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Jorge Hernández Fonseca
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Se inicia el mes de Julio con augurios nada agradables para la Habana en lo que respecta a su diferendo con Europa, que de una manera chabacana fue llevado por el dictador cubano al extremo de promover insultos personales hacia los primeros ministros de España e Italia, José María Aznar y Silvio Berlusconi. Fue un error de proporciones amazónicas. En Julio, la Italia de Berlusconi accede a la presidencia de la Unión Europea, en momentos que su comisión política revisa las relaciones con la Habana, todo en el mayor ambiente de incredulidad ante los ataques desproporcionados del dictador cubano hacia Europa, por haber tomado un grupo de medidas diplomáticas - inexpresivas y de poco alcance - después de la reapertura del paredón y la escalada represiva contra pacíficos poetas y periodistas en la isla, provocando la inusual reacción por parte del anciano y mal humorado dictador. De esta manera, Europa ha pasado a jugar un papel relevante en el panorama político cubano interno, monopolizado hasta el presente - internacionalmente hablando - por el diferendo Cuba-Estados Unidos, del cual el dictador caribeño ha sabido tirar un largo y provechoso partido. Al extender el conflicto cubano hacia tierras europeas en general - y españolas e italianas en particular - la dictadura de la isla, además de extrapolar sus acusaciones desproporcionadas (tradicionalmente reservadas a los norteamericanos) hacia países del Viejo Continente, gana un nuevo y poderoso enemigo, que de repente asume la presidencia de la Unión Europea - como es el caso de Silvio Berlusconi - poniendo en tela de juicio ante al mundo la hipocresía implícita en la matiz de acusaciones que tradicionalmente propala contra los norteamericanos, que ahora - sorprendentemente - son las mismas que formula contra la Unión Europea. Con este error de cálculo el dictador cubano, además de justificar una probable reacción de Europa, demuestra ante el mundo que su conflicto no es exclusivamente con los Estados Unidos - como pregona su propaganda - es realmente con cualquier (persona o país) que ose cuestionar su condición de dueño de vidas y haciendas dentro de la isla, llevándonos de la mano a deducir que el conflicto real y verdadero es con su propio pueblo ávido de libertad. ¿Escalará Europa el conflicto con la Habana, como correspondería a una respuesta digna del Viejo Continente después de los ataques e insultos personales a altos dignatarios españoles e italianos? La respuesta a esta pregunta nos guiará por el camino de las verdaderas motivaciones de la Unión Europea para enfrentar al dictador en las actuales circunstancias. Mi respuesta es que no; Europa continuará el enfrentamiento con el dictador cubano a un bajo perfil, dándonos indicios de que ocultan las verdaderas intenciones que los motivan. Corporaciones europeas - varias e importantes - ya se ha apresurado a anunciar que continuarán con las inversiones en la isla - incluso con participación de nuevas empresas - de ojo en el botín que se distribuye en Cuba después del fracaso del socialismo a escala planetaria, cuando la Unión Soviética se desplomó dejando a Cuba a merced de la voracidad de capitalistas primitivos (encabezados por el dictador cubano) que en maridaje con la Habana mantienen negocios de esclavitud basado en salarios de 10 dólares por mes. !Una barbaridad! ¿Hasta donde la reacción europea es resultado de una preocupación sincera por el estado de sumisión política a que el dictador somete a los cubanos?, es un tema interesante de ser tratado, sin embargo, que la tibia reacción del Viejo Continente beneficia la causa de la democratización de la isla de una manera directa, es un hecho indiscutible, e inscribe estas diferencias dentro de un conflicto mayor - que actualmente trata de resolver el pueblo cubano pacíficamente a través del proyectos como el Varela - rechazado por la burocracia dictatorial. Se entiende que Europa quiera preservar su influencia política actual dentro de la isla pensando en un futuro - y en un no muy lejano cambio de gobierno - a la par que no quiere contrariar la furia inconsecuente de un dictador decrépito en sus finales, razones por las cuales emitirá señales contradictorias en uno y otro sentido, de ojo en sus intereses dentro de la isla. Por otro lado Estados Unidos, que por obligación (la Cuba de Fidel Castro le confiscó 6,000 empresas) ha mantenido una política de enfrentamiento a la dictadura cubana, navega ahora con su piloto automático en lo que a la política hacia Cuba respecta dando muestras de satisfacción por las medidas europeas, pero sin intentar materializar una política de coordinación de acciones con el Viejo Continente como sería deseable para los cubanos. La política norteamericana de dejar a Cuba constituirse en un ejemplo de "como no deben ser las cosas", preservando intacto el desastre material que se observa en el interior de la isla actualmente - colaborando por tanto a la continuidad del status quo actual - impide una visión más favorable hacia la promoción de un sistema democrático dentro de la isla y frena la impulsión de una política de coordinaciones con Europa en este sentido. ¿Existe recelo norteamericano de una extensión de la influencia europea en Cuba como consecuencia de los últimos episodios?, aparentemente no existe, pero eso no significa que Estados Unidos vea con buenos ojos una profundización excesiva de esta influencia en los asuntos políticos de la isla, pensando en los intereses económicos conflictantes que ambos países tendrán en un gobierno pos Castro, para el cual ya se disputan influencias. Sin embargo, Europa tiene un As de triunfo en este momento crucial de su conflicto con la dictadura, que se constituiría en una poderosa arma en su lucha por sus intereses dentro de la isla y que a los norteamericanos también les sería aceptable: apoyar por todos los medios a su alcance - que son muchos - para que se le otorgue el Premio Nobel de la Paz a Oswaldo Payá. Sin presionar económicamente al dictador y sin mayores esfuerzos en los campos político o diplomático, este facto sería el mayor golpe que nunca antes ha recibido el dictador en sus 44 años de desgobierno y le permitiría a Europa ganar la batalla decisiva, quizá incluso, la final. Todos los factores conflictantes - tanto los cubanos de dentro de la isla como los de fuera, los Estados Unidos y la Unión Europea - todos, de inmediato se beneficiarían con este otorgamiento, que colaboraría a dar un paso de gigantes hacia la democratización de la isla. Si el ánimo de los europeos en su política hacia la Habana es defender los Derechos Humanos - inexistentes en la isla - el Premio Nobel a Payá es una respuesta sin par. Si el objetivo europeo es pulsear con los norteamericanos tomando a Cuba como campo de enfrentamientos, después de haber perdido su disputa en torno a Irak, el Premio Nobel a Payá es también una solución formidable. Finalmente, si los europeos fueron sorprendidos por la reacción desproporcionada de un dictador decrépito, a partir de la formulación de una política honesta de limitar contactos diplomáticos con una dictadura violadora de las libertades más elementales, el Premio Nobel a Payá le diría al dictador que él no es el único cubano con el cual Europa está dispuesta a conversar, negociar e incluso, promover. Por tanto y con independencia de los reales motivos del Viejo Continente para su política actual hacia la Habana, es importante que la Unión Europea reconozca que ahora tiene en sus manos la posibilidad real de hacer causa por la libertad y la democracia dentro de la isla, conjugándolo con la defensa de sus propios intereses económicos y políticos futuros en Cuba. Ojalá que el análisis que se lleva adelante actualmente en la comisión política europea sobre Cuba, se encamine por el sendero de reconocer la extraordinaria fuerza que representa apoyar la concesión del Premio Nobel de la Paz del 2003 al patriota cubano Oswaldo Payá Sardiñas.
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