...y ahora desde algunos años, le está entregando a los pintores de Cuba algo quebienpudiera llamarse la base del próximo escalón de la pintura cubana,, la base de un escalón enque la pintura cubana empezará a ser aporte creativo internacional.......
David Alvaro Siqueiros. Julio de 1943


Amelia nace en Yaguajay, provincia de las Villas (actual provincia de Villa Clara), en 1896. En 1915, su familia se muda a La Habana en el barrio de La Víbora. Ese año Amelia matricula en la Academia San Alejandro y su primera exposición la realiza en el 1924; expone junto a la también pintora María Pepa Lamarque. En la exposición queda evidenciada la influencia del maestro Leopoldo Romañach, sus paisajes son una muestra inequívoca de la fuerte presencia del profesor. Amelia viaja a Europa en el 1927 y aunque realiza viajes cortos a España, Italia, Alemania, Checoslovaquia y Hungría, se decide por París, donde reside la mayor parte del tiempo.

En París, Amelia toma cursos libres de dibujo en la Grande Chaumiére y asiste a la Ecole Nationale Superieure de Beaux Arts además de la Ecole du Louvre. En 1931 comienza sus estudios con la pintora y escenógrafa rusa Alexandra Exter. La galería Zak en 1933 le abre sus puertas, donde fue presentada por Francis de Miomandre. Durante su etapa Europea, las figuras de mujeres, paisajes y naturalezas muertas, muestran con qué variedad de temas abordó este período de su vida. Cuando en 1934 regresa a su país, establece en su propia casa de La Víbora su taller, manteniéndose dibujando exclusivamente por dos años aproximadamente. Desde ese momento su participación en el movimiento de los artistas modernos en Cuba, será activa. En el Lyceum de La Habana expone en el 1934 una selección de 24 obras que había traído de París. La ejecución de sus bodegones, con flores y frutas cubanas, comienza alrededor de 1936 en los que paulatinamente va introduciendo elementos típicos de la arquitectura colonial cubana. En el catálogo de la exposición de febrero de 1940, "El arte en Cuba", realizada en la Universidad de La Habana, se reproduce la obra Naturaleza Muerta (pág 24); en otro catálogo, en el de la "Exposición de Arte Cubano Contemporáneo" de 1941, realizada en el Capitolio Nacional, se pueden ver dos de sus obras: La Costurera, dibujo de 1938 y Naturaleza Muerta, óleo del 1940 .

En ese mismo catálogo se apunta que estudió en San Alejandro, siendo discípula predilecta del maestro Leopoldo Romañach. Perfeccionó sus conocimientos artísticos en varios países de Europa donde ha expuesto con frecuencia, así como en Cuba y Los Estados Unidos. Premiada en la Exposición Nacional de Pintura y Escultura de 1938 -el envío de sus obras a esta exposición (1940) fue presentado por Lezama Lima-, Amelia colabora con las revistas Espuela de Plata, Nadie Parescía y Orígenes. Desde principios de los años cuarenta su obra se defiende con un estilo único y personal. En el Taller Experimental de Cerámica de Santiago de las Vegas en 1950, comienza sus trabajos en cerámica, después continúa en su propio taller y hasta 1962 esta es su más apasionada actividad artística. Envía obras a las Bienales de Sao Paulo en 1951, en 1952 a Venecia y nuevamente en 1957 a Sao Paulo. En 1958 es Invitada de Honor y miembro del Jurado Internacional de la Primera Bienal Interamericana de Pintura y Dibujo en Ciudad de México.

En distintos momentos de su vida dedicó atención a la realización de murales, siendo algunos de los más importantes: los de la Escuela Normal de Maestros en Santa Clara; el de la Escuela José Miguel Gómez de La Habana (1937); en 1951 el del Edificio Esso de La Habana; el de 65 pies de cerámica, del exterior del Ministerio del Interior de Cuba (antes Tribunal de Cuentas de La Habana) realizado en 1953; el de la Capilla del Hogar Salesiano Rosa Pérez Velazco, en Santa Clara (1956); y por último, el de la fachada del hotel Habana Libre ( Habana Hilton) realizado en 1957. Amelia Peález muere en La Habana en 1968 y su última exposición personal la realiza en 1964 en la Galería Habana, con textos de presentación de Lezama Lima en 1967. Poco antes de su muerte, participa en el mural colectivo que se pintó con motivo de la inauguración en La Habana del XXIII Salón de Mayo de París. Amelia Peláez, al morir, el 8 de abril de 1968, dejó una gran cantidad de obras, muchas de las cuales pertenecen a la Colección del Museo Nacional de Cuba; museos y colecciones particulares en el extranjero poseen parte de su obra. En Cuba, la familia Peláez, es propietaria de gran parte de las obras de esta artista, debido a que Amelia se mantuvo activa hasta casi los últimos momentos de su vida.

Su obra es de relativa abundancia aún en manos de coleccionistas nacionales y a pesar de sus elevadas cotizaciones en el mercado internacional no son de fácil adquisición. En nuestra opinión, la obra de Amelia Peláez, aún merece un mayor reconocimiento y estudio por aquellos que interesados en nuestros más altos exponentes pictóricos, abordan la búsqueda de lo genuino y auténtico, en la creación de los pintores cubanos de vanguardia. El Museo Nacional de Cuba cuenta con un personal altamente calificado para la valoración de las obras de esta artista, en los investigadores y licenciados: Ramón Vázquez Díaz, Roberto Cobas Amate, Hortensia Montero, Olga López Núñez y Alejandro G. Alonso. La mayor exposición de la obra de Amelia Peláez, realizada en Cuba, fue la "Exposición Retrospectiva" realizada por el Museo Nacional de Cuba que se inauguró el 14 de noviembre de 1968, donde se presentaron 163 obras, incluyendo bocetos de murales, pinturas y dibujos, además de 64 piezas de cerámica.