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Vengo
de pasar unos días en Cuba. Fui con la intención
de hacer turismo y, de paso, observar cómo está
el país en la víspera del inminente fallecimiento
de Fidel Castro. La impresión fue tan fuerteque el turismo
pasó a segundo plano.
Cuba es un país
en ruinas. El hambre salta a los ojos. La población anda
mal vestida. El transporte es un caos. Contrariamente a lo que
se dice, el sistema de salud está colapsado. Y la educación
perdió hace tiempo la brújula de correspondencia
con lo que puede ser la necesidad social, amén de estar
monitoreada por la ideología imperante y el culto a la
personalidad del comandante. Lo que mejor funciona es el sistema
represivo, el cual tolera el mercado negro --que les permite "resolver"
a los cubanos con mayor contacto con el mundo exterior--, pero
es implacable frente a cualquier intento de oposición política.
Para llegar a esas
conclusiones no es necesario escarbar mucho. Basta pasear por
La Habana --la ciudad menos pobre del país-- para constatar
cómo vive la gente: en viviendas precarias divididas en
cuantas partes sea posible, con familias apiñadas de generación
en generación. Arreglar una habitación, según
lo que vi, es una proeza.
Y por lo general lo logran las privilegiadas "casas particulares",
que pueden darse el lujo de alquilar un cuarto a turistas siempre
y cuando le paguen US$300 mensuales al Estado para obtener esa
"licencia". Porque en Cuba nadie es propietario de su
vivienda. Todo es del Estado, es decir, del agonizante Fidel y
de quienes sustentan su poder.
El hambre se observa
en los mercados. La calidad de los productos es inferior a la
de cualquier mercado de los alrededores de Lima.
Cualquier mercado de Lima norte o sur es largamente superior al
mercado de Vedado --el barrio más pudiente de La Habana--.
Allá solo encontrará plátanos de calidad
baja, yucas, arroz a granel, frijoles y carne de cerdo. Lo demás
muy caro y en pesos convertibles. Los cubanos ganan, en promedio,
15 pesos convertibles o dólares **_al mes_** (300 pesos
cubanos y lo que estos pueden comprar).
Cualquier peruano
de lo que llamamos el sector C con sus US$300 de ingreso mensual
tiene mayor y mejor poder adquisitivo que cualquier cubano promedio.
Pasada la impresión
de observar un museo viviente del automóvil, uno se topa
con las enormes colas para subir a un bus. Con la cultura del
auto-stop convertida en norma. Con unos tráilers enormes
adaptados a buses para que entren 500 personas apretadas. Como
turista, uno puede darse el lujo de tomarse un mototaxi que le
cobrará cuatro dólares por llevarlo al hotel. Mototaxi
que, por supuesto, no es de su chofer.
Es del Estado, convertido
en el explotador de ese chofer que en Lima cobraría más
barato pero ganaría más.
El mito de la salud gratis de calidad se cae con tan solo conversar
con un médico. Conocí a un dentista quien, no sin
temor, me contó que tenía asignados 10,000 pacientes
de dientes carcomidos. Trabaja más de ocho horas diarias.
Gana US$20 al mes y no ve las horas de que lo envíen a
Venezuela para poder salir de Cuba. Porque a los médicos,
como a los educadores, no les dan visa de salida. Me contó
que las colas en los hospitales, la escasez de ambulancias, de
personal y de equipos, así como de medicinas, es asfixiante.
Algo que se agrava con la iniciativa de "cooperar" con
Venezuela, Bolivia y los centros ALBA en países como el
Perú, en el marco del proyecto de extender el socialismo
en toda América Latina.
Por primera vez desde
que soy adulto pasé, en Cuba, una semana sin la posibilidad
de leer un diario. Porque ese boletín oficial de ocho páginas
llamado "Granma" no es digno de ese nombre. Los cubanos
no se enteran de nada de lo que pasa en Cuba misma y en el mundo.
La Internet en casa está prohibida. Solo algunos tienen
acceso limitado y controlado desde sus oficinas. Los cubanos se
han acostumbrado a la censura y a tener en su cuadra a un policía
civil que hurga en
sus vidas privadas impunemente, bajo el título de defensor
de la revolución. Porque antes de reclutarlo a uno en un
trabajo, su eventual futuro jefe debe consultar con el comisario
de la cuadra acerca de su comportamiento "revolucionario".
Peor de lo que imaginé
Cuba, con sinceridad. Y pensar que muchos peruanos siguen siendo
engañados por esa utopía socialista y autoritaria
que, sin duda, nos volverá a tocar la puerta en el 2011.
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