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Leyendo entre lineas a los ministros
Pablo Alfonso
Articulo publicado en Cuba por dentro.

 

La Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba concluye hoy sus dos días de sesiones, previstas regularmente dos veces al año. No es mucho tiempo para un supuesto cuerpo legislativo, pero en realidad lo de “legislativo” es pura fórmula.

Sin embargo, como en esta ocasión no es ése el tema de esta columna, prefiero ir directo al asunto del título.

Se trata de los informes que algunos ministros de la dictadura castrista han rendido ante los asambleístas (llamados parlamentarios), sobre sus respectivos ministerios. Cuando se lee entre líneas lo publicado por el diario oficial Granma, citando a los altos funcionarios del régimen, sus explicaciones y justificaciones adquieren una dimensión de catástrofe.

El cuadro que describen, por ejemplo, en importantes sectores de la sociedad y la economía cubana, es casi desolador. Por supuesto que no falta, a cada una de estas explicaciones, una esperanzadora expectativa antes de que comiencen a aflorar las malas noticias.

Un ejemplo clásico es el informe presentado por el flamante ministro de Transporte, Jorge Luís Sierra, ex jefe del Partido Comunista en la oriental provincia de Holguín y protegido del general Raúl Castro.

Sierra comenzó asegurando que el transporte de pasajeros “tendrá una mejoría gradual” porque se van a comprar una importante cantidad de ómnibus “que llegarán al país en los próximos meses”.

Cuando esos ómnibus lleguen entonces se podrán restablecer las antiguas rutas que facilitaban el transporte de pasajeros entre los pueblos y municipios con las capitales de provincias.

Claro que, a pesar de esas promesas, todavía “no se experimenta una mejoría en el nivel de satisfacción de la población, ya que “los nuevos equipos se incorporarán en los próximos años”.

Aunque el ministro no precisó el número de años, dejó claro que, en cualquier caso, “ no podrán alcanzarse en breve plazo los ritmos del período de 1986 al 90.”

Si el caso de los pasajeros es grave el del transporte de carga por carretera es casi peor y sin entrar en mayores detalles el ministro “reconoció la existencia todavía de insuficiencias que se deben eliminar.” La situación es la misma para los ferrocarriles donde “aún se observan deficiencias organizativas y operacionales”.

En el caso del transporte el reportaje de Granma indicó que “otros señalamientos tuvieron que ver con la lucha contra las ilegalidades, el robo y la corrupción, así como con la explotación adecuada de los equipos automotrices, a pesar de ser de una tecnología que como mínimo data de 20 a 30 años”.

Casi nada. A pesar de todo, habría que darle cierto crédito de honestidad al ministro de Transporte, quien quizás agobiado por tantos males expresó, a modo de conclusión de su informe que “todavía es insuficiente el nivel de solución de los problemas acumulados durante años”.

Escuchando el rosario de lamentos que recitó el ministro Sierra, al vicepresidente Carlos Lage, se le ocurrió una idea “genial” para cuidar a los ómnibus de pasajeros prometidos para el futuro.

El hombre que tiene bajo su responsabilidad supervisar todo lo relacionado con la economía cubana, se contagió con sus colegas del Ministerio del Interior y propuso lograr “la máxima disciplina” en la transportación de pasajeros. Para disciplinar a usuarios y operadores Lage propuso “el establecimiento de un reglamento para el uso de los vehículos.”

Para no ser injustos con el vicepresidente Lage habría que señalar que no todo fue cuestión de propuestas disciplinarias y reglamentos. Nada de eso. También hay materia de estudio y análisis.

Ese es el caso del problema que confrontan los cubanos con las pésimas instalaciones eléctricas en el interior de sus deterioradas viviendas. Casi con una ingenua humildad, Lage reconoció que ese es “el problema para el cual tenemos menos claridad acerca de cómo resolverlo”. Sin embargo anunció convencido que la empresa estatal “Unión Eléctrica estudia el asunto y deberá presentar las propuestas técnicas que permitan emprender el trabajo”.

Aunque mi profesión es el periodismo, casi estoy tentado de sugerir al vicepresidente Lage una solución menos sesuda, pero más práctica. Todo lo que se necesita para que los cubanos puedan solucionar ese problema es una buena ferretería, bien surtida, de todo tipo de componentes y materiales eléctricos. Muy importante: ¡que se puedan comprar con el dinero nacional que cobran los trabajadores cubanos.! Es todo.

La verdad es que Lage tuvo que hacer malabares con los sofismas para explicar lo relacionado con la Revolución Energética que se le ocurrió al Comandante en Jefe hace tres años atrás.

“Sin dejar de reconocer el extraordinario valor económico y el inigualable beneficio social de la Revolución Energética”, Lage reconoció, que las primeras hornillas eléctricas vendidas a la población “constituyeron un error, pues no tuvieron la calidad necesaria para el uso intensivo que recibirían y fue necesario recogerlas”

“Similar evaluación hizo de las jarras eléctricas porque al emplearse en fines no previstos, empezaron a generar consumos de electricidad por encima de los calculados y se decidió suprimir su distribución.”.

La ministra de la Industria Básica, Yadira García, quien acudió en ayuda de Lage,” informó que la distribución ( leáse venta) de refrigeradores está recibiendo un importante impulso, sobre todo en Ciudad de La Habana, donde por diferentes razones se retrasó el proceso y solo se había entregado (leáse vendido) el 58% de los previstos”.

Dos palabras para resumir este comentario: ¡Cosas de ministros!