Jefe de Estado entronizado en el poder desde hace casi cincuenta años.

La sociedad civil muy debilitada y sin cauces posibles de participación en la toma de decisiones ha visto negados sus derechos y perseguidos su ejercicio, siendo acallados de forma violenta por los distintos cuerpos policiales y fuerzas de seguridad y el ejército, cuya misión no es estar al servicio de la ciudadanos sino al del poder y grupos paramilitares que refuerzan la acción de los anteriores sin que exista o se reconozca posibilidad alguna de recurso, protesta o denuncia.

Koffi Annan sostiene que entre los índices para medir el grado de desarrollo humano de las sociedades no basta con asegurar la atención a la salud pública o la escolarización de los niños y jóvenes. Es necesario además y fundamentalmente asegurar el respeto y el reconocimiento de los derechos civiles, sindicales y políticos. El desarrollo humano y el bienestar de las sociedades son conceptos mucho más amplios que la educación y la salud.

Los gobiernos no pueden convertirse en Estados-padres planificadores y detentadores de un poder absoluto y omnímodo y acumular o absorber el mando mientras trata a los ciudadanos como seres menores de edad incapaces de saber lo que quieren. Los gobiernos han de ser, por el contrario, la expresión máxima de la delegación del poder que sólo recae en los ciudadanos y quienes deben poder exigir responsabilidades y transparencia en la gestión. No son los gobiernos los que deben controlar a los ciudadanos, son éstos los que deben controlar la acción de los gobiernos, es la sociedad civil plural, las asociaciones, los partidos políticos, los sindicatos, los medios de comunicación libres e independientes, los parlamentarios que puedan expresar la voz y la voluntad de aquellos a los que representan, los que deben controlar a los gobiernos.

Bajo muchos problemas de subdesarrollo o economías fracasadas subyacen fracasos de gobernabilidad. Cualquier gobierno dictatorial o populista da paso a la extensión de la corrupción, a la ineficacia en el funcionamiento de los servicios públicos y fundamentalmente, a la insatisfacción y el descontento de los ciudadanos que son tratados como seres de segunda categoría a los que se niega el derecho a participar. Consecuente y paralelamente, es imposible generar interés alguno por hacer que el país avance en estas sociedades. La democracia es la única defensa frente a las dictaduras, las tiranías o los gobiernos populistas y el único sistema capaz de garantizar la estabilidad, la paz y la justicia y el desarrollo humano.

La participación, el reconocimiento de los derechos inalienables e iguales para todos los seres humanos, la capacidad y el derecho - y también el deber- de expresar distintas opiniones o plantear distintos puntos de vista y modelos sociales y la posibilidad de asociarse y reunirse para sacar adelante proyectos comunes que puedan contrastarse en debates públicos y ser refrendados en procesos de elecciones libres, democráticas y controladas por el conjunto de los ciudadanos son la única garantía para asegurar la justicia y la efectividad. Una sociedad con miedo y perseguida, a la que se niega la voz y el voto, nunca será una sociedad progresista. La libertad es un sagrado principio que no puede ser secuestrado.

Por ello, la comunidad internacional debería interceder firme y decididamente ante el gobierno cubano a fin de que cese la persecución contra sus ciudadanos y reconozca las libertades y derechos políticos y civiles que deberían ser inviolables para todo ser humano por el mero hecho de serlo, y que constituyen la única posibilidad de vivir con dignidad. La libertad política y la participación ciudadana capaz de exigir responsabilidades al poder y evitar o controlar la corrupción son las únicas herramientas capaces de garantizar la primacía de la ley y la justicia. Y son, igualmente, principios fundamentales para una existencia humana digna. El concepto de gobierno para el pueblo debe verse modificado por el de gobierno por el pueblo. Libertad, dignidad y desarrollo humano van indisolublemente unidos. Y para Cuba ya ha llegado también la hora.

Luz Modroño
Noviembre, 2006