John Powers
Department of English and Comparative Literature
California State University, Fullerton, California U.S.A.
Traducción de Liliana Valenzuela
Viredo Espinosa, quien como artista usaría sólo su
nombre de pila, nació el mayor de tres hermanos
en 1928, en Regla, un pequeño pueblo al otro lado de la bahía
de La Habana.
Regla era un puerto histórico que en el pasado había
servido como astillero a la Armada Española. Ahora los barcos
más grandes eran atendidos en partes más hondas del
puerto y en Regla sólo atracaban los barcos pequeños
y barcas de pesca. Era un barrio próspero integrado por gente
de ascendencia española y africana.
Gran parte de la producción artística de Viredo de
los últimos años surgió del contacto que tuvo
en su niñez con esta mezcla de catolicismo, ritos de santería
y ceremonias ñáñigas. Viredo conoció
la herencia africana directamente de estas personas,entre ellas
un anciano de noventa años que había sido esclavo
y le contó del terror del viaje desde África en un
barco de esclavos. La peluquería de su padre fue para él
otra fuente de sabiduría popular: la de marineros, pescadores
y trabajadores de los muelles que eran los principales clientes.
De niño, Viredo sintió curiosidad por la diversidad
de ceremonias religiosas con su variedad de música
y coloridos. Con frecuencia asistió a ellas con sus amigos
y ayudó copiando libretas con dibujos simbólicos.
Cursaba séptimo grado en una escuela pública cuando
su familia se mudó en 1940 a La Habana, pues su padre, cada
vez más ligado a la política, había aceptado
un cargo con el Ministerio de Obras Púbblicas. En La Habana,
Viredo asistió a la Escuela Superior donde recibió
su formación inicial en el campo del arte. De vez en cuando
visitaba a sus viejos amigos en Regla, pero su vida ahora transcurría
en La Habana cosmopolita.
Con catorce años se inició como aprendiz realizando
su primer trabajo artístico para un periódico de un
amigo de su padre. Allí aprendió a rotular, un poco
de diseño gráfico e ilustración comercial.
También comenzó a estudiar la obra de los principales
artistas cómicos de la época. Un año más
tarde comenzó a trabajar para el periódico ZigZag,
donde amplió sus conocimientos de arte comercial trabajando
junto a artistas más experimentados.
Su padre deseaba que se hiciese abogado y así asistió
al Instituto de Segunda Enseñanza durante dos años.
Pero su pasión primordial seguía siendo el arte y
le confió al padre sus deseos de proseguir sus estudios en
la escuela de arte. Aunque el padre le advirtió que "casi
todos los artistas se mueren de hambre", le brindó su
apoyo. Como compensación, Viredo se comprometió a
capacitarse en el campo del arte comercial para complementar sus
estudios de Bellas Artes, y así estudió dibujo arquitectónico
en la Escuela de Artes y Oficios.
Después de un año de estos estudios, ingresó
en la Academia San Alejandro, establecida en 1818, cuyo currículum
estaba basado en la tradición académica clásica
del siglo XIX. A Viredo le desagradaba la rigidez y los temas románticos
tratados en clase, pero pudo agregar refinamiento a su incipiente
estilo.
Su estilo de madurez comenzó a desarrollarse. Le agradaba
el control de los primeros cubistas, pero rechazaba lo puramente
abstracto porque sentía que hacía falta un tema definido.
Mientras que su pintura era en parte expresionismo abstracto y tenía
la geometría del cubismo, sus figuras eran estilizadas y
reconocibles. No tenía preferencia por ninguna paleta en
particular, pero casi siempre usaba una gran cantidad de blanco
como punto de referencia para los otros colores. Y usaba cierta
textura para suavizar los planos de color y agregar una sensación
de movimiento.
En 1948, Viredo logró su primer éxito artístico
en la Feria del Libro, un gran evento anual patrocinado por el Ministerio
de Educación, en el Parque Central de La Habana. Viredo fue
invitado a mostrar dos de sus obras. Ambas obras, retratos históricos
de patriotas, se vendieron. Durante la exhibición, Viredo
tuvo además la oportunidad de conocer a Wifredo Lam, uno
de los mejores artistas de la primera generación de modernistas
cubanos, cuyas generosas palabras inspiraron a Viredo a dedicarse
más intensamente a su trabajo y al estudio del arte.
El éxito de 1948 vio su declinar con la realidad de 1949.
Viredo fue rechazado de la primera exposición de importancia
para la cual se había presentado, el Salón Nacional.
Su familia lo empezó a presionar para que se dedicara a una
profesión más segura. A pesar de las dificultades
económicas, él siguió pintando y experimentando,
y encontró un trabajo comercial a tiempo parcial.
En 1950, la obra de Viredo fue rechazada nuevamente por el Salón
Nacional, pero él, junto con otros artistas que tampoco habían
sido aceptados, organizaron el Salón Nacional de Rechazados
que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes. Esta sería
su primera exposición de importancia. Mostró dos pinturas
que no se vendieron, pero el hecho importante fue la aparición
de su nombre en el catálogo que lo situó en compañía
de los artistas jóvenes más importantes de Cuba.
Era una época emocionante para ser un artista joven en La
Habana. Casi todas las noches, esta nueva generación de artistas
que impactaría el arte cubano podía encontrarse en
el Café las Antillas. Viredo escuchó aquí de
los movimientos artísticos que existían fuera de Cuba
por boca de artistas que habían viajado a los Estados Unidos
y Europa. Entre los que frecuentaban el café estaban los
escritores Cabrera Infante y Heberto Padilla, los pintores Carreño,
Mijares, y un gran número de escultores y pintores que pronto
serían conocidos como "Los Once".
En 1952, Viredo fue invitado a exponer en la Sociedad Nuestro Tiempo
en la muestra titulada "15 Pintores y Escultores Jóvenes".
En última instancia, solamente once artistas mostraron su
trabajo y el crítico de arte Joaquín Texidor, en una
reseña favorable en "Tiempo en Cuba", se refirió
a los expositores como "El Grupo de los Once", un nombre
que acompañaría a estos artistas por el resto de sus
carreras. En esta ocasión, ambas de sus pinturas fueron vendidas.
Dos exposiciones adicionales se atribuyen por lo general al grupo,
una en el Lyceum Lawn Tennis y la otra en La Rampa, ambas en 1954.
Muchos de los críticos de arte más importantes empezaron
entonces a escribir favorablemente sobre el grupo y su creciente
influencia.
Además de las exposiciones con "Los Once", Viredo
finalmente ganó la aceptación de dos de sus pinturas
en el Salón Nacional. Manuel Carrera, que escribía
para la revista "Gente," elogió particularmente
la obra de Viredo. "
Los óleos de [Viredo] son
los que poseen la forma y los colores para convertirse en un mensaje
del arte cubano...'" Ambas pinturas fueron vendidas.
Viredo continuó exhibiendo junto con varios artistas de
"Los Once" y pintando murales por encargo.
En 1955, recibió su mayor comisión: los murales y
el diseño de la cerámica y de los vitrales del Embassy
Club. El dinero que ganó con esta comisión le permitió
casarse con Alicia Sánchez, en febrero de ese año.
En 1959, Fidel Castro asumió el poder y la atmósfera
sombría pareció disiparse. Muchos de los artistas
autoexiliados regresaron y elogiaron al nuevo régimen. Viredo,
que era esencialmente apolítico, se sintió feliz ante
el nuevo clima de paz y ante las posibilidades de mostrar su obra
de nuevo en La Habana. Aunque en ese momento lo ignoraba, su exposición
en la Escuela de Arte Cubanakán en el otoño de ese
año sería la última vez que mostraba sus pinturas
en Cuba.
El nuevo gobierno comenzó a reorganizar muchos aspectos
de la vida cubana, entre ellos el de las artes, alrededor de las
metas de la revolución. El Ministerio de Cultura estableció
la Asociación Nacional de Pintores, Escultores y Grabadores.
Y se presionó a todos los artistas para que se incorporaran.
En 1960, Viredo y su amigo artista de "Los Once", Francisco
Antigua, fueron hasta las oficinas centrales de la Asociación
Nacional para averiguar cómo hacerse miembros. Viredo tuvo
reservas ante firmar el formulario político adherido a la
solicitud y decidió no ingresar. Este acto resultó
decisivo y terminó prácticamente con su vida artística
en Cuba. Al no ser miembro de la Asociación, no tuvo acceso
a materiales artísticos ni tuvo posibilidades de exponer
sus obras.
Los artistas que se asociaron continuaron trabajando con la aprobación
del gobierno. A algunos se les ofrecieron puestos gubernamentales,
como fue el caso del compañero de "Los Once", Fayad
Jamís, quien se convirtió en agregado cultural de
la Ciudad de México. Los amigos de Viredo lo animaron a que
reconsiderara y hasta le llegaron a insinuar que podría conseguir
un puesto de agregado en Checoslovaquia. Estos puestos en el extranjero
no incluían a los cónyuges para de este modo impedir
la deserción. Viredo rehusó de nuevo.
Viredo apenas si logró subsistir realizando pequeños
trabajos, tales como dibujos arquitectónicos para empresas
que no conocían su pasado artístico, pero incluso
estos pequeños trabajos se hacían cada vez más
difíciles de conseguir. Así es que, en 1965, Viredo
decidió que él y su esposa tendrían que salir
de Cuba.
El proceso de salida no fue nada fácil. Cualquier persona
que hacía una solicitud de salida tenía que trabajar
como peón mientras la solicitud se procesaba. Al principio,
Viredo trabajó en unas granjas cerca de La Habana. Salía
de su casa a las 4:00 de la mañana y no regresaba hasta la
noche. Muy pronto el trabajo lo llevó a la región
más oriental de la isla en donde trabajó en los campos
de caña de azúcar. Durante un período de ocho
meses vio a su esposa sólo en tres ocasiones.
Después de tres años y medio de labor, su número,
que se hallaba en la lista de espera para el viaje diario del llamado
Vuelo de la Libertad, finalmente fue llamado. A los pasajeros se
les permitía llevar consigo únicamente la ropa que
traían puesta. En febrero de 1969, cuando su avión
despegó hacia Miami, vio a Cuba por última vez.
Galerías de arte locales en Los Ángeles y en el cercano
Condado de Orange comenzaron a mostrar sus obras. Sus ventas aumentaron
y logró conseguir comisiones para pintar murales. Hacia 1977,
su situación económica le permitió dedicarse
nuevamente de lleno a la pintura. Habían pasado diecisiete
años desde que había podido dedicar sus energías
al arte que amaba. Su tema artístico seguía siendo
la rica cultura de Cuba.
Continuó ofreciendo su trabajo para ayudar a la comunidad
cubana. Diseñó carteles para el Fondo de Becas Cubano
Americano, y donó obras de arte para recaudar fondos para
varias causas de beneficencia.
Finalmente, Viredo comenzó a recibir el merecido reconocimiento
que se le debía desde hacía mucho tiempo. Y a partir
de 1998, recibió distinciones de la Cámara de Representantes
de los Estados Unidos y de la Asamblea Estatal de California en
reconocimiento a sus servicios a la comunidad. Recibió además
el "Galardón a un Héroe Local" conferido
por la estación KCET de la televisión pública
PBS y por el banco Union Bank of California. En el año 2000,
recibió del Instituto Cultural Cubano Americano "La
Palma Espinada".
Pero aún de mayor importancia es que Viredo continúa
produciendo arte. Y como la Cuba de sus orígenes, ha pasado
por toda clase de alegrías y penas en sus setenta y tres
años de vida. Y a pesar de todo aquello que ha visto y vivido,
su obra irradia aún esa misteriosa mezcla de culturas que
él experimentó de joven en Regla, y que sigue obrando
su magia en él y en cuantos admiran su arte.
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