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Esta reflexión me la han motivado, críticas, análisis
y cuestionamientos que he estado escuchando o leyendo hace casi
cinco décadas y aunque dicen que la verdad es una sola,
es evidente que se puede contemplar de diferentes ángulos.
Con frecuencia amigos, personas que estimo y respeto por su dignidad
y talento, critican severamente a Estados Unidos en lo que atañe
a Cuba. Por eso aquí van mis puntos de vistas que pueden
ser tan acertados o errados como los de cualquiera que haya opinado
al respecto.
De los cuestionamientos a Estados Unidos en relación con
el proceso de lucha contra el régimen totalitario poco
tengo que agregar a las justificadas críticas e interrogantes
que muchos de mis compatriotas se han hecho en estas últimas
décadas.
Me sumo a los que opinan
que el "Caso Cuba" ha sido evaluado de forma equivocada
por parte de las autoridades estadounidenses, pero también
estoy entre los que creen que la oposición democrática
cubana que se alió a este país en la década
del 60 no fue lo suficientemente precisa en aspectos tan importantes
como su independencia en la elaboración de los proyectos
y la ejecución de los mismos, y creo que no lo fueron porque
estaban conscientes de que solo un aliado poderoso podía
suministrarle lo necesario para enfrentar un régimen que
ya estaba sentado en el regazo del oso soviético.
Me atrevo a comparar la decisión de los patriotas cubanos
que en los 60 buscaron la ayuda de Washington sin definir antes
ciertos aspectos muy importantes, a la disposición de otros
patriotas que en 1901 acataron la Enmienda Platt como un mal menor,
porque entendían que aunque fuera de una manera menguada,
el país de todos accedía a la independencia.
Por otra parte es también cierto que los que decidieron
enfrentarse por su cuenta y riesgos al régimen pro soviético
de la Habana incurrieron en errores en la elaboración de
sus planes y acciones, aparte de que nunca consiguieron suficientes
recursos para oponerse al enemigo. Justo es decir que como si
fuera poco, los que se encontraban fuera de Cuba, tenían
tras sus huellas a los agentes federales que siempre han tenido
bien definidas sus responsabilidades, en eso que los gobiernos
califican como Seguridad Nacional.
La alianza de Castro con el Kremlin le dio a su régimen
excelentes frutos en lo que atañe a conservar el poder
y por otra parte es indiscutible que la asociación de sectores
de la oposición cubana a Washington para derrocar la dictadura
no fue exitosa, entre otras consideraciones, porque este país
tiene leyes que sus dirigentes deben respetar y una opinión
publica que sanciona cada cuatro años la gestión
de sus gobernantes lo que hace que la ayuda que viene de las riveras
del Potomac fluya a veces como tempestuosa corriente y otras como
delicado riachuelo en tiempo de sequía. Una diferencia
abismal con el Moscú de las utopías, donde un jerarca
y su corte decidían a su conveniencia.
La causa democrática cubana ha tenido pocos aliados pero
salvo contadas excepciones como lo fue Don Rómulo Betancourt,
los cofrades no lo han sido por convicción sino porque
Estados Unidos se lo planteó, o el régimen cubano
estaba afectando sus intereses. La conducta de la mayor parte
de los gobiernos, no digo todos por si alguien me dice que encontró
la aguja en el pajar, ha sido de indiferencia en el mejor de los
casos y de abierta complicidad en los peores.
Sobran ejemplos que tipifican una conducta favorable al régimen
de la isla por parte de gerencias de signos políticos contrarios.
Los gobiernos del hemisferio en estas décadas; dictaduras
militares o democracias de cualquier signo- democristianos, socialdemócratas,
liberales y conservadores- no fueron capaces de implementar una
estrategia a favor de los demócratas cubanos. Veamos.
Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela en
dos ocasiones en representación de un partido socialdemócrata,
nunca respaldó un proceso de cambio político en
la isla y la dictadura de la Junta Militar de Argentina coopero
abiertamente con el totalitarismo cubano. El también dictador
Augusto Pinochet en los casi 20 años que duró su
régimen nunca prestó apoyo a los enemigos del castrismo.
Los supo usar pero no ayudar mas lejos de lo que le convenía.
América Latina no ha sido sensible ante la problemática
cubana y otro tanto podríamos decir en relación
a Haití. No escuchan ni ven lo que no quieren escuchar
o mirar. Un ejemplo son las Cumbres Iberoamericana, una especie
de juegos olímpicos de la política, allí
solo están presentes los intereses y no los principios
que a boca llena proclaman lo dirigentes latinoamericanos. La
engavetada resolución de Viñas del Mar es uno de
los muchos ejemplos de la gran farsa de una supuesta hermandad
de pueblos que la actuación de los lideres hace imposible
que se concrete, aunque también amplios sectores populares
tienen responsabilidad, porque solo se dan cuenta de lo que significa
el castrismo cuando las garras le están acariciando la
garganta.
Algunos de los países
mas importantes del hemisferio-Brasil, Argentina, Chile- cuando
estuvieron bajo dictaduras militares, que se suponían enemigas
a muerte del castrismo, ni después, cuando se establecieron
en ellos las democracias actuaron a favor del pueblo cubano. Todos
hicieron caso omiso de lo que ocurría en la mayor de las
Antillas y le dejaron a Estados Unidos la responsabilidad de asumir
un papel protagónico en el conflicto del pueblo de la isla
con la dictadura, rol que no cesan de criticar pero que ningún
país latinoamericano ha estado dispuesto a asumir en la
forma, estilo y manera que consideren conveniente y beneficiosa
para una transición a la democracia en Cuba.
En lo que respecta
a la solidaridad humana, mas allá de casos individuales
que sin duda tienen importancia, nunca establecieron una estrategia
de protección a refugiados. Solo dos países latinoamericanos
instituyeron una política regular para dar patrocinio a
aquellos que querían salir de la Isla del Doctor Castro:
Venezuela, en los gobierno de Carlos Andrés Pérez
y Luís Herrera Campins y Costa Rica. México que
tan generoso fue con los exiliados españoles no jugó
el mismo rol con los de Cuba, tampoco Argentina que recibió
a cientos de nazis que huían de la justicia aliada.
Sin embargo Estados Unidos, a pesar de sus contradicciones políticas
y de decisiones que algunos califican como traidoras, ha sido
el refugio por antonomasia de aquellos que por cualquier motivo
abandonaron la isla. Los gobiernos de este país implementaron
una política de estado -en esa época los exiliados
o emigrantes, hay de todo, no tenían el poder del voto-,
que favorece a las personas de origen cubano concediéndoles
la residencia y prestándoles una asistencia social por
un periodo de varios meses que satisface ampliamente las necesidades
del individuo y su familia.
Curiosamente, salvo excepciones muy puntuales como el presidente
salvadoreño Francisco Flores y varios mandatarios costarricenses
los líderes políticos latinoamericanos se vuelven
enemigos de Castro cuando dejan la presidencia. Solo fuera del
poder claman que en Cuba hay una dictadura y que el gobierno de
la isla debe cambiar. Cuando gobiernan callan, cómplices
por omisión y a veces por participación, en la tragedia
de la isla.
¿Dónde están la hermandad y la solidaridad
que tan enfáticamente se proclama, la política y
la de gente, esa que recibe a refugiados y no deporta a los que
han perdido su hogar o pueden ir a prisión en su país,
esa que apoya a la oposición democrática cubana
sin temer a las reacciones y protestas de los aliados del totalitarismo
castrista.
Pero retornemos a Estados Unidos y su política hacia Cuba,
sin dudas una gestión plagada de traspiés y contradicciones.
Ha sido un error o pecado de ingenuidad el que algunos hayan creído
que los gobiernos de Estados Unidos han intervenido en el "problema
cubano" por convicción y libre de intereses. Los cambios
de estrategias hacia el régimen totalitario siempre han
estado relacionado con las fórmulas políticas que
mejor se ajustan a los planes de Washington, no a las necesidades
de los cubanos que dentro y fuera del país han enfrentado
al totalitarismo en estas casi cinco décadas.
Bahía de Cochinos esta fresco en la memoria, la mal coordinada
ayuda a los alzados en armas o la contradictoria asistencia al
movimiento clandestino de la oposición en la década
del 60 y 70. Por eso aquellos que establecen vínculos,
necesarios y en ocasiones imprescindibles, con un gobierno y sus
dependencias no deben pasar por alto que tienen que procurarse
medios propios porque en cualquier momento, cualquier día
y en cualquier ocasión esas autoridades, pueden retirarle
la escalera.
Pero antes de concluir es un deber mencionar a los muchos estadounidenses,
independientemente a los gobiernos que ha tenido este país
que se identificaron con la causa democrática cubana cumpliendo
prisión, muriendo en combate o ante el paredón de
fusilamiento. Ningún otro país tiene un mayor número
de sus naturales muertos en Cuba. Aunque este trabajo pretende
reflexionar sobre intereses no es posible obviar el coraje, la
dignidad y la identificación de muchos estadounidenses
con la causa contraria al totalitarismo castrista. Los cubanos
también aportaron mucho a este país en su lucha
contra el comunismo internacional y ese es un punto que en su
momento se debe investigar y divulgar.
En fin, Estados Unidos actúa como lo que es, la nación
mas poderosa del mundo. Su gobierno esta para dirigir y conducir
al mejor puerto posible los intereses de su pueblo. Reclamar otra
cosa, tal vez sea justo pero no tiene sentido. Hay que ser realista,
para echar una guerra, ideológica, política o militar
uno tiene que ser dueño de su pólvora, virtual o
real, pero dueño, no se puede estar a merced de las regalías
de las grandes potencias o de aliados que se involucran las mas
de las veces por propia conveniencia y en cierta medida, ese ha
sido uno de nuestros yerros.
Entiendo. Comprendo. Repito. El hecho que Estados Unidos haya
establecido una política hacia el régimen totalitario
que en su opinión se ajusta a sus conveniencias, tanto
cuando nos dieron armas, entrenaron hombres o en los foros internacionales
en los que denuncia la violación de los derechos humanos
en Cuba.
También creo
que lo que han hechos las republicas de América Latina
ha sido también en función de sus intereses, que
lógicamente tienen que primar por encima de los nuestros,
lo que sucede es que la mayor parte de las veces han sido mudos
y sordos a los problemas que padecen los cubanos ante el régimen
y no actúan, salvo muy contadas ocasiones, por propia iniciativa
en un tema tan controversial para su política domestica
como es la dictadura de Fidel Castro.
Es una realidad que optan por el silencio cómplice y aplazan
la confrontación permitiéndole a los desestabilizadores
de oficio, ejemplos sobran, que se fortalezcan, organicen y generen
el necesario caos que solo desaparecerá con la Pax Castrista.
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, son ejemplos de esconder
la basura bajo la alfombra, ¿cuantos faltan?.
Pedro Corzo
Marzo
2007
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