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Acerca
de los planteamientos a un régimen totalitario.
La declaración:Juntarnos
es la palabra de orden, firmada por conocidos miembros de
la disidencia en la isla, invita a los demócratas
cubanos a opinar públicamente acerca de su contenido
con la aspiración de que pueda convertirse en instrumento
de base para el cambio en nuestro país. El documento
indica que ese intercambio de criterios nos pondrá
en mejores condiciones de, juntos, plantear nuestras demandas
al gobierno totalitarista y de explicar al mundo, a qué
aspiramos los pacíficos luchadores por la democracia en
Cuba.
Entre otros aspectos,
el documento propone como algo fundamental plantear demandas al
gobierno totalitario. La historia demuestra que es inútil
hacer planteamientos a un régimen totalitario. Ese camino
genera falsas expectativas y nos conduce al fracaso. Para el marxismo-leninismo
la relación con los enemigos de clase está bien
definida: se les debe destruir. Marx creyó que la entelequia
bautizada como la dictadura del proletariado sería responsable
de eliminar a la oposición. Lenin se dio cuenta de que
la dictadura tenía que ser del Partido Comunista contra
toda la sociedad, y a este responsabilizó con la tarea
de liquidar a la oposición. Sin duda, el Partido aniquiló
a la oposición, incluso a Trotsky.
Además, se transformó en el implacablemente explotador
de la clase trabajadora anulando sus posibilidades de demandas.
En el proceso, el Partido se convierte en instrumento y víctima
del dictador de turno. La secuencia de una premisa falsa a una
conclusión errónea. Plantear demandas a un sistema
totalitario no pasa la prueba del más ligero análisis
lógico e histórico.
Los sistemas totalitarios
son por definición dogmáticos y represivos. A Stalin
no se le podían plantear demandas y hasta los sospechosos
de deslealtad fueron destruidos sin consideración ni piedad.
Tampoco los judíos pudieron presentar demandas a Hitler.
Las casi cinco décadas de castrismo demuestran que quienes
han disentido de Castro terminan presos o exiliados. En el mejor
de los casos, acosados y perseguidos por las turbas oficialistas.
Sin que olvidemos a los fusilados, a los vilmente asesinados tratando
de huir de Cuba y a los que han sido eliminados en silencio. Nuestros
presos políticos plantados han denunciado siempre la perfidia
y la hipocresía de la dictadura castrista en su trato con
la oposición, rechazo que han pagado con ejemplar heroísmo.
Desde el momento en
que escogemos como parte de nuestra estrategia plantear demandas
al castrismo, estamos haciéndole creer al pueblo cubano
que tal curso de acción tiene posibilidades. Tal política
implica la premisa de que en Castro hay una posibilidad de comprensión.
Es como si fuera un dictador totalitario diferente, por lo que
podemos hacerle planteamientos. La deducción consciente
o subconsciente es que se le hacen demandas porque las escucha,
si las escucha pudiera rectificar, incluso dialogar y hasta negociar.
Si la experiencia ha demostrado ampliamente todo lo contrario,
ya que no escucha, no rectifica, no dialoga y no negocia, sino
que se impone por el terror, ¿por qué arriesgarnos
a que el pueblo y la comunidad internacional crean en falsas expectativas
producto de nuestra ausencia de rigor lógico y del desconocimiento
de cuatro décadas de mentiras y abusos?
Ese camino puede llevar
a los cubanos a interpretar acciones tácticas de la dictadura
como si fueran respuestas a nuestras demandas cuando en realidad
nada más que serían cambios de dirección
circunstanciales, cuyo único propósito es fortalecerse
para luego volver a la represión y a la intolerancia. Siempre
que Castro ha parecido hacer rectificaciones en el terreno económico
o ha simulado dar espacios en el aspecto político, después
ha retrocedido brutalmente.
El más reciente
ejemplo es cuando, con toda alevosía, quiso dar argumentos
al gobierno de Zapatero para que lograra en la Unión Europea
una flexibilización de la política de presión
a su régimen, lo que España llamó un retorno
al diálogo constructivo. Castro permitió
actividades en Cuba que hicieron declarar al ministro de Asuntos
Exteriores y de Cooperación de España Miguel Ángel
Moratinos que: "tendremos un consenso europeo y que avanzaremos
en el proceso de democratización en Cuba, que mejoraremos
la situación de los Derechos Humanos y que permitiremos
que los congresos de disidentes se puedan celebrar como el último
de Beatriz Roque". ¿Qué sucedió? Una
vez que la UE fue desarmada, regresó la represión
en Cuba y la disidencia ha sido perseguida y acosada sin tregua.
Sabemos que el régimen
castrista atraviesa por una grave crisis, lo sabe el pueblo y
lo saben los hombres y mujeres que forman parte de la estructura
de poder actual, y que quieren un cambio porque están convencidos
de que el sistema no tiene presente ni futuro. Para esos compatriotas
nuestro mensaje debe ser preciso: necesitamos la ayuda de ustedes
para que se sumen a la lucha por una democracia auténtica.
No vamos a aceptar un continuismo disfrazado de seudodemocracia.
No cometan el error de aliarse al pasado queriendo poner en práctica
una seudodictadura porque lo único que lograrán
será condenarse. Una verdadera conciliación nacional
es la base para construir una democracia auténtica; pero
no se puede confundir la conciliación con un período
de transición fraudulento tanto en sus intenciones como
en sus procedimientos.
Al totalitarismo castrista
se le denuncia, y a quienes intenten darle continuidad también.
Los miembros de la Fuerzas Armadas Cubanas y todos los que hoy
forman parte de las estructuras del poder están obligados
a proteger al pueblo cubano y a propiciar un cambio auténtico
hacia la democracia. A nuestros compatriotas firmantes de Juntarnos
es la palabra de orden hacemos estos planteamientos con
toda sinceridad y respeto porque entre demócratas las discrepancias
fortalecen tanto como los acuerdos. Esperamos respuesta.
César Alarcón.
Huber Matos Araluce.
Maryland, EE.UU. San José, Costa Rica
2 de Noviembre,
2005.
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