Aguas tiñosas

Guillermo Cabrera Infante es escritor cubano.
tomado de EL PAÍS | Opinión - 29-02-2004



 
 

Dice Cuba en la mano: "Aura tiñosa (Cathartes Aura, familia Vulturidas):
Ave de rapiña, diurna, de aspecto repugnante, plumaje negro, cabeza
desprovista de plumas, con arrugas detrás del cuello y sobre el occipucio, pico rosado
amarillento en la base, ojos de color carmín con un cerco azul alrededor de
las pupilas y pies rosados. Afirma el doctor Gundlach que no ha visto otra ave
que vuele de un modo más perfecto. Cuando busca alimento, el Aura vuela en
todas direcciones o en línea recta, describiendo grandes círculos, sin dar
aletazos. Al distinguir el cadáver de un animal, desciende achicando los círculos
cada vez más, y entonces aletea hasta posarse a poca distancia de su inmóvil
presa".


Pero hay tiñosas políticas. Una muestra temprana de aura tiñosa fue
Roberto Fernández Retamar (a quien Pablo Neruda en sus memorias llamó "el
sargento Retamar") entrevistado por la televisión de cable americana. Cuando le
preguntaron por mí dijo que yo era un contrarrevolucionario visceral olvidando que
el corazón es también una víscera. Preguntado por qué mis libros estaban
prohibidos en Cuba respondió con un proyecto de Aura: "Cuando se muera", aseguró,
"entonces lo publicaremos". Las otras auras tiñosas lo imitaron. Después de
todo, todos no hacían más que copiar el metodo soviético: allá publicaron a
Nabokov y a Stravinsky después de muertos. Antes, mencionarlos siquiera era una
actividad condenada por el Estado.


Ernesto Lecuona, el eminente pianista y compositor cubano, murió en el
exilio de Islas Canarias, pero pidió que no lo enterraran en Cuba bajo Fidel
Castro. Está enterrado en Nueva York. Durante años su música no fue oída en
Cuba, hasta que descubrieron que los derechos de autor de Lecuona daban múltiples
beneficios para las arcas cubanas. Lecuona está todavía enterrado en Nueva
York pero su música se toca y se oye y se silba en Cuba castrista.


El caso de Lydia Cabrera es más singular. Exiliada temprana (ya estaba
establecida en el exilio en 1960) Lydia era una contraria formidable. Cuando
murió se editó en Cuba su obra maestra El monte, un libro capital de la
religión afrocubana y una muestra impecable de antropoesía. El libro fue impreso y
sus ejemplares guardados en el almacén de la imprenta -de donde desaparecieron
de la noche a la mañana-. Todos. Se supo que los habían robado ladrones ocultos
pero se podían comprar ejemplares que se vendían a precio de dólares en los
rincones oscuros de La Hababa Vieja. El libro era un tesoro que los
practicantes de la santería querían tener. No hubo una segunda edición.


Labrador Ruiz tenía una lengua afilada que practicaba como un florete
en su esgrima contrarrevolucionaria. Cuando murió en Miami no se publicaron los
hechos de su vida, sino que uno de esos miñones del ministerio de Cultura
escribió un perfil de Labrador en el exilio que era una obra maestra -de la
mendacidad-. Allí se decía que Labrador y su mujer Cheché vivían en la penuria más
extrema. Sucede que la verdad es contrarrevolucionaria. Labrador y Cheché
vivían en un confortable apartamento pagado por el municipio de Miami y recibía
todos los días una cantina con su comida favorita cocinada por un restaurante
modelo.


Carroña temprana fue la de Jorge Mañach. Ensayista y un demócrata
ejemplar, había llegado en su oposición a Batista a escribirle a Fidel Castro el
discurso que ofreció al tribunal, que lo condenó, y al pueblo de Cuba. Esa pieza
oratoria tenía como nombre una cita directa de Hitler, tomada del Mein Kampf:
"La historia me absolverá". La misma historia condenó a Mañach a un exilio
temprano. Toda su biblioteca fue confiscada y sus libros hechos picadillo de
papel. Al poco tiempo de morir se podía citar a Mañach como un ejemplo de
intelectual equivocado pero estimable.


Lino Novas Calvo es, quizás, el más grande cuentista cubano, aunque
nacido en Galicia. Durante su juventud desempeñó los más variados oficios (entre
ellos chofer de taxi habanero) y se hizo comunista y fue un temprano ejemplo
de intelectual comprometido: llegó a ser redactor del diario comunista Hoy. Su
exilio fue también temprano y ejerció en Estados Unidos como profesor en una
universidad americana. Por un tiempo fue silenciado y ninguneado y hecho
desaparecer del panorama literario cubano que una vez prestigió. Cuando murió en
Nueva York se hizo una edición cubana de su novela Pedro blanco, el negrero y se
publicaron volúmenes con sus cuentos maestros. Hasta se hizo una frase:
"Regresa, Lino. Todo está perdonado".


El caso de Manuel Moreno Fraginals no es sui generis pero sí es
ejemplar. Moreno Fraginals estuvo escribiendo por más de diez años una monografía que
sería su opus magnum. Titulada El central era un estudio total del azúcar
desde la plantación o cañaveral hasta el azúcar blanca. El central tenía una
dedicatoria que era un contrasentido: decía "a... Che Guevara". Sucede que Guevara
fue el enemigo acérrimo del azúcar. Antes había un lema, "Sin azúcar no hay
país", que declaraba cuánto debía Cuba al azúcar como producto de exportación.
Guevara se dio a la tarea de demostrar que sin azúcar sí había país y en su
empeño destruyó la industria azucarera. El libro de Moreno Fraginals, publicado
en Cuba cuando el autor residía en la isla, casi un coffee table book por sus
excelentes ilustraciones, fue recibido con elogios dentro y fuera de Cuba.
Pero sucedió que Fraginals decidió exiliarse en Miami y su libro cayó en un
olvido voluntario: no aparecía por ningún lado en Cuba- hasta que Fraginals murió y
su obra maestra fue rescatada del olvido a que la habían condenado en la
isla-. Fue casi un renacer de El central. El autor murió y con su muerte hizo
volver a la vida a su libro.

El caso más reciente y más extremo fue el de Reinaldo Arenas. Como
saben los que han leído su testamento político o hayan visto su biografía fílmica,
Antes que anochezca, Reinaldo fue un exiliado combativo (y combatido desde
Cuba con el silencio) y un vocero contrarrevolucionario. Tanto que es su
testamento político (que la película omitió) y allí declara culpable de su suicidio
no al régimen sino a Fidel Castro directamente. Antes que anochezca tiene como
epílogo una visión de PM, el corto metraje que hicieron Saba Cabrera, mi
hermano, y Orlando Jiménez. Allí, después de la fiesta de colores que es la
película, era una esquela en blanco y negro, lapeliculita siempre una obra maestra.
El éxito de Antes que anochezca, la película, se reflejó en las ventas de las
memorias de Arenas y ha sido vista en todas partes como su testamento y su
memoria póstuma.

Ahora viene la última edición de rescate de Arenas. Hay que recordar
que Reinaldo en Cuba sólo mereció el silencio y la calumnia y la cárcel y que
era un enemigo acérrimo del régimen de Castro y una víctima histórica y, lo que
es más flagrante, literaria también. Pero hay una coda que es un festín para
las auras. Acaba de aparecer en Cuba una entrevista ¡con la madre de Arenas!
Esta pobre señora fue una madre que Reinaldo veneraba. Ahora es una buena
revolucionaria que ha perdido a su hijo que deviene, en sus palabras, un
revolucionario equivocado, a punto de regresar a Cuba, después de fugado y calumniado y
odiado como ninguno. La madre ejemplar ha recibido un premio y Fidel Castro le
ha dado un apartamento en un edificio dedicado a alojar a escritores y
artistas del régimen. A cambio sus palabras hieren la memoria de Arenas de una manera
abominable. Hay que hacerse, sin embargo una pregunta, ¿quién de los poetas y
pintores y escritores desaparecidos en el exilio y ausente de la historia
revolucionaria reaparecerá como una carroña digestible? Puedo proponer varios, el
eminente historiador Levi Marrero, muerto en Puerto Rico hace dos años, el
poeta Eugenio Florit, muerto nonagenario en Miami (noticia de último minuto: ya
se prepara en La Habana una antología del poeta que nunca mencionaron en Cuba
vivo) y, ¿por qué no decirlo, para volver a la proposición de Retamar, yo
mismo? La costumbre me hace poner al pie de página un aviso de copyright, que el
régimen comunista no reconoce, y no se salta porque me exalta.