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A estas horas ya los habrán lanzado al desmayo, morirse hasta
que les griten a las 4: 30 am: "vaya, bótate pa'l baño",
y se despertarán
La mayoría sorprendidos de amanecer
a la próxima tanda de vejaciones. A estas horas cunde con más
pánico que nunca la muerte, ella siempre buscando por entre los
pasillos de las prisiones cubanas. Y cada quien dejado caer, postrado
en su litera, desvanecido por el hambre continuada, yendo y regresándole
a cada cual esos desmayos de los que nadie sabe si regresar.
"Bótate !", y saltarán famélicos, se
arrastrarán a mojarse el rostro a como dé lugar frente
a los huecos de la defecación, y otra vez los bahos pestilentes
les abofetearán sin apelación, y algunas ratas cuasi gatos,
demoradas por el tamaño correrán a sumergirse en esos
huecos putrefactos; mientras algunos deberán amarrarse en dirección
a la flacuencia, el short que les guinda por artes del milagro.
Volverán esos infelices a desandar el pasillo en regreso a la
litera, maldiciendo la hora de haber nacido en esa pesadilla surreal
del asco castrista; quizás Pedro, o tal vez Julio, ya no recuerden
los punzonasos que le clavaron al de al lado por no pagar a tiempo el
vaso de azúcar que debían de un mes atrás.
Y cada cual tratará de acercar lo más posible la propia
espalda a la pared más cercana a por si otro punzón se
desata en el aborrecible amanecer cubano, muchos orando porque la luz
no pestañee ni un segundo, para que los enemigos desviados del
blanco de su desgracia no vuelvan a la cacería y los tropelajes
en la oscuridad ninja.
"Vaya tú, bótate pa'l pasillo"
gritará
el jefe de galera, y los fantasmas en pena haciendo otro esfuerzo por
levantarse de donde se dejaron caer en el entretanto. Y se formará
la cola de hombres todos siempre vigilando por el rabo del ojo por si
alguien viniera en ataque desde atrás. A alguno se le doblará
las rodillas, por llevar días pagando con su desayuno los cigarros
que alguna vez pidiera en empeño; y el otro le clavará
la vista para que deje la "firmadera" y vaya sin más
hacia el "boquete" a recoger lo que debe.
"Vaya, bótate pa'l boquete desfuacatá'"; y los
aludidos, los que venden el alma por un vaso de agua de azúcar,
los que alguna vez dieron hasta los intestinos al depredador, bajarán
la cabeza enfebrecidos por la demencial hambruna que les olvida pensar.
Y se inicia el viaje mortuorio hacia el boquete, otro de los que conforman
el conjunto de huecos de la jerga presidiaria; e imagino a los de larga
condena que conocimos, sentando la pauta, el ritmo, el modo de colocarse
las manos a la espalda; los sargentos-combatientes con el bastón
de las palizas, el piso pulcro por quienes tienen la dicha de limpiarlo
para escapar de la ración misérrima del comer al que acceden
los demás
Y otra vez hombres cayendo en desplome definitivo
sobre la loza, exámines, otros suplicando a porque se les conduzca
por un tiempo al lugar que llaman enfermería, quizás la
última oportunidad de escapar de la muerte prometida por otro
para ese día, quizás con la esperanza de durar "otro
poco" de días y/o hundiéndose más en el sin
futuro de avisar a los combatientes sobre el último escondite
del banco de cigarros, para que estos últimos puedan revenderlos
en la calle y pagar en algo el chivatazo
Aunque nada detenga
el camino fantasmal hacia el boquete.
Y allá les saldrá una mano ágil que lanzará
a la velocidad del rayo una masa informe con nombre de pan, algo para
lastimar al estómago con los ingredientes que se le ocurrieren
a última hora al único Pensador en Jefe
pero la
mano volverá al acto de lanzar al siguiente otro pedazo de ese
algo maloliente, y el golpe en la maldita bandeja sera el termómetro,
la balanza de cálculo del peso específico, y el mutante
de atrás con su dentadura sosteniendo al rostro, esbozará
la mueca que desde las mesas podrá ser considerada sonrisa o
frustración, o cosa de combinación retorcida de ambas
sensaciones
Y al recipiente plástico usado para todo desde años atrás,
le caerá un chorro de baba de agua-azúcar y correrá
un infeliz tras otro a desplomarse en el asiento que le toque, y todos
seguirán sin hablarse a apurar el bodrio antes que el próximo
"bótate" los tire a un patio enrejado, mientras que
de alguna parte les llega los gritos desesperados de otro recibiendo
una paliza, mientras que las desgarradadoras súplicas les avisan
la cercanía, los destellos de una mañana más bajo
los dictados de un asesino con tennis en la plenitud del morbo de tenerlos
a todos machucados
NapoleonLizardo@yahoo.com
Literatura Cubana en el Exilio
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