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LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Hace cuatro años,
en abril de 2003 entrevisté a la Sra. Rosa Maria García
Nizzaram. Ella es la madre de Bárbaro Leodán Sevilla
García. Bárbaro fue fusilado la madrugada del 11
de abril. Le acompañaron en el suplicio Lorenzo Enrique
y Jorge Luis. Son los mártires de la Primavera Negra de
2003: Jóvenes, negros, pobres y capitalinos.
Hay una imagen recurrente que no puedo apartar de mi cabeza.
En aquel momento, cuando la entrevisté, en su humilde vivienda
de la calle Jesús Peregrino, en Centro Habana, Rosa Maria
conservaba un par de zapatos deportivos de Bárbaro. Estaba
delante de una fotografía suya, le había puesto
azucenas blancas.
Fidel Castro decidió que debían morir. No parece
haberle costado mucho condenar a estos tres jóvenes. Mató
a tantos, que tres negros jóvenes, pobres, y de La Habana,
pesaron poco en su balanza. Con su humor incierto, equiparó
estas muertes con la repartición de una tarta. Cada uno
recibió su parte de esa segunda alternativa que históricamente
tiene reservada para los cubanos: la muerte.
No fue decisión colegiada, fue la suya. Para ello argumentó
la necesidad de dar un escarmiento. El día en que el abogado,
Lic. Jorge Luís Betancourt recogió la sentencia,
la misma ya estaba firmada por Fidel Castro. El 5 de abril fue
la primera vista del juicio. Entre ese día y la matanza
transcurrió menos de una semana. Los mataron el día
11 de abril. Sin garantías procesales.
El crimen le enajenó muchas simpatías al régimen.
La izquierda cómplice se vio de forma momentánea
obligada a callar. A esos mártires de La Habana, el pueblo
comenzó a llamarlos "Los tres negritos".
Muchos santeros en La Habana colocaron cabeza abajo la efigie
de Castro. Para los practicantes de la santería, el régimen,
entre otros desplantes, ofendió a Oshún. En el sincretismo
religioso cubano, esta deidad se equipara con la Santísima
Virgen de la Caridad del Cobre y castiga mientras sonríe;
de acuerdo con la tradición yoruba, lo hace en el vientre.
El maridaje entre cobardía y crueldad engendra crimen.
Los cobardes suelen ser exquisitamente crueles y no conocen la
piedad. La compasión es asunto de fuertes. La magnanimidad,
negocio de varón o de mujer perfecta.
Los crímenes de la Primavera Negra de 2003 siguen impunes.
Los culpables aún mandan.
Ni Lorenzo Enrique, ni Jorge Luís, ni Bárbaro eran
delincuentes. Vivieron la vida que el régimen les impuso.
Su único delito fue querer el sueño americano o
su hijo legítimo: el sueño cubano-americano. Quizás
todo fue aun más sencillo y se trató solamente de
escapar de una pesadilla. Desde sus sueños malogrados y
su juventud tronchada, Los Tres Negritos de La Habana piden justicia.
Cuba, sólo libertad.
jgonzafeb@yahoo.com
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