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LA negativa del gobierno cubano a permitir la salida de la eminente
médica cubana disidente Hilda Molina, para visitar en la
Argentina a su hijo, que no ve desde hace diez años, y
a sus nietos que no conoce, es un hecho tan pródigo en
evidencias que no se quieren ver, como elocuente para gritar una
vez más, que la esencia del régimen es su terrible
deshumanización.
De poco ha servido la buena voluntad y la complacencia del gobierno
del presidente Kirchner para con la tiranía cubana. Ni
el perdón de parte de su deuda para con su país,
ni la abstención en el seno de la Comisión de las
Naciones Unidas para no votar una tibia moción que apuntaba
a indagar la situación de los derechos humanos en la isla,
ni el entusiasmo de parte de su pueblo, cuando Fidel estuvo en
su patria, ni siquiera la carta del presidente argentino pidiéndole
accediera a aquella solicitud.
NADA de ello sirve cuando la tiranía reivindica el derecho
de serlo, de mostrarse como tal en el cuidado de todos los trazos
que la definen. Es decir de hacer lo que se le ocurre, como se
le ocurre, cuando se le ocurre, sin más razón que
la propia tiranía. Aunque eso lesione los derechos más
elementales, desconozca los altísimos valores prestados
al país por la víctima del atropello, menosprecie
los gestos de amistad de las naciones, o de sus gobiernos, que
se han prodigado en reiterarlos, aun a costa de sus principios.
Así el régimen se entromete arbitrariamente en la
relación familiar y en el núcleo de sentimientos
que la vivifica. Lo hace, imponiendo arbitrariamente a la doctora
disidente, la lejanía de los suyos, en ocasiones además
profundamente propicias a los encuentros del afecto. El rechazo
de la solicitud para viajar a encontrarse con su hijo y sus nietos
es tanto como proclamarse ante el mundo entero como el carcelero
de su pueblo.
LA Dra. Hilda Molina desde que se recibe de neurocirujana se
erige en una figura científica de primer nivel. Funda y
dirige el Centro Internacional de Restauración Neurológica
cuyo prestigio se extiende mucho más allá de las
fronteras de la isla. Participa en diversos foros internacionales
realizados fuera de su país, y su labor científica
es logro que exhibe con orgullo el propio régimen, que
hoy la persigue y tortura. Durante mucho tiempo se aviene con
el régimen. Inclusive ingresa como diputada a la Asamblea
Nacional de Cuba, cargo al que posteriormente renuncia. Ya han
asomado las desinteligencias. El casamiento de su hijo con una
argentina disgustó a la tiranía. Después
de un viaje, no regresaron a la isla y se fueron a vivir a la
Argentina donde se radicaron. Desde entonces, ocurrió
en el año 1994 y todavía en el 2004 no ha
visto al hijo, ni ha podido conocer a sus nietos.
Simplemente acaece porque no piensa como el gobierno. Entonces
allí queda, de allí no sale: sin nietos que conocer,
sin hijo con quien compartir la Navidad y el nuevo año,
sin posibilidades de salir de la isla. La tiranía habla
de liberación y ante el mundo entero exhibe que es un inmenso
encierro. A pesar de ello, para buena parte del mundo y para muchos
de sus gobiernos, a juzgar por su comportamiento, no le hacen
asco a que se sigan levantando muros de Berlín, claro que
con más discreción pero traduciendo el mismo horror
de las tiranía, y el mismo desparpajo si lo creyera necesario.
ESTE caso que ha tenido resonancia internacional por los perfiles
de la víctima, por su destacada personalidad científica,
por las circunstancias que la rodean, y por el enfrentamiento
con el gobierno argentino, se repite calladamente día a
día en la historia de muchos miles de cubanos. Están
en su patria como si hubieran caído en una trampa de la
que no pueden escapar, mientras gran parte de los gobiernos democráticos
del mundo, y gran parte del mundo intelectual reiteran una benevolencia
especial con quien esos horrores ostenta. Los tres monitos como
se recordaba en reciente editorial "no ven, no oyen, no hablan..."
Si bien, hay otros, que aunque no lo digan, ven y oyen, para mejor
añorar o imitar el modelo.
¿Cuáles son las razones para este rechazo que lo
exhibe en su condición de carcelero, y que compromete una
relación con la Argentina, en circunstancias en que su
gobierno le había demostrado reiteradamente su amistad
y ayuda?
LA tiranía por serlo, siempre las encuentra en sí
misma, lo que no es más que una sinrazón esencial.
¿Cuáles son las razones entonces, para este exabrupto
de la arbitrariedad? Es por una parte, el castigo al grave pecado
de no estar con el régimen, y por la otra es el miedo de
que fuera de su país, pudiere ser testigo de lo que ocurre
dentro. El miedo a la verdad, y al pensamiento libre, es tal,
que la tiranía vitalicia tiembla ante ellos, por más
segura que alardee. Encerrada en el poderío de sus armas,
la nube de sus delatores, y la amenaza de sus horrores
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