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7 de Junio de 2006
Sucesivas generaciones de cubanos, tanto en la isla como en el
exilio, hemos tenido que sufrir 47 largos años de dictadura,
empobrecimiento y quiebra social, ética y moral de nuestra
sociedad. Igualmente triste es llegar a esta etapa de agonía
dictatorial, con la esperanza de que el régimen, a la muerte
del tirano, nos ceda un mínimo espacio en su desgobierno,
cuando por derecho natural somos parte importante de la Nación
cubana.
Enfocar como una dádiva de los herederos del dictador,
la posible apertura que el déspota en vida se niega a realizar,
más que un error estratégico, o un enfoque equivocado
para promover el futuro de la patria, ¡es una verdadera
vergüenza para los cubanos dignos!
Pero la oposición cubana ya comienza a avanzar en el sentido
correcto. Después de varios años de tentativas frustradas
y tibios acercamiento a la dictadura (sobre todo por parte de
la oposición interna) instándola a compartir el
poder pacíficamente, el exilio cubano comienza a hacer
esfuerzos para un aglutinamiento decisivo con vistas a enfrentar
la dictadura comunista en el terreno que las circunstancias mejor
lo propicien.
Primero fue un intento de entendimiento amplio a través
de una reunión preparada en Madrid, los días previos
a la Cumbre Iberoamericana del año pasado. Por motivos
diversos, en esa reunión no se consiguió la amalgama
para juntar voluntades.
No se trata de discutir una unidad orgánica o institucional,
que implicaría en la disolución de organizaciones.
Se trata de unidad de estrategias, cediendo aquel protagonismo
individual a la voluntad colectiva de conformar una fuerza que,
como reza el lema que da sustento al haz de guías del escudo
cubano, en la unión está la fuerza.
Los opositores cubanos no debemos continuar por el camino de
esperar por el desenlace biológico, a remolque
de lo que suceda con Raúl Castro y sus generales durante
la sucesión. Jamás en ese proceso los verdaderos
intereses de los cubanos serán contemplados. Enfrentamos
una dictadura que ha demostrado querer eternizar su hegemonía,
introduciendo en la sucesión amañada cambios cosméticos
para perpetuarse.
La oposición cubana --de derecha o de izquierda-- debe
juntarse para ganar personalidad propia ante los desmanes que
la República padece. No es implorando ser escuchados pacíficamente
como mejoraremos los destinos de Cuba, como es nuestro derecho.
Buenas noticias circulan por Internet. Dos importantes organizaciones
cubanas del exilio, el Movimiento Cubano Unidad Democrática
y SOS Justicia, acaban de lanzar un llamado al ordenamiento
auténtico a través de un encuentro de entendimiento,
donde libremente todas las organizaciones opositoras han sido
convocadas, para libremente, decidir el futuro organizacional
de otro esfuerzo por la libertad definitiva de Cuba.
La lógica de la dictadura, que hasta el presente siempre
ha sido dividirnos, deberá enfrentar así un grupo
opositor cohesionado y firme, que por otro lado, ganaría
la representatividad de una buena parte del exilio, con lo cual
podría presentarse ante gobiernos e Instituciones internacionales
a hablar del problema cubano, no como un diferendo
entre EUA y la dictadura, sino entre el dictador y el pueblo oprimido.
En las circunstancias actuales --y vistos los antecedentes oposicionistas
de las organizaciones que hacen el llamamiento, que de antemano
renuncian a posiciones de liderazgo en el futuro intento unitario--
no es dificil aceptar acudir a una cita donde se ha de hablar
y escuchar, exigir y ceder, proponer y acordar, los elementos
que hasta hoy están faltando en la lucha por la libertad
de nuestro pueblo. Hablar con una voz única.
Es verdad que la sociedad democrática implica en múltiples
organizaciones y enfoques. Pero los cubanos de la diáspora
--como los de la isla-- carecemos de esa sociedad democrática.
Para ganárnosla, y para poder entonces tener el derecho
a que cada cubano tenga su organización, primero debemos
juntarnos a luchar codo a codo para después defender nuestra
diferencia, como lo hicieron nuestros próceres y como se
ha hecho en todas la naciones libres. Para ganarnos el derecho
a la pluralidad, primero tenemos que ceder en nuestra altura de
nuestra potente voz, para incorporarnos al coro de la patria.
No van a ser los EUA ni Europa los que iniciarán la lucha
por nuestra libertad. Llegó el tiempo de meditar la necesidad
de una táctica y una estratégica cubana para la
derrota de la dictadura. EUA y Europa solamente apoyarán
nuestros intentos democráticos, si es que observan un esfuerzo
serio y verdadero por nuestra parte para dejar de lado diferencias
y protagonismos a la hora de encabezar la lucha, disponiéndonos
todos como soldados de fila en esta etapa decisiva, rechazando
el papel de segundones que los planes dictatoriales van a adjudicarnos
durante su sucesión discriminatoria para convalidarse.
El llamado que circula por Internet expone que no se trata de
anular organizaciones, sino de dotar la lucha del pueblo cubano
de las instituciones que de manera general pudieran ser posteriormente
reconocidas por las naciones amigas, con vistas a ganar visibilidad
e influencia, lo que nos permitiría como diáspora
organizada-- encaminar nuestra lucha contra la dictadura haciendo
valer nuestros derechos pisoteados de la manera que las circunstancias
permitan, sin implorar ser escuchados por quienes nos desprecian.
Así lo hicieron los patriotas del 95 y así lo han
hecho todos los pueblos libres del mundo.
Desde ya mi solidaridad y apoyo a los que han tomado la bandera
de la patria en momentos tan decisivos, para evitar que los cubanos
lleguemos a los extremos descritos por el poeta cuando se inspiró
para evitar
que las piedras del campo nos parezcan
estrellas, por lo bajo que estamos los hombres al mirar hacia
ellas
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