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La señora Julia, es madre de uno de los jóvenes
sancionados a cadena perpetua y tía de otro de ellos. Harol
Alcalá Aramburu, de 28 años y Maykel Delgado Aramburu,
de 33 años, son los sancionados a cadena perpetua cuando
otros tres jóvenes fueron fusilados en el 2003.
Como madre, tía
y ser humano, ya he apelado a todas las instancias de Cuba. Aquí
nadie me ha ofrecido una respuesta, por eso apelo internacionalmente
a los organismos de derechos humanos y al Papa, y pido que intercedan
por estos jóvenes, que los están matando poco a
poco en la cárcel, no les están dando asistencia
médica ni les permiten tomar sol, dos cosas que todo ser
humano necesita.
En Cuba se ha
llevado a juicio a personas más violentas, las cuales sí
han matado, de distintas formas y solo las han sancionado a 30
años de prisión. ¿Por qué ser tan
cruel con estos jóvenes que solo querían abandonar
el país aunque no hayan escogido la forma más adecuada
pero que no mataron a nadie?
Suplico humildemente
se haga llegar mi solicitud al Papa, a la Comisión de Derechos
Humanos, de un nuevo juicio que no sea a puertas cerradas, que
se les dé asistencia médica y las condiciones humanas
que necesitan para poder permanecer en la prisión
Así nos planteaba esta madre con los ojos llorosos y la
esperanza de que estas súplicas sean escuchadas. También
nos hizo llegar una carta de su hijo y sobrino para que sea publicada.
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CARTA
Ciudad Habana, 26 de
noviembre del 2007
Hoy nos decidimos a
escribirles pues es la única esperanza que tenemos que
nos escuchen y sobre todas las cosas que nos den una respuesta
y que nos tengan en cuenta como seres humanos.
Primeramente somos
dos jóvenes que estamos sancionados a cadena perpetua por
los sucesos de la lancha Baraguá de abril del 2003. Nos
nombramos Harol Alcalá Aramburu, de 28 años, y Maykel
Delgado Aramburu, de 33 años.
Sabemos y estamos concientes
que cometimos un error y que por ende debemos pagarlo ante la
sociedad y lo estamos cumpliendo, pero lo que más nos está
afectando es las condiciones en las cuales nos tienen sometidos
y que lentamente se está deteriorando nuestra salud, sin
tener en cuenta que nadie puede vivir toda una vida sin coger
sol a diario, porque una hora semanal no hace ningún efecto
cuando estamos todo el resto del tiempo bajo paredes húmedas
donde la frialdad es todo el año, donde el televisor se
ve detrás de una rejas y que ya la vista no tiene la misma
visión y para recibir la asistencia médica se hace
bastante difícil. Nos pasamos el tiempo prácticamente
entumidos porque no tenemos espacio para caminar, y como estas,
muchas cosas más que sería interminable mi carta.
Algo que quisiéramos
saber y si no tenemos el derecho a trabajar y sentirnos vivos
aunque sea en este lugar y aportar algo a nuestra familia. Estamos
vegetando sin poder ser reeducados y valernos por nuestros propios
esfuerzos. No tenemos derecho a pabellón de estímulo,
a visitas de estímulo porque como dijimos anteriormente
nos equivocamos, cometimos un error pero no éramos un potencial
delictivo; nacimos y crecimos en esta sociedad y creemos que podemos
ser capaces de reinsertarnos a la misma, ya que lo importante
es saber levantarse y nosotros lo hemos hecho ya que tenemos buena
conducta pero no vemos que sea así nuestros beneficios,
porque después de llevar casi dos años con un régimen
severo y pasar un a un régimen menos severo de las visitas
cada un mes, ahora vuelven a aplicarnos el régimen severo
y metidos en la unidad del 47 del Combinado del Este.
Por lo tanto pensamos
que no mentir jamás y decir la verdad, es el mayor argumento
para defendernos y es la mayor garantía para el tiempo.
Ya nos sentimos acorralados
sin saber quien es la persona indicada y por eso pensamos que
sean ustedes porque nuestra familia a hecho todo lo que ha podido
hacer en momentos de desespero y no ha obtenido una respuesta
sincera y justa, al contrario solo han sabido sentirse fracasada.
Por difícil
que sea el ánimo, por grandes que sean las dificultades
y las adversidades, no existe fuerza capaz de hacer fracasar la
confianza que tenemos que algún día seremos escuchados
y poder terminar con esta tortura psicológica a que estamos
sometidos
Sin más esperamos
ser escuchados una vez más.
Harold Alcalá
Aramburu y Maykel Delgado Aramburu.
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