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La Asamblea
Nacional del Poder Popular de Cuba concluye hoy sus dos días
de sesiones, previstas regularmente dos veces al año. No
es mucho tiempo para un supuesto cuerpo legislativo, pero en realidad
lo de legislativo es pura fórmula.
Sin embargo, como en
esta ocasión no es ése el tema de esta columna,
prefiero ir directo al asunto del título.
Se trata de los informes
que algunos ministros de la dictadura castrista han rendido ante
los asambleístas (llamados parlamentarios), sobre sus respectivos
ministerios. Cuando se lee entre líneas lo publicado por
el diario oficial Granma, citando a los altos funcionarios del
régimen, sus explicaciones y justificaciones adquieren
una dimensión de catástrofe.
El cuadro que describen,
por ejemplo, en importantes sectores de la sociedad y la economía
cubana, es casi desolador. Por supuesto que no falta, a cada una
de estas explicaciones, una esperanzadora expectativa antes de
que comiencen a aflorar las malas noticias.
Un ejemplo clásico
es el informe presentado por el flamante ministro de Transporte,
Jorge Luís Sierra, ex jefe del Partido Comunista en la
oriental provincia de Holguín y protegido del general Raúl
Castro.
Sierra comenzó
asegurando que el transporte de pasajeros tendrá
una mejoría gradual porque se van a comprar una importante
cantidad de ómnibus que llegarán al país
en los próximos meses.
Cuando esos ómnibus
lleguen entonces se podrán restablecer las antiguas rutas
que facilitaban el transporte de pasajeros entre los pueblos y
municipios con las capitales de provincias.
Claro que, a pesar
de esas promesas, todavía no se experimenta una mejoría
en el nivel de satisfacción de la población, ya
que los nuevos equipos se incorporarán en los próximos
años.
Aunque el ministro
no precisó el número de años, dejó
claro que, en cualquier caso, no podrán alcanzarse
en breve plazo los ritmos del período de 1986 al 90.
Si el caso de los pasajeros
es grave el del transporte de carga por carretera es casi peor
y sin entrar en mayores detalles el ministro reconoció
la existencia todavía de insuficiencias que se deben eliminar.
La situación es la misma para los ferrocarriles donde aún
se observan deficiencias organizativas y operacionales.
En el caso del transporte
el reportaje de Granma indicó que otros señalamientos
tuvieron que ver con la lucha contra las ilegalidades, el robo
y la corrupción, así como con la explotación
adecuada de los equipos automotrices, a pesar de ser de una tecnología
que como mínimo data de 20 a 30 años.
Casi nada. A pesar
de todo, habría que darle cierto crédito de honestidad
al ministro de Transporte, quien quizás agobiado por tantos
males expresó, a modo de conclusión de su informe
que todavía es insuficiente el nivel de solución
de los problemas acumulados durante años.
Escuchando el rosario
de lamentos que recitó el ministro Sierra, al vicepresidente
Carlos Lage, se le ocurrió una idea genial
para cuidar a los ómnibus de pasajeros prometidos para
el futuro.
El hombre que tiene
bajo su responsabilidad supervisar todo lo relacionado con la
economía cubana, se contagió con sus colegas del
Ministerio del Interior y propuso lograr la máxima
disciplina en la transportación de pasajeros. Para
disciplinar a usuarios y operadores Lage propuso el establecimiento
de un reglamento para el uso de los vehículos.
Para no ser injustos
con el vicepresidente Lage habría que señalar que
no todo fue cuestión de propuestas disciplinarias y reglamentos.
Nada de eso. También hay materia de estudio y análisis.
Ese es el caso del
problema que confrontan los cubanos con las pésimas instalaciones
eléctricas en el interior de sus deterioradas viviendas.
Casi con una ingenua humildad, Lage reconoció que ese es
el problema para el cual tenemos menos claridad acerca de
cómo resolverlo. Sin embargo anunció convencido
que la empresa estatal Unión Eléctrica estudia
el asunto y deberá presentar las propuestas técnicas
que permitan emprender el trabajo.
Aunque mi profesión
es el periodismo, casi estoy tentado de sugerir al vicepresidente
Lage una solución menos sesuda, pero más práctica.
Todo lo que se necesita para que los cubanos puedan solucionar
ese problema es una buena ferretería, bien surtida, de
todo tipo de componentes y materiales eléctricos. Muy importante:
¡que se puedan comprar con el dinero nacional que cobran
los trabajadores cubanos.! Es todo.
La verdad es que Lage
tuvo que hacer malabares con los sofismas para explicar lo relacionado
con la Revolución Energética que se le ocurrió
al Comandante en Jefe hace tres años atrás.
Sin dejar de
reconocer el extraordinario valor económico y el inigualable
beneficio social de la Revolución Energética,
Lage reconoció, que las primeras hornillas eléctricas
vendidas a la población constituyeron un error, pues
no tuvieron la calidad necesaria para el uso intensivo que recibirían
y fue necesario recogerlas
Similar evaluación
hizo de las jarras eléctricas porque al emplearse en fines
no previstos, empezaron a generar consumos de electricidad por
encima de los calculados y se decidió suprimir su distribución..
La ministra de la Industria
Básica, Yadira García, quien acudió en ayuda
de Lage, informó que la distribución ( leáse
venta) de refrigeradores está recibiendo un importante
impulso, sobre todo en Ciudad de La Habana, donde por diferentes
razones se retrasó el proceso y solo se había entregado
(leáse vendido) el 58% de los previstos.
Dos palabras para resumir
este comentario: ¡Cosas de ministros!
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