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saben los entendidos en el juego Inteligencia versus Contrainteligencia en Cuba,
que la derrota de los grupos guerrilleros anticastristas en la región central
de la isla, en la década de los años 60 del pasado siglo XX, se
logró por la dinámica y secreta actividad de la unidad del Ministerio
del Interior nombrada El Molino. El Molino, ubicado en la carretera
a Sagua la Grande antes de llegar a Cifuentes, fue un centro militar de entrenamiento
de supuestas partidas guerrilleras anti-comunistas que tras una rigurosa preparación
en lucha irregular, estos agentes de la Seguridad del Estado eran introducidos
por pelotones, entre los auténticos guerrilleros.
Al
frente de esta sui generis entidad de los órganos de Contrainteligencia,
estuvo el teniente Andrés Leiva Castro, quien años después
llegó a General de Brigada y Delegado del Ministerio del Interior en Villa
Clara. A principio del año 1990, resultó defenestrado de su cargo
tras el sonado caso judicial OchoaLa Guardia. Las
funciones de los adiestrados en El Molino eran en lo fundamental tres. La primera,
calcular la disposición combativa y de ánimo de los guerreros anti-fidelistas.
La segunda era conocer quienes dentro del campesinado, funcionaban como contactos,
mensajeros y proveedores de los alzados en armas. Pero
la tercera consistía en la manipulación de celos, rumores, malos
entendidos y calumnias, para que dentro de las fuerzas beligerantes anti-totalitarias
no se consolidara una unidad de acción. Mantener la atomización
y la desconfianza entre aquellos luchadores por la democracia, fue la esencia
de la victoria castrista. Observadores
de la realidad cubana actual, se preguntan: ¿Por qué la temeraria
oposición pacífica dentro y fuera de Cuba no se une de una vez y
por todas? Con pesar la mayoría de los disidentes no violentos y públicos
reconocen que algunos líderes opositores anteponen sus intereses personales
a los de la Patria por democratizar. Pero
la realidad opositora es mucho más compleja de lo que se puede ver a simple
vista. Existen personalidades con fachadas de oponentes al Dr. Fidel Castro, que
si se mira con detenimiento histórico siempre han ido contra toda iniciativa
de convergencia unitaria en el seno de la Sociedad Civil Emergente de la isla. Muchos
alumnos graduados en El Molino estuvieron presos varios años. Para luego
reciclarse a exiliados en los Estados Unidos de América fundamentalmente
y otros países como España, México, Canadá, Venezuela,
Francia, Panamá, por solo mencionar unos pocos lugares. Allí son
divisionistas y buscan toda información útil. Ejemplo
graficante fue el de la agente Tania: Odilia Collazo Valdés,
quien atacó a mediados de 1995 el esfuerzo unitario Concilio Cubano, para
después a principios de 1996 adherirse al mismo. Y desde esa posición
implosionarlo por dentro. A pesar de su actuación saboteadora, desde la
diáspora le continuó el apoyo. En
1999 Collazo Valdés entró de modo solidario en El Ayuno
de Tamarindo 34, una acción cívica liderada por Oscar Elías
Bicet. Al siguiente día convocó a la prensa extranjera acreditada
en La Habana. En ella trató de desprestigiar la credibilidad de los ayunantes.
Algunos del exilio prosiguieron otorgándole ayuda material y crédito. En
estos momentos el archipiélago atraviesa por una coyuntura histórica,
política, económica y social única. La oposición pacífica
que es valiente y simbólica, no debe dejar pasar este momento propicio
de actuar en unidad. Pero viejos resquemores de antiguas iniciativas de cohesión
laceran la pretensión. Si
los demócratas heridos son reales opositores, se dejaran curar esas heridas.
Eso sí, los espurios oponentes que trabajan para el gobierno con coberturas
disidentes para que no se gane esta pacifista guerra, intentarán dividir.
Ellos prosiguen su fraticida labor. Hoy solo hay que detectar: ¿Quiénes
son los actuales graduados en El Molino? tomado
de la Revista Micelaneas
de Cuba |