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Breve mirada a la situación social
de la familia cubana

Héctor Ramón Forés Sánchez


11 de junio de 2007

Holguín, Cuba – www.PayoLibre.com – Para la gran mayoría del pueblo cubano, la situación socioeconómica es algo dura. La vida diaria es un ir y venir para poder obtener productos en el mercado.

Entre el 2005 y el 2006 el gobierno hizo una reforma salarial y, mediante una escala al efecto, estableció un aumento en un monto de salarios y pensiones creando toda una expectativa de alivio económico, pero ello no ha resuelto absolutamente nada.

La carestía de la vida es galopante, y se traduce en una hiperinflación. La vida se hace difícil hasta para los que reciben remesas del extranjero, ya que en las tiendas que venden en moneda convertible el alza de los precios reduce el poder adquisitivo.

Para ilustrar lo expuesto sobre la reforma salarial, las cuatro onzas de café de la libreta de racionamiento que deben durar un mes a cada cubano costaban 20 centavos, ahora cuestan 5 pesos cubanos, lo que significa un aumento de 25 veces. Los llamados cinco huevos adicionales, al parecer por el apellido, cuestan en la actualidad 90 centavos por unidad de 15 que antes costaban, lo que representa un aumento de seis veces.

Y para qué hablar de los artículos electrodomésticos de pésima calidad que tienen endeudada a la familia cubana, vendidos a precios carísimos en relación con el nivel salarial promedio del cubano, lo que ha creado un verdadero trauma en el núcleo familiar que no ve la forma de organizar el presupuesto familiar y tener un respiro, ya que todo, absolutamente todo, es un problema y no quiero referirme a la cantidad de necesidades acumuladas e insatisfechas como ropas, útiles y otros.

En el 2005 el gobierno anunció a bombo y platillo que se construirían cien mil viviendas, ¿Dónde están? ¿Se equivocaron y las construyeron en la luna?

Recientemente visité la Habana Vieja, y es lastimoso el estado de la vivienda. La gente, en su mayoría, se apiña en edificios semi derruidos, en los que se observa la amenaza de derrumbe como regla, donde dos o tres generaciones conviven de manera precaria y como consecuencia se genera un alto nivel de promiscuidad, con las malas palabras a la orden del día y el comportamiento inadecuado resultante. Como todos sabemos, esta situación apretadamente descrita se extiende desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio.

Hay un sector poblacional al que me quiero referir que lo llamaremos “de la tercera edad”. Este sector poblacional, después de una vida de trabajo, le subieron como retribución una pensión o ayuda social que para nada les alcanza. Existen las llamadas casas de abuelos en las que se les da una atención aceptable dentro de lo caótico de la situación y esto sólo representa una exigua minoría, por la poca cantidad y capacidad de estas denominadas casas de abuelos.

La situación mayoritaria es que los ancianos son forzados a realizar todo tipo de actividades impropias para su edad, como son la venta furtiva de periódicos, cigarros, etc… en cualquier esquina. En Ciudad Habana esto se aprecia fácilmente. Da pena ver hombres que frisan los 80 años moviendo carretillas o realizando tareas pesadas incongruentes con su edad.

Hay que preguntar: ¿de qué seguridad social habla el gobierno?, ¿de qué protección social?

Es triste la vida de los ancianos en Cuba, a semejanza de todo el pueblo cubano, cuyas vidas son igualmente penosas. El país y el pueblo necesitan cambio profundo dándole libertades al pueblo de todo tipo, buscando la perfección en todos los órdenes, dejando que los cubanos tengan propiedad y puedan expresar sus ideas libremente.

Sin embargo, el gobierno como acostumbra, afirmó que la economía había crecido en un 12,6 por ciento, pero el cubano de a pie se pregunta ¿dónde está ese crecimiento económico y cómo es que ahora se habla de eficiencia frente al desorden y la desidia existentes, donde nada de nada funciona?

Yo no lo entiendo, quien lo entienda, por favor, que me explique.