La escultura moderna en Cuba: de la Vanguardia a la Revolución
por Alejandro Anreus
 
 

Para Roberto Estopiñán en sus 84 años

En la narrativa de la visualidad moderna cubana, la pintura tiene un lugar central. A la escultura se le menciona, pero rara vez se le analiza, discute y explica con la atención que se le da a la pintura. Es decir, si la pintura es la Cenicienta del cuento, la escultura es una de las hermanastras feas. Estos apuntes harán eso, apuntarán nombres de escultores, tendencias importantes, fechas claves y obras de importancia dentro del periodo que podemos definir como moderno dentro de la plástica cubana, de finales de los años veinte hasta la llegada de la revolución en el 1959.

Los nombres de los pintores Víctor Manuel, Amelia Peláez, Eduardo Abela, Carlos Enríquez, Fidelio Ponce y Wifredo Lam, son entre los mas conocidos dentro de la vanguardia pictórica cubana entre 1927 y la pos-guerra, y es uno de sus contemporáneos, el escultor Juan José Sicre (1898-1974), el que introduce la escultura moderna en la isla. Sicre nació en el central Carlos Rojas, provincia de Matanzas. Estudió en la Academia de San Alejandro y partió para Europa en 1921. Continuó sus estudios en la Academia de San Fernando en Madrid, y fue influenciado por la obra del escultor español Victorio Macho. En 1923 Sicre se trasladó a Paris donde continúo sus estudios en la Grande Chaumiére, aquí fue discípulo de Antoine Bourdelle ex discípulo y asistente de Auguste Rodin, por vía de este descubrió la escultura impresionista al igual que el estilo arcaico de los griegos. En Paris Sicre estudió talla directa con el español José de Creeft aunque rechazó el decorativismo de este ultimo, la forma espontánea de tallar directamente sobre el material con un mínimo de dibujo, fue una influencia clave. En esta época Sicre desarrolla un estilo sencillo y elegante en lo que se refiere al retrato escultórico; ejemplos típicos son sus retratos de los pintores cubanos Antonio Gattorno y Víctor Manuel, y de los escritores César Vallejo y Miguel Ángel Asturias. Sicre regresó a Cuba en 1927 y se integró a la enseñanza en la Academia de San Alejandro. Aunque continuo practicando el retrato, su Sylvia de 1928 es un ejemplo excepcional del retrato moderno en su sencilla estilización, sensualidad y frescura, su labor escultórica se enfoco en los monumentos públicos. De estos, su Monumento a Finlay, la Fuente de las Antillas, los relieves de las muertes de Maceo, Agramonte, Céspedes y Martí en el Panteón de los Veteranos (Cementerio Colón), prueban que la escultura publica no tiene que ser ordinaria ni aburridamente académica, sino sencilla y directa, evocando el dinamismo de la modernidad. Sin duda alguna, la obra de Sicre más conocida es su Martí en la plaza cívica de La Habana. El obelisco "llamado en joda la raspadura" no fue diseño de Sicre sino de un arquitecto favorecido por el régimen de Batista. Esta escultura es un buen ejemplo de lo que los críticos de la época llamaron estilo racionalista; sus formas fueron talladas evitando detalles excesivos y presentando el cuerpo como una abstracción donde la poderosa cabeza del apóstol descansa. Es sin duda alguna uno de los iconos más reconocibles de Martí dentro de la visualidad cubana, junto a los retratos del apóstol pintados por Eduardo Abela y Jorge Arche.

En 1927 Sicre fue, junto con los pintores Abela y Gattorno, uno de los firmantes de la declaración del Grupo Minorista; señal importante de su compromiso con las ideas progresistas y vanguardistas del momento. Yo creo que quizás su labor más importante en introducir la modernidad en la escultura cubana fue su magisterio en San Alejandro. La Academia era un lugar tradicional y cerrado, donde reinaba la mediocridad artística y las conexiones políticas. Cuando Sicre llega a San Alejandro el área escultórica era controlada por académicos de tercera categoría como Esteban Betancourt, Isabel Chapotin y José Oliva Michelena. Sicre introduce la talla directa en piedra y madera, empuja a sus alumnos a trabajar con maderas nacionales, hace énfasis en la importancia del dibujo como un proceso dimanico de pensar la escultura y les habla de Rodin y sus discipulos, al igual que de las esculturas de pintores como Picasso y Matisse. Ya para época de la segunda guerra mundial Sicre se ha convertido en el maestro de escultura preferido por aquellos que tienen inquietudes vanguardistas. A finales de la década del cuarenta de la clase y el taller de Sicre sale una generación nueva de escultores: Roberto Estopiñán (1921-), Agustín Cárdenas (1927-2001), Eugenio Rodríguez (1917-1968), Manuel Rodulfo Tardo (1913-1991), José Núñez Booth (1919-1993) y Rolando Gutiérrez (1919-1976), para mencionar a los más importantes.

Otras dos figuras que contribuyeron a la escultura moderna en Cuba dentro del contexto de la Academia de San Alejandro fueron los escultores afro-cubanos Teodoro Ramos Blanco (1902-1972) y Florencio Gelabert (1904-?).

Ramos Blanco fue un producto neto de la academia, recibiendo allí su educación e integrándose a la facultad en 1936. Ramos Blanco no se rebeló en contra de la academia; mas cultivo cierta tendencia expresionista dentro del academicismo, sobre todo en sus cabezas como Vida interior, Autorretrato, y Negra vieja. Sus monumentos públicos, con la excepción del Monumento a Mariana Grajales y la tumba de Antonio Guiteras, son desastrosos ejemplos de un monumentalismo exagerado y facistoide típico de la Italia y Alemania de los años treinta. Florencio Gelabert estudió dibujo, escultura y pintura en la Academia de San Alejandro, y se recibió doctor en pedagogía de la Universidad de La Habana. En 1936 entró a la facultad de la escuela anexa de San Alejandro, donde fue profesor de dibujo geométrico, proyecciones y lavado. En su obra escultórica Gelabert se especializo en el relieve y la talla en madera; estilísticamente su escultura evoca ciertas tendencias decorativas del art nouveau al igual que la estilización expresionista de escultores alemanes como Lehmbruck.

Dos figuras claves en la escultura moderna cubana, las cuales se desarrollaron fuera de la academia son Rita Longa (1912-2000) y Alfredo Lozano (1913-1997). Longa fue prácticamente autodidacta, y aunque estilísticamente su obra es ecléctica, desarrolló en los años cuarenta y cincuenta una escultura publica llena de gracia y sensualidad, donde lo decorativo se interpone sobre el realismo de las formas. Sus obras mas reconocidas son Bailarina de Tropicana, Grupo familiar del zoológico de La Habana, y La Virgen del Camino.

Alfredo Lozano estudió brevemente en la Academia San Alejandro y mas tarde en México en la Academia de San Carlos y la Escuela La Esmeralda bajo la tutela del escultor Luis Ortiz Monasterio y el pintor Manuel Rodríguez Lozano. De vuelta en Cuba en 1937, Lozano se integró a la facultad del Estudio Libre de Pintura y Escultura fundado por el pintor Eduardo Abela. De esta experiencia nace su larga amistad con los pintores Mariano y Portocarrero. La primera obra de Lozano, sea tallada en piedra o modelada en yeso, contiene formas de bloques rotundos y mínimos a la vez, las cuales evocan la influencia Pre-Colombina. Eventualmente sus esculturas pasan por un periodo mediterráneo, donde los hombres y mujeres son gruesos y sensuales como se ve en la terracota de 1943 titulada Bacanal. Durante la segunda guerra mundial el escultor checo exiliado Bernard Reder vivió en Cuba, y sus conceptos del volumen y el espacio influyeron a Lozano. En los años cincuenta Lozano comienza a soldar en hierro y es aquí donde su obra se vuelve más abstracta, siendo formada por líneas y planos que se entrecruzan; su hierro Arquero de 1954 es un ejemplo de esta orientación. Durante los años 1944-56 Lozano fue parte activa del grupo Orígenes y junto con los pintores Mariano y Portocarrero, su obra ilustró las páginas de la revista. Con los años sesenta Lozano abandona la escultura de escala mayor debido a problemas de salud pulmonar y cardiaca. Parte al exilio en 1967 desilusionado con la revolución y después de un activismo de izquierda desde los años treinta. Su obra en el exilio se distingue por su pequeña escala, sus formas minimalistas y orgánicas y su evocación de un mundo de esencias. Piezas como los bronces Planetario y Templo sintoísta, y mármoles como Flor prueban la frase del critico Carlos M. Luis: "Lozano es un modernista clásico."

A finales de la década del cuarenta surge una generación nueva de escultores, en su mayoría todos discipulos y asistentes de Juan José Sicre. De este grupo, Manuel Rodulfo Tardo y José Núñez Booth parten para Matanzas después de terminar sus estudios en San Alejandro y fundan junto con el pintor Roberto Diago la escuela de bellas artes de la provincia. En Cuba Tardo será un escultor bastante tradicional dedicándose al retrato y uno que otro monumento público. Después de partir al exilio en 1962, su obra se divide en dos; lo tradicional en retratos y monumentos para ganarse la vida y una abstracción biomorfica que se manifiesta en tallas directas en madera y en mármol -aquí la figura humana se intuye escondida en formas retorcidas las cuales entran y salen entre si mismas. Núñez Booth practicó el dibujo, el grabado y la escultura lo mismo en talla que en modelado. En modelado tuvo preferencia por el yeso directo -medio económicamente modesto que utilizaron todos los escultores de esta generación -el cual trabajó con gran virtuosismo técnico. Temáticamente, Núñez Booth mantuvo un compromiso con la figura humana, la cual representó con un idioma visual muy personal, una especie de síntesis entre el expresionismo y el cubismo.

Eugenio Rodríguez fue un escultor, dibujante y grabador de gran habilidad. Aparte de sus estudios en San Alejandro bajo Sicre, también estudió grabado en el Taller de Grafica Popular en México. Hábil con las técnicas de soldadura, modelaje y talla, Rodríguez enfatizó el modelaje en yeso directo y en terracota. Su estilo fue una variación del neo-clasicismo que Picasso practicó durante los 1920s; figuras de hombres y mujeres cuyas formas son monumentalmente claras y sensuales. Sus esculturas de grupos de figuras siempre poseen un uso del espacio que es dinámico. Rolando Gutiérrez también practicó una figuración influida por el Picasso de los años 20, mas a partir de los últimos años de la década del cincuenta, su obra se volvió abstracta con tendencia a un decorativismo orgánico. Su técnica preferida fue la talla en piedra.

Los dos escultores más significativos entre los alumnos de Sicre han sido sin duda Roberto Estopiñán y Agustín Cárdenas. El primero está "vivito y coleando" trabajando en Miami después de haber vivido la mayoría de su exilio en New York. El último falleció en una clínica en Cuba, donde estuvo internado por algún tiempo padeciendo de alzheimer. Estopiñán fue el asistente de taller que trabajó más cercanamente con Sicre, siendo maestro de obra en el monumento de Martí. Toda su obra escultórica desde finales de los años cuarenta hasta el presente, es un ejemplo de un artista que ha sabido absorber tendencias internacionales, las cuales ha adaptado a un estilo propio.

Dibujante y grabador extraordinario, la obra grafica de Estopiñán va paralela a su escultura. A partir de 1948 practica un estilo mediterráneo donde la figura femenina es su tema principal como es obvio en las piezas Mujer recostada, Figura de mujer y Carmina, mas ya aquí es evidente su tendencia clásica hacia la pureza y sencillez de las formas. En los años cincuenta Estopiñán practica la talla en madera, la soldadura de metales y el yeso directo. Estilísticamente su obra se mueve entre una abstracción de formas limpias y un expresionismo de superficies agitadas. Es en esta época cuando Estopiñán es finalista en el concurso internacional para un Monumento para el Preso Político Desconocido (Tate Gallery, Londres, 1953), honor que comparte con gigantes de la escultura moderna como Alexander Calder y Ossip Zadkine. Su Preso político desconocido es una abstracción impresionante, donde una figura emerge de una serie de rejas. Al igual que su maestro Sicre (el cual firmó el manifiesto Minorista en 1927), Estopiñán se mantuvo activo en cuestiones culturales y políticas; fundó junto con Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante, Néstor Almendros y Julio García Espinosa la Sociedad Nuestro Tiempo en 1949, cuya plataforma era una síntesis del existencialismo del momento junto con un marxismo crítico. Aunque Estopiñán estuvo activo en la lucha urbana contra la dictadura de Batista, siempre mantuvo una independencia estética en lo que a su obra visual se refería. Después de haber participado en el servicio diplomático de la revolución, Estopiñán parte para el exilio en 1961, diciendo en sus propias palabras:"De nuevo la revolución de Martí no se realizaba, era por segunda vez en el mismo siglo que era corrompida y traicionada." En el exilio, durante los 60s, su obra es decididamente expresionista y desgarrada; en tallas de madera y soldaduras de clavos, en plumillas y grabados en metal salen sus Calvarios, Presos, Guerreros y Crucifixiones -en todas estas obras las formas son violentas y cortantes, las superficies viscerales. Emocional y estéticamente agotado, Estopiñán se mueve hacia la pureza de las formas, con un énfasis casi minimalista; a finales de los años setenta se vuelve hacia el torso femenino y es aquí done lo dejamos.

Agustín Cárdenas fue en su obra escultórica un surrealista orgánico nato.

Desde el comienzo de su carrera se distinguió en la talla directa en madera, participó en las primeras exposiciones del grupo Los Once, y en 1955 partió para Paris con una beca del gobierno. Vivió en la capital del modernismo hasta 1996, cuando regresó permanentemente a Cuba para ser ingresado en un sanatorio debido a la enfermedad alzheimer. Las primeras influencias en la obra de Cárdenas fueron la pintura de Wifredo Lam y la escultura de Jean Arp, mas tarde su contacto con André Breton lo llevo a revaluar lo mítico dentro del "primitivismo." La esculturas de Cárdenas de los años cincuenta consisten en formas totémicas, verticales y angulares inspiradas en parte por las esculturas Dogon del Afrecha. Comenzando en la próxima década, las piezas adquieren gran escala, sigue trabajando la talla en madera y añade la talla en piedra en su repertorio. Temáticamente, estas esculturas hacen referencia a la cultura afro-cubana, específicamente a la santería, su extraordinaria instalación/escultura Cuarto famba es un ejemplo de esto. Para mediados de los años sesenta Cárdenas comienza a pasarse la temporada de verano en Carrara, Italia, y es a partir de este momento que su obra comienza a volverse excesivamente decorativa y repetitiva.

Rolando López Dirube (1920-1997) fue prácticamente un escultor autodidacta cuya breve enseñanza formal se limitó a clases con George Grosz en la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York. Pintor desigual y derivativo, es en sus esculturas abstractas, donde combina madera con metales, que su vocabulario visual es original -estas obras son orgánicas en su abstracción y expresionistas en su intensidad, Dirube dejo también un trabajo importante en el grabado en madera usando colores.

El último escultor "moderno" que mencionare en estos apuntes es Tomás Oliva (1930-1996). Miembro fundador del grupo Los Once, Oliva supera las influencias escultóricas europeas (con la excepción quizás de la obra de Julio González) y se abre a la estética del expresionismo abstracto practicado en New York durante los años cincuenta. En casi toda su obra escultórica Oliva trabajó el hierro con soldadura, produciendo obras dinámicas como Niveles ascendentes, Taurus y varias piezas sin titulo. Se puede decir que la escultura de Oliva refleja una improvisación controlada, la cual tiene un parecido con el bebop jazz de un Parker o un Monk. El mismo escribió: "Toda escultura puede ser reducida a una estética de contrastes. Porque es en los contrastes donde lo encontramos todo, y fundamentalmente, aquí encontramos la armonía."

Aunque la escultura moderna en Cuba no produjo ningún "ismo" original en el siglo 20, si es un ejemplo de absorción, adaptación y transformación de las tendencias internacionales a varios idiomas escultóricos personales. Dentro de estas expresiones, no cabe duda que los artistas más significantes han sido Sicre, Lozano, Estopiñán, Dirube, Cárdenas y Oliva. Después de la llegada de la revolución en 1959, la visualidad cubana es profundamente afectada de diferentes maneras. Eventualmente la modernidad cede paso a la pos-modernidad. Es dentro de esta idea que es importante notar que las dos visualidades más impactantes de la Cuba de los años sesenta son el afiche y el cine. Quizás generacionalmente, Tomás Oliva fue el último escultor moderno en Cuba. Después de el, a partir de los años sesenta, aparecen figuras como Enrique Gay García, Eladio González, etc. Pero eso es otro tema para otro ensayo. Estos apuntes solo han recalcado nombres, fechas y planteamientos estilísticos, y en algunos casos menciones de obras específicas.

En plena pos - modernidad -la mayoría de las veces no se que carajo significa este termino en el contexto cubano - la obra escultórica de cubanos sigue dando frutos que absorben, filtran y adaptan tendencias y problemáticas escultóricas de hoy, dentro y fuera de la isla. Tenemos los ejemplos de Ana Mendieta (1948-1985), Juan Francisco Elso (1956-1988), María Brito, Rafael Consuegra, Laura Luna, Florencio Gelabert (hijo), Ana Ferrer y algunos otros como pruebas contundentes de que "las formas en sus espacios" no son las hermanastras feas de Cenicienta.