|
Se aceleran los acontecimientos en la Habana cuando sus altos
dirigentes hablan directamente de entregas de poder a no
mentecatos, mientras el mundo exterior observa indolente
como un pueblo entero sucumbe ante el peso de su propia abulia,
que deja translucir nítidamente los síntomas del
cansancio después de una larga y pesada jornada de opresión
y carestías.
El dictador envilecido
hace reunir a la flor y nata de su gobierno y su partido para
abochornarlos públicamente, frente a las cámaras
de la YV nacional - cual abuelo autoritario y jocoso - y ante
un auditorio permisivo que ha perdido lo más importante
de todo ser humano: su dignidad.
Personas formadas por
las largas jornadas de la dura vida dentro de la isla, con estudios
superiores en diversas especialidades del mundo administrativo,
económico y tecnológico, conocedores en su mayoría
de varias lenguas extranjeras y con experiencia de mando en las
tareas que obliga la difícil vida civil cubana, se ven
impelidos de responder sandeces ante un anciano despistado e inquisidor,
que los hace hablar cual zombis temerosos, cantando cifras inventadas
que después le costarán el cargo. Esa es la triste
vida de los altos jefes de la isla.
Un teatro bufo ejecutado
por la más alta dirección de la revolución
cubana ocupada ahora en febriles anuncios y promesas sobre
almohadillas íntimas femeninas, compra
de inodoros en Venezuela y asignaciones adicionales
de papel higiénico a las provincias orientales afectadas
por la sequía. ¡Un desastre nacional que da
vergüenza ante los ojos del mundo civilizado!
Pero todos ellos son
culpables y saben profundamente el error que cometen al parase
firmes ante el anciano déspota que los desprecia, para
responder preguntas absurdas en público, que justifiquen
su posterior truene y condena al anonimato, como método
de continuar el avasallador ritmo de desbarajuste e incompetencia
económica que reina actualmente en la isla.
No se dirige un país
- al máximo nivel - (presidente de todo) decidiendo el
menudeo de los cordones de los zapatos, el desodorante en barras,
o el hilo de cocer. Nunca, siquiera en las más absolutas
de las monarquías o cacicazgos, el mandarín decidió
como se lavaban la boca sus súbditos. Para esto siempre
existió una sociedad civil económicamente activa,
la que siempre veló celosamente - sin nadie mandarla -
por los millones de detalles de la vida social.
La vida económica
no se hace por la responsabilidad que el monarca deposita en alguien,
sino más bien por aquel impulso antropológico individual
de haber detectado atomizadamente una oportunidad potencial, solucionando
la cual habría de realizar un negocio que le daría
seguridad económica al tiempo que ofrecía una solución
de las necesidades de manera independiente.
No es posible resolver
el problema cubano sin la participación de todos los miembros
de su sociedad civil - de todos - autorizándolos a convertirse
en entes económicamente activos e independientes del control
del estado, para que cada cual ofrezca su cuota de soluciones
económicas - los que puedan y sepan - según sus
posibilidades, unos destilando vino, otros haciendo ropas, otros
sembrando para la venta, otros haciendo pan y así sucesivamente.
Ya lo escribió
genialmente siglos atrás Adam Smirh: el panadero,
cuando vende su delicioso pan, no piensa tanto en la satisfacción
de quien lo compra, como en la ganancia que él mismo va
a obtener con su venta. Vendiendo el mejor pan hará
el mejor negocio y es por eso que el pan es bueno, porque persiguiendo
un objetivo individual consigue paralelamente un objetivo social
de ofrecer auto obligadamente el mejor producto, para obtener
su mayor ganancia.
Eso se llama capitalismo
y esa es la única solución posible a las preguntas
que hace el dictador cubano en el circo semanal que ha conformado
para hablar del chocolatico y de las ollas Estas reuniones
baladíes marcan, después de 46 años de sufrimientos,
la antesala de la derrota de la ideología fidelista y comunista
en Cuba y es el anuncio más importante de la muerte del
sistema dictatorial en la isla, expresada genialmente en una de
las opiniones leídas por el dictador recientemente: ni
chocolatico ni lechita en polvo, lo que queremos es comida.
Estas son las razones
subliminares de Alarcón cuando cometió el acto fallido
de anunciar la entrega del poder a algún no mentecato,
pensando en su deteriorado y vergonzante dictador.
|